Prologo de El Libertino

domingo, 31 de mayo de 2009


Si de verdad amas el BDSM y te respetas, entonces asume las responsabilidades de ser Dominante o sumisa. Prepárate, infórmate, trata de mejorar día a día, no caigas en estereotipos, lucha contra la mediocridad, se diferente, ama lo que haces y veras que pronto encontrarás a tu otra mitad y te esperarán muchos momentos de placer que compartirás con la conciencia tranquila de que has obrado con sinceridad.

viernes, 29 de mayo de 2009

Hoy tenemos un nuevo seguidor en la mansión.
Bienvenido, miguel.
Espero que te sientas a gusto entre nosotros y que
disfrutes de este blog como todos nosotros lo disfrutamos.
Considérate libre de participar en él, si es tu deseo.
Y para darte la bienvenida, que mejor que unas hermosas
palabras llenas de significado, de nuestro, ya añorado, Mario Benedetti.
Que las disfrutes tú, y todos los visitantes de la mansión.
.


Dale vida a los sueños que alimentan el alma, no los confundas nunca con realidades vanas. Y aunque tu mente sienta necesidad, humana, de conseguir las metas y de escalar montañas, nunca rompas tus sueños, porque matas el alma. Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco, no los dejes que mueran de hastío, poco a poco, no les rompas las alas, que son de fantasía, y déjalos que vuelen contigo en compañía. Dale vida a tus sueños y, con ellos volando, tocarás las estrellas y el viento, susurrando, te contará secretos que para ti ha guardado y sentirás el cuerpo con caricias, bañado, del alma que despierta para estar a tu lado. Dale vida a los sueños que tienes escondidos, descubrirás que puedes vivir estos momentos con los ojos abiertos y los miedos dormidos, con los ojos cerrados y los sueños despiertos...


Mario Benedetti
Palabra de sumisa...
Amén.


A veces lago remansado,

otras impetuoso torrente;

nadando contra corriente

o con el corazón sosegado.

Días de gozo y pasión,

con instantes de dulzura;

celebrando mi locura

o transida de emoción.

Quien no se haya entregado

no sabe que es la ventura

de morir, en pasión así volcado.

(cavabaja)

miércoles, 27 de mayo de 2009

Aceptación... una palabra con mucha enjundia...
Aceptación... de la sumisa hacia su Amo,
y por supuesto...
del Amo hacia su sumisa...
Aceptación... es el principio del TODO.



Acéptame y que se lleve el olvido

los días huérfanos que pasé sin ti.

He vagado persiguiendo voces que me atraían,

pero que no me llevaron a ninguna parte.

¡Déjame ahora que me siente tranquila,

a escuchar tu música en el corazón de mi silencio!

¡No apartes tu cara de los secretos de mi alma,

enciéndelos hasta consumírmelos en tu fuego!

(cavabaja)
Acéptame y que se lleve el olvido

los días huérfanos que pasé sin ti.

He vagado persiguiendo voces que me atraían,

pero que no me llevaron a ninguna parte.

¡Déjame ahora que me siente tranquila,

a escuchar tu música en el corazón de mi silencio!

¡No apartes tu cara de los secretos de mi alma,

enciéndelos hasta consumírmelos en tu fuego!

martes, 26 de mayo de 2009

¿Manifestaciones contra la crisis?
¿Contra la ley del aborto?
¿Contra la corrupción?
No, no y mil veces no....
Si quieres estar a la última, manifiéstate
por aquello que ya se manifiesta todo el mundo
en las principales ciudades españolas...
Manifiestaté porque todos puedan ser libres de...
visitar la mansión...


Bienvenida de nuevo, cavabaja.
Que la luz siempre te acompañe.
.


Eres alimento para el alma,

das alegría a mi corazón,

en ti, encuentro la calma

y eres vencedor de mi razón.

No buscamos, nos vimos casualmente,

no dudaste, por ti yo fui elegida,

y yo tu curiosidad, al momento sentí.

Fuiste pasión que cegó mi mente,

llama por siempre encendida,

infierno y paraíso para mí

(cavabaja)

lunes, 25 de mayo de 2009

La sala

La llama de la vela devolvía la mirada a Lucía que, arrodillada en el suelo, con las manos apoyadas en sus muslos desnudos (como lo estaba ella por completo), vigilaba con extraña inexpresión el pequeño fuego que casi parecía cristalizado en la oscuridad del cuarto.

No apartaba los ojos siquiera un segundo, aunque poco hubiera tenido que ver de interés. Aquella era la “sala de castigo”, una pequeña habitación carente de muebles o decoración alguna, de blancas paredes y suelo abaldosado destinada a la aplicación de los siempre merecidos castigos a Lucía.

En aquella ocasión había cuatro objetos: un pequeño taburete sobre el cual descansaba una pequeña vasija de porcelana que cobijaba la pequeña vela, cuya llama calentaba un frasquito de cristal desprendiendo así una ligera fragancia a melocotón que envolvía la sala con sus brazos invisibles... y ella misma.

En su situación voluntariamente aceptada de sumisa, no cabía más definición que un objeto más. Solo que, aquella tarde de junio, era aún menos. Estaba castigada.

La llama no respondía a los ruegos silenciosos de Lucía. En una competición por ver quién se movía antes, los dos seguían tercamente en sus rígidas posturas. Una encerrada en su prisión de cerámica; la otra en sus cadenas invisibles llamadas vergüenza, asombro, confusión y temor. Aquella tarde se había comportado mal, francamente mal. Algo dentro de ella -estrés, cansancio, hastío, irritación- hicieron mella en su, hasta ahora, casi impecable comportamiento, tornando sus palabras hirientes, sus movimientos fríos y su actitud muy reprochable.

Su Dueño (cómo le gustaba llamarle así), que siempre había mostrado una paciencia innata y casi eterna, terminó rompiendo su tenso silencio en un rudo “BASTA”, la tomó de la mano (aún sentía las marcas de sus dedos cerniéndose en su muñeca) y arrastrándola hasta aquella habitación.

Bajo su severa y muy enfadada mirada se desnudó y la dejó allí hasta nueva orden.

Ni siquiera le permitió que guardase el collar que siempre lucía con orgullo y coquetería mientras se hallaban en la casa. Lucía se permitió girar levemente la cabeza y sintió algo extraño al notar la ligereza de su movimiento. La falta del collar de perra con la que tantas veces había sido paseada o bajo el cual había sido amada y humillada al placer del Amo había desaparecido. Ah, sí. Había otro objeto más en aquella habitación. Uno que, por extraño que fuera -quizás no tanto, si lo pensaba bien- la asustaba más que nada: un espejo de cuerpo entero colocado justo frente ella, que le devolvía y le reprochaba cada segundo que permaneciera allí. En su reflejo se veía a sí misma arrodillada en el suelo culpa de su mal comportamiento, de su avergonzante comportamiento.

