Prologo de El Libertino

jueves, 30 de julio de 2009


Deseos de mujer enamorada o...
declaración de intenciones.
Solo la dulce cava y su dueño pueden saberlo, pero...
desde mi salón, aquí sentado, creo que yo podría adivinarlo...









Mujeres hubo que pidieron a un hombre que robara
los tesoros de un monte, por dragones guardado;
para que como por un tamiz, su voluntad pasara,
yo sólo pido que me mires, tu deseo y tu cuidado.
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Tiéndeme tus manos fuertes, llenas de caricias.
Tómame como soy, sin mentiras, sin pudores.
Lléname, alma y cuerpo con deseos y delicias.
Cólmame con fantasías de tus pasados amores.
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Nunca me dormiré estando a tu lado, por sueño,
sino porque la pasión compartida, me ha rendido.
Vénceme para conseguir que te sienta mi dueño.
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Cuando tu presencia sea para mí lo más querido,
aunque tenga que entregar mi vida en el empeño
sólo en tu fuerte árbol, querré construir mi nido.
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(cavabaja)

miércoles, 29 de julio de 2009




Voy a hacerte feliz


Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto

que le pondrás mi nombre a la tristeza.

Mal contrastada, en tu balanza empieza

la caricia a valer menos que el llanto.


Cuánto me vas a enriquecer y cuánto

te vas a avergonzar de tu pobreza,

cuando aprendas -a solas- qué belleza

tiene la cara amarga del encanto.


Para ser tan feliz como yo he sido,

besa la espina, tiembla ante la rosa,

bendice con el labio malherido,

juégate entero contra cualquier cosa.


Yo entero me jugué. Ya me he perdido.

Mira si mi venganza es generosa.


Antonio Gala
...
Esta noche, tanto la foto como la frase que nos acompañan,
son una selección de Lady cava.
Disfrutadla.


"¿Quién puede bajar los ojos como una mujer?
¿Y quién sabe alzarlos como ella?"
...
Kierkegaard

martes, 28 de julio de 2009


La bailarina negra subió al escenario vestida con una diminuta falda plateada y una franja dorada que le ceñía los senos. Tenía las piernas largas y delgadas, su cabello era abundante y duro, y caía sobre su espalda envolviéndola en un espeso aroma de perfumes mezclados al azar.Cerró los ojos y tuvo conciencia de su soledad, una soledad absoluta y hermética que la acompañaba desde el viaje lejano extraviado en su memoria, junto a la travesía de un océano que la separó para siempre de su infancia, hasta el recuerdo de su primera danza ante los ojos expectantes de los hombres.Extendió los brazos, levantó con lentitud una de sus piernas hasta dejarla erguida junto a su rostro y acarició con la planta del pie su mejilla. Escuchó la música y volvió a sentir dentro de sí el designio de su corazón y de su raza. Sus antepasadas más remotas bailaron danzas sagradas, luego sus hijas esparcidas violentamente por el mundo, bailaron al terminar las jornadas de trabajo, y ahora ella, Janaína, “la bailarina negra”, danzaba en un país extraño, en un oscuro bar, para sobrevivir.Avanzó por la pasarela, moviendo las caderas y los brazos con un dominio absoluto de su cuerpo. Sintió que un ser mágico la habitaba y se entregó a la danza. Se arrastró por el piso transformada en serpiente, luego levantó con lentitud las caderas, enseñó los dientes y apoyada sobre los brazos, fue pantera. Después se abrió poco a poco, hasta que todos los hombres que la rodeaban pudieron ver la profundidad de su sexo...


(Freda Mosquera)
Amor de hembra, belleza femenina, pasión de mujer...
¿se puede pedir algo más?
Sólo quien tiene un alma hermosa,
es capaz de parir semejantes versos...


Para sentirme la mujer más hermosa,

sólo tengo que en tus ojos mirarme;

en la luz que refleja tu mirada gozosa

puedo de belleza, orgullosa saciarme.

Para que mi risa esparza su sonido

y vuele transportada por la brisa,

llevándola al cielo a hacer su nido,

sólo tienes que besarme sin prisa.

Para que te adore tan dulcemente,

has conseguido raptar de mi boca;

cansada y escéptica impenitente,

los gemidos que tu pasión provoca.

(cavabaja)

lunes, 27 de julio de 2009

Aquí tenemos de nuevo a nuestra querida
poetisa, cavabaja, que vuelve
llena de sentimientos y emociones,
a regalarnos, un día más, su belleza







Ríos de cálida sangre se desbordaban,
dos corazones al unísono ardiendo;
rosas rojas de deseo van creciendo,
tierra y cielo en nosotros fusionaban.
...
El mundo y sus penas ya no importaban;
en gozoso silencio fue todo sucediendo,
nuestros apasionados pulsos allí latiendo,
en los dos los universos se acababan.
...
Todo fue sencillo y todo fue bonito:
jugábamos a ese juego maravilloso,
mezclándonos en un todo infinito.
...
Gozando en ese momento hermoso.
Nos fue fácil cumplir del amor el rito,
dar y recibir vida, trabajo delicioso.
...
(cavabaja)
...

sábado, 25 de julio de 2009


"No me habléis de venganzas ni perdones... el olvido es la única venganza y el único perdón."


Jorge Luis Borges

viernes, 24 de julio de 2009

Porque la sensualidad desconoce el termino: edad.



