Prologo de El Libertino

sábado, 28 de febrero de 2009

Este fin de semana nuestra amiga cavabaja estará fuera,
abriendole las puertas a un nuevo mundo que, quizás,
cambie de manera radical su manera de ver la vida.
Desde aqui yo te deseo la mejor de las suertes y confio en
que lo que vayas a vivir sea de tu más completo agrado.
Aun así, nos ha dejado un poema, quizás inspirado en sus deseos,
que os pongo a continuación.
Ya veis que no se olvida de nosotros...





¿Valiente o irreflexiva?
¿Soñadora o ilusa?
Necesito vivir, y
no me importa pagar.
Necesito jugar , y
no me importa perder.
Soy yo...
y así me gusta ser.
(cavabaja)

jueves, 26 de febrero de 2009

Y hoy tenemos en La Mansión una nueva colaboración...
una increíble colaboración de...
de alguien que prefiere permanecer en el anonimato.
Respetaremos tus deseos, sumisa de un sólo hombre,
mientras tu sigas mandándonos escritos tan hermosos
como este a mi correo.
Y quizás algún día... quieras darte a conocer.
Hasta entonces... muchas gracias por tu colaboración.







SER SUMISA
Ser sumisa es...
No ser nadie en la presencia de tu Señor.
Sentirte importante sólo con estar a su lado.
Es perder el control del cuerpo, del alma y del sentir.
Es rendirse a su mirada, sin poder levantar la tuya.
Es dejarse saborear hasta el límite.
Es no reaccionar, cerrar los ojos y que no te importe el mundo.
Es explotar extasiada hasta quedarte sin fuerzas.
Es sentir el vacío que produce su ausencia.
Poder escuchar los pensamientos en medio de un silencio sepulcral.
Es sentirte pequeña ante su altanería.
Es no mirarle porque sabes que EL mira por los dos.
Es sentir su mirada y llevar la tuya a sus pies.
Es admirar, amar, enloquecer, sentir el paraíso en un momento desesperado.
Es tener un alma especial sólo para Un Amo, un lugar sagrado para adorarle.
Estos sentimientos no tienen nombre.
Aquel hombre SI.


Firmado : sumisa de un solo hombre.
Nueva y deliciosa entrega de cavabaja.
Aunque hoy en tu poema dudes de
tu capacidad de contar cosas nuevas...
lo cierto es que tu inspiración no conoce limites...
y nosotros lo disfrutamos.




¡Ay, queridos poetas!

todo lo habéis dicho

¿sabré decir algo nuevo?

Quisera inventar palabras

soñar nuevos sentimientos

vivir con otros sentidos,

todo está ya dicho

... todo ya sentido.
(cavabaja)

miércoles, 25 de febrero de 2009




Tus temblorosas manos apenas podían sujetar la cucharilla para remover el azúcar de tu manzanilla. Tuve que servírtela yo, porque ni siquiera podías sostener la pequeña tetera.
Tus ojos miraban fijamente la taza, sin ver nada. Tus labios respondían a mis preguntas en un tono apenas audible.
El sonido de la televisión en aquel pequeño bar, ahogaba tus pensamientos.
Yo te miraba, desde fuera, observando tus reacciones, el temblor en tus labios, la palidez de tu cara, la rigidez de tus manos…
Me preguntaba que pensamientos discurrían por tu mente.
Quería saber porque me habías citado allí, que es lo que querías decirme, que querías contarme.
Pero la espera era inútil.
Las palabras no acudían a tus labios.
¿Era miedo a mí lo que sentías? ¿Temor? ¿Culpa? ¿Vergüenza?.
El bar vacio y la presencia del dueño, atento sólo a nuestra conversación, en la barra, me convenció de que aquel no era el mejor lugar para aclarar nuestra situación.
Te dije: Vámonos… y tú te levantaste, sin decir palabra, te pusiste tu blanco abrigo, y saliste detrás de mí a la calle.
Caminamos los dos por la acera, el uno al lado del otro, sin decir palabra… yo con la vista al frente, tú con la vista baja…
Y cuando llegábamos al coche no pude por menos que pensar que a veces… la sumisión… no supone ninguna ventaja para el dominante.




Sayiid
He aquí, un día más, el poema de cavabaja.

A los que lo echasteis de menos ayer, pediros disculpas, ya que
no fue culpa de nuestra amiga cava (ella cumplió un día más su promesa
de regalarnos uno de sus poemas cada día), sino mía, por no poder acercaros
este pequeño regalo hasta aquí.
Aun así, espero que lo disfrutéis hoy.







Ya lo he sabido

ya sé por qué

mi poema surge atrevido,

le gusta sentirse admirado,

le basta saberse mimado.

Tus bellas palabras

de introducción

le proporcionan alas

de llegada a tu Mansión.

(cavabaja)

lunes, 23 de febrero de 2009

Un día más tenemos aqui a cavabaja con su delicioso poema.
Quizás no valoremos en su justa medida su esfuerzo.
¿Quien de nosotros sería capaz de escribir un poema diario
independientemente de como nos sintamos o de como nos trate la vida?
Muchas gracias cava, por regalarnos cada día un poquito de felicidad.
Aunque no te lo digamos atn a menudo como debieramos,
apreciamos tu arte y tu dedicación.


Mi cuerpo bulle en deseos
Mi alma suspira inquieta.
Ya no me sirven mis sueños
quiero soñar cosas nuevas.
No valen ya mis recuerdos
quiero viviir ilusiones bellas
Ya no me basta soñar,
llegó el tiempo de gozar.
(cavabaja)

domingo, 22 de febrero de 2009

Hoy es domingo, y el domingo es el día de descanso.
Por eso hoy os traigo aqui una insuperable pieza musical.
Si, si, ya se que no se trata de Mozart, ni de Bhetoween, ni tan siquiera de Vivaldi, pero...
la ventaja es que esta partitura la podeis interpretar tod@s...
y seguro que nadie quedará defraudado...
Feliz domingo.





sábado, 21 de febrero de 2009

Hoy nuestra amiga cavabaja esta de fiesta,
y bien que se lo merece,
pero no ha querido dejarnos sin nuestro poema de cada día.
Muchas gracias cavabaja...
y pasadlo muy bien.





Todas las noches vengo a ti

para que me toques

con la magia de tus palabras.

Llena mi corazón

de tus pasiones,

que el sol de tus deseos

bese la cima de mis sentidos

y venga a dormirse

en el valle de mis fantasías.

(cavabaja)

jueves, 19 de febrero de 2009

Una vez más se demuestra....
que dios da pañuelo a quien no tiene mocos...

Que mal repartido esta el mundo :-)


Miradas... palabras... pasiones... fantasias...
Simplemente... cavabaja...




Tú sabes mirarme
y tu mirada
sonroja mi rostro
con colores de adolescencia.
Tú sabes hablarme
y tus palabras acarician mis oídos
como deliciosas melodías.
Tú sabes besarme
y tus labios
provocan en mis venas
torrentes de pasión y fantasías.
(cavabaja)

miércoles, 18 de febrero de 2009

Vaya, vaya...
¿Alguien se atreve a adivinar que
estaba escuchando cavabaja
cuando escribió este poema?






