Prologo de El Libertino

sábado, 31 de julio de 2010

Los documentos


Me siento muy nerviosa.

Necesito sin falta unos documentos y los tienes tú en tu oficina; sé que no te gusta que vaya a verte al trabajo, pero no tengo más remedio que hacerlo. Necesito esos papeles.

Por eso, para que no te enfades tanto conmigo, decido ir a verte como se que a ti te gusta: camisa blanca escotada sin nada debajo, una falda negra corta, negros zapatos de fino tacón y, por supuesto, nada de ropa interior.

Angustiada por los nervios, llego a tu oficina y me recibe tu secretaria. Educadamente me pide que espere en la sala de las visitas hasta que puedas atenderme. Es joven, guapa, educada… pero me doy cuenta de que, disimuladamente, no le quita ojo a mi escote. Por eso, al sentarme, de manera disimulada, como si fuera por descuido, abro mis piernas para dejarla que vea mi rasurado coño que, fruto del morbo del momento, comienza a humedecerse.

La miro a la cara y veo que, aunque se ha ruborizado, sus ojos tienen el brillo de la excitación.

Permanezco allí unos minutos, leyendo una revista, hasta que tu avisas a tu secretaria de que ya puedo pasar a tu despacho.

Entro directamente y te doy un beso, en los labios, suave y delicado.

Tu secretaria aún está allí, de pie, mirando, y la dices que se retire; ella así lo hace, pero me doy cuenta de que no cierra del todo la puerta.

De pie, delante de ti, desabrocho un nuevo botón de la camisa, dejando al descubierto casi por completo mis enormes pechos de oscuros pezones. Tú los miras, sin ningún disimulo y me haces una señal para que me acerque a ti.

Me sientas sobre tus piernas y me besas sensualmente en la boca, abriéndote camino con tu lengua en ella, saboreando mi saliva, mordiéndome los labios, mientras tu mano aprieta mi muslo y luego, sin ningún decoro, asciende por el hasta alcanzar mi ay encharcado coño.

Pareces sorprenderte al ver que no llevó ropa interior, pero lejos de decir nada, aprovechar para meter tus dedos, sin ningún cuidado, en mi interior, moviéndolos con fuerza, deprisa, arrancando jadeos de mi sucia boca.

Desabrochas completamente mi camisa y compruebas que mis pezones estas inhiestos y duros; los lames, los muerdes, los chupas, mientras tus sabios dedos siguen martirizando mi inflamado coño de perra salida.

Al levantar la mirada vez que a través de la puerta entreabierta, tu secretaria nos está mirando, y eso aun hace que te excites más. Me agarras del pelo de la nuca y tirando de mi cabeza hacía atrás, me dices:

- Chúpamela, zorra, vamos… ¡!!

Sin dudar un instante, me pongo de rodillas delante de Usted, mientras se pone de pie para que la secretaria pueda ver como lo hago sin problemas.

Desabrocho los botones de su cremallera y le bajo el pantalón. Tiene la polla dura e hinchada, y yo paso mi lengua, acariciándola, por encima de su bóxer.

Después, bajo el bóxer y dejo su carne libre, inhiesta, dura, apuntando a mi cara.

La cojo con delicadeza entre mis manos y la introduzco en mi boca, entera, hasta el fondo, hasta que su abultado glande roza mi garganta, provocándome un dulce cosquilleo y alguna que otra nausea.

Mientras se folla mi boca, metiendo y sacando su duro miembro de ella, mira a su secretaria, que está sentada en la silla, medio desnuda, masturbándose sin ningún miedo a ser vista. Es más, que usted vea lo puta que es, la excita aún más.

Con un gesto de su mano, le hace una seña y la invita a que se una a nosotros.

No se lo piensa ni un instante y entra en el despacho, aunque por supuesto yo no lo se aun, ya que sigo completamente centrada en darle placer oral con mi boca.

Por eso un leve respingo de sorpresa se me escapa de la garganta cuando siento como unas manos, que no son las suyas, aprietan mis senos. Intento girarme, para ver quién es, pero usted me sujeta la cabeza y no me lo permite. Tan solo me dice:

- Sigue, no te he dicho que pares.

Mi lengua recorre su miembro, las manos de su secretaria recorren mi cuerpo, y todo es placer y morbo en ese despacho que se ha convertido en un antro de lujuria y deseo.