Empezó a llorar.

Los ojos se encharcaron y dos amargas lágrimas describieron largas huellas de dolor en sus mejillas. A estas dos siguieron más, muchas más.

Sin dejar de mirar la hipnótica imagen, vio como su rostro se contorsionaba en una máscara de dolor y pesar que deformaban los rasgos de lo que había sido una mujer bonita y rostro angelical, para tornarse una máscara de carnaval de facciones cruzadas por lamentos que no tenían cabida en su cuerpo y no sentía capaz de expresar.

Lloró y lloró sin cambiar de posición, con desconsuelo y desamparo en aquella habitación vacía donde siempre se había sentido tan pequeña, tan insignificante y tan sola.

Las rodillas y los tobillos se hallaban entumecidos, pero no eran nada comparadas con el dolor que apretaba su corazón como una garra huesuda que se clavaba en sus entrañas para desgarrar sin piedad aquello que más deseaba: la felicidad sin condiciones de su Amo.

Con timidez desvió sus ojos hacia la puerta.

Temió, y no poco, que jamás volviera a abrirse. Que jamás volviera a ver a su Amo. Que jamás volviera a sonreírle.

Procuró no pensar, porque no podía decirse nada que no supiera y nada que no le doliera como el más crudo de los latigazos. No quería pensar. Sabía la verdad, y sentía abrazarla como papel de lija que arañaba su fina piel.

Dejó de llorar y volvió la vista a la llama, que había ganado en su inexistente competición: fue la vela, y no ella, la que aún seguía sin moverse.

Lucía reconoció su derrota... y algo más: reconoció lo mucho que le quedaba por aprender, incluso de una humilde llama.

Inspiró profundamente y exhaló todo el aire contenido en los pulmones.

La llama gimió y bailó sigilosamente como una doncella virgen ante los futuros dueños de su persona. Se contorsionó y danzó con la elegancia, la dulzura y la sensualidad que ninguna bailarina podría igualar jamás. Lucía la miró y se regocijó ante el espectáculo.

Cuando su aliento abandonó a la llama, cesó el baile y todo regresó a la normalidad. De nuevo, todos quedaron en sus puestos, eliminando el paso del tiempo de aquella sala, donde no existía ni el hoy ni el mañana ni el ayer; ni el día ni la noche. La sala de castigo era, ante todo, una sala para reflexionar, para meditar y para enfrentarse ante lo pequeño de la vida -representado por la llama y el frasco aromático- y ante sí misma -representado por el espejo.

Lucía comprendió, se arrepintió y aprendió.

Después de eso, sólo le quedaba aguardar el perdón de su Amo.

De existir en aquella sala, se podría decir que pasó mucho tiempo, pero no siendo así, solamente era posible afirmar que el tiempo de castigo también conoció su fin.

En la puerta abierta, el Amo la miraba.

Estaba sonriéndola.

Trokien

domingo, 24 de mayo de 2009


Un Amo solo puede someter a su sumisa cuando en sus actos se interesa, sobre todo, por su persona.
Didak

sábado, 23 de mayo de 2009

Mi adorado Señor:

Siempre fui una mujer ordenada en todos los aspectos de mi vida, bien lo sabe Usted. Me gusta tener la casa ordenada, el bolso y hasta las ideas.
Repasando los pensamientos veo que ya no duelen los recuerdos negativos. Usted ha sabido fabricar sueños que me han arrebatado esa negatividad; ha sabido entrar en mi vida como una tempestad, robarme la voluntad , haciendo que el olvido cierre las fisuras para eliminar el dolor. Soy una esclava feliz que tiene satisfechos sus deseos y necesidades (una persona libre siempre está insatisfecha).
Ahora siento sólo la necesidad de ir donde está Usted, ya no quiero fórmulas razonadas, no necesito combates en mi interior porque el amor , la pasión y la entrega van inexorablemente unidos.
¿Necesitamos sentir el amor del otro para expresar el nuestro?
Es bien sabido que cuando se ama como yo lo hago se necesita el acercamiento físico, pero su dominación me ha perfeccionado como persona, ha quitado mis egoísmos, me ha llenado de plenitud. Antes era una mujer incompleta, la separación me creaba inseguridad y los encuentros me llenaban de paz; ahora sé esperar, pues el amor eterno tarde o temprano me llevará a su lado físico, para amarle como se merece.

Sí, esclava suya, ser que le ama, obra hecha por Usted con tanta paciencia y grandeza que me ha fabricado libre, ya que no estoy atada a ninguna ley que otros han impuesto, sólo a las que Usted dicta y esas son la salida a mi rutina .
Señor, el amor es algo tan simple como mirarle cuando come su ensalada favorita.
Ya no necesito pruebas de amor, simplemente le amo; le amo como es, caprichoso, egoísta a veces, otras cabreado y las más tierno y compresivo. Pero siempre le amo.
Como dijo Jacinto Benavente: "el verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece", y yo le ofrezco TODO, de punta a punta, en cada suspiro, en cada mirada de ojos de bruja. Con el cuerpo agitado, con el cuerpo relajado, cuando tiemblo, cuando le miro , cuando bajo mi vista.
Tenga mi vida, todo lo que hay en mí, mi placer, mi pesar... todo entregado con un amor sin fin.


Somos seres en momentos de pasión desatada,

visitamos hasta el mismo cielo,
con toda la vida entregada,
unidos en un mismo vuelo.
Todo lo suyo me inunda,
mi existencia ya no es vana,
pues siento cosas tan profundas,
que ya no parezco ni humana.

Siempre suya, magdala.

viernes, 22 de mayo de 2009


A veces crees que no puedes sentir el trabajo de tu Dominante, ni ver como influye en tu vida. En esos momentos desearías que Él te mostrara el plan a seguir... pero tú espera... porque aún no has visto nada. Lo mejor está por llegar.
.
.
Otro día más, nuestra encantadora amiga
nos deja aquí, para disfrute de todos,
un trocito de su corazón.
Pero no os preocupeis porque su corazon es tan grande...
que si ella asi lo desea, la tendremos aquí mucho, mucho tiempo.
PD: Yo también deseo que así sea.