Me muero por dejarte abierto
de par en par el balcón
de mis ojos de gata.
Me muero por ser para ti
ese dulce y suave viento
que te arranque el aburrimiento.
Me muero por ser
cigarrillo en tu boca
arañazo en tu espalda
polizón en tu cama...
en esa cama que
se inventó para no dormir.
(cavabaja)

martes, 17 de febrero de 2009

CAPITULO XIV

Después del éxito de nuestra cena en casa con Lady Sara, ella decidió que era hora de introducirnos en su ambiente, entre sus selectas amistades.
Ciertamente yo la conocía desde hacía ya unos años, pero nunca había tenido una relación demasiado estrecha con ella. Lo cierto es que siempre había sido un lobo solitario, y nunca tuve la necesidad de compartir mis experiencias con nadie. Pero Lady tenía un nombre dentro de la comunidad Ds de nuestra ciudad, y muchas puertas sólo se abren si conoces a alguien que tenga la llave de la entrada.
Fue por eso que aproximadamente un mes después de nuestra cena, Lady me llamó para decirme que estaba invitado a una selecta fiesta en casa de un Amo amigo suyo, y que por supuesto podía acudir acompañado de quien quisiera, pero que esperaba que lo hiciera acompañado de maría, puesto que le había hablado a su amigo de ella y estaba deseoso de comprobar si todo lo que Lady le había dicho era cierto.
La cena sería una cena de etiqueta. Eso significaba de entrada que no íbamos a ir a ningún tugurio, sino a la casa de alguien muy respetable. Y en esos lugares, o entras con el pie derecho o no vuelves a entrar.
El día fijado para la cena, recogí a maría en la casa. Obviamente había recibido indicaciones de cómo debía ir vestida y de cómo debía comportarse durante el evento.
Yo mismo le elegí la ropa y le comenté por encima a dónde íbamos a ir y que se esperaba de ella, pero sin darle demasiados detalles porque quería que fuera una sorpresa.
Alquilé un coche con chofer que nos dejó en la puerta de la mansión de nuestro desconocido anfitrión a las 10 en punto de la noche del día de autos.
Un hercúleo sumiso, atiborrado de anabolizantes, nos abrió la puerta de la finca donde iba a celebrarse la cena tras mostrarle nuestra invitación, y nos indicó que continuáramos por la carretera que partía desde la entrada hasta llegar a la mansión.
Así lo hizo nuestro chofer, y después de recorrer un par de kilómetros por una cuidada carretera, perfectamente asfaltada, que discurría entre encinas y chaparros, llegamos a la casa de nuestro anfitrión.
Aunque llamar casa a aquello sí que era hacerle un menosprecio. Ante nosotros se levantaba una impresionante casa señorial, con sus columnas de mármol en la entrada, su escalera de recepción con su correspondiente alfombra roja, y flanqueada de sumisos y sumisas alternada entre ellos portando antorchas que nos iluminaban el camino hasta la puerta principal.
Un sumiso enorme, negro como boca de lobo, nos abrió la puerta del coche y nos indico que avanzáramos hasta la entrada principal donde, según él, ya nos estaban aguardando.
Así lo hicimos, mi esclava maría que iba cubierta con un abrigo largo, negro, que la cubría desde el cuello hasta los pies, y yo ligeramente delante de ella, con mi traje negro, cortado a medida, y mi capa negra de forro rojo.
Por supuesto, ambos llevábamos una máscara en nuestra cara, al igual que el resto de los invitados.
Avanzamos hasta la puerta y allí, efectivamente, nos esperaba lady Sara al lado de un hombre, alto, fuerte, calvo, con una mirada penetrante que se adivinaba a través de su antifaz, y que, lógicamente, debía de ser nuestro anfitrión.
- Buenas noches Sayiid, ¿habéis llegado sin problemas?
- Perfectamente Lady, gracias.
- Permíteme que te presente al dueño de la casa. Sayiid, te presento a Maralengo, Maralengo, te presento a Sayyid, de quien ya te he hablado.
- Y muy bien, por cierto. Encantado Sayiid. Considérate en tu casa
- Muchas gracias por el ofrecimiento y por la invitación
- No hay nada que agradecer, pasad y tomad algo; luego hablaremos más tranquilamente.
- Muy bien, hasta luego entonces.

Y adelantándonos pasamos al interior de la mansión, donde una preciosa sumisa de ascendencia árabe, nos acompañó hasta la sala donde se encontraban todos los invitados.
Allí otra preciosa esclava, nórdica esta vez, con unos preciosos ojos azules, nos recogió mi capa primero, y el abrigo de maría después.
Ella se mostraba un poco reticente a quitárselo, pero al cabo comprendió que de nada le serviría resistirse, así que, humillando su cabecita, se quitó el abrigo, quedando al descubierto su precioso vestido negro de noche, largo hasta los pies, pero que le dejaba al descubierto completamente sus deliciosos pechos, así como su collar de esclava, que ya llevaba siempre que salíamos de casa desde que se lo puse por primera vez la noche de la cena.
En realidad no tenía por qué azorarse por que así iban todas las sumisas de los amos de aquel salón. A pesar de ir todos con mascara, reconocí a algunos de los personajes de aquella sala. Todos gente importante, con influencias, de esos que jamás te imaginarías en una cena así… o quizás es a los únicos que podría uno imaginarse en una cena así.
Paseamos por el salón, tomé una copa, tuve alguna que otra charla intrascendente con el resto de invitados e invitadas, admiré a las sumisas de mis, digamos, compañeros, y observé con gran satisfacción como ellos admiraban sin disimulo a la mía.
Cuando se suponía que ya estábamos todos los invitados presentes, Maralengo nos dedicó unas breves palabras agradeciéndonos nuestra presencia, y nos hizo pasar a otra sala, esta ya mucho más de mi gusto.
Era un salón completamente forrado de piedra, iluminado por antorchas, con el suelo también de piedra y una enorme chimenea encendida en el fondo.
En las paredes laterales se podían ver ganchos y argollas, así como una negra jaula de castigo colgada del techo en el rincón de la derecha, dentro de la cual había una deliciosa y castigada sumisa.
En el centro de la sala había una enorme mesa en forma de U alrededor de la cual estaban repartidas las sillas que íbamos a ocupar durante la cena. Teníamos nuestros lugares previamente asignados, así que tuve la suerte de estar en la zona central de la U, justo al lado de Lady Sara que en esta ocasión iba acompañada de la misma sumisa de la noche de nuestra cena. Una vez más pude ver como miraba con lujuria a maría, recordando, imagino, los buenos ratos vividos por las dos no hacía demasiado tiempo.
Nos sentamos cada uno en nuestra silla (los Amos y Amas, por supuesto, los sumisos y sumisas estabas arrodillados a nuestros pies) y comenzó el espectáculo que nos había preparado nuestro anfitrión.
Sumisas y sumisos desnudos comenzaron a servirnos deliciosos manjares, mientras en el centro de la U que formaba la mesa, tres sumisas se esforzaban por inflamar nuestros ya calientes deseos, mostrándonos un libidinoso y espectacular trío lésbico.
Como los sumisos no estaban invitados a la cena, éramos los propios Amos los que les íbamos dando pequeñas migajas de comida de nuestras propias manos, como si de perritos o perritas se tratase. Lo cierto era que estaban cumpliendo perfectamente con su papel.
La cena transcurría distendida, con bromas, risas, insinuaciones y alguna que otra escapada de algún Amo impaciente que se retiraba momentáneamente con alguna de las sumisas a alguna de las habitaciones del interior para desfogarse con ella.
Lady, cada vez que veía salir a alguno, no podía dejar de criticarles con saña.
- Perros. Se creen Amos y son incapaces de resistirse a una mirada provocativa de cualquiera de estas putitas.
- ¿A ti no te apetecería hacer una escapadita ahora mismo?
- Sólo si dejas que tu esclava me acompañe.
- Lady, lady… sabes que no lo haré.
- Pues ella, y sobre todo tú, os lo perdéis.
- Cada cosa a su tiempo, ten paciencia.

Y así iba transcurriendo la noche, entre deliciosos manjares, buen vino, y un ambiente totalmente erótico que iba haciendo caldearse el ambiente.
Una vez retirada la mesa, Maralengo se levanto de nuevo y exigiendo silencio le dijo a todos los presentes:
- Amigos y amigas. Como ya os dije antes, sois todos bienvenidos a mi casa. Os he invitado hoy para presentaros a la que es mi nueva esclava. Han sido muchos meses de duro adiestramiento, pero hoy puedo decir con orgullo, que se ha merecido recibir su collar de esclava. Pero como no deseo aburriros hablándoos de sus muchas virtudes y de su inigualable belleza, y como ya sabéis que más vale una imagen que mil palabras… aquí la tenéis.