Saca su polla de mi boca y me dice que me ponga a cuatro patas, con las piernas abiertas, en el suelo. Así lo hago, e instantes después noto una lengua húmeda y golosa que recorre mi húmeda raja, provocándome oleadas de placer. Es una lengua sabia que recorre cada recoveco de mi encharcado sexo, lamiendo, chupando, mordiendo, hasta que siento que ya me voy a correr.

Usted se da cuenta y la ordena parar. Me levanta del suelo y me indica que me coloque apoyada sobre la mesa con las piernas abiertas, porque quiere follarse mi sucio coño de esclava complaciente.

A su secretaria le indique que se tumbe bocarriba sobre la mesa, colocando sus piernas a la altura de mi cara. Es evidente que quiere usted que me coma su coño, terso, dulce y perfectamente depilado, mientras su polla perfora mi cuerpo.

Noto su polla dentro, muy dentro, empalándome sin piedad con fuertes embestidas que hacen que, por inercia, mi lengua suba y baje por el abierto coño de su secretaria, provocando que se escapen gemidos de placer de su boca. Ella sujeta mi cabeza con sus manos, apretando mis labios contra su hinchado coño, dejándome apenas respirar, mientras usted sigue empujándome por detrás, follandome con desesperación, dejando mi coño encharcado y dolorido.

Instantes después nos cambias de postura. Ahora soy yo quien esta tumbada sobre la mesa, recibiendo el homenaje de la lengua de su secretaria sobre mi coño, mientras que es ella la que disfruta de su polla. Estamos así un rato hasta que la ordena que se suba ella también a la mesa.

Se quiere follar sus dos coños a la vez.

Nos coloca muy pegadas, una junto a la otra, y su polla va de un coño al otro, mezclando sus jugos con los jugos de nuestros excitados chochos, mientras nuestras lenguas se enredan en un sensual beso lésbico lleno de pasión

Cuando ya está tan excitado que no puede más, vuelve a bajar su secretaria de la mesa y le pone de nuevo su boca en mi sexo. Quiere ver como me come el coño y como yo me corro en su boca.

De pronto ella da un grito de dolor, pero no para de lamer; sin verlo se porque ha sido. Ya sé dónde va a terminar usted. Su leche descansara dentro del culo de esa puta.

Y así, momentos después, yo me corro en su boca, ella se corre por el culo y usted descarga su torrente de leche en el interior de su secretaria, gruñendo de placer.

Instantes después los tres, agotados, nos dejamos caer sobre la alfombra.

- Ha sido un polvo genial, mis niñas. Pletórico e inesperado. Por cierto, a que se debe tu visita, ¿mi sierva?.

- Pues es que necesitaba unos documentos que tiene usted aquí, mi Señor, pero el caso es que… no recuerdo ahora mismo cuales son.

Y así era; en la vorágine de aquel cuadro de sexo, de aquel trio sin descanso, había olvidado los documentos que necesitaba recuperar.

- Bueno, no te preocupes, me dijo mi Señor.

- Llámame luego, cuando sepas que documentos son y…

Y guiñándome un ojo de manera pícara y provocadora, termino la frase…

- Y esta noche, después de salir del trabajo, mi secretaria y yo… te los acercaremos a casa…

(Relato a medias entre safira y Sayiid)

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viernes, 30 de julio de 2010



Treinta mil

Treinta mil son los que han pasado

y la mansión ya han visitado.

Treinta mil nos han frecuentado,

nunca lo hubiéramos imaginado.

.

En este casón se han sentado

desde una monja dulce y viciosa

a un Pater muy bien musculado

que sus penas, vicios y tentaciones

con abdominales dice haber controlado.

.

Muchos van y muchos vienen,

y unos pocos ya se han quedado.

Diréis que son unos viciosos…

yo digo que son listos y afortunados.

pues saben que en esta mansión

siempre serán muy bien tratados.
.

Treinta mil nos habéis visitado:

¡Qué alegría nos habéis dado!

Tendré que reformar la mansión

pues pequeña ya se nos ha quedado.
.

Os pondré nuevas habitaciones

y os pondré un nuevo baño,

con espejos, con jacuzzi,

y hasta con toallas y lavabo.
.