Recuerdo que como ladrón aparece
en mi tibia y nocturna duermevela,
tenaz, en mis sentidos se cuela
y en ellos como un torrente crece.
Y cuando llega el amanecer,
como nave dejando su estela
indeleble en mi alma se revela
la dulce añoranza de tu querer.
Y en el calor de mi solitario lecho
los suspiros van inundando mi pecho.
(cavabaja)

jueves, 21 de mayo de 2009

Sensuales palabras nos traes hoy, cavabaja.
Recuerdos de experiencias vividas.
Amor y deseo aunados...
Sentimientos a flor de piel.
Dulces palabras preñadas de sensaciones.
Se me acaban los elogios, amiga...
Prométeme que a ti no se te acabará nunca la inspiración.
Admirándote desde la mansión...
Sayiid




En nuestros labios sonrisas,
brillos de deseo en las miradas;
tu adorado rostro en mí embelesado,
mis cabellos, olas surcadas
por el peine de tus dedos.
Mi voz, susurro, grito y arrebato.
En el mapa de mi cuerpo
tu boca, insaciable viajera,
todos los caminos andaba;
escaladora experta de mis montes,
andarina incansable en mi valles.
Tú eras gozo, yo quería ser gozada,
locura era mirarte y ser mirada.

(cavabaja)

miércoles, 20 de mayo de 2009

El castigo.

Llevabas ya medía hora allí, en el suelo, desnuda, concentrándote sólo en un objetivo, en una misión… no correrte de placer.
Yo te miraba desde mi sillón, sentado, comprobando complacido como tu cuerpo se empeñaba en llevarle la contraria a tu mente… como tus músculos se contraían de puro placer, como tu garganta gemía, como de tu boca entreabierta escapaban suspiros de pasión incontrolada..
Yo disfrutaba viendo tu dulce suplicio. Disfrutaba comprobando como tu entrega era tanta que podía más que tus deseos, que tu cuerpo, más que tu misma mente…
¿Qué más podía pedir?
……………………………………………………………………………………………………………………………….
Hacía apenas una hora, aunque en este instante a ti te pareciera que había pasado una eternidad, entraste en mi casa alegre, jovial, risueña…
- Amo, mire lo que he comprado.
- ¿Qué es eso, magdala?
- Es una crema de esas que aumentan el placer sexual.
- ¿Y tú necesitas de esas cremas? ¿Es que acaso tu Amo no te proporciona todo el placer sexual que necesitas?
- No es eso, Amo, claro que me da placer, más de lo que me merezco, pero la vi y quise probarla. ¿He hecho mal, Amo?
- ¿Por comprar una crema estimulante sin mi permiso?, no, no, no has hecho mal, es más… vamos a probarla ahora mismo.
- Amo, ¿Por qué me mira usted así?
- Por nada, magdala… por nada. Adelante, desnúdate y date esa crema tan fantástica
- ¿Ahora, Amo?
- Si, ahora mismo.
- Pero Amo… yo
- ¡He dicho que ahora mismo!
- Si Amo, como usted desee…

Te desnudaste, tal y como yo te había ordenado. Dejaste a mi vista tu delicioso cuerpo de mujer. Y a pesar de tu pudor, usaste la crema en tu depilado sexo, tal y como yo te había mandado.
- ¿Qué, magdala… sientes placer?
- No se Amo, no se siente nada, solo un ligero calorcillo ahí abajo.
- Vaya, ¿lo habremos usado mal?
- No creo, Amo… ¿Qué más tendríamos que hacer?
- Se me ocurre algo….

Y cogiendo tu vibrador del cajón, te ordené tumbarte en el suelo, en posición fetal, y lo introduje sin demasiados miramientos en tu lubrificado sexo. A continuación, con una venda elástica, até tus dos piernas cerrándolas sobre el consolador, para que no se saliera y te penetrara hasta el fondo de tu sexo. Por lo visto, la crema si hacía efecto, porque al poner el vibrador a la máxima velocidad, comenzaste a mover tus piernas para darte más placer.
- ¿Qué estás haciendo, magdala?
- Nada Amo, pruebo la efectividad de la crema
- ¿Te he dicho yo que puedas hacerlo?
- Pero Amo, es que si me pone el vibrador a esa velocidad…
- ¡Calla!. No tienes permiso para correrte
- Pero Amo, no es justo…
- ¿Y quién ha dicho que tenga que serlo?. He dicho que probaríamos la crema, y ya lo estamos haciendo.
- Por favor Amo, es que no sé si voy a poder resistir sin correrme…
- Ese es ahora tu problema magdala…
……………………………………………………………………………………………………………………………………..

Llevabas ya medía hora allí, en el suelo, desnuda, concentrándote sólo en un objetivo, en una misión… no correrte de placer.
Desde mi sillón yo te observaba complacido, viendo tus esfuerzos por no desobedecerme.
Desde allí podía ver la mezcla de placer y preocupación. Placer que te daba el vibrador… preocupación por que no deseabas desobedecer a tu Amo y porque sabía que si lo hacías, el castigo sería más severo aun….
Porque aunque tú vieras mi antojo de no dejarte correrte como un simple capricho de Amo, en realidad era un castigo y una enseñanza…
Te estaba enseñando que, por muchos juguetes que tuvieras, por muchas cremas que usaras, por muy lasciva que fueras… tus deseos y tu placer siempre me pertenecerían solo a MI, y sólo yo podría disponer a mi antojo de ellos…
Te estaba demostrando, una vez más, que me pertenecías, no por lo que dijeras o hicieras… sino por lo que sentías hacia mí.
Y era esa sensación de entrega lo que de verdad te proporcionaría tu placer hoy.
PD: No es una fantasía.



Sayiid
Afortunados visitantes de la mansión...
Demos gracias al responsable del enamoramiento
de cavabaja, que nos permite disfrutar de sus
sentimientos cada día, plasmados en esas breves líneas
que tanto y tanto nos dicen de ella.
Y a ti, cavabaja... enhorabuena.


Aunque lejos de mí estabas,

ya conmigo de vuelta te tenía

y contigo todo mi mundo ardía.

Dulce alegría cuando retornabas.

¿Por qué en mí conservarte

cuando estás de mí, tan lejos

si tanto me duele no ver tus ojos?

¿Por qué tengo que amarte?

Porque tú eres verdad y sentimiento

y tu "me voy", dura sólo un momento.

(cavabaja)

martes, 19 de mayo de 2009

Asusencia

Apenas te veo marcharte escaleras abajo ya siento tu ausencia.

Hemos estado más de tres horas juntos, toda la tarde, pero han sido instantes en el tiempo que mide mi corazón, y los cinco segundos que hace que sonó el golpe en la puerta me han arrebatado ya dos años y medio.