Y dando unas palmadas, fueron apagadas las dos terceras partes de las antorchas, quedando la sala en penumbra. Una suave música de fondo comenzó a sonar, mientras todos permanecíamos en silencio, y por la puerta del salón aparecieron cuatro musculosos efebos, entre los que se encontraba el esclavo de Lady Sara, portando en sus hombros una enorme bandeja de plata, encima de la cual se podía intuir un cuerpo cubierto por una tenue gasa de tul
Los esclavos avanzaron hasta el centro de la estancia, en el interior de la U que formaba la mesa, y colocando la bandeja sobre una enorme mesa de madera que se había colocado allí instantes antes, se retiraron a los laterales de la estancia, donde algunas de las sumisas que habían servido la cena y que, por desgracia para ellas, habían cometido algún error como verter el vino o no atender prontamente a los invitados, estaban siendo atadas a las argollas de la pared para ser castigadas.
Maralengo se acercó a la figura cubierta con la gasa de tul, y tomando un cacillo que le acerco una de sus sierva, retiró la gasa dejando al descubierto a su sumisa, que recogida en posición fetal, y con una cola de azules escamas cubriéndole sus piernas., estaba sobre la bandeja, rodeada de toda clase de frutas y dulces, completamente desnuda, hermosa en su inocencia, como un delicioso manjar, el mejor de los postres que nuestro anfitrión nos podía ofrecer.
Tomando, como os digo, el cacillo en la mano, comenzó a verter su contenido sobre el cuerpo de su esclava, cubriéndola de dulce chocolate caliente, espeso, que cubría sus brazos, sus hombres, sus piernas…
Una vez cubierta de chocolate, maralengo se retiro de su esclava y alzando los brazos al cielo, dijo:
- Adelante, es toda vuestra.
Al principio nadie se atrevía a ser el primero, pero pronto uno, después otro y luego varios a la vez, se acercaron a la achocolatada esclava y empezaron a disfrutar de ella. La única regla era que no podía usar sus manos, así que fueron sus bocas las que se lanzaron a lamer el cuerpo de aquella deliciosa sirena de chocolate, recorriendo con sus lenguas cada centímetro de su piel, lamiéndola, mordiendo sus pechos, su boca.
Decenas de lenguas recorrían todas a la vez su cuerpo, limpiándolo de cada gota de chocolate, regándola con el zumo de las frutas que la rodeaban para comenzar a lamerla de nuevo. No quedó milímetro de su piel que no recibiera la caricia de alguna de aquellas hambrientas lenguas, hasta que su cuerpo quedó limpio de chocolate, pero húmedo de saliva.
Una vez que se sintieron satisfechos, se retiraron, y unas esclavas se apresuraron a lavar a la sumisa delante de todos, mojando su cuerpo, frotándolo, secándolo y perfumándolo, pero dejándola allí en el centro, completamente desnuda, a la vista de todos.
Cuando las sirvientas se retiraron, nuestro anfitrión se acercó a su nueva esclava y proclamando lo orgulloso que se sentía de ella, le colocó un hermoso collar de cuero repujado con motivos arabescos en oro, y abrochándoselo por detrás, la declaró oficialmente su esclava.
Acto seguido nos pidió que continuáramos pasándolo bien, porque el ya se iba a retirar a deleitarse con su esclava en privado.
A partir de aquel momento, aquello se convirtió en una orgia de sexo y desenfreno.
Cada Amo o Ama se buscaba un sumiso y se deleitaba con él o ella.
Como yo no soy dado a ese tipo de eventos, le pedí a Lady Sara que me despidiera de Maralengo y de su sirena, y tomando a mi esclava de la mano, nos retiramos.
Yo tenía ganas de fiesta… pero en privado...
.
(Dedicado a marengo y Splahs, para que no tengan que forzar demasiado su imaginación)
Nuestro poema de cada día,
cavabaja,
dánoslo hoy.
Afortunado el hombre capaz de hacer
que tu mente tenga tan hermosos pensamientos.



Me está llamando la noche.
Siento todos los volcanes
arder en mi pecho.
Oigo todas las canciones
sonar en mi oído.
Me derramo en alegría
al intuir tu presencia.
Me está llamando la noche
y mi alma se estremece
arrebatada por verte.

(cavabaja)

lunes, 16 de febrero de 2009

Dicen que una imagen vale más que mil palabras...
Y en este caso en concreto, también más que mil sonidos...
(con sonido es aun mucho mas impactante)
Quizás ahora podais imaginaros un poco mejor lo duro que
puede resultar ser una sumisa...
Sobre todo cuando ha de sufrir un castigo...
Recordad que esto solo se puede hacer con el
consentimiento completamente libre de la sumisa.
Lo contrario sería maltrato y yo estoy absolutamente
en contra del maltrato y del abuso.
Sano, seguro y consensuado... sólo asi es posible.
Video no apto para almas sensibles...

(Si quereis más solo teneis que pedirlo)

video
Hoy es lunes... para casi todos el peor día de la semana,
pero gracias a cava nuestro lunes es un poquito mejor.
Cada día tus poemas son más intensos, más pasionales...
No nos dejes si nuestra dosis diaria de poesia, amor y pasión...





Tengo un vino esperando
una mano firme
que lo destape
y lo sirva
haciendo cantar mi copa
y lo huela
como si disfrutara mi aroma
y lo ofrezca
perdiéndose en mi mirada
y lo beba
sabiendo que luego volverá a sentir su sabor
multiplicado en mi boca.
(cavabaja)

sábado, 14 de febrero de 2009

En el día de los enamorados, no podia faltar en la
mansión un poema de amor...
¿Y quien si no nuestra poetisa particular nos lo iba
a regalar?
Un beso cavabaja, y que el amor te acompañe siempre.


El AMOR puede ser
como un torrente impetuoso
o un arroyo apacible y dulce
como cosquillas en el alma
o chispitas de luz en la mirada
como comer fresas en inviero
o beber una copa de buen vino
como pasear sin rumbo
o saber con certeza tu camino

El AMOR puede ser
todo esto y mucho más
si a tu lado está la presencia de lo que amas.
(cavabaja)

viernes, 13 de febrero de 2009

Morir matando (un poquito de humor).

Había un soldado español destinado en Irak, y llevaba alli ya varios meses.
Un día recibe una carta de su novia, de la que estaba profundametne enamorado.
La carta decía lo siguiente:
"Querido Luis:
Ya no puedo continuar con esta relación.
La distancia que nos separa es demasiado grande.
Tengo que admitir que te he sido infiel dos veces desde que te fuiste y no creo que ni tu ni yo nos merezcamos esto.
Lo siento.
Por favor devuélveme la foto que te envié.
Con amor, María."

El soldado, destrozado, no sabía como reaccionar. Pero como estaba muy cabreado le pidió a todos sus compañeros que le regalaran fotos de sus novias, hermanas, amigas, tías, primas, etc.
En total recolectó 57 fotos, y metiendolas en un sobre se las mandó a María con una nota que decia:
"Querida María:
Perdóname, pero no consigo recordar quien eres.
Por favor, busca tu foto de este paquete y cuando la encuentres me devuelves el resto.
Cuídate.
Luis."




Un nuevo regalo de cavabaja para todos nosotros...
Disfrutadlo... disfrutemoslo...

