Prologo de El Libertino

martes, 26 de enero de 2010

He aquí la resolución del relato de nuestro amigo "Explorador del Alma".
Un final a la altura del principio.
Fuerza, poder, dominación, placer, lujuria... y deseo, mucho deseo.
Disfrutad de esta segunda parte y esperemos que la cosa no acabe aquí.
Muchas gracias por tu relato, Explorador.
Un placer compartir contigos tus fantasias.

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NOCHE DE LUNA LLENA (2ª parte)

Bajó poco a poco sus manos por su espalda desnuda, de no ser por la tira de su sujetador. Cada vez sus manos perdían ternuran, cada segundo que pasaba, ganaban fuerza, firmeza, intensidad. Se situaron sobre su falda, apretándo con una mano sus dos nalgas, mientras que con la otra mano seguía tirando con firmeza de su pelo sin dejar de susurrar: "Ahora veras el influjo que tiene este vino, sobre las Almas de las personas." Y sin terminar la frase, cogió la botella que había abierto en la comida para comenzar a echársela por su espalda, para poder así beber de su piel, mientras la seguía domando por el pelo. A medida que sus mordiscos, sus besos, se dirigían a su cadera, le bajo la falda con una mano. Dejó al aire una lencería exquisita, elegante, y muy cara, que le encantó, desde la primera vez que consiguió adivinarla al invitarla a pasar al salón.
Por eso tuvo el detalle, la gentileza de no romperla ni rasgarla, pero no pudo reprimirse a echarle vino entre sus nalgas. Él se arrodilló tras de sí. Eran sus labios, sus dientes, los que recorrían sus nalgas, los que las mordisqueaban, lamían, y devoraban. Ella no podía reprimir los latigazos que le daba su cuerpo. Y es que no entendía aún porque era tan insaciable, porque no se deteníua, porque con cada mordisco, Él cada vez era más firme, más exigente, como no paraba....Y así, sin darse cuenta, vio como la lengua del Caballero amable, educado, exquisito y galán, comenzaba a sodomizarla, a penetrarla en su ano, a devorar su alma, mientras sus uñas seguían clavándose fuértemente sobre sus nalgas. Tal era el grado de exquisita tortura a la que se estaba viendo sometida, que no podía reprimir sus gemidos, cada vez más largos, mas constantes, más irrefrenables.
Pese a ello, supo distinguir en qué momento dejo de ser la lengua, para ser un pene fuerte, vigoroso y gordo, el que penetraba su ano. Sus manos la cogían de nuevo la coleta, su pene penetraba su ano, cada vez con más fuerza, con mayor virulencia, pero también con mayor ternura si cabeza, mientras no dejaba de susurrarla, de gritarla: "Dime que te encanta que te de por el culo, zorra", a lo que ella no podía negarse, puesto que estaba disfrutando de semejante entrega, puesto que era cierto: Disfrutaba como una loca con esas embestidas salvajes, disfrutaba de su hombre lobo insaciable, disfrutaba al saber que ese cabrón se atrevía a follarla como le venía en gana, se atrevía a ordenarla, mandarla, domarla y dominarla.
Se atrevía, a hacerla feliz....

Explorador del Alma

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