Aún sostengo en mis manos tu collar de sumisa. Te lo quité y acto seguido te marchaste, con tu mirada a la vez triste y candorosa. Me sonreíste, me besaste en los labios –un beso tan suave como rápido– y te marchaste.

Era necesario, supongo.

Pero cada vez, cuestiono más y más ese pensamiento. Cada vez, me doy cuenta de que tu presencia llena mi casa y tu marcha me vacía por dentro.

Tendría que avergonzarme, pero no lo hago. Estoy a solas y nadie puede ver como me acerco con mirada triste al balcón para ver como te alejas de mí y cómo desapareces al doblar la esquina.

Por un segundo siento deseos de llamarte y hacerte regresar. Sería sencillo. Pero no lo hago. Tampoco importaría. Tengo tu número de móvil. Y el de tu casa. Y tu dirección, y tu lugar donde trabajas.

No estoy seguro de qué me sucede. Quizás sea esa mirada tuya la que tanto me perturba. Sucedió la vez anterior, y también hoy. ¿Lo recuerdas?. Sé que sí. Es una mirada que, de rodillas me pidió... no, me suplicó con lágrimas en los ojos, que te diera unos azotes con la fusta. No puedo evitar desviar mis ojos a aquel instrumento negro que ahora reposa sobre una silla. Fue tan profundo tu deseo que no tuve fuerzas para negártelo. El único problema es que aquella mirada era sincera, tanto como la certeza de que los azotes te son insoportables, aterradores. Y aún así me lo pediste. No necesito preguntarte el porqué. Tu mirada me lo gritaba. Y ahora que ha quedado todo atrás, la merienda que me serviste con tu uniforme –el pequeño delantal de tela blanca y borduras de encaje, las esposas en los tobillos, el collar unido a una larga correa retráctil que yo siempre sostenía–, la charla sobre el libro que ambos estamos leyendo, tu próximo examen que tanto se te atraganta, es cuando me veo reflejado en la soledad de cada habitación vacía y siento el eco de tus pisadas, la tenue luz impregnada en cada esquina, la calidez en las correas que te maniataron. Incluso siento vergüenza por atarte. Es tanta tu entrega que sé positivamente que no hay cuerda ni cadena que supere a tu decisión de obedecerme ciegamente. ¿Para qué atarte pues?. No hay razón.

Veinte minutos después de que te fueras, yo sigo aún apoyado en el marco de la ventana. Diría que por tomar el aire, pero sé que no, puesto que no he desviado la mirada de la esquina que te vio partir.

Y también es ahora cuando nadie me oye cuando tengo fuerzas para cuestionar quién necesita más a quién.

Cuando murmuro tu nombre, siento miel en los labios.
.
(Relato encontrado en Internet)
E aquí el regreso de nuestra poetisa añorada.
E aquí el regreso de sus versos deseados...
Y a fe mía que por la tematica de su poema...
Cualquiera diría que su ausencia ha sido bien aprovechada...
Desde aqui deseo que así haya sido.
Un beso y bienvenida de nuevo, cavabaja.



Como un salmón que el río remonta,

aún sabiendo que su vida acorta;

para ser en tu pasión inmolada,

nadé dichosa hasta tu morada.

Y en vorágine de deseo izada,

convertida en alada mariposa;

volví a sentirme la más hermosa

reflejada en tus pupilas claras.

Te gocé con lujuría ilusionada

y deje que tú de mí, gozaras.

No me importó quemar mis alas,

volverán a crecer con tu mirada.

(cavabaja)

lunes, 18 de mayo de 2009

Ha muerto Mario Benedetti.
El poeta de la resistencia, que vivió el exilio y la enfermedad (un asma pertinaz, obsesiva, insidiosa) que le fue matando poco a poco, aunque él se mantuvo siempre "en defensa de la alegría". Finalmente, la agonía causada por un fallo intestinal, que hizo deprimentes sus últimos días, le acabó matando del todo, y murió ayer a los 88 años, en su tierra, Montevideo.
Vaya desde aquí mi mayor reconocimiento y mi agradecimiento por tan buenos momentos pasados a "su lado".
Aunque su cuerpo ya no esté con nosotros, desde hoy, Don Mario Benedetti ha entrado en la categoría de los inmortales.


Una mujer desnuda y en lo oscuro


Una mujer desnuda y en lo oscuro

tiene una claridad que nos alumbra

de modo que si ocurre un desconsuelo

un apagón o una noche sin luna

es conveniente y hasta imprescindible

tener a mano una mujer desnuda.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera un resplandor que da confianza

entonces dominguea el almanaque

que vibran en su rincón las telarañas

y los ojos felices y felinos

miran y de mirar nunca se cansan.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

es una vocación para las manos

para los labios es casi un destino

y para el corazón un despilfarro

una mujer desnuda es un enigma

y siempre es una fiesta descifrarlo.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera una luz propia y nos enciende

el cielo raso se convierte en cielo

y es una gloria no ser inocente

una mujer querida o vislumbrada

desbarata por una vez la muerte.
.
(Mario Benedetti)