Me he perdido en Madrid
por las calles más viejas
en pos de tu sombra.
El día me hace daño
porque en él no existes.
Tengo los ojos cansados
de esperar que anochezca
y la luna me cure,
de este mal de tu ausencia.
(cavabaja)

jueves, 12 de febrero de 2009

CAPITULO XIII (Continuación)

Me levanté del sofá y acercándome a maría, le dije:

Mi sierva estaba tensa, asustada, puesto que no sabía que es lo que iba a pasarle. Sólo sabía que me debía obediencia y que deseaba confiar en mi. Sabía que yo dejaría que nadie la hiciese daño.
María se encontraba a mi lado, la pedí que se pusiera en pie, que esperara en el centro del salón y que dejara que alexia tomara el mando de la situación. Alexia se despojo de su gorra militar y se dirigió hacía mi esclava.
Yo me senté de nuevo en el sofá, dispuesto a disfrutar del espectáculo que se avecinaba. A mi lado, el esclavo de lady Sara ya se encontraba besándole de nuevo sus pies, cosa que ella le agradecía acariciándole suavemente el pelo, como si de un cachorrillo se tratase.
Alexia se aproximo a maría, muy despacio, situándose detrás de ella. María permanecía de pie, rígida, sin moverse un centímetro, la vista clavada en el suelo.
Alexia la rodeo con los brazos la cintura, y acercándose a su oído, la besó suavemente en la oreja. Después, girándose hasta situarse delante de ella, le levantó la barbilla para que la mirara a los ojos, y la besó en la boca.
María intentó retroceder, pero Alexia ya la había sujetado los brazos a la espalda.
Mi sierva me miró, pidiéndome ayuda, pero en mis ojos solo vio el deseo de que accediera a los deseos de Alexia, que en ese caso eran también los míos.
Ella nunca había besado a otra mujer, pero sabía que ese día habría de llegar, tarde o temprano. Me miró, vio el deseo en mi cara, y decidió no resistirse, porque sabía que no Alexia no le estaba dando placer a ella, sino a mí.
Alexia la apoyó contra una mesita del salón, doblándola por la cintura, dejándonos a la vista su hermoso culo y los hinchados labios de su sexo. Sin soltarla, procedió a separarle las piernas para dejarla completamente abierta, indefensa a mi mirada y a la de lady Sara, cuya calentura también había ido aumentando a medida que su esclava iba cumpliendo mis órdenes.
Una vez así expuesta, alexia procedió a atarle las manos a maría a su espalda, y también le ató los tobillos a las patas de la mesa, impidiendo de esta manera que mi esclava pudiera cerrar sus piernas.
A continuación le puso un mordedor en su boca, atándoselo a la parte de atrás de su cabeza, para que no pudiera chillar. Yo sabía que era innecesario, pero la dejé hacer. Lo cierto es que la situación estaba resultando muy morbosa.
Cuando maría ya estaba así preparada, alexia se arrodilló detrás de ella y comenzó a lamerme su coño, con delicadeza y lentitud, dejando que su lengua se empapara de los jugos de maría, sintiendo su sabor, abriendo los labios de su coño, mientras ella misma se acariciaba su sexo para darse placer.

Era una escena completamente erótica ver como alexia lamia el sexo de mi esclava, como lo abría y lo preparaba para mí. Su experta lengua recorría el coño de maría, mojándolo, regándolo con su saliva, abriéndolo e introduciendo su lengua hasta alcanzar su clítoris, provocando que a mi esclava se le escaparan suaves gemidos de placer.
Gemidos que se mezclaban con los gemidos de lady Sara, ya que su esclavo había ido ascendiendo desde sus pies hasta tener ahora su cabeza enterrada entre los muslos de su Ama, lamiéndolos con gula, con deseo, y dándole a esta todo el placer del que era capaz.
Cuando alexia presentía que maría podía correrse, paraba de lamer su ya encharcado coño, y su lengua, sin dejar de moverse, recorría el ano de mi esclava, lamiéndolo y mojándolo también, penetrándolo con su lengua.
Yo ya tenía una completa erección en mi miembro, pero era tal la lujuria que me estaba provocando la escena, que deseaba alargarla aun más. A una señal mía, alexia se levantó, y acercándose al bolso de su ama, que continuaba siendo follada por la lengua de su sumiso, lo abrió y cogió un pequeño plug metálico, de color plateado, liso y brillante. Mirándome con cara de lujuria, se lo llevó a la boca y se lo introdujo en ella, metiéndolo y sacándolo, mojándolo de saliva. La muy puta estaba consiguiendo que tuviera unas ganas locas de follar, pero aun así, le hice un ademan con la cabeza y ella, obedientemente, se acercó a maría y con suavidad, le introdujo el mojado plug en su ya dilatado ano.
Mi sierva nunca había sido follada por su culo, por lo que al entrar el plug en el, sintió un escalofrío, mezcla de placer y dolor, aunque era tal su calentura, que se dejo meter el artilugio hasta el fondo.
Lady Sara estaba a mi lado, con los ojos cerrados, gozando de su esclavo. Frente a mi estaban alexia, comiéndole de nuevo el coño a maría, y mi sierva, moviendo ya las caderas de manera descarada.
En vista de cómo estaban las cosas, me acerqué a ellas y deje que alexia, que permanecía arrodillada en el suelo, me desabrochara el pantalón y extrajera mi endurecido miembro de su interior. Sin pedirme permiso, se lo metió en su boca y comenzó a hacerme una suave mamada, recorriendo con su lengua mi pene desde la cabeza hasta la base del tronco. Mientras tanto yo acariciaba el culo de maría, metía mis dedos en su sexo y los movía para darle placer, le daba azotes en sus redondas nalgas hasta hacerlas enrojecer, y dejaba que mi polla creciese dentro de la boca de alexia.
Cuando ya tenía mi pene completamente erecto, cogiendo a alexia del pelo, saque mi polla de su boca e hice que se colocara entre las piernas de maría, para que lamiera su coño. Al mismo tiempo yo me situé detrás de mi esclava, que aun permanecía tumbada en la mesa, con sus piernas atadas a las patas de la misma, y de un solo empellón introduje mi sexo en el suyo.
Comencé a moverme dentro de ella, a sentir el calor de su interior, a meter y sacar mi falo de su coño, mientras alexia lamia el sexo de mi esclava y, al mismo tiempo, mi polla al entrar y salir de la cálida cueva de maría. Para que pudiera respirar sin dificultad, y para poder oír sus gritos de placer, le desaté el mordedor que aprisionaba su boca, dejando que cayera al suelo.
La tortura conjunta de mi polla entrando y saliendo de su coño, unido a la sabia lengua de alexia que no paraba de lamer su encharcada raja, y la sensación de sentirse llena que le provocaba el plug en su ano, hicieron que maría comenzara a jadear de manera intensa a la vez que movía sus caderas de manera desenfrenada, lo que revertía en que mi polla se clavaba en ella cada vez con más fuerza.
Detrás nuestra, los gemidos de lady Sara eran cada vez más fuertes y girándome un poco pude ver como sujetaba la cabeza de su sumiso, clavándola entre sus piernas para que la lengua de este le llegara hasta el fondo de su coño.
Los gemidos de todos los presente s se entremezclaban, se unían, se multiplicaban… y mientras a mi espalda, lady Sara se corría en la boca de su esclavo, mi sierva se dejaba llevar y alcanzaba el clímax entre estertores de placer, y yo, abandonándome al frenesí del momento, me dejaba ir, corriéndome también en el coño de mi sierva y dejando que espesos chorros de leche la empaparan por dentro y, escurriéndose entre los labios de su encharcado coño, acabaran en la boca de alexia, que los lamía con deleite.
Una vez que me había vaciado por completo, deje que la esclava de lady Sara limpiara mi miembro con su lengua, lamiendo cada recoveco, y regalándome unas dosis extra de placer, mientras maría permanecía tumbada sobre la mesa, roja de excitación, borracha de placer, fatigada de deseo.
Retirándome unos pasos, me tumbé en el sofá, al lado de Sara, mientras su esclava desataba a maría, que, rota por el placer recibido, se dejaba hacer mansamente.
Después de desatarla y de quitarla el plug de su ano, la tumbó sobre la alfombra, y tumbándose ella en sentido inverso, le ofreció a mi esclava su dilatado sexo, mientras su boca golosa y lujuriosa comenzaba a lamer de nuevo el sexo de maría.
María, desde el suelo, y teniendo el sexo de alexia sobre su cara, sintiendo nuevos espasmos de placer en su desfogado coño, se aplicó a lamer el coño de la sumisa, con lujuria, con deseo, saboreándolo como nunca antes había saboreado un manjar semejante.
Desde el sofá, lady Sara y yo veíamos a nuestras sumisas enroscarse en un delicioso sesenta y nueve, viendo como sus lenguas se hundían en sus sexos, como sus manos acariciaban sus culos, como pellizcaban sus senos y como, en aquella vorágine de sexo, maría ya se había desinhibido completamente y disfrutaba del placer que le daban , esforzándose en compensar a su amiga sumisa dándole de su misma medicina.
Así estuvieron un buen rato hasta que, calientes como brasas, se corrieron la una en la boca de la otra, regalándose su placer, su deseo y sus fluidos.
Cuando acabaron, y mientras el esclavo de lady nos servía unas copas, se quedaron allí las dos, tumbadas en la alfombra, fatigadas, rotas, sudorosas… pero hermosas como ángeles.