Haciendo fila en una abarrotería italiana en la esquina de Oakley y Huron. El cuello es pecoso, toda ella está llena de pecas. Mujer que envejece, fruto que madura, sus miles de pecas se esconden detrás de los pliegues de la piel que comienza a ceder ante la gravedad. Tiene puesta una blusa blanca, segmentada por delicados elásticos que hacen que se ciña al cuerpo aunque no tanto como para no dejar nada para la imaginación. Debajo de la tela translúcida se insinúa el sostén, que es más bien simple, sin encajes, sólo unas leves rayas decorativas, al parecer de seda, que contrastan levemente con el color del otro material. La simpleza de la prenda está compensada por su comodidad. El elástico es de buena calidad, y el broche es por la parte delantera, lo que añade sensualidad. El torso se mueve, y con él dos senos pesados, geotrópicos, deleitables para quien guste de la madurez femenina. La tela del sostén (tiene que ser algodón peinado) se estira con el movimiento, las dos copas son como manos cuya única misión en la vida es amortiguar la pleamar de piel y poros. El torso se apoya contra la vitrina refrigerada y los senos se aplastan contra el vidrio, haciendo que el algodón del sostén ceda amistosamente y que los senos se achaten del polo y se expandan en el ecuador. El torso se separa y sucede el milagro: el frío ha despertado al pezón izquierdo, que se yergue lentamente, un pezón viejo, grande, besado y mordido cientos, si no miles, de veces se alza y el fiel algodón delinea su forma como un molde de cera. Casualmente, casi como si quisiera que nadie estuviera viendo, una mano llena de pecas, de uñas pintadas de beige, agarra el borde de la copa derecha y ajusta el sostén; el algodón con sus dos fardos de carne y noches vividas, accede sin queja, el pezón se olvida de su estado y se pierde tras haberse recortado apenas unos pocos segundos: una especie de poro gigante que se para en un lento escalofrío y luego dormita en espera de la nueva instrucción táctil proveniente del cerebro. Los dos brazos pecosos se alargan para agarrar el paquete blanco que el tendero le pasa: un submarino de mortadella y salami, tomate, lechuga y cebolla, y aderezo italiano, en pan integral. Sin pepinillos, por favor

(Ricardo Armijo)

jueves, 23 de julio de 2009

Il Cavalieri

Pobre y triste caballero,
Sin espada y sin sombrero,
Que te ha tocado vivir,
En este mundo de infortunios.

Amante de las damas bellas,
Solteras, casadas o doncellas,
Y hasta alguna viuda de buen ver,
Que hasta mi se acercó a aprender.

Caballero sin caballo,
Que vivo en un mundo moderno,
Donde en vez de cartas tengo
Correos, mensajes y mails.

Como añoro, señoras mías,
Aquellos tiempos de antaño,
Con sus lienzos, sus bordados,
Sus medias de seda y brocados.

Tiempos aquellos del Tenorio,
Donde labia y verbo tenían
Más poder de seducción
Que el dinero a discreción.

Permítanme señoras mías,
Que este pobre aventurero,
Sin más armas que su voz,
Os explique la lección
Y os de el mejor de los consejos.

No fiéis vuestros dulces encantos
A conseguir hombre rico y aburrido
Pues si en vuestra vida no hay pasión
Viviréis solas, tristes… y sin ilusión.

Que mas vale hombre atento,
Aunque algo parco en pecunio,
Que rico sin merito alguno
Más que saber ganar el dinero

Más si por casual ese fuese
Vuestro caso en este momento,
Sabed que no es impedimento
Vuestra riqueza y alcurnia.

Que yo, si fuese necesario,
Dispuesto aquí me tenéis,
A sacrificarme otra vez,
Y de aquello que carecéis,
Dároslo yo sin reparo…

Que aunque caballero y amante,
Y hombre de escrúpulos vagos,
Dispuesto estoy a gastarme
El dinero de los ricos
Con sus esposas y amantes.

Y así todos felices…
Ricos, pobres e intermedios,
De la vida disfrutemos,
Que si a espada no puedo yo batirme…
¡¡Vive Dios que otros se baten menos!!

miércoles, 22 de julio de 2009


Lo peor de la pasión es cuando se pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.

Incluso estándo de vacaciones,
nuestra amiga cava no se olvida de nosotros,
y antes de irse, nos dejó, para nuestro disfrute,
este precioso relato que hoy os traigo aquí.
Cava, espero que estés disfrutando tanto como nosotros
disfrutamos con tu obra.

NOCHE DE SAN JUAN

Eran las 12 de la noche de San Juan y me encontraba en la playa esperando que quemaran las hogueras. Había llegado al pequeño pueblo mediterráneo por la mañana. Hacía cuatro días que había sido luna llena y ahora, como nacida del agua, una media luna de color naranja se elevaba perezosamente sobre la línea del horizonte marino, dejando una estela luminosa que llegaba hasta el borde del agua en la playa y que se multiplicaba en miles de chispas rojas, como si el agua quisiera arder también en la sagrada noche consagrada al fuego, cuando las olas la rompían. Tan ensimismada estaba mirando la luna que no advertí que ya habían prendido las hogueras, pero un grito de júbilo que salía de cientos de gargantas a la vez, me advirtió que la “quema” había empezado. Ahora mi atención se concentró en las llamas que ya habían tomado una altura considerable. Minutos antes de las 12 habían apagado todas las farolas del paseo marítimo y las llamas se destacaban majestuosas en la negrura de la noche que todavía no había podido romper la luz de la luna porque estaba aún muy baja. Todos los ojos estaban prisioneros de esas llamas que se elevaban y bailaban acunadas por la brisa que el mar enviaba. Poco a poco las llamas fueron reduciendo los objetos que había amontonados para servir de sustento a las hogueras y las llamas dieron paso a unas brasas que dejaban en la arena su huella negra y roja. Entonces… las parejas, cogidas de la mano, empezaron a saltar por encima de las brasas. Cuando estaba pensando lo mucho que me gustaría tener alguien para realizar el rito de saltar la hoguera, una voz cálida y remotamente conocida, me dijo: señorita, estaría encantado si aceptara mi mano para saltar. Al mirar al dueño de la voz volví a experimentar la sensación de algo ya conocido, él sonrió y me dijo: sí, nos conocemos ya, esta mañana estuviste en mi tienda, compraste una revista de crucigramas, una libreta y un lápiz. Ahora la que sonrió fui yo, reconocí al joven que me había atendido en la librería al poco de llegar al pueblo. Sin pensarlo más, le tendí mi mano que él cogió con decisión y firmeza, e inmediatamente mi piel reconoció la sensación de algo que había estado esperando mucho tiempo, miré esos ojos que estaban clavados en los míos y vi reflejados en ellos los últimos resplandores de las llamas moribundas y la promesa de placeres compartidos; y juntos corrimos hacia el rescoldo que había dejado la hoguera. Saltamos y experimenté, con una fuerza nunca antes vivida una sensación mezcla de miedo y de plenitud y la certeza de haber compartido con millones de amantes el rito ancestral del culto al fuego. Sin soltar mi mano me llevó hasta el borde del agua; ahora hay que completar el rito, tenemos que bañarnos, si no los deseos no se cumplirán, me dijo, y sin dejar de mirarme, desabrochó su camisa y la tiro a la arena, bajó la cremallera de sus vaqueros he hizo lo mismo, yo fascinada y vencida por la magia de la noche, desabroché mi pantalones y los dejé al lado de los suyos en la arena. El volvió a coger mi mano y juntos penetramos en el mar. Solté su mano y comencé a nadar, necesitaba calmar los latidos de mi corazón que parecía que se me iba a escapar del pecho, al rato su mano se posó en mi brazo y me dijo: no es prudente continuar. Paré, me di la vuelta y miré hacia la playa, entonces me di cuenta que toda la costa ardía en fuegos artificiales hasta donde alcanzaba la vista, el espectáculo era bellísimo. Entonces escuché: me gustaría besarte, miré sus ojos y tuve la seguridad que en los míos, él veía reflejada la luna que inmensa y roja, yo contemplaba detrás de él. Le ofrecí mis labios y comprendí, en ese instante, que ese año mis vacaciones serían inolvidables.

