Prologo de El Libertino

martes, 12 de enero de 2010

Bienvenidos un día más a la mansión. Pasad y acomodaos, porque hoy tenemos un regalo especial; un nuevo regalo de nuestra anónima visitante que nos premia con un nuevo relato, esta vez situado en su trabajo. Su sutileza, su sensualidad, su entrega hace que ya esté deseando leer la continuación de esta excitante historia. Pero para eso tendréis que volver mañana... De momento conformaos con el primer capitulo... que no es poco.


Sayiid


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LA OFICINA (capitulo I)




La mañana estaba siendo tranquila, por lo que me había puesto a escribir, un poema que llevaba rondando mi cabeza desde hacía unos días; oí vagamente que alguien entraba y hablaba con la ordenanza, pero yo seguí escribiendo, hasta que una voz que me resultaba claramente familiar, me dio los buenos días, alcé la mirada y vi a un hombre alto, fuerte y moreno que me miraba con una medio sonrisa y ojos burlones, pensé que no conseguía cuadrar la voz con la cara que estaba viendo y en ese mismo instante, supe que era él.
Puse mis manos en los brazos del sillón y quise levantarme, pero todo mi cuerpo temblaba y volví a quedarme sentada.
La sonrisa se acentuó en su cara y con paso decidido rodeó la mesa y se acercó a mí, depositó un suave beso en mis cabellos e introdujo su mano entre mis piernas.
- Libre y húmedo, así me gusta.
Me tomó de un brazo y me obligó a levantarme.
- Vamos donde tú ya sabes –me dijo.
Desde el pasillo dije a mi compañera que si venía alguien a la oficina les dijera que me había ido a desayunar. Y con él detrás, me dirigí al despacho, del que tantas veces habíamos hablado.
Ya en el despacho me di cuenta que llevaba una bolsa negra de deportes en la mano.
Mi primera intención fue protestar, hacerle ver que el sitio no era el más indicado, pero sabía que precisamente, eso era lo que hacía la situación más morbosa y también sabía que en el fondo a mí también me excitaba que fuera así, además tenía muy claro que si protestaba, sólo iba a conseguir que lo que pudiera pasar a partir de ese momento fuese más duro.
Bajé la mirada y dando un suspiro me dispuse a aceptar todo lo que habíamos hablado y pactado durante horas en el ordenador y por teléfono
Sentí su mano en mi barbilla, me obligó a mirarle a los ojos y dijo:
- Tengo ganas de ver y tocar lo que tantas veces me has enseñado en la pantalla.
Tenía razón él, ya lo había visto todo, así que no era el momento de vergüenzas ni de falsas modestias. Él ya sabía que mi cuerpo hacia tiempo que había dejado atrás la firmeza de la juventud, pero nunca había parecido importarle. Así que sosteniendo su mirada, empecé a desabrocharme la blusa, despacio, muy despacio, dándole a la situación la solemnidad que para mí tenía. Terminé de desabrocharme la blusa y me la quité dejando ver un precioso sujetador de blonda negra, como a él le gustaban, a mi edad y con el tamaño de mis senos, sería impensable ir sin sujetador. Esperé unos segundos dejando que él pudiera recrearse en lo que veía y a continuación le desabroché y dejé libres mis pechos, muy blancos y con sus areolas rosas y me di cuenta que mis pezones estaban empezando a endurecerse. Volví a esperar unos momentos y fui a desabrocharme la falda, pero un movimiento de su cabeza me hizo desistir. Me quedé con los brazos pegados al cuerpo, entonces él alargó su mano y acarició mis pechos.
- Suaves y cálidos, será un placer devorarlos.
El rubor volvió a llenar de calor mi cara, al darse cuenta, sonrió y ya con sus dos manos en mis senos, apretó con pericia mis pezones proporcionándome esa mezcla de dolor y placer que tantas veces había soñado alcanzar a su lado. Sus manos subieron lentamente acariciando mis brazos hasta mis hombros y atrayéndome hacia él…. ...aprisionó mis labios con su boca y los mordió suavemente, su lengua se abrió paso entre ellos para buscar la mía, mientras una de sus manos me sujetaba fuertemente la nuca, la otra recorría mi espalda desnuda, despertando en mi piel miles de ramalazos de placer. Con la mano que sujetaba mi nuca, agarró mi pelo y tirando de él, hizo que mi cuerpo se arqueara hacia atrás, entonces comenzó a besar y morder mi cuello, mis hombros, mis pechos… consiguiendo la dosificación justa en la mezcla de dolor y placer que me estaba llevando al borde del orgasmo.
La situación, el sitio, el deseo acumulado durante tantos meses, la incertidumbre de lo que sucedería después, estaban consiguiendo hacerme vivir el momento más excitante de toda mi vida. Además me asaltaban unas ganas locas de quitarle la camisa, de sentir su piel pegada a la mía, de abrazarle y besarle como él estaba haciendo conmigo, pero sabía muy bien que en esta nueva etapa de mi vida sólo podría hacerlo cuando él me lo ordenase, tuve que enlazar mis manos a la espalda, para vencer la tentación de tocarle. Tenía que empezar cuanto antes a olvidar viejos clichés y acostumbrarme a esta nueva forma de vivir la sexualidad.


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1 comentario:

Alvaro dijo...

Qué ganas de ver como continúa....

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