- maría, mi sierva… la cena ha sido deliciosa, la velada muy agradable; estoy francamente satisfecho de ti y por eso quiero hacerte un regalo, del que estoy seguro vas a disfrutar…

Y haciendo una seña a Alexia, la esclava de lady Sara, le di las pertinentes instrucciones al oído. Una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios.


- Efectivamente, Sayiid, tu esclava tiene aptitudes, muy buenas aptitudes.
- Lo sé, Sara. Ya te dije que comprarme esta pequeña mansión, había sido la mejor inversión de mi vida.

Y mirando a mi esclava, que permanecía tumbada en el suelo, traté de transmitirle todo el orgullo, el deseo y la pasión que sentía por ella en ese momento…
Sueños, fantasias... belleza... placer...
Todo eso nos das a diario, cavabaja.
No nos faltes nunca.
Necesitamos nuestra dosis diaria.


Búscame en tus sueños,
allí seré como tu quieres.
Suéñame en tus noches,
envuelta en tus deseos.
Y cuando me encuentres
y cuando me sueñes...
Cuéntame esos sueños
y me transformaré en ellos.
(cavabaja)

miércoles, 11 de febrero de 2009

CAPITULO XIII

Aquel había sido un sábado de gran actividad en la mansión.
Mi esclava se había pasado el día entero limpiando, recogiendo, engalanando la casa.
Quizás debería habérselo dicho con más tiempo, pero me gustaba verla así, acelerada, nerviosa, inquieta.
Por eso, hasta esa misma mañana, después de habernos levantado y haberle hecho el amor en la ducha, mientras el agua caía sobre nuestros cuerpos y yo disfrutaba del contacto de su enjabonada y resbaladiza piel, y del calor de su boca, no le dije que ese día tendríamos la visita de unos amigos.
Durante el desayuno, su nerviosismo fue en aumento.
Como ya dije alguna vez, mi sierva era una maniática del orden y de la limpieza, y aunque la casa estaba siempre limpia y en orden, el saber que íbamos a tener una visita, hacía que su instinto de anfitriona se disparase hasta el infinito.
Para mi fue una gozada verla trajinar todo el día, con su camiseta de manga corta ajustada, que hacía que se le marcaran sus deliciosos pechos, y su corta faldita, sin nada debajo que me impidiera observar el movimiento se su preciso culo.
A media mañana, mientra ella estaba agachada para limpiar el polvo de unos muebles, no pude resistir la tentación se poseerla por detrás, sin previo aviso, gozando de su siempre húmedo sexo, tomando por sorpresa y sin pedir permiso aquello que era mío.
La tarde fue ya más tranquila, y aunque maría insistía en que le dijera quien iba a venir a visitarnos, yo pretendía mantener la incógnita hasta el último momento. Quería que fuese una sorpresa.

Mi sierva preparó una estupenda cena y a las ocho de la tarde ya tenía preparada la mesa. Le pedí que pusiera solo servicio para dos, lo cual acabó por desconcertarla del todo, pero así lo hizo, sin protestar.
Utilizó la mejor de sus vajillas y adornó la mesa con flores y velas.
Una suave y relajante música completaba el estupendo escenario que mi esclava María había preparado.
Después de tenerlo todo preparado le pedía María que subiera a vestirse. Me preguntó que ropa debía ponerse y le dije que la tenía ya preparada encima de su cama.
Esa misma tarde, mientras ella se esforzaba en la cocina, yo había subido su atuendo a su habitación, para que también eso fuera una sorpresa.
Le pedí que no abriera la caja en la que estaba su indumentaria hasta justo el momento en que fuera a vestirse, que controlara su curiosidad, o me vería obligado a castigarla.
Ella me dijo que así lo haría y subió a ducharse y a arreglarse para la cena.
Cuando bajó, no puede por menos que admirar su belleza.
Estaba ciertamente increíble enfundada en su atuendo de sirvienta, con su cofia, su ceñido vestido, su corta faldita, sus negras medias y sus zapatos de tacón.
Sus blancos glúteos se adivinaba por encima de la blonda de sus medias, y los elevados tacones hacían que su deseable culo estuviera aun más respingón que normalmente.
He de reconocer que tuve que realizar un gran esfuerzo para no lanzarme sobre ella allí mismo, en la cocina.
Ella observó mi cara de deseo y una pícara sonrisa acudió a su rostro, lo que la hizo aun más deseable para mí.

- ¿Estoy guapa, Mi Señor?
- Estás preciosa. Realmente preciosa. Espero que hagas honores a tu uniforme y atiendas bien la
visita, por que es importante que des una buena imagen.
- ¿Me diréis ahora quien es?
- No, aun no, ya lo verás a su debido tiempo, no creo que
tarden. Pero ven, aun te falta un detalle para estar perfecta.

Y acercándome por detrás a ella, saque de mi bolsillo un pequeño collar de terciopelo azul, con una argolla en su parte delantera, y apartando su hermosa melena, y besándola en el cuello, le coloqué su collar de esclava.

- No quiero que te hagas demasiadas ilusiones por que aun no es tu collar definitivo, pero hasta
ahora en estas semanas te has portado muy bien, y creo que te has ganado el derecho a llevarlo esta noche.

Mi sierva se veía radiante con aquel regalo, no por su valor, evidentemente, sino por lo que significaba para ella. A partir de ese momento, ella era oficialmente mi pupila, mi aprendiz de esclava, y todo el que la viera con ese collar, así lo sabría.

No tuvimos que esperar demasiado… Como siempre, mi invitada era puntual.
Al sonar el timbre de la puerta, le dije a maría que fuera a abrir, mientras yo los esperaba en el salón.
Unos momentos después, allí estaba, en el umbral de la puerta, impresionante como siempre, segura de sí misma, lady Sara.

- Buenos días Sara, adelante, pasa por favor
- Sayiid, buenos días. Una casa muy acogedora,,, y aislada;
me gusta, no te la conocía
- Es que la he adquirido hace poco (y mientras decía esto, no pude
evitar mirar hacia mi sierva que, en un segundo plano, permanecía atenta a nuestra conversación).
- Pues me gusta, sí; una buena inversión.
- Ni te imaginas lo buena que está siendo. Pero pasa y acomódate,
por favor. Ya veo que vienes bien acompañada.
- Si, sabes que siempre lo hago.

Y pasando al salón se acomodó en el sofá, cruzando sus largas piernas enfundadas en seda.
A cada lado de ella se situaron, en sumisa postura, los dos esclavos que había traído con ella. Uno era el sumiso de la otra noche, el que nos recibió en la puerta. Pude notar el azoramiento de mi sierva cuando lo reconoció, recordando, imagino, el castigo que sufrió por atreverse a mirarlo con deseo. Y su otro sumiso era una precisa hembra, morena, no muy alta, pero con unos deliciosos pechos, enfundada en un ajustado traje de látex y con una gorrita militar como único adorno.
Una mujer preciosa y deseable.