Que no nos falte de “ná”,

la crisis ya se ha acabado.

Un huevo frito “pá” ocho…

y lo que sobre, “pal” gato.
.

Que es esta una mansión

pequeña, pobre y antigua,

con fantasmas y mazmorras,

con pasiones y lujuria.

.

Aquí se vienen a dormir

Drácula y sus hermosas esclavas,

Frankestein y simpático su monstruo

y hasta el Chiquito de la Calzada.

.

Por eso ya a nada tememos…

por eso ya nada nos asusta,

ni el Zapatero y sus impuestos

ni el Rajoy y sus disputas.

.

Pasad pues y sed felices,

despojaros de los miedos,

de la ropa y los retoques,

gozad y os gozaremos.

.

Y que en la mansión encontréis

aquello que siempre buscasteis.

Si os place, os quedareis,

Y si no,

ya sabéis por donde se sale.

.

Que no hay llaves en la mansión

ni cadenas que así os aten,

salvo aquellas que os ponéis

porque de vuestro gusto sale.

.

Muchas gracias pues, a todos,

por honrarnos con vuestra visita.

Pasad y disfrutad de lo que gustéis

y que siempre os persiga la feliz dicha.
.
(El Satiricón)

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jueves, 29 de julio de 2010




.
.
- Sabes que después de esto no hay
   nada, ¿verdad?
.
.
- Sí... y eso es lo peor de todo.
.
.

De la pelicula "Alatriste"
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miércoles, 28 de julio de 2010

Cinco minutos de relax, buena música y preciosas imagenes.
Deteneos...
Disfrutad...
Relajaos...
La vida es dura...
Cuesta seguir adelante...
Por eso nos refugiamos aquí, en la mansión, donde todo es posible, donde todo es viable...
Cinco minutos de relax, buena música y preciosas imagenes...
No es el paraiso, pero... es la mansión.

Sayiid

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martes, 27 de julio de 2010

Una nueva amiga se incorpora a la mansión. Y lo hace trayéndonos uno de sus relatos.
Directa, contundente, con un estilo duro y agresivo, sin medias tintas.
Una historia que no da lugar al descanso, a la meditación.
¿Será ella así?. Preguntaremos a los que la conocen… o dicen conocerla...
Bienvenida a la mansión, safira. Esperamos verte a menudo por aquí.
Sayiid
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Estoy tomando el sol como cada día.

Me gusta tomarlo desnuda.

Estoy en la terraza, en la parte de arriba, y se me olvida cerrar la puerta con llave.

Estoy tumbada boca arriba.

Las piernas abiertas.

Los ojos cerrados.

Totalmente expuesta.

Noto como unas manos suben por mis piernas.

No abro los ojos.

Me quedo quieta.

Reconozco tus manos.

Esas manos que siguen subiendo por mi cuerpo.

Mi coño empieza a mojarse.

Mis pezones se ponen duros.

Tus manos alcanzan mi coño y al llegar me propinas tres duros azotes.

Metes tus dedos en mí ya encharcada vagina y me dices :

- Asi me gusta; siempre dispuesta para mí.

Los mueves con fuerza, de manera brusca.

Entran y salen de mi dilatado coño e intentas meter tres a la vez.

Gimo de dolor y de placer.

Con la otra mano pellizcas mis duros pezones.

Tu cara refleja tu deseo y me dices:

- Te gusta, ¿verdad que te gusta, zorra?.

Me das la vuelta sin ningún miramiento y ahora noto tu dedo clavado en mi culo.

Lo metes y lo sacas disfrutando con mi dolor.

Me pones a cuatro patas y cogiéndome la cara, me hablas de nuevo:

- Chúpamela. Vamos, ¿a qué esperas?

Y tu polla entra y sale de mi boca sin miramientos

Mi mano la sujeta y la mueve arriba y abajo.

Mientras, con la otra mano acaricio tus huevos.

Tienes sujeta mi cabeza y me obligas a que entre el máximo de polla dentro de mi boca.

Aprietas mi cabeza cada vez más y más y notas mis arcadas.

Eso hace que aun aumente más tu excitación.

Entonces ves que tengo ropa tendida en la terraza, y en tu cara se dibuja una sonrisa dulce y sádica.
Coges unas pinzas y la cuerda.

Atas mis manos a mi espalda.

