Prologo de El Libertino

lunes, 1 de febrero de 2010

Nuevo mes, nueva visita, nueva aportación a la mansión. En este caso, pleamar nos cuenta su primer encuentro con su dueño.
Fantasía? , realidad?,... que más da. Lo unico que importa es que, gracias a ella, nosotros también podremos revivir ese primer encuentro..
Muchas gracias pleamar, por acercarte a nuestra mansión. Bienvenida.

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PRIMER ENCUENTRO



Había llegado el día. Nada más abrir los ojos al despertarme… bueno ya un instante antes de abrirlos, fue mi primer pensamiento y decidí que las ganas que tenía de conocerle, podían mucho más que los nervios. Por supuesto que era importante ese primer encuentro, pero estaba segura que todo iba a ir bien, ya nos conocíamos lo suficiente como para que todo saliera bien. Ahora sólo quedaba disfrutar de ese encuentro, sentir su olor, percibir el tacto de su piel y oír su voz sin la mediación del móvil.

Estaba todo preparado según sus indicaciones, ya que había tenido algo más de una semana para hacerlo, había comprado alguna cosilla y todo estaba a punto. Iría a trabajar, pasaría la mañana lo mejor posible y volvería enseguida a casa, para prepararme concienzudamente, porque la ocasión lo merecía. Hasta me iba a dar tiempo a descansar al menos una hora.

Habíamos quedado en un sitio céntrico y no quería llegar tarde por culpa de no encontrar sitio para aparcar el coche, así que decidí ir en autobús ya que desde casa tenía una buena comunicación. El encuentro tendría lugar en una cervecería que tenía la particularidad, por lo que me había contado él, de tener un sótano con un ambiente íntimo y casi solitario. Llevaba toda la semana fantaseando con aquel encuentro y lo único que me preocupaba era causar buena impresión. Y aunque había preparado todo con cuidado y mucha ilusión, la vida me había enseñado que cualquier pequeño contratiempo puede echar por tierra hasta lo más perfectamente organizado, pero no quería ni debía pensar en ello. Hoy tenía que ser un día maravilloso, del cual no iba a olvidarme mientras viviese.

Llegado el momento comencé a arreglarme con sumo cuidado, siguiendo todas sus indicaciones. Terminé mucho antes de la hora que tenía prevista y me dispuse a hacer tiempo, pero pensé que era mucho mejor ir acercándome al punto de encuentro, para no dejar nada al azar. Tomé el chaquetón y el bolso y salí de casa.

Sentada en el autobús, me dio por pensar la cara que pondría más de uno si supiera que iba sin nada debajo de la falda… bueno sin nada no, sólo con un liguero y las medias y sin que yo pudiera evitarlo una pícara sonrisa, se reflejó en mi cara. Así me había pedido él que fuera y por supuesto así iba, ni se me había ocurrido llevarlas puestas y quitármelas más cerca del lugar del encuentro.

Llegué mucho antes de la hora a la parada del autobús en la que tenía que bajarme, así que decidí seguir una más. Y volver luego dando un paseo. Volví cuando faltaban unos minutos para la hora de la cita y sin dudarlo más entré a la cervecería.

Sólo tardé unos segundos en comprobar que él ya estaba allí. Ya conocíamos los dos la cara del otro, por lo que no fue difícil reconocernos. Una gran sonrisa iluminó mi cara y él también me sonrió, entonces me dirigí hacia el lugar donde estaba con paso decidido. Cuando estuve a su lado, me cogió por el codo y acercó su cara a la mía dándome un beso en la mejilla. Nos saludamos e inmediatamente le dijo al camarero que le bajara lo que estaba tomando y una cocacola, al piso de abajo y siempre sujetándome por el codo me condujo a las escaleras. Cuando llegamos abajo pudimos comprobar que no había nadie. Nos acercamos a una mesa y me ayudó a quitarme el chaquetón y por fin nos sentamos.

