Prologo de El Libertino

domingo, 28 de febrero de 2010




El conjuro

De un tremebundo lego acompañado,
fue a exorcizar un padre jubilado
a una joven hermosa y desgraciada
que del maligno estaba atormentada.
Empezó su conjuro 
y el espíritu impuro,
haciendo resistencia,
agitaba a la joven con violencia
obligándola a tales contorsiones,
que la infeliz mostraba en ocasiones
las partes de su cuerpo más secretas:
ya descubría las redondas tetas
de brillante blancura,
ya, alzando la delgada vestidura,
manifestaba un bosque bien poblado
de crespo vello en hebras mil rizado,
a cuyo centro daba colorido
un breve ojal, de rosas guarnecido.
El lego, que miraba tal belleza,
sentía novedad grande en su pieza, 
y el fraile, que lo mismo recelaba,
con los ojos cerrados conjuraba
hasta que al fin, cansado
de haber a la doncella exorcizado
dos horas vanamente,
para que sosegase la paciente
y él volviese con fuerzas a su empleo,
al campo salió un rato de paseo,
diciendo al lego hiciera compañía
a la doncella en tanto que él volvía. 
Fuese, pues, y el donado,
de lujuria inflamado,
apenas quedó solo con la hermosa
cuando, esgrimiendo su terrible cosa,
sin temor de que estaba 
el diablo en aquel cuerpo que atacaba,
la tendió y por tres veces la introdujo
de sus riñones el ardiente flujo.
Mientras que así se holgaba el lego diestro,
a la casa volviendo su maestro, 
vio que en la barandilla
de la escalera, puesto en la perilla,
estaba encaramado
el diablo, confundido y asustado,
y díjole riendo: 
- ¡Hola, parece que saliste huyendo
del cuerpo en que te hallabas mal seguro,
por no sufrir dos veces mi conjuro!
Yo me alegro infinito;
mas, ¿qué esperas aquí? ¡Dilo, maldito! 
- Espero, dijo el diablo sofocado,
que sepas que tú no me has expulsado
de esa pobre mujer por conjurarme,
sino tu lego que intentó amolarme
con su tercia de dura culebrina, 
buscándome el ojete en su vagina,
y pensé: ¡Guarda, Pablo!,
propio es de lego motilón ladino
que no respete virgo femenino,
¡pero que deje con el suyo al diablo! 
.
El jardín de Venus
(Félix María de Samaniego)


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jueves, 25 de febrero de 2010

Por que las cosas no son siempre lo que parecen....
(Dedicado a todas aquellas mentes tan "degeneradas" como la mía)
Sayiid





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miércoles, 24 de febrero de 2010


"Puede que yo sea la única persona sobre la faz de la tierra que sepa que eres la mujer más fantástica de este mundo. Puede que yo sea el único que aprecie lo asombrosa que eres en cada una de las cosas que haces y en como eres con lo demás, y en cada uno de los pensamientos que tienes y en como dices lo que quieres decir y en como casi siempre quieres decir algo que tiene que ver con ser sincero y bueno. Y creo que la mayoría de la gente se pierde eso de ti y yo les observo preguntándome como pueden verte traerles su comida y limpiar sus mesas y no captar que acaban de conocer a la mujer mas maravillosa que existe. Y el echo de que yo si lo capte me hace sentir bien conmigo mismo."

De la película  "Mejor... Imposible"

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martes, 23 de febrero de 2010

Y por si aun deseais más... os dejo aqui un relato de otra amiga de la mansión.
Bienvenida SorBad, y gracias por compartir con nosotros tus... ¿fantasias?...
Despues de leer tu relato... ¿quien no desearía un buen masaje?.
Pero eso ya... tendreis que buscarlo en otro lugar...
Sayiid

