Prologo de El Libertino

miércoles, 6 de enero de 2010

Nueva aportación a la mansión.

La de hoy es de un invitado que, esperemos, regrese tan a menudo como sea su deseo y el nuestro.
Excitante relato de "Explorador del Alma", donde nos cuenta una de sus fantasías... ¿o quizás es una de sus experiencias?.
Que cada uno elija lo que prefiera.
Yo de momento, os dejo aquí el relato para que lo disfrutéis...

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El Roble
 

Habían estado charlando los dos tranquilamente en la casa de campo que ella tenía, muy cerca del bosque de robles y nogales.

El había llevado su bolsa instrumental; le gustaba llevarla consigo a todos los lados, sobre todo cuando estaba con ella, con ella. Aún no sabía exactamente lo que le llamaba su atención. No podría decir aún si era su mirada, su sonrisa, su rostro, su cuerpo, o su vagina, completamente depilada para él.
Habían estado hablando de lo que sucedió la noche anterior. Su Amo había sido demasiado exhortativo, se había movido por terrenos incómodos. Y no le había gustado mucho a ella. Pero hablaron las cosas, como a ellos les gusta. Su comunicación era de lo mejor que tenían.
Salieron de la casa, apenas se veía la luna. Ella le confesó que se sentía una mujer muy lunar, que amaba la mística de la luna. Él le explicó que su luz tardaba un segundo en llegar a la tierra y que por tanto, la luz que se veía en la tierra, era la que había salido hace un segundo de la luna, refleja del Sol. Ella asentía, parecía interesada en todo aquello que tuviera que ver con la Luna, con su Luna.
Siguieron caminando, primero de la mano y luego Él le pasaba su brazo por el hombro. "Pero sin soltarme la mano, por favor" agregó ella. Y Él no estaba dispuesto a solar su mano, ni tan sólo un segundo. Llegaron a un roble centenario. Él le comentó que era precioso y que le hacía pensar que era un auténtico superviviente: "Tantos y tantos siglos resistiendo, sobreviviendo a las inclemencias del tiempo y de la especie humana".
Él la empujo sobre el tronco del roble, La cogió por la cara, por su rostro, apretó su boca, la hizo sonreír. Empezó a morderla el cuello, bajando despacio por su pecho, su vientre, deteniéndose en su ombligo, mordiendo las caderas también... Mientras metía su pierna entre las dos suyas, demostrándola quién mandaba sobre ese tronco. A continuación saco sus dos pechos, grandes hermosos, fuera del chal, Ese chal bonito que se había puesto para su amo, su amigo, su Dios. Él era su Dios. Su Dios. Él le cogía los dos senos, y se amamantaba con ellos. Primero con el derecho. Lo tomaba con sus dos manos y lo exprimía en dirección a su pezón, que el mordía, masticaba, comía y lamía. Buscaba su leche, esa leche natural que salía de sus senos. Y luego lo mismo con el pecho izquierdo, con ese seno grande, pero hermoso, que ella le mostraba, le entregaba.

No contento con devorar sus pechos, su Dios decidió seguir bajando. Le hizo bajar sus bragas blancas, impolutas, hasta el suelo, y él se arrodilló. Le encantaba hacerla sexo oral. Se arrodillaba y le empezaba a besar su vagina, su ingle. Separaba con sus dedos los dos labios vaginales, y se los besaba, mordía, escupía, llenaba de saliva antes de centrarse en su terso clítoris. Se lo cogía con los dedos, se lo mordía, se lo besaba, tiraba de él con sus dientes...Como disfrutaba su Dios con su pequeño clítoris entre sus dientes...A la vez que se lo mordía, se lo devoraba, le metía un dedito por su ano, y luego otro, dos a la vez, haciéndole circulitos, mientras notaba su excitación en su boca, como a medida que la sodomizaba con los dedos, ella mojaba más su vagina.
Salió de sus piernas su Amo, le cogió los brazos, y le ato al tronco del roble dándole la espalda, tensándole el cuerpo, obligándola a sacar sus nalgas hacia afuera. Él abrió su mano derecha y la golpeó en las nalgas, fuerte, muy fuerte. Ella se excitó, le llamó maricón. "Maricón, eres un maricón". Su amo le abofeteó la cara, Ella le mordió su mano, y se vio obligado a golpear su rostro de nuevo.
Se puso de nuevo en su espalda, y sacó su látigo. Flageló sus nalgas, con fuerza, con ganas, azotándole unas veces, y con el látigo las otras. Ella mordía sus labios, se hacía daño, la encantaba, no podía remediarlo. No podía remediar que esos golpeas fuertes, esas heridas, la volvieran loca. Quería que la destrozara. Él seguía azotándola, pegándola, golpeándola. Infligía golpes con su látigo sobre su pie, sobre su espalda, sus nalgas. Comenzaba a sangrar y el limpiaba sus heridas con su lengua de cabrón.

De repente la cogió por la cintura y se sacó su pene gordo del pantalón. Tomó su glande con firmeza y lo introdujo en su ano, dándola mucho placer y mucho dolor a la vez. Con sus dos manos cogía firmemente sus nalgas, las azotaba, mientras que con su cadera golpeaba sobre sus nalgas, la ametrallaba. Como disfrutaba su Dios, como lo viviría, como lo sentía. No podía parar, no podía detenerse, necesitaba destrozarla, someterla.. Mientras la follaba como quería, la cogía la cabeza con sus manos y la apoyaba firmemente contra el tronco del roble, la obligaba que mordiera la corteza, para que ni siquiera pudiera gemir ni chillar, sólo recibir y disfrutar.
Él no detenía su cintura, ni su cadera, cada vez la golpeaba con más fuerza. Sólo se paró un momento, y fuer para coger la botella de Brugal que había metido esa noche en su bolsa. Le empezó a verter el ron por su espalda, para beber por encima de sus heridas. Luego cogió la botella y se la metió entre sus nalgas. Abrió su ano y le introdujo el ron dentro de su recto. Se agacho de nuevo y empezó a beber el ron de su culo, lamiendo, besando, metiéndole la lengua dentro de su ano, mientras ella seguía atada a ese tronco. Pero no podía aguantarse más, necesitaba levantarse de nuevo, ponerse en pie, y coger su glande sin circuncidar y metérselo de nuevo por sus nalgas. Iban a ser las embestidas finales.
Sacó sus nalgas más afuera, las azotando de nuevo con sus manos, mientras con otro golpeaba con el látigo su espalda, y volvió a empezar a sodomizarla. No podía parar, no podía detenerse. Sentía que era Dios, que nada había en el mundo más importante que su gata, su esclava, su perra, su puta. Para Él, pese a ser Dios, ella era lo más importante en el Universo...
De repente ella notó como clavaba sus uñas en su espalda, como su leche salía de su interior, como sus entrañas desfallecían. De repente notó que Él le había follado como nunca nadie lo había hecho antes. Y se sentía encantada. Pero no podía más...Cayó rendida sobre el árbol.
Él sabía que su forma de follar era salvaje, primitiva, pero genial, y que para ello requería el agotamiento de su esclava. Por eso, después de romper la cuerda, la cogió en sus brazos, y la puso sobre su espalda para llevarla de nuevo a su casa. La tumbó boca abajo sobre la cama, y empezó a limpiar sus heridas con un mimo, con una delicadeza increíble. Él se sentía bien, sólo quería que ella descansara un rato en su regazo, para que se recuperara y retomara sus fuerzas, pues él era insaciable. Su Amo siempre quería más, mucho más.

Explorador del Alma

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