Me preguntó como me había ido el día y estuvimos un rato charlando de cosas triviales dando tiempo a que el camarero trajera las bebidas. Cuando las trajo y se marchó él me preguntó.

- ¿Qué esperas de este encuentro?

- Conocernos un poco mejor y saber como reaccionará mi piel cuando la acaricies –contesté.

Sin decir ninguna palabra más y mirándome a los ojos, metió su mano debajo de mi falda y me acarició el muslo.

- Jajaja, por la cara que has puesto ya sé como ha reaccionado tu piel.

Tuve que reconocer que tenía razón la sensación había sido maravillosa.

- Sí yo ya sé como ha reaccionado mi piel ¿y la tuya? –le pregunté.

- Tienes una piel maravillosa, creo que me va a gustar enseñarla quien va a ser su dueño de ahora en adelante.

- Ahora me encantaría que me besaras ¿es posible?

- Es posible y hasta deseable.

Su boca se acercó a la mía y sentí un agradable calor mientras nuestros labios se acariciaban, luego su lengua se abrió paso entre ellos y comenzó a explorar mi boca, la mía siguió su ejemplo y durante un maravilloso rato estuvimos comprobando el sabor de nuestros deseos. Poco a poco el beso se fue haciendo más salvaje y sentí como sus dientes mordían mis labios como si quisiera comérselos.

Mientras tanto me había desabrochado la blusa y su mano buscaba mis pechos que masajeaba de manera experta. De pronto soltó mis labios y tirándome suave pero firmemente del pelo, me obligó a echar la cabeza para atrás y levantar la cara; y sus labios empezaban a recorrer mi cuello, mordiéndome el lóbulo de la oreja, y vuelta al cuello, para morderlo también, su boca fue bajando y retirando mi blusa del hombro, su lengua y sus dientes lo exploraron con sabias caricias que mezclaban el más tierno de los placeres, con el instante de dolor en que sus dientes mordían mi piel.

Metiendo su mano en mi sujetador, tomó uno de mis pechos y lo dejó libre, sentí como su lengua lo recorría parándose sobre todo en el pezón, que ya estaba totalmente endurecido y excitado y en ese momento sentí sus dientes clavándose con fuerza en él, el cambio de ritmo más que el dolor, me hizo dar un respingo, entonces él me tiró más fuerte del pelo y volvió a morderle esta vez con mucha más fuerza.

A esas alturas yo notaba mi sexo completamente invadido por los flujos que iba creando una excitación cada vez más intensa y que necesitaba urgentemente consuelo.

Como adivinando mis pensamientos, una de sus manos buscó bajo mi falda, y la sentí subir lentamente por mi muslo, haciéndome desear más, si fuera posible, que pronto llegara a su destino. Pero él, que sabía perfectamente lo que estaba sintiendo, parecía empeñado en jugar con mis muslos y mientras tanto de vez en cuando rozaba como de forma casual y muy levemente mi sexo, y cuando pensé que ya no podría aguantar más, sus dedos se abrieron paso entre la carne palpitante de mi sexo y buscaron el punto que acumulaba toda mi excitación, todo mi cuerpo respondió con un escalofrío de placer que me dejó totalmente desmadejada, sólo podía sentir sus dedos, el resto del mundo no existía, por lo que cuando noté que la sensación ya no era la misma, tuve que hacer un verdadero esfuerzo para volver a la realidad y analizar lo que estaba sintiendo. Me costó trabajo porque era nuevo para mí, pero al fin me di cuenta que algo muy frío y duro, había sustituido a sus dedos cálidos y suaves. Por un momento pensé que la sensación no era nada agradable, pero su boca buscando la mía y susurrándome al oído, te voy a volver loca de placer, quiero que te sientas la mujer más feliz y deseada del mundo, hicieron que olvidará todo lo demás.

Entonces sonreí… ahora sabía para que había pedido la cocacola.

pleamar

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