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El Masaje

Estaba triste. No dejaba de recordar y añoraba esos besos dados y robados .....las manos acariciandola ...sus alientos compartidos....
Aun sentia sus manos recorrer su espalda,cuando la habia dado un masaje ,notando como las manos acariciaban y sus dedos volaban encima de su piel ...empezando por las cervicales y bajando por toda la espalda ....de ahí a sus nalgas y como sutilmente la fué dando el masaje hasta llegar a su rincón más preciado
Recordaba su lengua subiendo por la espalda dando besos ,lamidas y mordiscos mientras sus manos hacian el resto transportandola hasta el relax más absoluto ......con los ojos cerrados solo sintiendole ....y el aroma de la habitación a incienso ....y a aceites
Ella se relajó y se fué abandonando a él.....a sentir como la erizaba la piel solo el sentirle .....su roze aposta que hacia él con su sexo en las nalgas de ella......refregandose cual animal en celo ...la fué bajando los pantalones lentamente; ella se dejaba hacer ..notar sus manos en los pies masajeandolos..y besandolos ...chupando cada dedo llegar al tobillo e ir subiendo ....las corvas morderlas suavemente hasta llegar a los muslos....ella fué abriendo los mismos como si no se diera cuenta ...aunque no perdia detalle....
Él la dice " te voy a tapar los ojos ¿confias en mi? " - a lo que ella respondió que Si que confiaba ....dicho y hecho con un pañuelo la tapa los ojos ...pone aceite comestible encima de ella ....y el masaje lo da con la lengua ..lentamente buscando los sitios donde sabe que ella se excitará ...
Mientras él ya tiene su sexo erguido y liberado ....la va masajeando con su sexo en el de ella sin entrar solo dando golpecitos ...haciendola sentir su excitación ...cada vez el ambiente es mas sexual ....las caricias ya son con ansia y anhelo ....le dice: giraté ...ella lo hace se gira con una sonrisa en la boca , él masajea sus pechos turgentes ...redondos y duros ...acariciando aposta el pezón . girandolo un poco y estirandolo ...luego va al otro ....mientras su sexo erecto cual lanza dispuesta a la batalla ...está en las puertas del Templo...ella abre los muslos y le rodea su cintura ....las manos de ella le buscan y le encuentran ...se la lleva a su cara y le acaricia mientras las bocas se unen ...lenguas avidas de deseo.....no dejan de lamer .chupar ..morder ...mientras el sexo de el va entrando suavemente en el de ella .....sus piernas mas cerradas en torno a él...las manos vuelan en la piel del otro no dejan rincon sin tocar sin acariciar ....cuando ya estan acoplados y empujando ella sube sus piernas a los hombros levantando más las caderas para que la penetre bien ...mientras el lame y muerde los dedos de los pies cada vez entra mas rapido y mejor debido a la fluidez de jugos que salen de su cavidad ... ella se arquea mas ...las manos de el en sus pechos ...en su cuello ...la lengua no deja de lamer .....y le dice ella a el que se giren que le deje cabalgarle ...el sale a regañadientes ....se tumba y ella le pone la venda a el ...le priva de verla ..montada en el ..y le ata a la cabecera ahora es el turno de ella
Ella coje el aceite y le unta su pecho ....el masaje se lo da con las manos y con sus pechos a la vez que se acomoda encima de él ....asi al movimiento notara tambien la humedad que emana de su sexo mientras le va provocando ...las manos graciles por el pecho se paran de cuando encuando ...lamen sus pezones ...sube a su boca y le pone un pezon suyo en la boca de el que frucciona con ganas ....mientras el sexo de ella late al lado de elde él .....nota las ganas la polla erecta ......y la boca de ella baja hacia ella la coje con los labios y empieza a subir y bajar por ella ...solo labios ...lengua ...abarcandola entera sin dejar que salga de la boca las manos de ella ....en sus testiculos masajeandolos tambien .....y bajando al periné masajeandolo tambien ...la polla tiembla en la boca de ella ...pasa su lengua por el capullo hinchado del cual ya salen gotas preludio de lo que vendrá depues ..coge la polla de él y la pone justo en la entrada de su coño ...va entrando a la vez que el sexo de ella se va cerrando en torno a ella ...apretando y soltando ....mientras se mueve en circulos ...las manos en el pecho de el ....cogiendole de los pezones ...pasandole un dedo humedo de su boca por la boca de el que lo lame y muerde ...rogandola que le suelte que la quiere coger y follarla como se merece cada vez mas excitado .....empujando al ritmo que ha impuesto ella ....le dice que no le suelta que la que manda ahora es ella que goze que se deje llevar .....el se abandona cada vez mas al placer de sentir como el coño de ella le hace la mejor mamada que jamas le hicieron ...subiendo asi apretandolo ..y bajando y soltando apretando en el capullo mientras ella le lame el lobulo de la oreja y gime en su oido eso hace que el la embista mas fuerte ....y arquee su espalda para penetrarla hasta el alma ....ella nota la tension en sus pechos y el escalofrio que cruza su espalda ...ya llega el mejor momento de todo el acto al explosion de los sentidos ...notar como el cuerpo entero se deja subyogar por el maximo placer ...en la habitacion solo se oye ..jadeos ...susurros ...y huele a sexo..a morbo ..a placer ....el la dice que no puede mas que se va a correr ....ella le dice que espere que hay una postura mucho mas sugerente
Le suelta y se coloca delante de él a cuatro patas el no lo piensa y la ensarta la lanza en su coño ..la coge de las caderas ....sus manos en el pecho una la otra en la cadera marcando ritmo casi frenetico ....el ritmo de no poder parar ya ....ella lleva ya dos orgasmos a cual mas intenso ...y nota como llega el tercero a la vez con él ...explota dentro de ella ...nota como la llena el semen caliente ...y se junta con su corrida ..el cae encima de la espalda de ella ...y sigue con el masaje que empezó hace horas...
Al recordarlo ..ella ha jugado con sus manos ...pasandolas por sus pechos turgentes ...bajando a su sexo ...recordando todo lo sentido ....y ha llegado a su petitmorte .....el ultimo orgasmo pensando en .... Él

SorBad

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Hoy pleamar nos regala, no un relato, sino un poema.
No dice a quién va dedicado... pero sea quién sea... seguro que puede sentirse muy orgulloso de recibir un reconocimiento como este.
Enhorabuena pleamar, por sentir lo que sientes.

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Señor generoso y fuerte;

reverenciado sea tu nombre,

que mi afán sea satisfacer tus deseos

tanto en mi vida, como en mi corazón.

Que tus consejos y guía,

sean mi alimento diario.

Dame tu sabiduría y tu apoyo

y sé clemente con mis faltas;

porque no son voluntarias;

perdóname en la medida que te adoro.

Y no me dejes de tu mano,

para poder crecer cada día

en humildad y sabiduría... Amén.

(pleamar)
 
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lunes, 22 de febrero de 2010

Como alcanzar la felicidad y el equilibrio a través de caminos insospechados...
Como encajar en un lugar que muchos considerarían fuera de la normalidad y ser feliz...
Como demostrar que ser sumisa no significa ser tonta ni carecer de caracter...
"The Secretary"... una deliciosa película que nadie debería perderse.
Aquí os dejo un adelanto... para ir abriendo boca.



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domingo, 21 de febrero de 2010



AMOR DE ESCLAVA Y AMO



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jueves, 18 de febrero de 2010



"Lo más  que puede pedirsele a una mujer que

 tenga los ojos negros, azules, o verdes... es

 que se  los ponga a uno en blanco."

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Blanca


Blanca está de rodillas debajo de la mesa. Su falda arremangada en su cintura, sus piernas separadas y sus muñecas atadas con cinta americana a sus tobillos, le impiden incorporarse.


La postura es muy incómoda. El hueco es bastante estrecho, y se estrecha más aún cuando Él se sienta en su sillón de cuero delante de ella y se acerca a la mesa, abriendo las piernas y bajándose la cremallera de su pantalón, dejando que salga su miembro, húmedo ya por lo excitante de la situación.


Blanca no puede verlo, ya que tiene los ojos vendados con su precioso pañuelo de seda. Un pañuelo que esta mañana llevaba en el cuello y que, ahora, la mantiene sumida en un mundo sin imágenes, lo que provoca que sus otros sentidos, el oído, el tacto, el sabor… se encuentren más afinados que en condiciones normales.