Me ordenas que me ponga de rodillas.

Me coges una teta y, acariciando el pezón, que ya está completamente inhiesto y duro, lo pinzas fuertemente.

Yo me encojo de dolor.

Un pequeño chillido escapa de mi garganta

Tu preguntas:

- Duele ¿verdad?

- No temas, pronto será mayor el placer que el dolor.
Me besas, me acaricias, me tranquilizas

Después haces lo mismo con el otro pezón.

Ahora me ordenas ponerme de pie y, dándome la vuelta, me colocas a cuatro patas, abierta de piernas.

Vuelves a azotar mi coño.

Colocas otras dos pinzas en misa labios vaginales y una tercera en mi hinchado clítoris.

Vuelve a escapar otro grito ahogado de mi boca.

Me miras.

Me ordenas que me arrodille de nuevo delante de ti.

Coges de nuevo mi cabeza y diriges tu polla dura, muy dura ya, hacia mi anhelante boca.

Al tener las manos atadas, eres tu quien marca el ritmo de las embestidas.

Me metes tu polla hasta los mismo huevos.

Sigues follándote mi boca a pesar de mis arcadas.

Estas a punto de correrte, pero no quieres hacerlo aun.

Me ordenas que me levante y me dé la vuelta.

Te suplico que no lo hagas.

Nunca antes lo he hecho.

Pero tú no me escuchas.

Abres mi culo con tus dedos.

Primero uno, después dos…

Lo lubricas con tu saliva.

Y cuando consideras que está preparado…

Metes tu polla sin pedir permiso.

Primero poco a poco.

Siento dolor y placer.

Gimo cada vez más fuerte.

Poco a poco, el placer vence al dolor.

Al mismo tiempo mueves las pinzas de mi coño.

Estoy a punto de correrme, pero me lo prohíbes una y otra vez.

Hasta que al final, cuando ya no resistes más, me dices:

- Correte zorra.

Y los dos explotamos en un orgasmo que nos deja sin fuerzas, rotos y agotados.


 

safira

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lunes, 26 de julio de 2010

Eróticos recuerdos que nos devuelven a tiempos pasados, húmedos y lujuriosos...
Experiencias siempre recordadas...
Somos lo que hemos vivido...
Somos... como somos...
Y al que no le guste...
Sayiid
 
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La leche derramada

Estaba vieja y ella lo sabía, pero aún tenía el pecho erecto y el pubis todavía no había perdido la espesa maraña que, de joven, le hiciera tan preciso un severo depilado para ir a la playa.
Todavía recuerda a los vecinos, apostados sin vergüenza en la escalera, levantando la voz para que oyera claramente: “Vaya coño peludo tiene la francesita del primer piso”.
Chantal, mientras se viste, rememora esas cosas o el momento aquel en que uno de ellos llevaba el bañador mojado por un flujo lechoso. Ella tenía entonces quince años. Y recuerda también cómo la madre del joven le apostilló diciendo: “Manuel, te has derramado la leche por encima”.
Ahora, tanto tiempo después, se deleita en el antiguo nerviosismo del muchacho y, a pesar de que ya supo hace mucho de aquellos menesteres para llevar a cabo los ritos de la vida, recuerda con regocijo el abultado pene de Manuel y cómo, después de aquel mancharse y lejos de cualquier mesa, volvía a suceder el desparrame blanquecino en los despoblados arenales de aquella aldea costera; eso sí, bajo el acompasado movimiento de su propia mano.

Ruth Cañizares
 
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sábado, 24 de julio de 2010



24/7



Estimados amigos y amigas de la mansión:

Permitidme felicitaros a todos y todas en este día tan especial para todos nosotros,

El 24 de Julio, o lo que es lo mismo, 24/7, el día en que todos aquellos que tenemos que ver algo con el mundo de la D/s celebramos nuestro “día”.

En este mundo en el que todos tienen su día (día del padre, día de la madre, día del maestro, día del orgullo gay, día de san patricio…), también nosotros tenemos derecho a tener un día que nos represente y que le muestre al mundo lo que somos.

Desafortunadamente aun prima por ahí esa imagen nuestra de machistas y maltratadores; nada más lejos de la realidad. Si hay un mundillo donde se respeta a las mujeres y a todo el mundo en general, ese es el nuestro. Aquí convivimos Amos y Amas, sumisos y sumisas y nadie tiene por qué sentirse superior a nadie. El nuestro no es un mundo de sexos, sino de actitudes, de roles, de deseos.