- Veo que aun mantienes a tu sumisa, Sayiid.
- Así es Sara, me está resultando extremadamente agradable su
educación
- ¿Y qué tal responde?
- De momento no tengo ninguna queja.
- Lo cierto es que es preciosa. ¿Cómo me dijiste que se llamaba?
- María
- María, ven, acércate.

María no hizo ademán de moverse. Creo que lady Sara no le caía demasiado bien. No obstante, fue suficiente un leve gesto de mi cabeza para que, humildemente, se situara ante Lady Sara y agachara sumisamente su cabeza.

- Ciertamente eres preciosa, sin duda. Tienes buenas aptitudes. Me gusta tu cuerpo.
Muéstramelo.
- Yo… no sé si debo…
- María, obedece a Lady Sara.
- Pero Señor…
- María, ya has oído lo que te he dicho
- Sí, mi Amo

Y aun sin desearlo, maría le mostró a lady sus hermosos pechos y su rasurado coño.
En su cara se notaba que mantenía una cruenta lucha interna entre sus deseos de someterse a mí, y la enorme humillación que estaba experimentando al ser mostrada, sin ningún escrúpulo, ante una extraña y sus sumisos. Sin saberlo, en ese instante estaba siendo más mía que cuando la azotaba unas semanas atrás en el garaje de la casa.

- Deliciosa Sayiid, realmente deliciosa. ¿Me la prestaras algún día?
- Algún día, quizás… pero aún es pronto. Está al inicio de su adiestramiento
- Tendré que tener paciencia entonces.
- ¿Quieres tomar algo, lady?
- Si gracias, un whisky
- maría, atiende a lady Sara y sírvele. Si sus sumisos necesitan algo, proporciónaselo también.
- No te preocupes Sayiid, mis “perritos” no necesitan nada… de momento
- Bien, bien. María, puedes cubrirte.

Estuvimos charlando un rato de nuestras cosas, mientras el sumiso de lady Sara le acariciabas sus pies, se los lamía y se los cuidaba.
Mientras tanto, su esclava permanecía arrodillada al lado de su señora, muy sumisa, aunque la pillé un par de veces mirando con lujuria a mi sierva maría.

La cena fue estupenda. La conversación con lady Sara, muy entretenida.
María se esmeraba en que todo fuera bien y lo cierto es que estaba resultando ser una excelente anfitriona. Tan sólo mostraba cierto rechazo a las caricias que lady Sara prodigaba bajo su uniforme cada vez que pasaba al lado de ella.
Sus sumisos permanecían de rodillas en el suelo, comportándose como dos perros fieles.
Después de los postres, le pedí a Sara que me acompañara a tomar el café al sofá, mientras maría terminaba de recoger.

- ¿A que esperáis, mis perrillos? . Ayudadla, y obedecedla en todo lo que os mande.

Inmediatamente los sumisos de lady Sara se pusieron manos a la obra y comenzaron a ayudar a mi sierva, con lo cual, la mesa fue recogida en unos instantes.
Cuando terminaron, se acercaron a nosotros y se sentaron, de rodillas, a los pies de sus respectivos amos.

- ¿Cómo se llama tu esclava, Sara?
- Alexia… ¿Por qué? ¿es que te gusta? ¿quieres hacer un intercambio?
- No, claro que no; ya te he dicho que aun no está preparada para estar
contigo, pero… quizás podamos… no se… ¿Qué te parece?

Y con una pícara sonrisa en sus labios, lady Sara me dijo…

- Adelante, ya sé lo que quieres… eres un pervertido. Hazlo, mi esclava
te obedecerá en todo lo que la pidas… es más… estoy seguro de que lo está deseando…
- Sí, yo también pienso lo mismo….
(continuará)
Una nueva perla de cavabaja.
Pequeñas dosis de belleza.
Sentimientos concentrados en breves frases.
Que difícil es hacer que algo así parezca fácil.
Gracias por hacer del mundo un lugar más hermoso.







Imagino, vivo, deseo.

Me asomo, busco, pregunto.

¿Seré capaz? ¿Podré hacerlo?

Ayer pensé que sí.

Hoy las dudas vuelven a mí.

Mañana... probaré de nuevo.
.
(cavabaja)

martes, 10 de febrero de 2009

¿La mejor casa?, ¿el mejor coche? ¿la ropa más lujosa?
En la vida no está mal aspirar a más, pero...
siempre hay que saber disfrutar de lo que se tiene y
no tener envidia de los demás...
por que ya se sabe que rie más el que rie el último...





.
Nuevos sentimientos hechos palabras
por obra y gracia de cavabaja.





¿Puedo levantar mis ojos hacia ti?

Quiero clavar mi mirada en la tuya.
Quiero levantarme
con la misma impaciencia que los árboles,
creciendo hasta lo exacto,
para rozar tus labios,
para buscar en ellos
la humedad sin lluvia.
(cavabaja)

lunes, 9 de febrero de 2009

Bienvenida de nuevo a la Mansión, Lady cava.
Tu breve ausencia se nos ha hecho eterna.
Pero me complace ver que has vuelto con renovadas fuerzas...
y toda la dulzura de tu poesia a flor de piel.
No nos dejes nunca solos...
tus poesias nos reconfortan el corazón.


Duele el alma,
con la pena del amor escondido.
.
Llora el corazón,
con la angustia del latido contenido.
.
Suspiran los labios
con el tormento del te quiero no dicho.
.
Se ahoga el deseo,
contra la coraza de la cordura.
.
¡No debo, sé que no debo!
¡¡¡... pero quiero tanto!!!
.
(cavabaja)

domingo, 8 de febrero de 2009

Siempre se ha dicho que el deporte es una actividad muy satisfactoria,
pero no imaginaba yo que pudiera llegar a serlo tanto...
Ahora entiendo por que no se vende ni un miserable coche en este pais...