domingo, 17 de mayo de 2009

Mi lengua, húmeda y lujuriosa, dibujaba figuras de saliva sobre tu suave vientre.
Tu sexo rezumaba el dulce néctar del placer.
No podías verme, por supuesto.
El negro pañuelo de seda cubría tus ojos.
Pero yo si podía disfrutar del placer de tu desnudez.
Tus muñecas tenían las marcas de las cuerdas con las que te había atado instantes antes.
Tu piel morena se perlaba con el sudor de la excitación.
Tu boca se entreabría esperando recibir el regalo de mi boca.
Todo en ti era perfecto.
Deslicé las yemas de mis dedos por la suave cara interna de tu entrepierna, sintiendo el calor de tu húmedo sexo.
Mi boca se enredó sobre tus duros pezones lamiéndolos, mojándolos, mordiéndolos, bien con suavidad, bien con dureza, robándote gemidos de placer y de dolor.
Mis dedos penetraron en tu húmedo sexo, que los recibió con deseo, abriéndose para mí, gozando de sus suaves movimientos.
Alargué mi mano hasta la mesilla, tomando un hielo del vaso donde unos minutos antes saboreaba mi copa. Deslicé ese frio trozo de roca por tu cuerpo, por tu vientre, tus pechos, tus pezones, que reaccionaron al frio mostrándose duros y orgullosos.
Dejé que se derritiera al contacto con el calor de tu piel, dejando húmedos regueros de agua que resbalan por tus costados.
Llevé los restos de hielo a tu boca, que los recibió como el sediento recibe el agua del buen samaritano. Dejé que se derritiera entre tus dientes, que jugaras con tu lengua, que refrescara tus labios… para que a continuación mis labios se fundieran con los tuyos, y mi lengua saboreara el dulce frescor de tu lengua. Disfruté de tu sabor, de tu calor.
Te besé suavemente, mientras acariciaba tu negro pelo. Me entretuve disfrutando de tu boca. De su calor. De su humedad. De su sabor…
Apartándome con desgana de ti, me puse de pie para observarte de nuevo.
Las ligaduras que aprisionaban tus muñecas y tobillos comenzaban a dejarse sentir en tu piel.
Tus piernas abiertas para mí, me mostraban tu sexo abierto, húmedo y sonrosado.
Si dejar de admirar tu deseable cuerpo, me arrodillé entre tus piernas.
Cogí una vela encendida de la mesilla, y comencé a dejar que la caliente cera derretida cayera sobre tu cuerpo.
Blancos y calientes cuajarones de cera derretida se adherían a tus pechos, a tu vientre, a tus piernas…
Leves gemidos de dolor acudían a tu garganta.
Sin dejar de verter la cera derretida sobre tu cuerpo, alcancé el consolador que también había dejado sobre la mesilla, lo encendí a una velocidad intermedia, y lo introduje, sin ninguna dificultad, en tu mojado coño.
Ahora, tu respiración que hasta hacía un instante era suave y acompasada, comenzó a acelerarse, y tus gemidos de placer eran cada vez más audibles.
La cera caliente ya no te molestaba, puesto que tu mente y tus sentidos estaban ya concentrados en otra parte de tu cuerpo, así que, apagándola, la deje de nuevo sobre la mesilla.
Incrementando la velocidad del vibrador, al tiempo que te susurraba al oído que no tenías permiso para correrte aun.
Me incorporé y me despojé de mis ropas, quedando, desnudo y sudoroso, frente a ti.
Tu respiración agitada, y la manera en que tus ataduras marcaban tu piel, me advertían del grado de excitación que estabas experimentando en ese momento. Además, sabía que el tener prohibido llegar al orgasmo, no hacía sino incrementar tus ganas de alcanzarlo.
Una situación complicada para ti, por lo que decidí ponerme a tu nivel.
Para ello, acerqué mi ya erecto miembro, mojado de excitación, a tu boca, presionando suavemente sobre tus labios, que se abrieron sin dificultad para recibir mi sexo, acariciándolo con tu lengua, recorriéndolo con tus labios, mojándolo y humedeciéndolo suavemente.
Lo dejé allí unos instantes, dejando que fuera tu lengua la que lo recorriera, dejándote a ti la iniciativa de hacerme una deliciosa mamada, como sólo tú sabes hacerlo, para después comenzar un suave vaivén, empujándola hasta dentro, sacándola despacio de nuevo, volviendo a meterla suavemente, sin prisas, notando la presión que tus labios ejercían sobre ella, sintiendo como la saliva se acumulaba en tu boca.
Después de disfrutar un buen rato del placer que tu boca me proporcionaba, quise explorar nuevas sensaciones, por lo que, arrodillándome de nuevo entre tus piernas, te saqué el vibrador, y hundí mi boca en tu encharcado sexo, saboreando los placeres de tu coño, deleitándome con los jugos de tu deseo, jugando con mi lengua que lo recorría de dentro a fuera, abriendo sus labios, ya abiertos para mi, y mordisqueando lujuriosamente tu clítoris, hinchado y sensible a mis caricias.
Tus gemidos de placer se hacían cada vez más intensos, más frecuentes. Los espasmos de tu sexo me indicaban que no podrías aguantar mucho más hasta que el placer escapara a tu control. Y mi propio deseo me decía que ya era el momento de disfrutar plenamente de mi esclava sexual. Así que, retirando mi lengua de tu coño, la sustituí por mi polla, dura, erecta, mojada aun por tu saliva, penetrando tu sexo hasta el fondo, comenzando a moverme dentro de ti, empujando mi cuerpo contra el tuyo, entrando y saliendo cada vez con un ritmo más intenso, acoplándome con intensas sacudidas que me provocaban oleadas de placer.
Sabía que ya no podías más, que estabas en el límite de tu resistencia, así que, en un acto de generosidad por mi parte, decidí regalarte la posibilidad de correrte para mi, en pago a todo el placer que me estabas dando.
Mientras te cabalgaba frenéticamente, mientras entraba y salía de tu cuerpo de una manera ya alocada, te grite que podías correrte, que te dejaras llevar…
No necesitaste mucho más. Instantes después puede notar entre mis testículos, el agradable calor de tu orina, que se escurría entre tus piernas, al tiempo que te corrías de placer para mí. Gritos de puro placer escapaban de tu garganta, ya sin el freno de mi anterior prohibición, y te dejaste llevar hasta el final, corriéndote una y otra vez, mientras te orinabas de puro gusto.
Tamaña explosión de gozo también hizo mella en mí, que sintiendo como se acercaba el momento de mi orgasmo, saqué mi polla de tu encharcado coño y deje que espesos chorros de caliente semen salieran de ella empapando tu cuerpo, desde tu cara, a tus pechos, tu vientre y el escaso vello de tu sexo.
Después de vaciarme entero sobre tu lujurioso cuerpo, disfrutando del hermoso espectáculo de verte empapada con mi leche, desaté tus ataduras, te quité la venda, te besé suavemente en los labios mientras te miraba a los ojos, y dándote las gracias por haberme hecho tan sumamente feliz, me acurruqué contra tu cálido cuerpo, y me quedé plácidamente dormido entre tus brazos.
(para mi sumisa magdala, por todo el placer que me ha dado, y por todo el placer que me seguirá dando cada día de su vida)