Y si alguno o alguna conoce algún caso de maltrato en el que alguien, amparándose en su rol de dominante, se divierte maltratando a otra persona sin su consentimiento, desde aquí os insto a denunciarlo, porque esa gente es la que tenemos que echar de nuestro mundo, y sin contemplaciones. En realidad, si por mi fuera, los echaría de este y de cualquier otro mundo.

Pero no es ese el tema hoy. Hoy el tema es sentirnos felices y orgullosos de ser lo que somos, ya seamos dominantes o sumisos, de poder vivir nuestras vidas como de verdad nos gusta hacerlo, y de no tener que estar dando explicaciones a nadie por si disfrutamos de una manera o de otra.

En nuestro caso: “El collar se lo pone la sumisa por el amor que siente por su Amo, y la cadena se la pone el Amo a su sumisa por el amor que siente por ella”.

Amos, Amas, sumisos, sumisas y demás habitantes de la mansión… disfrutad de este, vuestro día.

Un saludo a tod@s.

Sayiid

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viernes, 23 de julio de 2010

Señores… abran el libro por la página 21 de la introducción y…
Y olvídenlo todo; absolutamente todo.
Olvidad las reglas, las normas, los mandatos…
Intentar explicar la poesía, los sentimientos, la belleza… ¿acaso cabe mayor locura?
Sentid… simplemente sentid… no busquéis explicaciones.
Porque hay cosas que no pueden ni deben explicarse…
¿Cómo explicar lo que se siente al estar con tu amada? ¿Cómo explicar lo que sentías al hacer tuyo su cuerpo y su alma? ¿Cómo explicar ese agotamiento, ese abandono, esa sensación de ser un dios cuando vuestros cuerpos yacen, ahítos de placer, el uno junto al otro?
En verdad os digo que no existen las palabras…
“Prosigue el poderoso drama y tú puedes contribuir con un nuevo verso"
¿Cuál será vuestro verso?.
“El club de los poetas muertos”. Una historia llena de enseñanzas, una bella obra de arte. Si aún no la habéis disfrutado… no se a que estáis esperando.

Sayiid

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jueves, 22 de julio de 2010

Autocomplaciencia... autoplacer... deseo de gustar... de ser amada...
Cualquier excusa es buena cuando de gozar se trata.
Porque no hemos venido a este mundo a sufrir, sino a disfrutar de la vida.
Cada cual como quiera, cada cual a su manera... pero a disfrutar.
Pasad por la vida, no dejeis que la vida pase por vosotr@s.
Gozad...
Gozad sin temor, con pasión, con deseo, con amor...
Gozad del placer o del dolor. De la virtud o de la inmundicia. Sol@s o en compañía...
Pero gozad.
 La vida es gozo... y el que diga lo contrario... es que goza controlandoos.
No os dejeis manipular. Desarrolad vuestro hedonismo.
Sed vosotr@s mismos y... gozad...
Sayiid

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¿Como me ve él?

"¿Cómo me ve él?", se preguntó. Se levantó y colocó un largo espejo junto a la ventana. Lo puso de pie, apoyándolo en una silla. Luego, mirándolo, se sentó frente a él, sobre la alfombra, y abrió lentamente las piernas. La vista resultaba encantadora. El cutis era perfecto, y la vulva rosada y plana. Mathilde pensó que era como la hoja del árbol de la goma, con la secreta leche que la presión del dedo podía hacer brotar y la fragante humedad que evocaba la de las conchas marinas. Así nació Venus del mar, con aquella pizca de miel salada en ella, que sólo las caricias pueden hacer manar de los escondidos recovecos de su cuerpo.

Mathilde se preguntaba si podría hacer salir aquello de su misterioso centro. Se abría con los dedos los pequeños labios de la vulva y empezaba a acariciarla con suavidad felina. Atrás y adelante, como hacía Martínez con sus morenos y más nerviosos dedos. Rememoró esos dedos sobre su piel, en contraste con ella, y cuya reciedumbre parecía que iba a lastimar el cutis antes que arrancar placer con su contacto. ¡Qué delicadamente la tocaba -pensó-, cómo sujetaba la vulva entre sus dedos, como si tocara terciopelo! Se la sujetó como Martínez lo hacía, con el índice y el pulgar. Con la mano que le quedaba libre continuó las caricias. Experimentó la misma sensación, como de derretirse, que le procuraban los dedos de Martínez. De alguna parte, empezaba a fluir un líquido salado que cubría las aletas del sexo, que ahora relucía entre ellas.