cavabaja

martes, 21 de julio de 2009


"-Quítate el cinturón -dice en voz baja; le obedezco, incapaz de separar mis ojos de los suyos en el espejo. Sin saber qué debo hacer ahora, lo enrosco como la apretada serpiente que era cuando estaba en la caja.

Me lo quita y dice : -Sube a la cama. No, a gatas.

Me pasa una mano por detrás para desabrocharme los pantalones y dice : -Bájate los pantalones por el culo.

Algo cede en mí, y mis codos ya no pueden sostener mi peso. Estoy de rodillas, la cabeza entre los brazos, y de mi garganta surgen sonidos que no alcanzo a interpretar: ni temor ni deseo, sino la incapacidad de distinguir entre ambas cosas y como resultado... Me golpea, tras ponerme una almohada encima de la cabeza para amortiguar mis gritos; después, me posee como poseería a un hombre. Grito más fuerte que antes, con los ojos abiertos como platos en la oscuridad, la almohada cubriéndome el rostro. Muy dentro de mí, su golpeteo cesa abruptamente. Me empuja boca abajo, su mano derecha debajo de mí y entre mis piernas. Tumbado encima de mí cuan largo es, levanta la almohada y escucha cómo se apagan mis sollozos. Cuando me doy cuenta de que estamos respirando al unísono, serenos, sus dedos inician su infinitesimal movimiento. Mi respiración no tarda en agitarse. Me vuelve a tapar la cara con la almohada cuando me corro y no tarda en correrse también.


Nueve semanas y media (Elizabeth McNeill, 1978)

lunes, 20 de julio de 2009


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo...

Julio Cortazar "Rayuela"

domingo, 19 de julio de 2009




No importa que el poder te haya proporcionado sufrimiento, y el miedo de hombres y mujeres, y a veces su odio; nadie que haya conocido el poder desea abdicar de él en favor de otro.

Mary Stewart en "El último encantamiento"

sábado, 18 de julio de 2009

Esta noche o nunca… Está decidido.
Las noches cálidas son raras en París; incluso en el corazón del verano, las nubes se amontonan al atardecer y, una vez pasada la tormenta, hace fresco, demasiado fresco para pensar en acercarse al borde del agua por los muelles del Sena. Razón de más para no tergiversar y sacar provecho de esas noches de una suavidad desacostumbrada que suceden, desde hace poco, a los días de canícula. Ayer mismo, acompañada de un amigo que estaba de paso, con ocasión de un paseo nocturno sin rumbo aparente, dirigí nuestros pasos de forma subrepticia hacia esa parte del muelle, cercana al Lovre, a la que vuelvo gustosa, con el propósito de hacer un discreto pero indispensable reconocimiento del terreno.

No ha cambiado nada. La anilla sigue allí, enorme, una anilla de amarre, empotrada a la altura de un hombre en el muro de piedra. Nunca la he visto utilizar: ni para retener el cordaje de una gabarra ni para ninguna otra cosa. ¿De dónde viene, entonces, la profunda degolladura que orada la piedra, bajo el metal, si no es de la usura?

Telefoneé a Pierre en cuanto me desperté. Está en París, de vacaciones, sin ningún proyecto en particular. Le pedí que me dedicara la tarde (sin decirle nada más). En cuanto a Liliane, a la que de todas maneras tenía que ver, no supone ningún problema modificar la cita.Pierre libre… el cielo imperturbablemente azul… Tengo todos los triunfos en la mano.
Así pues, esta noche…
A la hora convenida Pierre está delante de mi puerta, al volante de su coche,. Para llevarme a su casa, en lo alto de Mont.martre. El edificio debe de estar construido sobre un pronunciado desnivel del terreno, ya que, para acceder al apartamento de sus padres, que es de cara a la calle un primero, y de cara al patio un tercero, hay que descender un escalón si se viene del exterior.