Blanca tiene las rodillas doloridas, pero no protesta. Su espalda esta tirante y le duelen los muslos, pero espera pacientemente. Y su espera obtiene la recompensa cuando Él, tomándola de la nuca, la atrae hacia sí, e introduce su polla en su boca, que la recibe húmeda y caliente.


Blanca se esmera en su felación. Le agrada el sabor salado de esa polla. Saborea con su lengua los restos de orina que queda entre sus pliegues y nota como, poco a poco, la flacidez de ese miembro que tanto desea, comienza a ser sustituida por una consistencia más firme, más dura. Su boca va llenándose de polla a la vez que se llena de saliva. Saliva caliente y húmeda que resbala por sus labios y moja su blanca camisa.


Blanca es ajena a lo que pasa a su alrededor, sólo se concentra en darle placer a Él. Para eso está allí, debajo de la mesa, atada, usada. No obstante puede aun escuchar como el presiona un botón del interfono y, dirigiéndose a su secretaria, le dice:


- Conchita, ya puede pasar ese señor que está esperando


- Sí Señor, inmediatamente le hago pasar. ¿Desean un café?


- No Conchita, gracias, si necesitamos algo, ya te lo haré saber.


- Sí Señor.


Blanca siente una punzada de temor; ella pensaba que este acto de lujuria quedaría entre los dos; no imaginaba que fuera a ser compartido por nadie más, pero… ¿Qué podía hacer ahora?


Atada, mojada, usada… no tenía otra opción que confiar en Él y seguir.


Escuchó abrirse la puerta y sintió como alguien entraba y se acercaba a ellos. Afortunadamente la mesa estaba completamente cerrada hasta el suelo por sus otros tres lados y el visitante no podía verla a ella, lo cual la tranquilizó un poco. Pero su tranquilidad se quebró cuando Él, su Dueño, pronunció las siguientes palabras.


- Buenos días Sr García, adelante. Pase y siéntese. Discúlpeme que no me levante, pero es que estoy fatal de la espalda y me cuesta mucho incorporarme.


- Tranquilo Martínez, y no me trate con tanto respeto, hombre, que parece que no nos conociéramos.


- Gracias, pero ya sabe que en el trabajo, me gusta ser muy profesional.


- Lo comprendo, lo comprendo.


¿Qué hacía él allí? ¿Qué demonios hacía su marido en aquel despacho? ¿Su dueño sabía que iba a ir? Pues claro que lo sabía, seguro que lo había citado Él precisamente para ese día y esa hora. La sorpresa provocó que Blanca dejara de lamer la polla que llenaba su boca. Un leve puntapié en su costado sirvió para que tomara de nuevo conciencia de donde estaba, de quien era, y su lengua comenzó a lamer de nuevo aquel glande que, fruto de la excitación del momento, liberaba pequeñas gotitas de seminal licor que ella, glotonamente, lamía.


Mientras ellos hablaban de negocios y de números, Blanca mamaba la polla de su Amo. Este frotaba su pié descalzo por el coño húmedo de la sumisa, provocando que sus bragas, fruto del masaje y de la excitación de saber a su marido allí mismo, separado tan sólo por una fina tabla de madera, estuviera ya encharcadas con sus flujos.


Tras unos minutos que a Blanca se le hicieron eternos, su Dueño despidió a la visita amablemente.


- Lo dicho Sr García, no se preocupe que me pongo en el tema inmediatamente. Ya me pondré en contacto con usted.


- Muchas gracias Martínez, espero su llamada. Tranquilo, tranquilo, no se levante… y cuídese esa espalda hombre, que le va a matar. Procure tomarse la vida con más filosofía y disfrute, disfrute… que la vida son dos días.


- Lo haré, Sr García, no lo dude. Y por cierto, dele recuerdos de mi parte a su señora.


- ¿A mi señora? Pero que cachondo eres Martínez, si seguro que la ves tú más que yo


- Por obligación, ya sabe usted.


- Si, si, así es la vida, amigo. ¿Cierro la puerta al salir?


- No, déjela un poco abierta, si no le importa


- Que tenga un buen día Martínez.


- Lo tendré, gracias, Sr García.


Cuando García salió del despacho, dejando efectivamente la puerta entreabierta, Él volvió a apretar el botón del interfono y le dijo a su secretaria:


- Conchita, que no me moleste nadie, voy a estar ocupado un rato; no me pase llamadas


- Sí Señor, así lo haré


- Gracias


Y levantándose, tomó de los hombros a Blanca y la ayudó a salir, Con unas tijeras cortó las cintas que aprisionaban sus muñecas y, levantándola despacio, apoyó sus manos sobre la mesa dejándola en una postura que hacía resaltar su precioso y respingón culito.


Sin quitarle el pañuelo de los ojos, le levantó aun más la falda y le bajo las empapadas bragas hasta las rodillas. Apoyándose sobre su espalda, le susurró al oído.


- Es tu última oportunidad. Si me pides que te suelte lo haré y podrás irte como si nada de esto hubiera pasado.. y bien ¿Qué me dices?


- No. Soy suya. Le pertenezco. Haga de mi lo que desee.


Entonces Él le quitó el pañuelo de los ojos para que ella pudiera ver la puerta semiabierta, y apoyando su polla en su húmedo coño, de un solo empujón la metió hasta el fondo.


Su miembro entró sin dificultad en aquel mojado coño y comenzó a follársela despacio, sin prisas, mientras su mano derecha la agarraba del pelo tirando hacía atrás, levantándola la cabeza, y su mano izquierda bajaba hasta su pecho y pellizcaba con fuerza su erecto pezón, causándola a la vez una dulce mezcla de placer y dolor.


Poco a poco sus embestidas fueron aumentando de ritmo, clavándose en ella con más fuerza. Blanca ya se había abandonado al placer que le causaba sentirse poseída de esa manera animal. Deseaba gritar de dolor y de placer, pero se mordía el labio hasta hacerse sangre porque sabía que fuera, al otro lado de esa puerta semiabierta que tanto miedo la causaba, se encontraba Conchita, la secretaria de su Dueño, y el resto de los trabajadores que, ajenos a lo que pasaba en ese despacho, continuaban con sus tareas.