Sayiid

viernes, 15 de mayo de 2009

EL SONIDO DEL MAR
Lo dijo Juanjo y todos nos echamos a reír.
- No os lo vais a creer, pero por el coño de la Luci se escucha el mar.
Ninguno de nosotros, claro, había visto el mar. Nadie excepto la Luci que, como su padre era guardia civil, había vivido muchos años en un pueblo con mar. Nosotros, claro, lo habíamos visto en la tele, pero el mar de las pelis suena muy muy poquito, con un rum-rum de nada que no llama la atención, que casi no se oye. Un mar de truco.
A mí aquello se me metió en la cabeza y no había manera de que se fuera. ¡Coño!, el mar, y allí, tan tan cerca.
-¿Y tú cómo lo sabes? -preguntó Sebas.
-Tirititran trantrantrán- replicó Juanjo con los ojos como en blanco, imitando a los santos de las láminas.
-¡Venga yaaa!.
En eso quedó la cosa. Después nos fuimos al pinar a echar unos cigarros y decirnos boberías, pero a mí, lo del mar me tenía ya medio tarumba. Venga Lolo, que pareces chío. Aquella vez, lo juro, no me alteré. Si otras veces hubo ventolera con aquello, ahora me dio igual ser chío o no. Rum-rum, rum-rum. Así toda la tarde.
-¿Qué?, ¿nos la echamos a ver quién mea más largo?.
A la Luci la vi al día siguiente, cuando vino a preguntarme por Juanjo. Me hice un lío al responderle y ella me dijo que a ver si le decía que nos encontraríamos por la tarde en la alberca. Nada le referí a Juanjo, pero a la tarde me escondí cerca de la alberca. Venían juntos y riéndose. La Luci se quitaba la falda y él la apretaba por la cintura hasta que cayeron riendo sobre la hierba.
Juro por éstas que me ardían las sienes y se me aflojaban las rodillas.
Después llegaron los otros y yo mismo, cuando se me fue yendo el apretón. Pero estaba en la alberca y pensaba en el mar. En el ruido del mar.
-¿Cómo es el mar? Le solté a la Luci cuando los otros estaban metidos en la alberca haciendo el burro.
-Muy grande -respondió casi distraídamente-. Muy grande... y muy peligroso.
-Ya, ya me figuro, ya.
En casa mi padre gritaba que parecía bobo, que no echaba cuenta en las cosas de la tienda y que se me derramaban los piensos o el vino, que no daba bien el cambio, que estaba a medio cocer. Esas cosas. Juanjo y los otros se reían de mí porque según ellos estaba empajillado perdido y yo, qué iba a hacer, los dejaba reír y hasta me reía con ellos, por seguirles la juerga. Pero una tarde, en la alberca, lo soltaron delante de la Luci y ahí sí que me entró la ventolera. Ella se rió con ganas, abriendo mucho mucho la boca y dejándose señalados los dedos en el pecho.
-¿Has vuelto alguna vez por el mar?
-Y venga con el mar. ¿Qué te habrá hecho a ti el mar?
-No sé. Que no me lo figuro, sólo eso.
Poco a poco, aunque no dejaba de darle vueltas a la cabeza acerca del mar, me fui centrando en mis cosas, pero una mañana, como tantas otras veces, se acercó la Luci a la tienda y me preguntó por Juanjo, y sin saber cómo la miré a los ojos y le pregunté que si yo no le servía. Ella se quedó un momento como sin querer entender, pero después de comprobar que nadie podía escucharla, me examinó de arriba a abajo, como jamás me había examinado nadie.
-¿Pero tú -carraspeó-, no andabas empajilláo?
No contesté y ella se giró, como diciendo, chúpate esa. Durante horas rumié y rumié cada gesto y cada palabra de la Luci, mientras me temblaban las manos, se me derramaban las cosas y me equivocaba una y otra vez en los cambios. Lolo, cariño, que parece que te falta un hervor.
Aquella tarde, antes de ir a la alberca me moría de vergüenza, pero noté que la Luci en vez de rehuirme, se acercaba a mí, como dejándose querer.
-¿Quieres escuchar el mar? -me preguntó mientras se untaba crema por la espalda.
-Tiene que ser bonito -respondí sin dejar de mirar su espalda.
-Y peligroso -agregó.
-Ya... -contesté, y me encogí, me encogí de hombros.


Manuel Moya

jueves, 14 de mayo de 2009


Si ser sumisa te crea un conflicto interior... coloca todos tus pensamientos en orden, satisface todas sus necesidades y disfruta de tu condición.

En una relación D/s no tiene porque haber un perdedor.
Luz y pasión a partes iguales.
Sentimientos de cavabaja


En mi amanecer estremecida:
sintiéndome del todo amada
en reluciente hoguera transformada:
paisaje de tu pincel yo me sentía.
Como un dios que amor propicia,
y con su potente luz traspasa
yo nube que el sol abrasa,
me dejé llevar de tu pericia.
Mi universo en ti ya florecía
y tu ardor, en mí, sólo cabría.

(cavabaja)

miércoles, 13 de mayo de 2009

Un día más, aqui os dejo otra joya
de cavabaja.
Sentimientos sin fin...
Amor sin fin...
Porque ella... es así


Abrazada a ti, mi vida amanecía;
mi cuerpo cálido y complaciente,
el tuyo pecador impenitente;
a tus tibias caricias me ofrecía.
Tocabas mi piel y se estremecía:
mi tierra por tu arado dividida;
mi alma extasiada, a ti vencida;
hambrienta de ti yo me sentía.
Al mirarme, la dicha me miraba,
tu sonrisa en luz se convertía
y tu boca, inerme me dejaba.

(cavabaja)
Cielo e infierno

Por un error administrativo,
Al cielo a mi me enviaron,
Y estando yo allí arriba me dije…
“que bien, se han equivocado”

Pensaba yo, no sin razón,
Que si la mitad era verdad,
De lo que me habían contado,
Allí no se estaría nada mal.

El cielo es un lugar tranquilo,
Apacible y sosegado,
Lleno de vírgenes hermosas,
Y de jóvenes sin pecado.

Me veía yo ya allí,
De querubines servido,
Como un jeque abanicado,
De placeres consentido.

Esa era la imagen, amigos,
Que del cielo tenía yo.
Un Cancún sin turistas tíos,
Solo angelitas a mi disposición.

Pero dejadme, amigos, que os cuente,
Lo que en verdad allí me encontré:
Las vírgenes sexo no quieren,
Y asexuados los ángeles tienden a ser.

Una queja al mismo Jefe
Al instante quise poner,
Pero nadie supo decirme
Donde encontrarle poder.

Le pregunté a San Pedro,
A San Damian y a San Benito,
A Santa Brígida Mártir
Y hasta a San Juan El Bendito.

Nadie de todo el cielo
A mi me quería ayudar,
Hasta que se acercó el mismo Judas
A este pobre moro a rescatar.

“¿Qué te pensabas que era esto?”
Con sorna me preguntó.
“El cielo es aburrido y soso,
Por no tener… no tenemos,
Ni Internet ni televisión”

“¿Pues no era el cielo, amigo Judas,
El regalo a una vida de cordura,
De Bienaventuranzas y de Fe?”

“¿Eso es lo que a ti te han contado?”
“Pobre pardillo e iluso”
“El cielo es un lugar insulso,
Aburrido y apagado,
Frío y desangelado,
Sin sexo y sin alcohol”

Así que presto y dispuesto,
Una reclamación fui a poner:

“Mire usted, Maese Pedro,
No es aquí donde se me debe tener,
Que yo aquí he llegado,
Fruto de una confusión,
Y un pobre y santo varón
Estará en el infierno,
Sufriendo como un mamón,
Por culpa de esta equivocación”.