Su habitación se parece a la de cualquier estudiante de su edad: libros, una deslumbrante cadena de alta fidelidad, montones de cassettes, discos, etc., con excepción, no obstante, del cenicero lleno de colillas pagadas: no fuma.Como su atuendo no me conviene, elijo en su guardarropa una camisa azul claro, un pantalón de un azul un poco más oscuro, un cinturón de cuero rojizo.
Se desnuda rápidamente y con una fascinante agilidad de movimientos. Asaltada por una duda, bajo el elástico de su slip. Ahí está la piel, bajo la tela, indudablemente más pálida. Le digo:- ¡Pero si estás moreno!- ¡Si, los negros se ponen morenos! – me contesta riendo.
Asombrosa revelación.
En cuanto está listo salimos otra vez, con el Sena por destino.(…)

Ya es completamente de noche cuando aparca junto a la acera de las Tullerías. Tomamos la empinada y recta escalera que baja directamente al muelle. Liliane espera sentada en un escalón. La rodeo sin decir una palabra. No creo que Pierre haya advertido nuestro intercambio de miradas. Los tacones finos me molestan para avanzar por los antiguos y desiguales pavimentos de la orilla. Pero sólo hay que andar unos metros para llegar a la anilla. Allí, tiro al suelo la bolsita que le entorpece las manos y se las ato a la espalda con una cuerdecilla que saco de uno de mis bolsillos, una cuerdecilla de seda que un día encontré en un cajón en casa de mi abuela, en medio de un revoltijo de lazos y ballenas de corsé. A continuación, anudo sólidamente los dos cabos sueltos a la anilla. Todo ocurre muy deprisa. Sin gestos inútiles ni falsas maniobras… Estos acostumbrada.

Él está pegado al muro. Podría apartarse un poco y cubrir exactamente la longitud del diámetro de la anilla, trazado en horizontal. Pero, ¿para qué iba a intentarlo? ¿No parece, así apoyado, que está tomando el fresco?
Una mujer pasa sin prestarnos atención: Liliane se sienta un poco más lejos, en el banco.
Por otra parte, pocos son los paseantes que se aventuran hacia este extremo del muelle, sin salida aparente a menos que uno conozca la existencia de la escalera.

De la ciudad llega una vaga claridad, y de allá arriba, de las farolas de la calle, cae una luz deslumbrante a través de las hojas de los álamos.Pero, sobre todo en las noches de verano, hay que contar los potentes faros de los barcos, cargados de turistas en apretadas hileras, que surcan el río a poca velocidad, iluminando a su paso, de una orilla del Sena a la otra, la fachada de las casas, el frente de los edificios, los árboles desde sus copas, los arcos del puente, el muro de piedra, el abollado pavimento del muelle, y, delante de mí, recortada en la piedra, la escotadura de tres escaloncillos que conducen al agua, sumergidos a intervalos regulares por las pequeñas olas e intermitentemente por remolinos más grandes que vienen a romper en la orilla con un ruido de resaca. Este es ahora tan fuerte que cubre el ruido discontinuo de los altavoces gangosos de una lancha motora que se aleja.

Demasiado modesta, esa lancha… La he dejado pasar.
El buque que aparece a lo lejos entre los pilares de un puente, río arriba, de un tamaño mucho más considerable, es el que estoy esperando, lo reconozco. Desciende la corriente y avanza, imponente, en nuestra dirección. Completamente rodeado de grandes proyectores, inunda con una marea de luz las orillas y la superficie del río, que se fragmenta en miles de reflejos rotos. Se acerca a simple vista. Atraviesa el último puente. Su techo de vidrio proyecta en la bóveda, vivamente iluminada, un fugitivo entrecruzamiento de imágenes movedizas. Cuando atraviese el puente estará sobre nosotros, ineludiblemente.

Aparecen, en dirección opuesta, cuatro jóvenes que se dirigen hacia donde nos hallamos. Andan deprisa. Ya sólo están a una veintena de metros. Pero no queda tiempo para retroceder: no hay manera de escapar a la trampa que me he tendido.

Apenas unos instantes y estamos, de lleno, bajo la luz de los proyectores. Más allá de la fosa, detrás de la rampa luminosa, distingo el amontonamiento de cabezas que miran, en la orilla, a una mujer menuda y vestida de blanco, azotando a un joven negro, descamisado, pegado a la alta pared de piedra que sirve de fondo a la escena.

Estirado primero con ambas manos, el cuero del cinturón se despliega con un golpe seco y preciso hacia la piel desnuda. Sobre la que se abate con un chasquido. El muchacho tira de sus ataduras, y la anilla se levanta.

Abre la boca, grita:- Podéis… más fuerte…

Se me ha pasado el nerviosismo y agarro fuerte el cinturón. Nada me retiene ya, nada ni nadie, ¡y mucho menos el negro y su mirada enloquecida! Me siento embriagada… sus ojos van de las manos que le azotan a la abarrotada sala de teatro que contempla la exhibición.

Algunos espectadores se han levantado y tienden un brazo hacia nosotros. La sala flotante deriva, paralelamente a la orilla, y las luces disminuyen. Pero casi enseguida aumentan otra vez: otro barco pasa ante nosotros.

Y otra vez las luces de la rampa, cientos de siluetas a contraluz, connivencias desconocidas, una sala que se aleja en la corriente del río, remolinos de agua… Un breve entreacto… luego, por última vez, luces deslumbrantes, un patio de butacas repleto de gente que se desliza a cámara lenta, una espumeante estela… y el reflujo.

El claroscuro ha terminado… Ya está… Me detengo.
De nuevo se oye el chapoteo, el murmullo de las hojas de los álamos, y allá arriba, el rumor de la ciudad, el aire es tibio.

El negro deja escapar un profundo suspiro, como si acabara de encontrar nuevamente suelo firme bajo sus pies. Antes de devolverle el cinturón, trazo en su pecho, con el hebijón de la hebilla, una línea que se vuelve blanca en el acto: se diría una rúbrica. Mientras lo desato, pasa por fin el grupo de jóvenes, cuatro escandinavos en pantalón corto y camiseta; sólo las dos chicas se vuelven a mirarnos.

Liliane, con la que nos reunimos en el banco (donde el negro la ve por primera vez), dice que se quedaron inmóviles, instintivamente, en el momento en que yo levanté el brazo. Dice que los dos hombres siguieron toda la escena inclinados sobre el parapeto, sobre nosotros. Dice también, mientras subimos la escalera, que se ha quedado "“impresionada"” pero que se siente más a gusto, decididamente, en la intimidad de la pareja.
Me lo temía: aquí está la prueba.