Él continuaba follándosela sin ningún tipo de miramiento, llenando su coño de carne, torturando sus pezones, mordiéndola con fuerza en el cuello hasta que, presa de fuertes espasmos, descargó toda su carga de caliente y espesa leche en el interior de su coño.


Se quedó un momento agotado, apoyado sobre su espalda, y después, sacando su empapada polla de su caliente cueva, le subió las bragas, dejando que sus flujos, mezclados con la leche de su Dueño que rebosaba de su coño, las mojaran más todavía. Él quería que fuera así. Quería que se sintiera sucia, mojada, humillada.


Sentándose de nuevo en su sillón le hizo una seña y ella, complaciente, se acercó, arrodillándose ante Él y limpió minuciosa y concienzudamente con su lengua, cada resto que hubiera quedado en aquella polla que hoy, más que nunca, adoraba.


Cuando el pene de su Dueño ya estaba limpio, ambos se levantaron y se arreglaron las ropas hasta dejarlas aparentemente impolutas.


Después Él, dando la vuelta alrededor de la mesa, se sentó en la silla de las visitas mientras ella, arreglándose el pelo, se sentaba en el sillón de cuero, frente a la mesa.


Un momento después, Él la dijo:


- Entonces qué, Señora Directora… ¿Cómo ve usted el tema del préstamo de su marido el Sr García?


Y ella, mirándole con unos ojos llenos de lujuria y pasándose la lengua por los labios, saboreando las últimas gotas de su néctar que aun empapaban sus papilas gustativas, le dijo:


- Creo, Sr Martínez, que serán necesarias algunas reuniones más como la de hoy para acabar de decidirnos. Comprenda qué, al ser yo la directora del banco, he de asegurarme de que todas las partes han de quedar satisfechas.


- No se preocupe, señora directora… le aseguro que así quedarán.

Sayiid

(Basado en un cuento original de SorBad y Shujin)

martes, 16 de febrero de 2010

Esclava por amor...
¿Es que acaso existe otra forma de esclavitud?
Desde luego, para mi NO
Sayiid

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lunes, 15 de febrero de 2010

He aqui la esperada continuación del relato de pleamar. En el, nuestra protagonista comienza a vislumbrar el futuro que la espera y, por lo que se ve, no le desagrada del todo...
Pero no os cuento más.
Disfrutadlo por vovotros mismos, y esperemos que el capitulo V no tarde en llegar.
Un día más, gracias pleamar, por alegrarnos las vida.
Sayiid

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La casa del vecino (Capitulo IV)

 Bajamos al salón. Llenó las copas de nuevo y encendimos un cigarro, yo tenía un montón de preguntas, de dudas... pero en ese momento estaban en segundo plano. Lo único que quería era continuar gozando de la maravillosa noche que estaba viviendo y que prometía seguir siéndolo.

Una vez más, me demostró que era capaz de leer en mi mente.

- Aunque mañana me pidieras que te llevara al torreón, no te lo iba a permitir. Antes tenemos que hablar largo y tendido. No voy a dejar que tu impaciencia y tus ganas de conocer cosas nuevas estropee todos mis planes. No es nada fácil lo que deseo de ti, pero tampoco es algo que no puedas llegar a darme, si somos capaces de entendernos y dejar claras las posiciones y apetencias de ambos. Pero quiero que tengas dos cosas muy claras; una es que te voy a exigir mucho, porque yo te voy a dar todo lo que necesites para lograrlo y la otra es que tienes que tener muy en cuanta que dentro del torreón sólo mando yo, sin lugar a ninguna duda, ni discusión posible, pero que fuera siempre estaré dispuesto a escucharte y a estudiar juntos cualquier decisión que nos incumba a ambos. Aquí siempre serás “mi” reina, allí solamente “una” esclava. Pero no nos pongamos serios que ahora lo que quiero es que disfrutes de la noche más mágica que nunca hayas podido soñar.

Se levantó y me hizo una caballeresca y burlona reverencia, la combinación de su gesto con su desnudez, hizo que no pudiera retener una carcajada.

- Ah, se ríe usted de mi buena educación, pues ahora le voy a enseñar buenos modales.

Con gesto cómicamente amenazador se sentó a mi lado y me obligó a ponerme boca abajo sobre sus rodillas, procediendo a darme cuatro sonoros azotes, luego dándome la vuelta me tiró sobre el diván y empezó a hacerme cosquillas, hasta que logró hacerme llorar de risa.

Fingí que estaba muy enfadada y arrodillada frente a él, empecé a darle cachetitos en la cara y empujarle de los hombros, él me miraba tronchado de risa, hasta que me agarró de las muñecas y poniéndomelas a la espalda, comenzó a besarme, primero en la cara y luego fue bajando sin dejar ni un centímetro sin besar, según iba bajando la presión de sus manos en mis muñecas se hacía más fuerte, por lo que yo tenía que arquear más y más el cuerpo, no era una posición cómoda, pero la excitación y el placer que estaba sintiendo hacía que eso resultara superfluo.

- Así vas a estar muchas veces, a mi merced, sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Podré hacer con tu cuerpo lo que se me antoje.

Y para mi asombro, aquello no me produjo ningún miedo, lo único que experimenté fue una sensación enervante de laxitud y dulce abandono.

Me soltó las muñecas y nos abrazamos como si quisiéramos fundirnos en un solo cuerpo... besos, caricias, manos, boca, lengua, dientes (él también descubrió que yo sé morder... ) saliva, sudor, olor a deseo... risas, posturas inverosímiles… Nos devoramos mutuamente una y otra vez sin dejar ni un hueco de nuestros cuerpos sin explorar... jadeos, susurros de palabras amorosas, gritos de palabras soeces... fue toda una revelación para mí; el hombre que ahora yacía a mi lado tan satisfecho y exhausto como yo, había liberado deseos que nunca me había atrevido ni a imaginar y derribado uno a uno todos los tabúes que la sociedad y la “buena educación”, me habían impuesto a lo largo de mis años de vida.