Mathilde quiso entonces conocer su aspecto cuando Martínez le pedía que se diera la vuelta. Se tendió sobre el costado izquierdo y expuso el trasero al espejo. Ahora podía ver su sexo desde otro lado. Se movió como se movía para Martínez. Vio cómo su propia mano aparecía sobre la pequeña colina formada por las nalgas, y empezaba a acariciarlas. Su otra mano se colocó entre las piernas y se mostró en el espejo por detrás. Esta mano acariciaba el sexo de atrás adelante. Se introdujo el índice y empezó a frotarse contra él. Entonces la invadió el deseo de tomar por los dos lados, por lo que insertó el otro índice en el orificio del trasero. Ahora, cuando se movía hacia adelante, se encontraba con un dedo, y cuando el vaivén la empujaba atrás, hallaba el otro dedo, como le ocurría cuando Martínez y un amigo suyo la acariciaban a la vez. La proximidad del orgasmo la excitó, y la recorrieron las convulsiones, como si sacudiera el último fruto de una rama, sacudiendo, sacudiendo la rama para que cayera todo en un orgasmo salvaje, que se consumó mientras se miraba en el espejo, contemplando sus manos que se movían, la miel que brillaba y el sexo y el ano que resplandecían, húmedos, entre sus piernas.

Delta de Venus, de Anaïs Nin

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miércoles, 21 de julio de 2010

Porque nunca me convencieron sus excusas…

Porque las medias verdades siguen siendo mentiras…

Porque hay heridas tan profundas que nunca dejan de supurar…

Porque la muerte del alma es mucho más dolorosa que la muerte del cuerpo…

Porque la vida continuará con ella o sin ella…

Porque el punto final de los finales ya nunca se continuará con un punto y seguido…

Sayiid
 
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martes, 20 de julio de 2010



La espalda

Una petición me ha hecho

una amiga de la mansión,

y heme aquí, a mi dispuesto,

a satisfacer su ilusión.



Y no será una empresa nada fácil,

lo juro por Belcebú,

que el encargo que me ha hecho

no lo resuelves ni tú.



Una oda me ha pedido

que le escriba a una espalda.

¡Tiene guasa el caprichillo!

¡Para mí que va con guasa!



Y es que encima esa espalda,

no ha de ser espalda femenina,

sino la espalda de un gachí…

¡el encargo es cosa fina!



A ver cómo me las ingenio,

a ver como salgo de esta…

¿no podías haberme pedido

una oda a unas grandes tetas?



Pues vamos allá con el tema,

cojamos por los cuernos al toro,

imaginemos esa dura espalda atlética

y obviemos el resto del tío maromo.



“Oh, hermosa y atlética espalda,

que al broncíneo nadador perteneces.

Oh, espalda ciclópea y musculada,

que al pétreo atleta enorgulleces”.



“Oh, espalda broncínea y dura,

hija del trabajo y del ejercicio.

Oh, espalda que en nada tu envidias

a tus abdominales vecinos”.



“Oh, espalda de tarzánico macho,

que luces brillante y sudorosa.

Oh espalda ancha y hermosa,

que enalteces de mi amiga la líbido”.



“Oh, espalda fría y marmórea,

que acabas en cintura estrecha.

No olvides, oh espalda coqueta,

lo que de ti siempre se ha dicho”.



Y tú tampoco, mi estimada amiga,

olvides esta verdadera lección,

que como dice la canción,

y no es una canción de moda…

No fiarse de los músculos,

y otras partes corporales,

pues suele ocurrir,

que de tanto mirar,

se suele obviar que…

“ancho de espaldas

y estrecho de culo…

maricón seguro”.



Y te ruego que me aceptes,

con buen ánimo la disculpa,

por usar esa expresión,

que al oído suena injusta,

pero no te quepa duda…

que ella explica mi intención.