Pierre parece feliz (la sorpresa, la provocación pública, el miedo, todo eso tenía que gustarle). Guarda silencio (posee un innato sentido de las conveniencias) hasta el momento en que nos encontramos frente a frente, en su coche. Allí le escucho hablar.. no me equivocaba: está, no sé cómo decirlo, “embalado” (sobre todo por esa idea: la inesperada explotación de los cruceros fluviales).

En cuanto a mí, la coincidencia exacta entre lo que yo había planeado y lo que acaba de suceder me provoca un eufórico sentimiento de plenitud.

Al día siguiente volvía al mismo lugar, pero esta vez como pasajera en el bateaumouche más importante (el buque insignia en cierto modo). Embarqué en el puente del Alma, con la muchedumbre de los extranjeros. La noche era estrellada. Para que me acompañara elegí a Didier, un joven intelectual estudioso y un poco tímido. “Solo con usted”, le gusta precisar… Didier, pues, al que intimido un poco.

Al principio, como todo el mundo, miramos desfilar los monumentos iluminados, acodados en la borda, con el rostro acariciado por la brisa y el frescor que sube del río. Como una simple turista, fingí escuchar el comentario bilingüe difundido por el altavoz. Luego acabé por no oírlo. Nos acercábamos al “lugar”. Estaríamos allí una vez pasado el puente que se destacaba a la luz de los faros, ya muy cerca, bajo el cielo nocturno.Al salir del puente, el muelle aparece desierto, con la anilla aplicada al muro para siempre jamás. Le pregunto a Didier:- ¿Ve esa anilla, allá abajo? Me gustaría atar a un hombre a ella algún día… Cuando pasara un barco como éste empezaría a azotarlo salvajemente… sí, salvajemente… No se trataría de un simulacro… estaríamos iluminados por los proyectores…Después de una pausa, él me contesta:- No creo que yo pudiera soportar ese público… Toda esa gente que me estaría viendo…
No contesto nada.
Después, a media voz:- Toda esa gente ya ha visto…

Sólo entonces le describo la velada de la víspera…
Y era como si la multitud, detrás de mí, descubriese incrédula en la orilla al efebo de la piel negra, entregado, expuesto, aureolado de luz, fuera de su alcance.

"Ceremonia de mujeres"
Jeanne de Berg
Colección Sonrisa Vertical de la ed. Tusquets

viernes, 17 de julio de 2009




El reto del Amo: someter al sumis@, respetando a la persona.
---
Nuestra buena amiga cavabaja va a estar ausente unos días,
pero antes de irse nos ha dejado dos regalitos.
Aquí os pongo el primero, uno de sus hermosos poemas.
El otro, uno de sus maravillosos relatos, lo dejaremos para más adelante.
Querida amiga, que lo pases muy bien y que no te olvides de los ocupantes
de La Mansión, que esperamos ansiosos tu regreso.






¡ Inmortal Afrodita !

Lucero vespertino que anuncias la aurora;
el amor, ese ser dulce y amargo a la vez
de nuevo se alborota dentro de mi ser;
yo te invoco, acude en mi ayuda, ahora.
Ven acá y de mis quejas oye el gemido,
y combate a mi lado, mi dulce amiga;
préstame tu ayuda para que consiga,
cuanto mi corazón desea ver cumplido.
Es medianoche, la luna ya ha salido;
pasa el tiempo y sigo durmiendo sola,
el deseo, cual de una bella flor, corola
se abre en mis entrañas a ti rendido.
Viniste, hiciste bien, yo te esperaba,
has prendido el fuego en mi corazón
que se abrasa con tu sed de pasión;
tocar el cielo no pretendía, mas soñaba.
(cavabaja)

jueves, 16 de julio de 2009

He aquí, una razón más, que os demostrará
porque es tan importante cuidarse la vista.
¡¡ NO LO DEJES PARA MAÑANA O SERÁ DEMASIADO TARDE !!!



miércoles, 15 de julio de 2009



Una noche más, eres tu, cabavaja,
la que nos traes la magia de tus palabras a la Mansión.
Mágica es la noche...
pero lo es gracias a TI
.
.


Mágica noche.


La luna, en el horizonte, se despereza.

La luz, que recibe de su imposible amante

le tiñe de rojo, ruborizando su semblante;

al mirarla, el mundo, se inunda de belleza.
---
Mi alma, por la magia de la noche, vencida,

se va convirtiendo en un paisaje de ilusión,

sobre el que los pinceles de mi imaginación

van dibujando los trazos que le ponen vida.
---
Un jardín, árboles en la sombra se perfilan.

Los surtidores, vierten sus aguas sin prisa,

y su sonido juega con la temblorosa brisa;

luciérnagas encendidas en el suelo desfilan.
---
En el estanque la dulce brisa levanta olas.

Se oye un croar entre los juncos verdes.

Aves que reman sin ruido con aleteos leves.

Las flores acuáticas entornan sus corolas
---
En el claro de luna sereno, melancólico y bello

mi alma embelesada, tus abrazos rememora,

loca del embrujo de esta noche que enamora

reconozco tus manos acariciándome el cabello.
---

(cavabaja)

martes, 14 de julio de 2009

Soñad, soñad... malditos...
Jamás dejeis de soñar...
Pues como bien dice cava,
quien sueños ya no tenga,
es que muerto ya está




Hay quien se conforma con soñar,
es lícito; y así se puede querer;
pero os invito, dad un paso más,
trabajad para hacerlos realidad.

Soñar es el primer paso para cambiar
para llegar a ser, lo que se quiere ser
para vivir, no como viven los demás,
sino como queremos vivir de verdad.

Os aviso, si de verdad sabéis soñar,
los sueños, reales se pueden hacer;
y ya nada, será nunca igual, jamás;
por fin, a su luz todo será claridad.

Los sueños pueden la vida cambiar,
atreveos, veréis que nada es igual,
que la vida no es una rutina mortal
atreveos y querréis sus alas probar

(cavabaja)

lunes, 13 de julio de 2009


De todas las aberraciones sexuales, la más singular y extraña, tal vez sea la castidad.