Me sentía más libre que nunca aunque estuviera a un paso de proclamarme esclava. Era mi opción, solamente mía, que emanaba de mi yo más íntimo y que me hacía singular y única.

- ¡Ufffff, qué calor! Si no fuera por la pereza que me da pensar en bajar, me encantaría estar ahora mismo en la piscina.

Sin decir nada se levantó y tomándome en sus brazos se dirigió a la escalera de caracol, al llegar vi que había una puerta en la que no me había fijado antes, al abrirla apareció un cuarto de baño con una bañera de dimensiones considerables, conmigo en brazos se dirigió a un panel lleno de botones y al manipular en él, la bañera comenzó a llenarse.

- Estoy muy a gustito en tus brazos, pero ahora que he visto el servicio... es que tengo ganas

Él riéndose me acercó hasta la puerta de cristal opaco que separaba el servicio del resto del cuarto y me dejó en el suelo, puso sus manos en mis hombros y con gesto serio dijo.

- Este es un buen momento para que aprendas algo más, cuando entres no cierres la puerta; si te decides, una de las cosas que tienes que aprender es que cuando yo esté presente, tú no tendrás “actos íntimos”, en esta relación no tiene cabida el pudor, aunque quizá, no se dé nunca esa situación, tienes que saber que si yo te lo pidiera, cosas que hasta ahora haces en la más absoluta intimidad, tendrías que realizarlas en mi presencia.

Asentí y cuando apartó sus manos, entré al servicio y aunque por la posición en que estaba, el inodoro no se veía desde fuera, el hecho que la pared fuera de cristal y la puerta permaneciera abierta dio una dimensión nueva a ese acto cotidiano.

Cuando salí, ya estaba medito en la bañera y me hizo un gesto como diciendo... aquí tienes sitio, me introduje en ella y de repente empezaron a salir chorros de agua a presión por todos lados y desde un brazo de ducha el agua caía sobre nosotros en forma de una lluvia finísima y refrescante que contrastaba con el agua tibia de la bañera, estuvimos unos minutos relajándonos, pero pasados estos, otra vez el deseo, volvió a darnos motivos para empezar a jugar y descubrí que un jacuzzi sabiamente empleado era un escenario ideal para disfrutar del sexo, y también descubrí algo muy nuevo y extraño, la sensación de abandonar mi seguridad en otra persona, la descarga de adrenalina que supone sentir por un segundo que te falta el aire teniendo la confianza que una seña pactada va a devolverte la respiración....

- Tienes que tener la absoluta seguridad que nunca voy a ser cruel contigo, sólo duro y exigente, que nunca voy a hacer nada que te perjudique ni ponga en peligro tu integridad física, pero ten la certeza que sabré explorar tus límites hasta que descubra dónde podemos llegar ambos.

Cuando nos cansamos del agua, me ayudó a salir de la bañera y envolviéndome en una toalla empezó a secarme cuidadosamente.

- ¿Qué tal te encuentras?

- Maravillosamente bien, pero un poco cansada tanto mental como físicamente.

- Es normal, si no fuese así, no serías humana. Lo que vamos a hacer ahora será comer algo, beber un poco de vino y luego tratar de descansar un rato, si te puedes quedar dormida será mejor, ya te despertaré yo cuando lo crea conveniente. Para un día ya son demasiadas sorpresas y emociones.

pleamar

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domingo, 14 de febrero de 2010


El amor es pasión, es obsesión, es no poder vivir sin alguien.
¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo?, pues... olvida el intelecto y escucha al corazón. No oigo ese corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad, en fin, es como no haber vivido.
Tienes que intentarlo porque si no lo intentas, no habrás vivido.

De la pelicula "¿Conoces Joe Black?"
 
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sábado, 13 de febrero de 2010



Te has ido como viviste… sin un ruido… sin una protesta… sin un lamento.
Te has ido en silencio… sin un solo reproche, sin una queja.
Nunca me exigiste nada y siempre te conformaste con lo que te di.
Siempre estuviste ahí por si te necesitaba.
Siempre confiaste en mí, incluso en el momento final.
Tu amor, tu entrega y tu fidelidad nunca serán olvidados.
El tiempo que compartimos ha sido muy corto… demasiado corto… pero siempre sería así aunque los dos hubiéramos vivido una eternidad.
En tu mirada siempre vi ternura, amor, comprensión…
Habrá mucha gente incapaz de comprender, de sentir algo así. No importa. Sólo aquellos que lo hemos vivido podemos entenderlo.
Sólo con estar ahí, a mi lado, sin apartar tu mirada de mí, me has dado mucho más de lo que jamás me hubiera atrevido a pedir.
Me has dado calma, silencio, comprensión, ánimo y entereza.
Justo todo lo que necesito ahora que miro y ya no te veo a mis pies.
Y ahora que ya no estás, sólo puedo prometerte que nunca dejaras de estar, porque nunca me olvidaré de ti.
El mundo sin tu presencia es un lugar mucho más gris y frio.
Descansa, mi pequeña… ya has cumplido tu misión aquí.

Para mi perrita Nala, que ya está en el paraíso de los perros.

viernes, 12 de febrero de 2010



"Hay muchas formas de quererse, sabes? pero la suya era...total. Un amor puro, increible,alucinante. Un amor especial como hay pocos. Y ellos lo sabían. Todos los enamorados del mundo creen que su amor es unico y distinto, pero el de ellos si lo era. Estaban hechos el uno para el otro, se tenían y deseaban fundirse en uno solo, cuando estaban juntos el tiempo se aceleraba, y cuando estaban separados se hacía eterno. Cada beso, cada caricia, era un puro sentimiento desnudo. Podian pasarse horas mirandose a los ojos y nada más, peero cuando se acariciaban, se besaban... entonces... no hay palabras para describir esa emoción"

De la pelicula "97 formas de decir Te quiero"

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jueves, 11 de febrero de 2010


Porque nuestra vida es nuestra...

 y la vivimos a nuestra manera...