“Ese mamón que tu dices,
En efecto allí está,
Pero ha dicho que “narices”,
Que él no se viene para acá,
Que se lo está pasando como nunca,
Que esta follando como un cabrón,
Que se ha echado una amiga
Que le azota día si, y día no.
Que el cielo él ya no lo quiere,
Que prefiere la calor,
Del cojuelo y sus calderas,
Que ya no desea el perdón”.

“Pues dígame usted, eminencia,
Que puedo hacer yo entonces,
Pues mi alma pecadora,
Aquí se aburre de.. ojones”

“No te preocupes Sayiid,
Que todo tiene solución.
Haremos una reclamación
Al jefe de redistribución,
Y en poco mas de tres milenios,
Se iniciará la tramitación”.

“¿Tres milenios usted ha dicho?”
“Tres milenios, eso es…”
“Yo no aguanto aquí ni diez minutos
Así que deje que me apee de una vez”

Y lanzándome al vacío
Las nubes yo atravesé,
Parecía un desatino
Pero otra cosa no podía hacer.

Y viendo acercarse la tierra,
A tremenda velocidad,
Yo a mismo me preguntaba
Que me podría pasar.

Y cuando a punto yo ya estaba,
De estrellarme contra una roca,
Me desperté, lívido y sudoroso,
En mi cama y sin ropa,
Con mi esclava desnudita,
Tumbadita a mis pies,
Hermosa como un ángel,
Un querubín de placer.

Y mirándola así me dije:
“Say, algo tienes tu que hacer,
Pues ya no quiero yo volver
Al cielo ni en pesadillas”
Así que atándola a la silla,
A mi esclava utilicé,
Y desde entonces yo ya peco,
Día si y noche también,
Que no quiero que ahí arriba,
Dudas le queden al Señor,
De que este Amo de pacotilla
En el infierno, y no en le cielo,
Tiene reservada su habitación.




El Satiricón

martes, 12 de mayo de 2009

He aqui de regreso a nuestra
siempre bien amada amiga cava.
Y por lo que se ve, ha vuelto
plena de amor y sentimientos.
Felicidades amiga.
Tu felicidad es también la nuestra.




Tantos besos que nos dimos


con la pasión desbordada,


que en deleite se tornaba;


un dulce paraíso compartimos.


Gozándonos, la plenitud vivimos,


dichosa de tenerte, te admiraba,


transida de deseos, suspiraba,


en glorioso combate ambos morimos.


Como una niña en tu cuerpo me acogía,


en tus mundos de deseo, me perdía


y con mi entrega mayores dones recibía.


(cavabaja)

lunes, 11 de mayo de 2009


Puede somenterme con una mirada,
puede en la distancia abrazarme,
puede convertirme en todo y en nada
y no tener nada que darme.
Podrían regalarme todo lo querido,
podrían poner el mundo a mis pies
pero yo sólo he nacido
para ser lo que quiera Usted.
No quiero lo que otros llaman libertad,
yo ya sé cual es la mía,
me basta con sus órdenes, nada más
para sentirme libre, plena y viva.


sumisa de un solo Amo

domingo, 10 de mayo de 2009


Cualquier sumisa puede tener Amo, pero hay que ser muy hábil para saber retenerlo.
.
Didak
.

jueves, 7 de mayo de 2009




El mayor enemigo de una sumisa es su miedo... su mayor aliado, su Dominante.


Didak
Podría decir muchas cosas,
pero es mejor no decir nada.
Cavabaja os lo dice todo...
Deseos de una mujer enamorada...




Querer que el presente no tenga freno;

con calma gastar lo que estoy gozando;

tocar el cielo que estamos disfrutando;

sentir lo dos nuestro universo pleno.

Y verme junto a ti, allí tendida,

en el blanco valle, abandonada,

vasija llena del néctar de la vida,

por tu dulce semilla fecundada.

(cavabaja)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Gripe cochina
(perdón, quise decir porcina)

Ya está aquí, ya ha llegado,
ya tenemos la solución,
para la crisis, para el paro,
y hasta para la contaminación.

La solución era bien sencilla.
¿Como no lo pudimos ver?
Bastaba que las mentes “porcinas”
liberaran el virus de la gripe A… o de la B

Que en cuestión de gripes tenemos
una buena colección…
la aviar, la conejil, la porcina…
y hasta la gripe del corazón

Pues hay famosos y famosas
de esos que salen en la tele,
cuyas caras lastimosas
nos indican que la tienen.

Y no es tema baladí,
el de la gripe actual,
pues si te pilla un poco… así
te puede dejar más que mal.

Pero para la gripe esa
tengo yo la solución:
Vida sana, follar mucho,
y alegrarse el corazón.

Que esta gripe, como todas,
provocada por un virus es,
y los virus, ya se sabe,
el calor no lo quieren ni ver.

Así que amigos y amigas,
pongámonos a sudar.
El deporte es efectivo…
pero el follar lo es mucho más.

Y sudando, todos juntitos,
con la gripe acabaremos.
Y aunque no fuesemos capaces…
¡por lo menos disfrutaremos!

Que puestos a dejar este mundo,
si es que el virus aún se empeña,
que nos pille “la parca” satisfechos,
bien sudados… y sin penas.
El Satiricon

martes, 5 de mayo de 2009


Mía

La fusta desciende… tu cuerpo se arquea… gime tu garganta…
Vivas líneas carmesí decoran tu blanca piel.
Tu vello se eriza… tu corazón se acelera…
Nada ves.
El negro pañuelo cubre tus ojos.
No protestas, no suplicas…
Cometiste la falta y, libremente, aceptas el castigo.
Sabes que después del dolor, llegará el placer… que después del sufrimiento, vendrá el íntimo gozo.
Desconoces tu destino, mis deseos, mis planes…
Nada te preocupa.
Crees en mí, confías en mí…
Mientras levanto de nuevo la negra y brillante fusta, me pregunto si esto es lo que yo deseo… o es lo que deseas tú.
¿Decidí yo el castigo? ¿O provocaste tu ser castigada para sentirte mía?
No importa…
La fusta asciende de nuevo, se mantiene un instante, que parece una eternidad, allí, suspendida y…
Ya es suficiente.
Dejo el hiriente flagelo sobre la mesa y mi mano acaricia tu piel… caliente, sudorosa, dolorida, excitada…
Libero tus manos y te pongo de pie ante mí.
No puedes verme, pero si sentir mi proximidad.
Mi boca busca tu boca. Mi lengua busca tu lengua… tus labios… tus ojos…
Te dejas hacer…
Mi mano desciende hasta el oscuro recoveco de tu sexo y encuentra allí la humedad, el calor y el deseo que esperaba encontrar…
Te siento mía….
Sé que eres mía porque tu cuerpo reacciona a mis deseos, incluso antes de que yo lo pida…
No necesito marcarte para poseerte…
No necesito ponerte un collar para que me sigas, dócilmente, a donde yo vaya…
Eres mía…
Me retiro de ti…
Estas sola, desnuda salvo por el pañuelo que ciega tus ojos, sumisa, entregada, vulnerable…
Me recreo la vista con tu cuerpo agitado, deseoso, caliente, provocador…
Y en ese instante, yo…que no soy nadie… me convierto en el más afortunado de los mortales.