Gourmond
Soñemos todos, porque el mundo está en las manos de aquellos
que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños
(Paulo Coelho)






Os invito a soñar, venid conmigo,
no es difícil, dejad la mente volar
¿Quién me quiere acompañar?
haced de los sueños, un amigo.

Atreveos a imaginar lo prohibido
los sueños son sólo vuestros,
no los ve nadie, sólo vosotros
será tu secreto más querido.

Dejad que la ilusión os traslade,
dejaos acariciar por sus manos,
dejad su dulce música inundaros,
sentid como su magia os invade.

Inventad caricias, dejaos querer;
abandonad el alma en su pasión,
gritad alto, despertad el corazón
y que ese grito os lleve al placer.
.
(cavabaja)

domingo, 12 de julio de 2009



"Uno no siempre puede hacer lo que quiere, pero siempre ha de tener el derecho de no hacer lo que no quiere"

Mario Benedetti
El relato de esta noche, amigos, nos demuestra una vez más, que hay en este mundo gente tan especial y tan mágica, que es capaz de crear poesía incluso cuando no es su intención hacerlo...
Ese es el caso de cavabaja, de cuyo Don nos regocijamos de poder disfrutar en La Mansión.
Por favor... nunca pierdas tu magia...
Por favor... nunca te conviertas en una persona normal.

DEJANDO EL MUNDO PASAR

Era tarde. El sol se había ido a descansar, perdiéndose en el horizonte y una luna llena y brillante le había sustituido. Cambiando el fuego impregnado en el agua, por una palidez serena y cautivadora. Una luz tan blanca como la nieve inmaculada de las cumbres alpinas, arrancaba al mar destellos de plata, al reflejarse en la espuma de las olas, que rompían mansamente en la playa. Parecía que la misma Afrodita iba a volver a nacer de esa espuma, para contemplarnos.
La playa se había quedado desierta y perfumada intensamente con aromas de algas y sal. La noche sabía a mar y a vino. El cielo vestido de miles de estrellas, nos brindaba la bóveda más hermosa que jamás soñara catedral alguna. Desde la terraza donde nos encontrábamos, se escuchaba el rumor de las olas rompiendo suavemente en la playa y que llegaba a nuestros oídos con una cadencia dulce y melodiosa que sintonizaba perfectamente con la música que nos envolvía y que escuchábamos con veneración.
Por un momento mi mente quedó en blanco, hipnotizada por el parpadeo de la llama de una vela. Pero a mi espalda, un dulce sonido me devolvió a la realidad… “ ¡ Nyx ¡ “… era tu voz, susurrando en mi oído. Mi boca se distendió en una suave sonrisa, como siempre que te oía llamarme con ese nombre tan querido para mí.
Había soñado tantas veces este momento… lo había imaginado así, tal y como estaba pasando; nuestra querida música envolviéndolo todo, las copas de vino en nuestras manos y sobre todo tú, tú que por fin estabas a mi lado. Estabas detrás de mí y yo sentía tus labios rozando dulcemente mis cabellos y oí tu voz susurrándome “ ¡ Nyx, ahora ya sé como huele tu pelo ¡ “, sentí que tus manos le separaban lentamente y tus labios se posaban en mi cuello buscando conocer la suavidad de mi piel que respondió con un hondo escalofrío de placer.
En ese instante, me hubiera gustado darme la vuelta y perderme en tus ojos, pero no me atrevía a moverme, temía que la magia que nos envolvía se rompiera y todo quedara en un bello sueño como los que habías protagonizado tantas veces en mi imaginación; bellos sí, pero sueños al fin y al cabo.
Seguí mirando el mar y bebí un trago de mi copa, nunca había sabido ningún vino tan dulce en mi boca, ni había sentido jamás la dulce laxitud que producía en todo mi cuerpo. Jamás la música había sonado tan sugerente en mis oídos. Mis ojos miraban la luna y el mar como si los vieran por primera vez. El atenuado aroma a sal se mezclaba con el olor de tu piel, tan cercanaza. Mi mano libre se aferraba a la barandilla en espera de cambiar su aspereza por el tacto cálido que tu piel la prometía.
Por fin sin nada que nos separase, juntos ya nuestros deseos y nuestros cuerpos, mis cinco sentidos estaban gozando a la vez; podía verte, podía olerte, oírte, tocarte… y pronto espera conocer tu sabor.
Notaba tu presencia detrás de mí, podía escuchar tu respiración muy cerca de mi oído, sentía tus dedos jugando con mi pelo, pero el tiempo pasaba y yo empezaba a pensar “me muero por besarle. ¿ A qué estará esperando para hacerlo ¿ ”. Como si hubieses leído mi pensamiento, que por otra parte no me hubiese extrañado, dada la intensidad de mi deseo; pusiste suavemente tus manos en mis hombros, me giraste hasta ponerme frente a ti y tu boca buscó mi boca.
Entonces comprendí que ya nunca más, ningún vino iba a parecerme el sabor más dulce.
cavabaja

sábado, 11 de julio de 2009

¿Nos tiene ya reservado el destino nuestro futuro?
¿O acaso depende de nuestras decisiones?
¿Estamos ligados a una persona incluso antes de conocerla?
Cavabaja parece pensar que si... y yo también.



Peregrina por el camino de la vida

transitaba sola, buscando ese ideal

de pasiones que a la vez fuese real,

que colmase mi ilusión más querida.


En mi alma ya te había dibujado,

y paciente, esperaba tu llegada

evocando tu presencia ya amada

y olvidándome de todo lo pasado.


Por fín, una bendita noche, llegaste

eras todo lo que el corazón quiere

de mi cómodo letargo me libraste,

llenaste mis momentos de dulzura

entre todos, mi alma te prefiere;

contigo quiero hacer mi andadura.