Pues hermosa es la espalda

de un Adonis o de un Hércules,

pero más hermoso es el cuerpo

de mi amada Diosa Cibeles.



Y más si viene acompañada

de sus puras hermanas vestales,

que aunque vírgenes las decían

eran unas ninfómanas insaciables.



Así que, muy a mi pesar,

la oda queda aquí escrita.

Que la disfrutes, niña Maat,

mi promesa está cumplida


(El Satiricon)

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domingo, 18 de julio de 2010

Permitidme esta noche regalaros una de mis canciones favoritas.
Una preciosa balada de Scorpions, llena de sentimientos y pasión... y quien sabe si de algo más.
Un mensaje para quién lo quiera escuchar.
Feliz inicio de semana.
Sayiid
 
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sábado, 17 de julio de 2010

Si es que sales a pasear... y nunca sabes que es lo que te vas a encontrar...
¿Una cartera? ¿Un reloj de oro? ¿Un condon usado? ¿Una polla disecada?
Y luego dirán eso de que: "A quién madruga... Dios le ayuda".
Y es que a veces... Dios es un puto cachondo.
Sayiid.

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El cabo de vela

 

Salió muy de mañana

a oír misa en la iglesia más cercana

una vieja ochentona

de vista intercadente y voz temblona.

A la del Hospital se dirigía

porque junto vivía,

llevando, por no haber amanecido,

de una vela encendido

el cabo en su linterna,

cosa bien útil, aunque no moderna.

Dejémosla que siga su camino

y vamos a contar lo que el destino

le tenía guardado. El día antes

los mozos practicantes

del Hospital cortaron con destreza,

en la disecación, la enorme pieza

de un soldado difunto

y, para mantenerla en todo el punto

de su hermoso tamaño,

con un cañón de estaño

la llenaron de viento;

en seguida el pellejo al instrumento

con un torzal ataron

al corte, y como nuevo le dejaron.

Jugaron luego al mingo

con él, y cada cual daba un respingo

cuando se lo tiraban

los unos a los otros que allí estaban,

siendo de tal diablura

objeto su grandísima tiesura.

Después que se cansaron,

a la calle arrojaron

de su fiesta el prolífico instrumento.

Y aquí vuelve mi cuento

a buscar a la vieja, que con prisa

por la calle pasó para ir a misa.

No precisa el autor de aquesta historia

si tropezó en la tiesa caniloria

o en otra cosa; pero sí nos dice

que la vieja infelice,

por ir apresurada,

dio en la calle tan fuerte costalada

que se desolló el cutis de una pierna,

y, por el golpe rota la linterna,

perdió el cabo de vela y se vio a oscuras:

¡causa un porrazo muchas desventuras!

La pobre, al fin, se levantó diciendo:

- ¡Ah, Satanás maldito, ya te entiendo;

mas no te bastarán tus tentaciones

para que pierda yo mis devociones!

Entre tanto, tentaba

el empedrado, por si el cabo hallaba,

y tal fortuna tuvo

que, al poco tiempo que buscando anduvo,

dio con la erguida pieza del soldado,

y al cogerla exclamó: - ¡Dios sea loado!

Como no había allí dónde encenderla,

tuvo en la faltriquera que meterla

y, a la iglesia sus pasos dirigiendo,

llegó cuando la puerta iban abriendo.

Oyó misa, y entró en la sacristía

para encender su cabo;

acercole a una luz que en ella ardía,

pero el maldito nabo

dio con la llama tal chisporroteo

que apagó aquella vela.

La vieja, al ver frustrado su deseo,

al sacristán apela

para que le encendiese;

él le tomó, ignorando lo que fuese,

y le arrimó a la luz de otra bujía;

mas, como chispeaba y nunca ardía,

de la vela a la llama

le examina y exclama:

- ¡Cuerpo de Cristo!, ¡qué feroz pepino!

Tómelo, hermana, usté que tendrá tino

para saber lo que con él se hace,

que yo no enciendo velas de esta clase.

Atónita la vieja, entonces mira

con atención al cabo, y más se admira

que el sacristán, diciendo:

- En cincuenta y tres años que siguiendo

estuve la carrera

de moza de portal y de tercera,

no vi un cirio tan tieso y tan soplado.

¡Quién en sus tiempos se lo hubiera hallado!
 
El jardín de Venus
Félix María de Samaniego

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