Prologo de El Libertino

viernes, 5 de febrero de 2010

Y como lo prometido es deuda, y aquí se pagan todas las deudas, includias las de juego...
aqui os dejo la primera parte de esta excitante historia que, de nuevom nos regala pleamar.
Muchas gracias, marina visitante, por tus relatos.
Ya estoy deseando saber como continua esta excitante historia.

Sayiid

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La casa del vecino (Capitulo I )

Ese verano estaba pasando unos días en casa de unos amigos.
La casa era espaciosa y estaba rodeada de un hermoso jardín. En la parte trasera había una piscina con una pradera de césped para poder tomar el sol cómodamente.
Aquella mañana, mis amigos habían tenido que ir a la ciudad para recibir a su hija que venía de pasar unos días en Londres y aprovechando el viaje harían unas compras, por lo que iban a estar todo el día fuera. Contando con eso pensé que era el día ideal para bañarme y tomar el sol desnuda.
Siempre que estaba en esta zona del jardín, me llamaba la atención la casa vecina que quedaba a la derecha de la nuestra. Era de una planta como el resto de las que formaban parte de la urbanización, pero esta tenía adosado un torreón que recordaba a los castillos medievales. El tejado de la casa era una gran terraza y a la altura de ella el torreón estaba recorrido por una preciosa vidriera de altura considerable y que por lo que se podía adivinar, debía rodear todo el perímetro del mismo.
Había terminado de nadar un buen rato y estaba subiendo los escalones para salir a tumbarme al sol, cuando siguiendo el hilo de mis pensamientos dirigí la mirada hacia la casa de al lado... entonces le vi, apoyaba sus manos en la balaustrada de la terraza y a pesar de la distancia, puede notar sus ojos clavados en mí, cuando notó que le había visto se llevo una mano a la sien en forma de saludo y pude adivinar, más que ver, su sonrisa burlona.
Mi primer impulso fue echar a correr hacia la toalla para taparme, pero pensé: “no quiero darle esa satisfacción”... entonces lentamente y ya sin mirarle me dirigí con paso firme (aunque por dentro estaba temblando) a coger la toalla y cuando llegué en vez de taparme apresuradamente, saqué fuerzas para proceder a secarme tranquilamente como si no supiese que me estaba observando, cuando decidí que ya era suficiente, con la toalla en la mano me acerqué a la zona de césped y la coloqué para tumbarme en ella, pero antes de hacerlo volví a mirar hacia él comprobando que seguía en la misma postura y entonces fui yo la que le saludé con un gesto burlón, antes de tumbarme bocabajo. Noté como una carcajada sacudía su cuerpo.
Para aprovechar mejor la inclinación del sol, tuve que ponerme mirando hacia la casa del torreón y pasado un rato, no puede evitar mirar... Ya no estaba y la verdad es que no sé si sentí alivio o desilusión; esbocé una sonrisa e intenté olvidarme del tema, pero la imagen del hombre apoyado en la balaustrada no quería irse de mi cabeza.
Intentando olvidar el incidente, me levanté a buscar un libro y al volver hacia la toalla, vi que “un avión de papel” cruzaba la tapia que dividía las dos casas, cayendo al lado de mi toalla. Terminé de acercarme y cogí el avión. Era un folio de un precioso color marfil y de una calidad indudable que mi tacto apreció enseguida y entre sus pliegues se veía algo escrito. Deshice cuidadosamente los dobleces y leí el mensaje escrito con una caligrafía exquisita, de rasgos fuertes y rabiosamente varoniles.
“Sería un honor y un gran placer saludarte personalmente, puedes llamarme o enviarme tu número de teléfono, en ese caso, yo te llamaría”… a continuación aparecía un número de móvil.
Cuando terminé de leer el mensaje , mis ojos volaron a la terraza y sí, ahora volvía a estar allí. Y cuando vio que le miraba hizo una caballeresca reverencia. Sonreí, le correspondí con un leve saludo y, con paso decidido, me dirigí al lugar donde tenía mi teléfono. En ese momento me di cuenta que seguía desnuda. Por sentirme cómoda, me até el pareo a la cintura, cogí el teléfono y me dispuse a marcar el número anotado en el mensaje.
En cuanto terminé de hacerlo, miré a la terraza y casi inmediatamente escuché una voz sensual y acariciadora.
- Buenas días señorita –oí que me decía- Un placer poder saludarla.
- Muy buenos días vecino.
- Me encantaría que aceptase mi invitación a un aperitivo en mi casa; mi piscina es más bonita que la de tus amigos – y una risa franca y llena de ironía llenó mis sentidos.
- Mmmmmmmmmmm…de cerca me gusta mucho más lo que veo.
Entonces me di cuenta que sin querer me había ido acercando a la tapia, mientras hablaba con él y pude comprobar que a mí también me gustaba mucho lo que estaba viendo.
- Tómate todo el tiempo que necesites por si quieres arreglarte y coger todo lo que consideres necesario. No te preocupes de nada más, yo estaré atengo para cuando estés preparada.
- Dentro de unos minutos estaré ahí – me oí decir sin pensarlo.
No hacía falta decir nada más, algo muy dentro de mí me llevaba hacia aquella casa. Colgué el móvil y me dirigí al interior de “mi domicilio”
Me duché, elegí el bikini que mejor me sentaba, recogí mi pelo con una preciosa pinza de carey sin peinármelo demasiado y en un pequeño bolso introduje las llaves, el móvil y el tabaco - espero que no le importe que fume, pensé para mí. Me até un pareo al cuello y volví a salir al jardín. Él seguía allíLle hice una pequeña indicación con la mano para que supiera que estaba preparada y cuando vi que se daba la vuelta me dirigí a la puerta camino de… sólo el destino sabía lo que iba a pasar después.

pleamar


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