sábado, 7 de febrero de 2009

CAPITULO XII

Al llegar a la habitación, la tumbé de espaldas sobre la cama. Su piel seguía marcada por la mordedura de mi fusta, así que, tomando un frasco de pomada hidratante, comencé a extenderla sobre su espalda, su cintura, sus glúteos, el interior de sus muslos…
El frescor de la pomada pareció suavizar el escozor que sentía. Mis manos recorrían su cuerpo suavemente, aprovechando el efecto de la crema que era rápidamente absorbida por su caliente piel.
Una vez extendida toda la pomada, me tumbé a su lado, y comencé a acariciarle su pelo, susurrándole al oído lo mucho que la deseaba, lo orgulloso que me sentía de ella, y lo feliz que me hacía.
Comencé a besarle suavemente en el cuello, en la nuca, en los lóbulos de sus orejas, y dándole la vuelta la dejé enfrente de mi. Ella seguía tumbada y me miraba con ojos amorosos; se sentía tranquila, relajada.
Mis labios besaron sus ojos, su nariz… se entretuvieron comiéndole su boca, que me recibió calida, húmeda, acogedora.
Seguí descendiendo por su cuello, besándolo, acariciándolo, hasta llegar a sus pechos, lujuriosos, altivos, desafiantes.
Mi lengua los recorrió, centímetro a centímetro, sin prisas. Mis labios aprisionaban sus erectos pezones, mis dientes mordisqueaban su sensible piel, provocándole murmullos mezcla de placer y dolor.
Saboreé aquellos deliciosos manjares durante un buen rato, y después fui mojando con mi saliva su vientre, su monte de Venus, el interior de sus muslos, que se abrían como una flor para mi, por que sabían que lo que yo deseaba se encontraba, húmedo, caliente y oculto, entre ellos.
Mi lengua recorrió los labios de su sexo. Lamía con deseo, con lujuria, cada gota de placer que ella me regalaba. Los mojaba, los humedecía, los saboreaba. Los fui recorriendo sin prisas, de arriba abajo, de abajo a arriba, jugueteando con ellos, estimulándolos, notando como crecían para mí, como se humedecían, como se abrían…
Y mi lengua entro en su cueva del placer… y pude deleitarme con el calor de su interior. Pude sentir su sabor, su textura, su temperatura, el aroma a deseo que desprendía…
Con mi lengua recorrí el interior de su sexo, hasta alcanzar ese dulce botón del placer que me esperaba inhiesto, duro, provocador… Recorrí su clítoris con mi lengua… lo aprisioné con mis labios… lo saboreé.. lo mordí suavemente con mis dientes…
Jugaba con el, lo adoraba y lo martirizaba. Mi esclava gemía de placer mientras su espalda se arqueaba para que mi lengua entrara aun más en ella. No decía nada, pero sus gemidos lo decían todo.
Notaba su placer en sus contracciones, en el calor de su sexo, en las sensibles variaciones de su sabor… hasta que mi esclava, sin previo aviso, se corrió en mi boca, inundándome con su placer, mordiéndose los labios para no gritar, agarrándose a las sabanas para sentir como mi lengua la penetraba, como mi boca la recibía…
Fue un orgasmo largo, continuado, sin prisas… saboreando cada segundo, cada décima de placer. Y yo seguía martirizando su encharcado sexo con mi lengua.
Y cuando noté que su cuerpo, que hacía unos segundos estaba en una completa tensión, se relajaba, me retiré de ella, para observarla en su completa hermosura.
Estaba simplemente preciosa, como una diosa en el Olimpo.
Mi deseo era ya tan intenso y mi erección tan brutal, que tumbándome sobre ella, la cubrí con mi cuerpo, mientras mi falo penetraba en su mojado coño.
Mi labios la besaban, mi polla la follaba, mis dientes la mordían, mi boca la decía lo puta y lo guarra que era…
La monté como a una yegua salvaje. Despacio al principio, pero rápidamente incrementando la fuerza y la velocidad de mis embestidas. Notaba como su cuerpo comenzaba a responder de nuevo, como su espalda se arqueaba para recibirme más profundamente, como su boca gemía de placer…
Sin poder evitarlo, se corrió de nuevo entre mis piernas, aun a sabiendas de que yo no le había dado permiso ninguna de las dos veces,,, pero en ese momento no le importaban castigos ni consecuencias. Lo único que le importaba era gozar, cabalgarme, poseerme…
Se corrió para mí, gritando de placer, al mismo tiempo que a mi me llegaba mi momento…
Ya no podía aguantar más… era todo tan excitante… la noche vivida, mi esclava, la situación… que sacando mi inhiesta polla de su coño, deje que chorros de mi espeso y caliente semen empaparan su vientre, sus pechos, sus muslos….
Ella era una virgen sucia de mi leche, una estatua mojada con mi gozo, empapada de mi deseo…
Quise guardar aquella imagen para siempre en mi mente, por que era uno de esos momentos por los que vale la pena vivir la vida.
Me tumbé a su lado, la abracé, y besándola en la boca la dije, una vez más, lo feliz que me hacia, y me dormí entre sus brazos.

viernes, 6 de febrero de 2009

Un nuevo trocito del corazon de nuestra amiga cavabaja.
Con lo dificil que es expresar en palabras los sentimientos...
y lo facil que tú lo haces.
Mi enhorabuena, amiga, y por favor, sigue deleitandonos con tu poesía.
Recibir tu poema diario se esta convirtiendo en un dulce vicio...

Te llamo en mis canciones,
porque sin cantar, no sé llamarte.
Te quiero en mis silencios,
porque cuando hablo, no me atrevo.
Te sueño en mis madrugadas,
porque el día, me devuelve la cordura.
Te deseo en mis sueños,
porque despierta no me atrevo.
(cavabaja)

jueves, 5 de febrero de 2009

Cavabaja que estás en la tierra...
Danos hoy tu poema de cada día...
Lo esperamos con ilusion, deseo e impaciencia...
Que así sea...
Amén.



Anoche, cuando el sueño rendía mi razón

te ofrecí el vino embriagador de mi madurez.

Tú te llevaste la copa a los labios,

cerraste los ojos y sonreíste.

Perdona mi impaciencia, dueño mío.

Perdóname si me rindo así ante ti,

pero mi cuerpo, de improviso,

se ha vestido de hojas verdes de deseo.
(cavabaja)










CAPITULO XI


Cuando llegamos a la casa, María de puso de rodillas ante mí, y colocando sus manos cruzadas en su espalda, me dijo:


- Lo siento, mi Señor. Te he puesto en evidencia esta noche en la mansión de Lady Sara al mirar con deseo a su sumiso. Reconozco mi falta y os ruego que me castiguéis para poder compensaros
- Cierto es, María, que no deberías mirar así a otros hombres sin mi permiso. Me complace que hayas sido tu misma la que hayas decidido pedirme perdón y someterte al castigo.
- Es lo más justo, mi Señor.
- ¿Y en que castigo has pensado?
- Eso no es decisión mía, mi Dueño. Es usted el que lo ha de decidir.
- Muy bien. Pues así será. Ven, acompáñame

Y tomándola de la mano la dirigí hacia la puerta que, por aquella estrecha escalera, conducía al garaje de la vivienda.
Una vez en el garaje, la besé suavemente en los labios mientras mi mano acariciaba, una vez más, su excitado sexo por debajo de la falda.
Lentamente, la fui desnudando… Primero su blusa verde, dejando libres sus turgentes pechos. Los tomé entre mis manos y los fui acariciando suavemente, pasando a continuación a succionarlos con mis labios. Estaban duros, calientes, tersos, deliciosos. Mi lengua los acariciaba, los lamia, los mojaba, y mis dientes mordían sus duros pezones, consiguiendo que se irguieran llenos de orgullo. Colocándome detrás de ella, los apreté con fuerza, apoyando mi pecho sobre su espalda, y bajando mis manos, deje caer su falda al suelo, dejándola desnuda, con su liguero azul, sus medias negras y sus negros zapatos de tacón.
Mis manos recorrían su cuerpo, acariciándolo, mientras le mordía los lóbulos de las orejas, y le susurraba al oído las ganas que tenia de poseerla, de hacerla mía de nuevo, de convertirla en una diosa del placer, capaz de todo por mí.

- Eres una zorra, ¿lo sabías mi sierva?. Estás tan caliente que tu contacto hace que me arda la piel. Vamos a conseguir que esa putita que llevas escondida dentro, salga para darme todo aquello que deseo de ti.

Y mientras le hablaba así, mis manos rodeaban su cuerpo y acariciaban su sexo, pellizcaban su clítoris, y hacían que sus jadeos se fueran incrementando rápidamente.
Cuando ya la tenía lo suficientemente caliente, y teniéndola aun abrazada por detrás, la dirigí hasta la pared de donde colgaban aquellas argollas que había visto la primera vez que bajamos al garaje, y atándole una mano de cada una de ellas, la deje, con los brazos formando una media aspa, de cara a la pared.
Tiré un poco de sus caderas hacia atrás, dejando a la vista su precioso culo, y retirándome de ella, me quité la chaqueta, cogí mi fusta y comencé a aplicarle su castigo.

- Vas a recibir 20 fustazos por tu falta, María, y después de que recibas cada uno de ellos, me dirás: “Gracias mi Señor, por educarme”. ¿Lo has entendido?
- Sí, mi Señor.
- Perfecto, entonces comencemos…

Y retrocediendo un poco, retrase mi mano derecha e impulsándola con fuerza, descargué el primer fustazo sobre sus linda grupa.

- Uno
- Gracias, mi Señor, por educarme.
- Dos
- Gracias mi Señor, por educarme
- Tres…

A medida que la fusta descendía sobre su culo, sus piernas, su espalda, rojas marcas le iban apareciendo sobre la piel, y un precioso color carmesí teñía su cuerpo. Su voz, entrecortada por el dolor, seguía repitiendo la letanía del agradecimiento.