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miércoles, 10 de febrero de 2010

EL FONTANERO

Y digo yo... ¿Al final será el latiguillo o sera...?.
Si es que luego nos quejamos de lo caro que cobran los fontaneros... pero es que no veais lo que se gastan en tranquilizantes los pobres, por que si no, ¿como se explica que a este pobre hombre no le de un infarto?.
Si es que cuando una mujer quiere ser mala... puede ser muy mala...
O muy buena... todo es cuestion de gustos.
Que cada cual opine lo que prefiera.

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martes, 9 de febrero de 2010

Tercer episodio de la maravillosa y excitante historia que pleamar nos está regalando por entregas.
En este episodio ya se nota el calor de la pasión, pero como podreis comprobar, el siguiente amenza con ser puro fuego...
Una sensual historia contada con esmero, pasión y mucha clase.
¿Que pasará en el proximo episodio?. Sólo pleamar lo sabe, pero... yo estoy deseando enterarme... ¿y vosotros?
Muchas gracias pleamar, por despertar nuestra sensualidad.
Sayiid

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La casa del vecino (Capitulo III)

Eran las nueve menos cuarto y yo ya estaba arreglada; un tanga, una túnica muy corta, de color morado claro, que dejaba uno de mis hombros al descubierto y atada encima del otro, y unas sandalias de tacón fino y muy alto, era todo mi atuendo. Para hacer tiempo salí al jardín a fumar un cigarro y entonces vi por primera vez luz en el torreón. Las vidrieras iluminadas desde dentro ofrecían a la noche todos sus colores y le imaginé dando los últimos toques para que la cita saliera perfecta y una excitante sensación recorrió mi piel, no tenía ningún temor, algo que salía de muy dentro de mí, me llevaba irremediablemente hacia él.

Nada más salir a la calle, le vi frente a su casa, mirándome... me observaba atentamente cuando caminaba a su encuentro y un gesto de aprobación acompañado de una amplia sonrisa, me hizo ver que le gustaba lo que veía. Cuando llegué a su altura, enlazándome por la cintura me acercó a su cuerpo y me besó con cierta rudeza y precipitación.

- Bienvenida, ya está todo preparado

Atravesamos el jardín y entramos en la casa, frente a la puerta había unas amplias escaleras a las que nos dirigimos siempre con su mano apoyada con firmeza en mi cintura, conduciéndome con fuerza y decisión... una fuerza que se transmitía a todo mi cuerpo y que me daba seguridad y unas ganas inmensas de abandonarme en ella.

Comenzamos a subir y al final el salón se abrió antes mis ojos... en verdad era magnífico.

Una mesa encima de una tarima, un aparador con todo lo necesario para prepararla y unos carritos y mesas auxiliares llenos de botellas y bandejas que contenían lo que íbamos a cenar. La mesa, enorme y sólida estaba preparada sólo en un extremo. Las luces encendidas, dejando apreciar todos los detalles que componían el magno salón, se acompañaban con la llama de multitud de velas, que de todos los tamaños y colores, se hallaban esparcidas por todos los rincones. Entonces pude comprobar que las vidrieras se componían en su totalidad de escenas eróticas, a cada cual más sugerente.

En el centro, había una fuente de estilo árabe, con su surtidor que arrullaba el ambiente con su voz cristalina y una pileta llena en su totalidad de pétalos de flores flotando sobre el agua transparente. En el ángulo que formaban las vidrieras frente a la fuente, unos divanes bajos y de dimensiones considerables, cubiertos de almohadones de todos los tamaños y colores invitaban a descansar en ellos... y por fin me fijé en una hermosa escalera de caracol que sin duda daba paso a la parte alta del torreón.´

Él adivinó mi mirada y dijo

- Después de la cena te enseñaré lo que hay arriba –y un guiño y una sonrisa sarcástica acompañaron sus palabras.

- Ahora vamos a cenar, perdona que todos los platos sean fríos, pero quería prescindir totalmente del servicio.

Nos acercamos a la mesa y él retiró mi silla, cuando estuve sentada depositó un beso en el hueco entre mi hombro desnudo y mi cuello que arrancó de mi piel un escalofrío de placer.

- Mi deseo es que esta noche sea inolvidable para ti, así que no dudes en pedirme todo lo que desees, hoy eres mi reina y todo te será permitido –susurró en mi oído.

La cena transcurrió agradablemente... comimos, bebimos un excelente vino, charlamos de mil cosas y él de vez en cuando me preguntaba sobre mi vida y mis gustos y me dejaba hablar escuchándome atentamente, de pronto me oí decir

- ¿Por qué me has elegido a mí?

Él cogió mi mano y llevándosela a los labios, me miró fijamente y dijo:

- Llevo observándote muchos días, tu dulzura, tu buen trato, tu educación y bien hacer con tus anfitriones, tu naturalidad, no exenta de coquetería con el jardinero y sobre todo el sonido de tu risa, me han cautivado. He visto en ti cualidades que estimo mucho y que si no me he equivocado darán los frutos apetecidos por mí.

No me atreví a preguntar a que frutos se refería y como si él supiera lo que estaba pensando volvió a besar mi mano y me acarició con ternura la mejilla.

Al terminar la cena se levantó y cogiendo dos enormes copas de balón, las llenó de hielo y escanció en ellas un licor que contenía una preciosa botella tallada.

- Sé que te gustará, pero pruébalo.

Así lo hice y asentí con la cabeza mirándole a los ojos, entonces me retiró la silla y tomándome como siempre de la cintura, nos aproximamos a los divanes y me invitó a sentarme; él no lo hizo y le vi alejarse hacia la puerta, una vez allí apagó las luces y la estancia quedó sólo iluminada por al luz de las velas y por la de la luna que se filtraba a través de las cristaleras, proyectando sus dibujos por toda la habitación. Mientras los miraba, él había llegado a mi lado y me sobresalté cuando oí su voz que muy bajito me decía...

- Y ahora, ¿qué te gustaría que pasase?.