(cavabaja)


jueves, 9 de julio de 2009




La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, de igual modo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras.
.
.
Por favor, nunca dejes de soñar,
y comparte tus sueños con nosotros,
porque aquel que ya carezca
de sueños e ilusiones,
aquel o aquella cuya alma ya no viaje
a mundos de fantasía,
es simplemente porque, aunque aun respire...
ya esta muert@






Si me agrada, ¿por qué no soñar?
dar rienda suelta a la imaginación;
no soy ilusa, juego con la ilusión,
gozo dejando mis fantasías volar.
...
Sé disfrutar la vida, no la sueño,
pero los sueños, son una parte
dulce de mi vida, son un arte,
en el que vuelco todo mi ingenio.
...
No es un pasatiempo imaginar,
es con la magia saber vestirse;
aunque no lleguen a cumplirse...
es como vivir dos veces, soñar.
...
(cavabaja)

miércoles, 8 de julio de 2009

Todo a cambio de nada.
Alma de sumisa.
Entrega de mujer.
Quizás fuese el azar generoso...
el que os puso en el mismo camino, pero...
es tu generosidad la que os mantiene en el.
Una nueva lección de cavabaja...
.
.


No sufras por mí, nunca de lo que me des hagas medida;

en este mundo, todas las cosas valiosas tienen su cruz,

las rosas tienen espinas y las nubes al sol tapan su luz;

tu dulce presencia, con creces colma de ilusion mi vida.


El azar, esta vez generoso, nos puso en el mismo camino,

y bastó una mirada a las palabras escritas que cruzamos;

en ese momento sentimos y así algo precioso empezamos,

no pudimos escoger, en nuestro nombre, lo hizo el destino.


Venías acompañado de tu mundo, te acepté con esa opción.

No hicieron falta promesas, no las necesito, no las quiero,

me gusta sentir lo que siento y ya sabes... poco espero;

así que por fuerza he de ser tu cómplice, es mi elección.


(cavabaja)

martes, 7 de julio de 2009

¿Que sería de la luna?
¿Que sería del amor?
Lo que yo verdaderamente me pregunto es...
¿Qué sería de la Mansión sin la visita diaria de cavabaja?
Sinceramente... prefiero no pensarlo...






¿Qué sería la luna sin la luz que recibe?

Sin su apacible y marmóreo reflejo;

no sería el mágico y límpido espejo,

en el que el sueño de amor se percibe.

¿Qué sería el amor sin los amantes?

Sin unas manos ávidas que temblaran;

que en la página del cuerpo, trazaran

con devoción, sus poemas delirantes

¿Qué sería de mí sin tu presencia?

Sin ese dulce e imperceptible aliento

que a mi inspiración sirve de alimento;

que logra que se derrame mi esencia.

(cavabaja)
LA VISITA

Cuando me llamó para que me pasara por su casa a arreglarle el ordenador, ya presentía que algo podía suceder, por el nerviosismo que había detectado en su voz. Sin embargo era ya mucho el tiempo que llevábamos distanciados, así que desconocía que podría ocurrir.
Cuando me abrió la puerta y pude comprobar cómo me recibía (vestido corto por encima de las rodillas, pelo suelto, sin sostén), mi radar no paraba de mandarme señales de aviso.
Charlamos un rato, recordando viejos tiempos, anécdotas de otros momentos, y nos reímos juntos. Afortunadamente el problema de su ordenador se solucionó en unos minutos, por lo que volvimos a sentarnos en el sofá a charlar de nuevo. Hablábamos y hablábamos, pero ella ya notaba en mi mirada el deseo que su cuerpo despertaba en el mío.
En un momento determinado me dijo:
- ¿Puedo besarte?
- ¿Crees que deberías hacerlo?, le dije yo. Recuerda que fuiste tú quien decidió…
- Si, si, lo recuerdo, lo sé, es sólo que, bueno, es verdad, tienes razón… yo... lo siento, yo…
Me divertía ver su azoramiento, su indecisión, así qué, sin darle tiempo a reaccionar, junté mi boca con la suya y nuestras lenguas se fundieron en un beso profundo, largo, intenso, sensual.
Mis manos buscaron sus pechos bajo su ropa. Mis dientes mordieron suavemente su cuello, y mi lengua recorría su piel. El calor de su cuerpo aumentaba, y su respiración se agitaba más y más, hasta que mis dedos entraron en su oscura caverna, dulce, caliente, húmeda…
- Ven, acompáñame a la habitación, me dijo.
Y me llevó de la mano a su alcoba, donde la despojé de su ropa, acariciando su piel. Nos desnudamos y caímos los dos en la cama, en la fresca penumbra de su habitación, juntando de nuevo nuestras bocas, redescubriendo nuestros cuerpos calientes y sudorosos.
Ella se puso sobre mí y su boca fue bajando por mi cuello, mi garganta, deteniéndose en mis pezones, en mi abdomen, hasta llegar a mi pene, que cogió con delicadeza antes de saborearlo, despacio al principio, y con glotonería después.
Cuando ya había mojado mi miembro abundantemente con su saliva, se sentó a horcajadas sobre mí, poseyéndome con su sexo húmedo, atrapándome en el interior de su ser.
Con un suave vaivén comenzó a mecerse sobre mí, apoyando sus manos en mi pecho. Yo simplemente me dejaba hacer, la dejaba llevar el ritmo, su ritmo… un ritmo que se fue incrementando poco a poco, alternando las idas y venidas con ascensos y descensos sobre mi ya empapado sexo, hasta que, con un grito de placer, se vino sobre mí, alcanzando su ansiado orgasmo.
Yo la seguía estimulando a moverse, insultándola, pidiéndola más y más, y ella se movía sobre mi polla, agitándose, gozando de nuevo.
Pero ahora había llegado mi turno, y saliendo de su interior, me di la vuelta y la tumbé sobre la cama, dejando a mí vista su delicioso culo y su mojado sexo que se abría esperándome a mí.
Y no la hice esperar mucho.
Entrando nuevamente en ella, comencé a empujar mi polla dentro de su coño, mientras apoyaba mi pecho sobre su espalda y le susurraba al oído lo puta que era, lo guarra que quería que fuera para mi… Lejos de escandalizarse con mis insultos, su excitación iba cada vez a más, y comenzó a mover sus caderas adelante y atrás clavándose en mí con la furia del deseo y la desesperación.
Humedeciendo mi dedo en su encharcado coño, comencé a mojar su cerrado ano con sus propios fluidos, follándome su culo con mi dedo, mientras mi polla se follaba su sexo, en una cadencia interminable.
Ella, insatisfecha aun, me pedía más y más, así que levantándome sobre su culo, comencé a follármela como si fuera una perra en celo, clavándome en su coño con duros empellones, empujando su cabeza contra la pared, y haciendo crujir toda la cama.
Mi polla la penetraba y mis uñas arañaban su piel dejando rojas marcas que formaban arabescos en su delicada piel. De vez en cuando, con la palma de mi mano abierta de par en par, azotaba sus ya coloradas nalgas, alcanzando así el clímax de la excitación.
Sabedor de que mi momento estaba llegando, y ante sus ruegos de que por favor, me corriera ya porque la iba a romper en dos, saque mi polla de su coño, le di la vuelta, y poniéndola frente a mí, coloqué sus piernas extendidas sobre mis hombros y volví a penetrarla, esta vez de frente, para poder ver su cara de lujuria y de cansancio.
Mi polla entraba y salía de su dilatado sexo, mi boca mordía sus duros pezones, mis dedos entraban en su boca…. Y yo ya sentía como el placer acudía presto en mi busca, así que, saliendo de su interior, dejé que largos y espesos chorros de mi semen, denso y caliente, volaran hasta sus pechos, su vientre, su cara… dejándola húmeda, sucia y empapada, mientras yo caía, feliz y agotado, a su lado…



