Prologo de El Libertino

domingo, 31 de octubre de 2010

Esta noche será la Noche de todos los Santos.
Si, si, no so sorprendáis, es la Noche de todos los Santos.
Nada de halloween ni chorradas de esas. Noche de todos los Santos.
Porque aunque a alguno o alguna le sorprenda, la fiesta de los muertos ya existía mucho antes de que los inventores del Halloween y las calabazas con velitas dentro hubieran siquiera nacido.
Si alguien sabe de brujos, brujas, antros y meigas, esos somos nosotros, y no los inventores de la cocacola, que se creen que lo han inventado todo ellos.
Noche mágica, noche de espíritus y apariciones… noche de fantasmas…
Y como va a ser una noche de fantasmas, y aquí, en la mansión, a “fantasmas” no nos gana nadie… hoy os traigo a unos “fantasmas” muy especiales. Y no son fantasmas por que vayan con sabana y bola encadenada al pié, diciendo “uuuuuuhhhh” por las esquinas, no.
Son cuatro fantasmas por irreverentes, por chulos, por saltarse las normas y el protocolo, por atentar contra las normas establecidas y hacer lo que les da la gana, sin pararse a pensar que dirán esos “engominados académicos” de su actuación.
Son unos fantasmas entrañables que no necesitan disfrazarse para despertar a los espíritus adormecidos de los que disfrutan de su espectáculo.
Y además son admiradores de Paganini, del que se decía que su manera de interpretar con el violín en la mano sólo era explicable si hubiera firmado un pacto con el mismísimo diablo. Y que se sepa él nunca lo negó….
Así que una mansión, cuatro fantasmas, Paganini… y para que veáis que no me olvido de los que entráis aquí a ver otras cosas… también os pondré una meiga… pero de casa eh? Nada de una bruja con calabacita…
Feliz noche de todos los santos… tened cuidado con quien os juntáis….

Sayiid

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Las brujas





Los "fantasmas"



El regalo
 
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sábado, 30 de octubre de 2010



Tinto de verano

Gustavo no era un marica, sino el marica. Ojos grandes, abiertos en rizo, delgadez, una sonrisa amplia, hasta decir con ella palabras de asilo o de cariño. Pantalón vaquero en el que se dejaban adivinar, perfectamente, sus genitales.

Arturo, sentado enfrente de la barra, contestó a su requerimiento:

-Sí, ponme un tintito de verano y una tapita de esas de carne agridulce.

Se lo hubiera tirado, así, llanamente y sin preámbulos. Le hubiera acariciado el ceñido bulto y… Pero se apostilló: sí, lo hubiera hecho, si yo fuera marica, claro.

Lorena, sentada al lado de su novio, miraba sus ojos apasionadamente, al ver que los tenía encendidos y como lanzando chiribitas. En un arranque de picardía, fue bajando la mirada por el cuerpo de Arturo y se detuvo descaradamente sobre su terso miembro. Sintió un escalofrío y un reguerito húmedo le recorrió los muslos al ver el resultado de su pequeña procacidad.

Ruth Cañizares
 
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viernes, 29 de octubre de 2010

He aquí el desenlace de la historia que nos trae Dánae, de como una sumisa insumisa es cedida por su Amo para que sea adiestrada por otro Amo de mayor experiencia y crueldad, y de como, sin esperarlo, encuentra el apoyo y la amistad de la sumisa de ese Amo.
Unidas por la entrega y por el sufrimiento.
¿Podrá nuestra sumisa conseguir domar su orgullo y ser la esclava que su Amo desea?
Aquí tenéis la historia…
Adelante, averiguarlo y disfrutad por el camino…

Sayiid

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No recuerdo haber podido dormir en toda la noche, pero si es cierto, que su silencio y sus caricias, y aquella serenidad que Noa mostraba ante ese hombre al que nombraba como "mi señor", consiguió calmar mi ansiedad.


Debo decir que igualmente durante toda la noche, me peleaba con mis sentimientos enfrentados, por un lado, deseaba que mi amo me viniera a buscar, que perdonara mis faltas, y por otro lado lo odiaba con todas mis fuerzas por someterme a tal castigo.

La luz del día, entró tímida por una pequeña ventana, iluminando la cara de Noa que dormía plácidamente en la cama, donde yo me debatía conmigo misma. Observé su belleza, y deseé quedarme allí para seguir mirándola, creo que jamás había visto una belleza igual.

Mientras la observaba, la puerta de la estancia se abrió lentamente, y como alarma que espanta al ladrón, sin que yo pudiera siquiera ver quien era, Noa se levantó, para inmediatamente, recostarse en el suelo y decir: "buenos días mi amo, un placer servirle tan temprano".

- Buenos días mi alma, dijo él, ya sabes lo que hablamos querida, prepárala, vamos a empezar.


- Si mi dueño, dijo.


Él dio media vuelta, mientras Noa se levantaba, y se dirigía hacia mi diligente, deseosa de cumplir las ordene de "su dueño"...De nuevo temblaba y le pedí a Noa que me explicara que debía preparar, que se suponía que estaba haciendo allí, donde estaba mi amo, porque, cuando, donde....pero su única respuesta fue el silencio y su tierna mirada.


Me desvistió, preparó el baño y me ayudó a lavarme. Un ceñido corsé, unas medias y un liguero, unos tacones de aguja y un collar ancho en mi cuello, es lo único que llevaba.