Estaba sentado muy cerca de mí y al mirarle, lo único que salió de mi boca fue un hondo suspiro. Él interpretando debidamente mi silencio desató el nudo de mi vestido y mis pechos quedaron al descubierto. Suave pero firmemente tiró de mi pelo y yo abandonándome a su petición, me recosté entre los almohadones del diván. No hubo besos ni caricias, sólo pasión, pero yo no los echaba en falta, estaba vencida y entregada a su fuerza. Mientras lamía y mordía mis pezones, sentí que me quitaba el tanga y que su mano sin ningún miramiento se introducía en mi sexo, creo que al comprobar su estado de humedad, decidió no esperar más. Me ayudó a incorporarme y me sentó sobre sus rodillas, a la vez que su pene erecto y duro se introducía dentro de mí, sus manos como si fueran de hierro, apretaban mi nalgas como si quisiera traspasarlas y sus dientes buscaban alternativamente mis pezones, ora mordiéndolos con fuerza salvaje, ora acariciándolos suavemente.

De pronto sentí un fuerte azote, al que siguieron algunos más. Mi mente era incapaz de procesar tanta información a la vez, pensaba que iba a enloquecer, pero lo que tenía muy claro es que deseaba que “aquello” no terminara nunca... pero por supuesto terminó cuando a la vez, sentimos la descarga de un orgasmo brutal.

Por unos minutos permanecimos quietos, jadeando y abrazados; poco a poco fuimos relajando la tensión y él me ayudó a acostarme en el diván y entonces si que hubo besos y ternura a raudales. Cada milímetro de mi piel sintió sus besos y sus caricias. Y todavía sin saber muy bien lo que había vivido, temblaba bajo esas caricias deseando que aquel hombre, casi un desconocido, volviese a hacerme suya de la manera que él eligiera, mis preferencias y anteriores experiencias, habían pasado a segundo plano.

Dejó de acariciarme y se tumbó a mi lado.

Por unos minutos sólo escuchamos el ruido del agua. Se sentó y se desperezó como si hubiese vuelto de un sueño largo y reparador y levantándose me dijo: “Ahora quiero enseñarte lo que tú tantas ganas tienes de ver”.

Desnudos como estábamos nos aproximamos a la escalera de caracol y haciéndome una indicación le precedí por la escalera. Notaba su mirada en mi cuerpo desnudo mientras subíamos los escalones, pero esa certeza lo único que me proporcionaba era una excitación deliciosa. Al terminarse la escalera se adelantó y abrió una puerta oscura y pesada... ante mis ojos que parpadearon intentando comprender lo que veían se abría un espectáculo que nunca pude llegar a imaginar.

Era una mazmorra como las que había visto muchas veces en montones de películas... un potro de tortura, una cruz de San Andrés con abrazaderas de cuero en sus 4 vértices, una jaula suspendida a media altura del techo, abrazaderas de metal en las paredes y el suelo, cadenas, una enorme silla metálica, un mueble con cajones y dos vitrinas que a través de sus cristales enseñaban un sinfín de instrumentos y artilugios algunos totalmente desconocidos para mí, y varios tipos de látigos, fustas y palmetas.

Me volví lentamente y le interrogué con los ojos. Sus brazos me rodearon y sus labios buscaron los míos, me besó con una dulzura infinita y entonces su semblante se volvió serio e impenetrable.

- Bienvenida a mi mazmorra, ahora eres una invitada, eres mi reina, puedes preguntarme todo lo que quieras, inspeccionar todo, sopesar lo que aquí puede pasar la próxima vez que vuelvas, si así lo quieres... pero entonces no serás mi invitada, si decides volver de nuevo serás mi esclava, mi objeto de placer, mi sierva y entonces ya no tendrás opciones para escoger lo que te guste o no, mira todo ahora, imagina, dame tu opinión y resuelve todas tus dudas. A partir de mañana, si decides volver, estarás completamente en mis manos.

Me acerqué a las vitrinas y estudié su contenido. Abrí los cajones y vi pañuelos de seda negra, rollos de cuerda inmaculadamente blancos, me atreví a tocarlos y su tacto suave y sedoso, pareció mitigar todo mi miedo. Me volví buscándole y vi que seguía al lado de la puerta, fui a su encuentro con paso desafiante y provocador, al llegar a su lado y como si una voz ancestral que yo no conocía, pero que sentía muy mía, me ordenara hacerlo, me puse de rodillas ante él y le dije...

- ¡Hágase tu voluntad!

Con una dulzura inmensa, me ayudó a levantarme y dijo

- Eso será mañana, esta noche te voy a enseñar lo que es capaz de hacerte sentir un hombre agradecido, a tu maravillosa entrega y sinceridad.

Y supe que podía entregar mi cuerpo y mi alma a ese hombre que me observaba con una mirada velada por dos lágrimas que no quería dejar salir de sus ojos, pero que yo sabría siempre que habían estado ahí por mí.

pleamar

domingo, 7 de febrero de 2010

Aquí tenéis la continuación de la historia que nuestra amiga “pleamar” nos está regalando.
Después de haberla leído solo tengo una duda… ¿Cuándo vas a enviarnos la tercera parte?
Estoy deseoso de saber que esconde ese enigmático torreón, aunque, conociendo a la escritora, creo que puedo imaginarme algo… ¿y vosotr@s?
Muchas gracias pleamar… no dejes de visitarnos



Sayiid


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La casa del vecino (Capitulo II)

La puerta estaba entreabierta, así que la empujé y entré decidida.

Él me estaba esperando: alto, moreno, una sonrisa divertida e irónica y unos ojos tan inquisitivos y penetrantes que, por primera vez, sentí algo parecido al miedo.

Pero en ese mismo instante, su mano se posó en mi brazo, transmitiéndome calor y confianza y en mi mente se borró cualquier tipo de preocupación.

Todo lo que nos rodeaba era exquisito, distinto, tentador. Empezando por él, elegante y sugerente, vistiendo una especie de kimono ligero y corto; el jardín parecía una selva tropical, lleno de flores y plantas exóticas y empezaba a sentir una mezcla de intensos olores que casi embriagaban; se escuchaba nítidamente el sonido de agua en movimiento y el canto de los pájaros de una manera intensa y poco habitual.