- Nueve
- Gracias mi Señor por educarme
- ….
- Doce
- Gracias mi Señor,,,, por educarme
- …..
- Dieciséis
- Gracias… mi Señor por… educarme
- …..
- Diecinueve
- Gracias… mi Señor,,,, por… educarme
- Y veinte
- Gracias… mi Señor, por… educarme.

Una vez acabado el castigo, su culo estaba rojo y caliente, y su piel sudorosa.
Acaricie suavemente su espalda, besándola con tibieza, rozando apenas su piel con mis labios. La desaté de las argollas y la di la vuelta, enfrentándola a mí. Pude ver como gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Tomando su cara entre mis manos, me bebí aquellas lágrimas de dolor, densas, saladas, tibias…

- Te has portado muy bien, mi sierva.
- Gracias mi Señor.
- Me siento muy orgulloso de ti.

Al oír esas palabras, una sonrisa iluminó el rostro de mi esclava María, y su mirada brilló de nuevo.
La bese en la boca, deleitándome con el sabor de su saliva, recorriendo cada recoveco de su cuerpo, acariciando su piel enrojecida, aspirando el aroma de su cabello, sintiéndome lleno de ella…
La veía viva, entregada, sudorosa pero complacida. Se sentía mía y eso la hacía feliz.
Deseaba tenerla, poseerla, darle placer, mimarla, protegerla…
En ese momento, no exista para mi nada en el mundo aparte de ella.
La tomé de la mano, y le dije al oído:

- María, ven, acompáñame

Y ella no dijo nada, pero me seguía por la escalera con un brillo especial en su mirada.

miércoles, 4 de febrero de 2009

CAPITULO X


Después del excitante suceso del metro, decidí alargar la noche unas horas más.
Quería premiar el comportamiento de mi sierva, así que opté por llevarla a uno de esos lugares que no salen en las guías de lugares de ocio en los dominicales de los periódicos.


- ¿A dónde me lleva, Amo?
- Tranquila, ya lo sabrás


Nada más llegar, María comprendió que ese no era un local más. Para empezar, no había ningún cartel que lo anunciara, ni nada que indicase que era allí donde íbamos. Tan solo una gruesa puerta de madera, con una mirilla en el centro.
Después de llamar a la puerta e identificarme, un hermoso y musculoso efebo, cuya única vestimenta era un ajustado pantalón de cuero y unas tiras de cuero que se cruzaban sobre su pecho, nos franqueó el paso y nos pidió que le acompañáramos a ver a su Ama
No escapó a mi visión el hecho de que mi sierva a miraba de reojo el hermoso cuerpo del sumiso que nos acompañaba, brillante de sudor y aceites. No me molestaba que ni sumisa le admirase, e incluso vería con placer como el deseo acudía a sus ojos. Pero ella se percató de que me había dado cuenta y agachó su preciosa cabecita sintiéndose culpable de haber cometido una falta.
Eso me dio la excusa perfecta para poder aplicarle su primer castigo más tarde. Sólo con imaginarlo, ya sentía como el deseo acudía a mi ser.
El esclavo no llevó hasta un enorme salón, iluminado únicamente por cientos de velas. Olía a incienso y a humo, y en el había mucha gente, unos vestidos, otros desnudos, algunos con antifaz para no ser recocidos…


Y allí en el centro del salón, destacando por encima de todos, se encontraba la dueña de la casa, Lady Sara, una vieja amiga a la que conocía desde hacía ya bastantes años.
Como siempre, estaba deslumbrante. Esa noche, vestía con falda negra, medias negras y zapatos negros, una camisa blanca y, por supuesto, su siempre presente varita de avellano en la mano.
- Buenas noches Lady
- Buenas noches Sayiid, cuánto tiempo si saber de ti. Pensaba que había abandonado la ciudad.
- Y así ha sido, temporalmente, pero ya he regresado.
- Y buen acompañado, por lo que veo.
- Así es; permíteme presentarte a María
- ¿Es tu esclava?
- Aun no se ha ganado su collar; digamos que está a prueba
- Es muy hermosa, podrías prestármela un rato.
- Lo haría con gusto, Lady, pero aun no está preparada para eso.
- ¿Y cómo lo sabes?. Qué tal si te la cambio por mi nueva esclava “pamira”. Como puedes ver es preciosa, y puedo asegurarte que te dará más placer del que puedas imaginar.
En efecto, la esclava pamira, que permanecía en segundo plano mientras nosotros hablábamos, era toda una preciosidad. Morena, con unos ojos de gata preciosos, enfundada en cuero, y un pequeño lunar sobre su labio, que le daba un aspecto muy sensual y lascivo a su mirada.
- Una oferta muy tentadora, Sara, pero ya te he dicho que aun no está preparada.
- ¿Y si te la cambio por mis dos esclavas recién salidas del harem?. A ti siempre te han excitado las fantasías de las mil y una noches. ¿Por qué no pruebas con estas dos bellezas?
- Mmmmm, dos mujeres muy hermosas es cierto, y muy tentadora la oferta… ¿Qué opinas tú, María?
Mi sierva tenía la cabeza baja y no se atrevía ni a mirar. Se la notaba humillada, siendo así subastada como si fuera un animal, pero tampoco se atrevía a decirme lo que pensaba. Se sabía sometida y humillada y, aunque lo estaba pasando muy mal, no sabía cómo negarse sin molestarme.
- Mi Señor, humildemente os pido que no me cedáis aun. Como bien decís, no estoy preparada.
- ¿Lo ves Lady Sara?. No está preparada.
- ¿Y ahora es tu esclava la que decide?. Me parece que has cambiado mucho… para mal
- No te equivoques… sólo la habría intercambiado por una persona de esta casa… pero tu jamás me dejaras someterte, ¿verdad?.
- Eso te gustaría, ¿no es cierto?
- Mucho, ya lo sabes.
- Pues sigue soñando, Sayiid… y mientras tanto… tomad lo que queráis y disfrutad del espectáculo.
- Muchas gracias Lady. Será un placer. Y nunca digas de esta agua no beberé…


Y cogiendo a mi sierva del brazo, avanzamos por el salón hasta un pequeño bar, donde una hermosa esclava completamente desnuda, nos sirvió las bebidas que le pedimos.
Frente a nosotros se desarrollaba un hermoso espectáculo. Una esclava, completamente desnuda, estaba siendo atada a una mesa con grilletes. Su cara vendada nos impedía saber de quién se trataba, pero su Ama la dejó allí, a la vista de todos, y, más aun, a disposición de quien deseara tocarla, acariciarla, besarla…
Fueron varios los que se acercaron a ella, besando su cuerpo, pellizcando sus duros pezones, acariciando su húmedo sexo. Ella estaba completamente entregada y no preguntaba, no se quejaba, no decía nada… por que ese era el deseo de su dueña.
Pasado un rato, ella la soltó, y la sierva, humildemente, se arrodilló ante su Ama y le besó tiernamente los pies. Fue un hermoso espectáculo ver la entrega con que aquella mujer veneraba a su dueña.
A continuación, la esclava fue de nuevo atada con sus manos a la espalda, y su dueña, para completar el castigo al que la estaba sometiendo allí, delante de todos, para que fuera más humillante aun, comenzó a acariciarla con su fusta, primero suavemente, más intensamente después, hasta que azotándola con dureza, su sierva rompió en lagrimas de agradecimiento.
Una vez consumado el castigo, la sierva fue recogida por otras dos esclavas de la casa, y su cuerpo fue bañado, cuidado e hidratado con mimo y con la consideración que se merece quien ha cumplido con su misión satisfactoriamente.

Mi sierva estaba completamente desbordada con todo lo que había visto, pero, lejos de estar asustada, estaba completamente excitada, húmeda de lujuria. Lo veía en sus ojos, en su boca, y sobre todo en la humedad de su sexo que desde hacía un rato, empapaba mi mano que lo acariciaba.

Como yo también me sentía excitado y deseoso de poseer una vez más su cuerpo, nos despedimos de la anfitriona, y regresamos a nuestra casa, para finalizar así aquel día tan especial.

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