Prologo de El Libertino

sábado, 9 de enero de 2010


Segunda parte, y ojalá no sea la última, del relato que nos ha regalado nuestra anónima visitante.
Un relato lleno de dulzura, sensualidad y buen gusto.
Una esclava que sólo busca el placer de su Amo. Una mujer que descubre nuevos caminos en su vida. Entrega y pasión sin tapujos, sin tabúes, sin remilgos...
No soy muy dado a los tríos, pero visto así... ¿a quién no le apetecería ser el protagonista de este relato?.
Muchas gracias nuestra anónima amiga por este regalo y esperamos mucho más de ti... Se que no nos decepcionaras :-)
Sayiid
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REGALO DE CUMPLEAÑOS (2ª PARTE)

Llegamos a casa... yo había dejado todo preparado en previsión del momento que íbamos a vivir.
Os invité a que os sentaseis en el sofá y pregunté qué queríais tomar. Ella se dio cuenta que yo me iba a ausentar un rato para preparar las bebidas y me lanzó una mirada pidiéndome ayuda, yo la sonreí y la guiñé un ojo, en un gesto de complicidad que la tranquilizó.
Antes de irme te miré a ti y me fui tranquila porque sabía que tú harías tu "trabajo" de la manera más eficiente. Cuando volví al salón con vuestras copas, la estabas besando y acariciando y a ella se la veía totalmente entregada. Posé las copas en la mesa con delicadeza para no interrumpiros y volví a la cocina a por mi copa, lo hice sin ninguna prisa para daros tiempo... regresé, y la escena no había cambiado, sólo noté que había ganado en intensidad porque ahora también ella respondía a tus caricias.
Me quedé apoyada en el quicio de la puerta contemplándoos, mientras dentro de mí crecían las ganas de unirme a vosotros, pero no quería romper el encanto. Como si mis deseos hubiesen llegado a ti, levantaste la vista y con un movimiento de cabeza me invitaste a acercarme. Me senté en le brazo del sofá a su lado y besé dulcemente su cabello y sus labios. Ella ya totalmente entregada, respondió a mi beso, tú nos mirabas. La acerqué su copa, tomé la mía y brindamos, mientras yo expresaba mis deseos de que esa noche fuera inolvidable para los tres.
Os encendí un cigarro y a pesar de mi excitación conseguí charlar sobre lo agradable que había resultado la cena. Bebimos y fumamos un rato. Entonces con un gesto me indicaste lo que tenía que hacer, me levanté, la tendí la mano ayudándola a levantarse y nos dirigimos las dos hacia mi habitación, tú nos seguías.
Una vez allí y a los píes de la cama comencé a desnudarla, al principio parecía cortada, pero mis caricias y tus palabras hicieron que ella también empezara a desnudarme a mí. Una por una nuestras ropas empezaron a caer al suelo y ambos nos reímos cuando al quitarme la falda ella se dio cuenta que yo no llevaba bragas.
- ¿Has estado así todo el tiempo? -me preguntó asombrada.
- Sí, contesté, así quiere mi Señor que vaya cuando estoy con él, para poder acceder con comodidad siempre que quiera a mi sexo.
Noté que se ruborizaba y que luego una leve sonrisa cruzaba su rostro. Hice que se sentara en la cama y entonces yo me arrodillé delante de ti y procedí a quitarte los zapatos y desabrocharte el pantalón, como había hecho ya más veces. Cuando terminé de hacerlo, te besé los píes como me gusta hacerlo y mirándola de reojo comprobé su cara de asombro. Entonces tomé tu polla con mis manos y acariciándola con mimo procedí a introducirla en mi boca buscando darte el placer que tanto te gusta.
La miré y me di cuenta que en su cara ya se estaba dibujando el deseo, te miré pidiendo tu aprobación y como comprendí que me entendías, me levanté y te ayudé a quitarte la camisa. Me volví hacia ella y dulcemente la indiqué que se tendiera en la cama. Empecé a acariciar todo su cuerpo con toda la suavidad y dulzura de la que fui capaz y cuando noté que su cuerpo respondía a mis caricias, comencé a besarla.
Tú nos contemplabas y pude ver en tu rostro una expresión de complacencia y de placer. Noté que había llegado el momento de subir el tono de la sesión, la abrí con cuidado las piernas y mi boca busco su sexo, todavía no estaba tan mojado como ya sentía el mío, pero según mi lengua le recorría iba notando que se inundaba de sus flujos más íntimos. Un instante después sus gemidos empezaron a llenar el ambiente.
En ese momento tú me cogiste por la cintura e hiciste que me levantara para quedar a la altura idónea al borde de la cama y mientras yo seguía lamiendo todo su sexo. Sentí como introducías tu polla dentro de mí, no hacía falta ninguna preparación, estaba listo para recibirla y tus manos aprisionaron mis pechos que te regalaron sus pezones duros y erectos y que tus expertas manos retorcían y pellizcaban proporcionándome esa mezcla de dolor y de placer que tanto me gusta.
Desde tu posición sabía que estarías viendo su cara y eso hizo que me empeñara más en hacerla llegar al éxtasis, para que tú pudieras gozar de ello y cuando te corrías dentro de mí… escuché como ella gritaba de placer y comprobé que los tres habíamos sentido el orgasmo a la vez.


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