- Me acompañas –dijo sin soltar mi brazo; y era más un deseo que una pregunta.

Su tono y su sonrisa denotaban una fórmula de cortesía, pero la presión de su mano en mi brazo, lo convirtió casi en una orden. Nos dirigimos a un costado de la casa que discurría entre esta y la tapia, convertido casi en un túnel vegetal y salimos al recinto de la piscina: el sonido del agua provenía de varios surtidores colocados en medio de la piscina, que dejaban caer su agua sobre ella, formando una lluvia de intensidad cambiante y una enorme jaula albergaba una decena, al menos, de pájaros con los más increíbles colores. El sol se colaba a ratos entre la vegetación, pero el lugar era sobre todo íntimo, umbrío, envolvente, hipnótico... casi narcotizante. Desprendía sensualidad y laxitud, lujo y exquisitez.

Yo me había quedado parada contemplando todo aquello y él colocado a mi espalda puso sus manos en mis hombros y susurró, sus labios rozándome el oído “espero y deseo que aquí se hagan realidad todas tus fantasías”; sólo fui capaz de asentir con la cabeza, no lograba articular palabra alguna y tuve la certeza que se cumplirían con creces y alguna más que no me había atrevido ni siquiera a imaginar, e involuntariamente, una risita nerviosa salió de mi garganta.

Bajó una de sus manos hasta mi cintura y como quien toma posesión de algo suyo me condujo hasta una especie de cenador en el que en una mesa baja y un carrito de servir había todo lo necesario servir el más completo de los aperitivos.

- He enfriado una botella de un cava excelente. ¿Te apetece?

Me preguntó indicándome con un gesto unos preciosos almohadones, esparcidos por el suelo. Me recosté cómodamente y esperé que abriera la botella, yo miraba sus manos y me encontré pensado lo maravilloso que sería sentirlas en mi cuerpo.

En ese instante él levanto la vista de la botella y me miró, dándome la sensación que podía leer en mi mente y un intenso rubor subió a mi cara, al notarlo su risa llenó todo el lugar subiendo por encima del sonido del agua y el canto de los pájaros, incapaz de sostener su mirada, bajé los ojos y lo siguiente que sentí fue su mano en mi barbilla levantándome la cara y me ofreció una maravillosa copa que parecía que se iba a romper solamente con tocarla, estaba casi helada y lo agradecí porque mitigó mi sofoco y disipó mi vergüenza.

- Está permitido fumar en esta casa –me oí preguntar, con voz falsamente decidida.

Por enésima vez volvió a sonar su risa y dijo.

- Señorita en esta casa están permitidos todos los vicios, es más, ruego siempre a mis invitados que si pueden... me enseñan vicios nuevos.

Mientras tanto, yo intentaba sacar del minúsculo bolso el paquete de cigarrillos, que se negaba a salir.

- Ten, estoy seguro que te gustará.

En su mano había un elegante cigarrillo, largo y delgado que ya estaba encendido y que acercó a mis labios, aprovechando para acariciarlos suavemente con sus dedos.

Mientras fumábamos, volvió a llenar las copas y se dedicó a mirarme fijamente, por unos segundos pude mantener su mirada, pero al final tuve que apartar los ojos.

- Me dejas beber de tu copa –oí que decía- necesito conocer tus secretos.

Su broma y su voz tranquila y cariñosa, hicieron que sonriera, le ofrecí mi copa y el me dio la suya diciendo:

- No te aconsejo que bebas de la mía porque echarías a correr ahora mismo y te perdería un montón de cosas que sé que a su debido tiempo disfrutarás y sería una pena que te las perdieses.

Reí con ganas... pero dejé su copa en la mesa, él se bebió de un trago el contenido de la mía, mirándome fijamente a los ojos y haciendo un guiño de complicidad cuando la acabó.

Entonces sin poder aguantar más mi curiosidad, le pregunté

- ¿Qué hay en el torreón?

- Uno de los más bellos salones que hayas podido imaginar.

- ¿Sólo eso? –me escuché preguntar, con un tono de desilusión que a mí misma me extrañó.

Él soltando una carcajada, respondió.

- Mañana te invitaré a cenar. Cenaremos en el salón y como “invitada” te enseñaré el resto del torreón, después de esa noche tendrás que ser tú que la que me pidas que quieres volver... y ya no estarás en calidad de invitada. Pero no adelantemos acontecimientos, vamos a bañarnos.

Mientras terminaba de hablar se levantó y me tendió sus dos manos, me así a ellas con fuerza y me ayudó a incorporarme.

Me soltó una mano pero la otra seguía aprisionada dentro de la suya. Nos acercamos al borde de la piscina y desabrochándose el kimono lo dejó caer, su cuerpo desnudo, llenó mis ojos, estaba bronceado por igual y era un cuerpo normal no era delgado pero tampoco presentaba esa musculatura exagerada que a mí tan poco me gustaba. Tan absorta estaba observando que aunque oía que me decía algo, no llegué a darme cuenta efectiva hasta que sus manos me estaban desatando el nudo del pareo.

- Muy vestida vas tú para bañarte

Seguía hipnotizada, mis ojos llenos de su desnudez, por lo que le dejé hacer.

- ¿Quieres conservar el bikini?

Sin saber muy bien lo que contestaba, me oí decir:

- Como tú quieras.

A lo que él respondió desabrochándome la parte superior del bikini, que terminó en el suelo junto a mi pareo y su kimono.

Vi que se adelantaba hacia la piscina y se metía en el agua, le seguí y ya dentro me quedé mirando como nadaba con brazadas expertas y elegantes. Esperé que volviera a mi lado y cuando estuvo a mi altura cogió mi cara con sus manos y dándome un beso me dijo.

- Me tengo que ir dentro de un rato a la ciudad, volveré mañana por la tarde, te espero a cenar a las 9.

Y aprisionando mis senos con sus manos los besó con la ternura más grande que jamás yo había sentido. En ese momento supe que cualquier cosa que pasara después sería la culminación de todos mis sueños.

pleamar
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