Sayiid
Hermosas palabras de mujer enamorada.
Dulces promesas de amor encendido.
El amor que todo lo ha podido...
convierte en brillante blanco lo que era negro...




¿Por qué, mi pensamiento, se dispara?

¿Por qué, en ti sólo piensa?

¿Por qué, en la tierra tan inmensa

sólo en ti, mi corazón se para?.

Fuego eres del que quiero ser llama;

nave yo, tú, vela poderosa;

soy el mar, tú la sal generosa;

planeta que al sol su luz reclama.

Si, por ganarte, ganara el averno,

gloria sería... que no infierno.

(cavabaja)

lunes, 4 de mayo de 2009

La espera




Desde mi oscuro rincón la vi bajar las escaleras.
Sus largas piernas, enfundadas en unas finas medias de seda,
destacaban a la tenue luz de la iluminación ambiental de aquel selecto local.
Unos elegantes zapatos, con un estilizado y fino tacón, hacían que sus andares de diva fueran aun más sugerentes, más hermosos, más insinuantes.
La corta falda de cuero que lucía, por encima de las rodillas, dejaba apuntar la blonda de su negro liguero, ribeteado con fino hilo de oro. Probablemente el que la viera por primera vez, pensaría que completaba su atuendo con unas finas braguitas de encaje, suaves y delicadas, que ceñía su altivo culo; pero yo sabía que no era así.
Me gustaba observarla en la distancia; verla sin ser visto. Era uno de mis mayores placeres.
Probablemente no era la mujer más voluptuosa del local; quizás no era ni la más insinuante, ni la más atrevida. Desde mi rincón podía ver a las otras hembras de la sala. Algunas llevaban provocadores vestidos, otras vestían al siempre enigmático y estimulante estilo gótico. Las había prácticamente desnudas, tan sólo ataviadas con el collar de su Amo.
Pero ella destacaba entre todas por su elegancia, su señorío, su saber estar.
Su negra melena le caía sobre los hombros, enmarcando su cara, siempre maquillada en su punto justo, ni tan tenuemente que pareciera que no se había arreglado, ni tan intensamente como para parecer una buscona que hubiese salido de caza.
Deslizándose hasta la barra, se sentó en una silla alta, cruzando sus piernas, y dejando ver la cinta roja de su liguero. Pidió una tónica a la camarera y se dispuso a esperar.
Yo ya la conocía muy bien. Conocía cada uno de sus tics, de sus manías, de sus necesidades.
Eran ya muchos meses observándola en la oscuridad
Sabía que en ese preciso instante, lo que más deseaba era encender un cigarrillo para calmar sus nervios. Pero no lo haría. Yo sabía que no lo haría.
Sus manos jugueteaban con una fina pulsera de plata, regalo de su Amo, inquietas, sin saber qué hacer con ellas.
Desde mi atalaya observaba como la miraban los hombres. Observaba como la deseaban. Pero no se atrevían a dar el primer paso, por que desconocían cual era su naturaleza.
¿Sería un Ama severa? ¿O quizás sería una mujer sumisa y desamparada?
Pronto, un tipo bien trajeado, con un fino bigote y una calva brillante, se acercó a ella y le dijo algo.
Desde mi escondite no podía saber lo que le decía, pero si pude ver que ella, sin contestarle, se limitó a mirarle fijamente a los ojos durante un instante que, a aquel pobre tipo, le debió de parecer una eternidad. Sin decir nada más, el trajeado individuo se dio la vuelta y se perdió en la oscuridad del local.
Pude ver entonces como despertaban los sumisos de la sala. Como se encendían sus ojillos llenos de pasión por aquella mujer. Tal muestra de control y de dominación, no podía pasar desapercibida. Pero ninguno se atrevía a dar el paso. Al igual que yo, la deseaban en la distancia.
Ella miraba de vez en cuando su reloj, nerviosa, como si esperase la llegada de alguien que, sin saber porque, se retrasaba. Apenas había probado su tónica.
Yo saboreaba mi wozka mientras disfrutaba del espectáculo de su hermosura.
Que bella era. Que afortunado el hombre que pudiera poseer a una mujer así. Que pudiera usarla, disfrutar de ella sin restricciones, sin miedos, sin tener que pedir permiso para nada.
Yo también miré el reloj. Ya eran las nueve y media pasadas. Llevaba más de media hora observándola en silencio, desde la lejania, saboreando cada uno de sus movimientos, de sus miradas. Disfrutando del deseo que despertaba en el resto de los hombres del local.
Pero ya era tarde, no podía esperar más. Mis planes para esa noche no podían retrasarse.
Apuré el último trago de mi copa, recogí mi abrigo que descansaba en el sillón a mi lado, y avanzando hacia esa hermosa mujer, esa delicia de criatura, esa dulce promesa de ocultos y morbosos placeres, le dije:

- Buenas noches, mi sierva; nos vamos.

Sayiid
Un nuevo lunes...
y cavabaja, fiel a su promesa de
regalarnos un poema diario.
Imposible explicar su capacidad de crear belleza con las palabras,
así que, limitemos nos a disfrutarlo.


A mi mundo solitario

tu abierta risa llegó

y en mi alma se quedó

como alimento diario

En mis sedientas hojas

cuaja el rocío sus gotas,

perlas de un mágico sueño

en el que te sabes dueño.

Tu cuerpo amante y amigo.

Ahora mi vida... es contigo.
.
(cavabaja)

domingo, 3 de mayo de 2009

Os lo tengo dicho...
Antes de quedar con alguien para una sesión a través de inernet...
aseguraros bien de que clase de persona es...
que luego... pasa lo que pasa.
Feliz sabado.




(Si "clicais" sobre la imagen, podreis verla en grande)

viernes, 1 de mayo de 2009


La distancia del Amo no es ausencia, ni su silencio es olvido.
Didak
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