Sayiid

lunes, 6 de julio de 2009

Sencillamente, impresionante.
Cada día te superas, dulce amiga.
Tanta belleza en tan pocas lineas...
Gracias por estar aquí.






Cuando se lleve el inexorable olvido
todas nuestras ilusiones y promesas
y por añoranza estas líneas leas,
hazlo porque escritas han sido
con pasión por una mano amante;
léelas por mi amor, no por su rima,
por la entrega que mi alma anima
no por encontrar su estilo elegante.
Entonces, concédeme en ese momento,
mientras en tus labios baile una sonrisa
y tus dulces ojos las recorran sin prisa;
sólo un cálido y amante pensamiento.
.
(cavabaja)

sábado, 4 de julio de 2009


¿Qué es más importante? ¿Lo que uno es, o lo que uno desea llegar a ser? ¿Qué es lo que mueve la voluntad de las personas? ¿A quién acudir? ¿En quién confiar?

¿Debemos ser como queremos ser, aunque no gustemos... o ser como los demás desean que seamos?

Quizás, si eres capaz de contestarte a estas preguntas sinceramente, puedas presumir de conocerte mucho mejor que la gran mayoría.

Y si te conoces a ti mismo... ya has alcanzado el maravilloso punto del no retorno.

Sayiid

viernes, 3 de julio de 2009

Esta noche la Mansión abre sus puertas al mundo árabe.
Reminiscencias de la mágica Bagdad y sus mil y una noches.
Bellas mujeres moviéndose sensualmente al son de ritmos africanos.
Sentaos, fumad, disfrutad de los exóticos manjares... pero sobre todo...
disfrutad de nuestra hermosa bailarina Ansuya.


Pinturas de pasión.
Su corazón es el lienzo,
sus sentimientos los colores,
sus deseos los pinceles
que dan forma a su ser amado.
Siempre artista... cavabaja.


Como si fuera un avezado pintor,
por tu presencia deslumbrado;
mi mirada, tu imagen ha pintado
en el lienzo vacío de mi corazón.
Mis ojos han dibujado en él tu forma,
en las paredes de mi pecho está colgada;
mi cuerpo, el marco donde está guardada,
y en su interior en deseo se transforma.
Con ellos he dibujado tu presencia;
ellos lo que ven, me han transmitido,
mi corazón, con tu imagen vestido
tendrá que transformarla en esencia.
(cavabaja)

jueves, 2 de julio de 2009

Para que no podáis decir que este blog carece del buen gusto y la cultura propias de otros blogs más... académicos, permitidme traeros hoy hasta aquí a uno de los clásicos de la poesía erótico-festiva.
Que lo disfrutéis como, seguramente, el lo habrá disfrutado mucho antes que vosotros.


-Levanta bien la pierna, vida mía,
quítame ya la mano del carajo,
y si quieres que te haga un buen trabajo,
el culo has de mover, reina, a porfía.
Y si mi verga ves que desvaría
y se te va por el postrero atajo,
calma, que no tiene ojos el badajo;
calma y disculpa la trapacería.

-¡ Por el cielo!, gran locura en mí fuera
soltar ahora este ariete, y no apuntarle
donde tenerlo siempre bien quisiese.
Pues de dejarle por detrás colarse
tan solo tu persona gozaría,
y sin goce yo habría de aguantarme.
Cumple, pues, bien, o vete de mi lado.

-¿Irme sin ver y hacerte ver el cielo?
No haré, aunque pecador, tan gran pecado.


Pedro Aretino – "Los Ragionamenti" – Soneto IV

miércoles, 1 de julio de 2009


"Los finales felices son simplemente historias sin acabar".

(Angelina Jolie en Sr. y Sra. Smith)
Dicen, dicen, dicen...
Yo digo: el movimiento se demuestra andando.
Y por lo visto, cavabaja opina igual que yo...
Mira que es lista esta chica :-)







¿Quién dice que no es posible volar?

Sólo los cobardes que temen dejar

de sentir bajo sus pies el suelo;

sólo los que alimentan su miedo,

aquellos que no saben ser reyes.

¿Dicen que no se puede cambiar?

Sólo los que no saben soñar,

esos que en rebaños pacen

y de las costumbres hacen,

su fe, sus tabúes, sus leyes.

¿Dicen que no es posible elegir?

Y para que se nos ha dado

una mente libre y abierta,

un alma curiosa e inquieta

y la capacidad de decidir.
.
(cavabaja)
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