Como dijo que ese hombre, cuyo nombre aun desconocía, porque todo lo que había oído de él, era amo, dueño o señor, mis senos quedaban al aire, y todos mis orificios accesibles.


Noa una vez arreglada, vendó mis ojos para salir de la estancia, y me condujo hasta un pasillo, que apreciaba húmedo. El olor a moho aumentaba a medida que descendíamos por unas escaleras empinadas y compensadas, de piedra, frías y estrechas.


A punto de llegar al final de estas, me acarició la cara y me susurró: "pequeña se fuerte y pronto serás una buena sumisa y podrás volver con tu amo".


Estas palabras me dieron esperanza para lo que a continuación me esperaba.


Noa con su delicadeza innata, me condujo al final de la sala, sus manos recorrieron mis piernas como en una caricia, hasta llegar a mis tobillos, que fueron rodeados por una banda de cuero, donde tintineaban unas recias cadenas. Mis brazos siguieron la misma suerte hasta que un tirón obligó a estos y estas a separarse para quedar bien abiertos.


Mi cuerpo se vio obligado a mantenerse bien pegado a una especie de tablones de madera en forma de X, dejando mi cuerpo a merced de quien quiera disponer de él.


En mi mente, vacío y las palabras de Noa repitiéndose, como intentado recobrar sentido: "pequeña se fuerte y pronto serás una buena sumisa y podrás volver con tu amo", "pequeña se fuerte y pronto serás una buena sumisa y podrás volver con tu amo”, “pequeña se fuerte y pronto serás una buena sumisa y podrás volver con tu amo".

De nada sirvieron estas palabras cuando mi piel fue desgarrada por una gran fuerza, golpe tras golpe, solo dolor, solo soledad, solo miedo, solo deseo de ver a mi amo, de pedirle su compasión, de decirle que sería buena, que jamás volvería a desobedecer.

Nada de eso sirvió, porque el látigo seguía silbando hasta encontrarse con mi piel, cada vez más dolorida.


Pensé desmayarme, pensé morir, pero decidí rebelarme, decidí insultarle, intentar patalear y gritar...De nada sirvió, nadie podía ayudarme. Mi amo, mi señor, ¿dónde estás? ¿Por qué me amas y me abandonas con este salvaje? ¿Por qué no me quieres ahora?


Llegué a centrar mi mente, a aislarme de aquello, y visualizar tan solo a mi amo, era tan grande el deseo que sentía de estar con él, que nada de lo que pudieran hacerme en aquel momento podía enturbiar ese deseo. Quizás sea una locura, pero llegué a aislar mi mente del dolor y convertirlo en placer tan solo con sentir, que todo aquello, ese dolor valía la pena, para volver con mi amo. Noa me lo dijo, y es lo que yo más deseaba...


Cuando los golpes pararon, cuando pensé estar muerta, noté un gran placer, cuando mi sexo, humedecido por el placer de pensar en mi amo pese al castigo físico, era acariciado, chupado, succionado, golpeado y mimado, por alguien que por su delicadeza parecía ser mujer...


- Pequeña, eres fuerte, tu amo estaría orgulloso.


Era Noa, era su lengua, sus manos, los que me estaban dando placer!!!Noa...como agradecía su voz....y sus caricias...


- Zorra, aprenderás, aunque me deje la vida en ello. Se lo prometí y lo cumpliré cueste lo que cueste.


Su voz de nuevo me hacía temblar, porque significaba que Noa dejaba de mimarme para dejarle pasa a él, su dueño, su señor....pero no el mío!!!


Noté su sexo entrar en mi cueva, mi cueva secreta, mi recto, haciendo que de nuevo el dolor recorriera mi columna, hasta llegar a mi mente que parecía enloquecer con cada empuje de su polla.


Me mantenía la cabeza hacia atrás, cogiendo con su fuerte mano mi pelo, y empleándose con mi agujero a la vez que amenazaba con quitarme la piel si volvía a oír un solo quejido...


No abrí la boca, de nuevo me centré en mi amo, y ese dolor que él pretendía aplicarme, se convirtió de nuevo en placer.


Siguiendo sus instrucciones, Noa soltó mis piernas y mis brazos, y viendo, que me encontraba tranquila, su dueño me tumbó sobre una pequeña mesa de madera, bien abierta, me folló mientras Noa acariciaba mis pechos, bajaba lentamente por mi vientre hasta que mi sexo le pareció tentador y se entretuvo con él. Su dueño seguía con sus bruscas envestidas, mientras ella acariciaba mi clítoris, pidiéndome que aguantara hasta que su dueño estuviera a punto y él me permitiera correrme.


Decidí hacerle caso, ella le conocía, y lo único que en ese momento deseaba era aprender, era que mi amo se sintiera orgulloso y deseara volverme a tener con él.


Su dueño me dijo..."aun no zorra! yo te lo ordenaré!". Me bajó de la mesa, dejándome de rodillas, con su polla tersa, mojada de mi sexo, y a punto de explotar en mi cara, mientras mi nuca quedaba encajada en la mesa, sin permitirme retroceder.


Mientras chupaba su polla, la imagen de mi amo no se iba de mi mente, pensé que era su polla la que lamia afanosamente, la que entraba y salía de boca haciéndose hueco en mi garganta, la que tersa mostraba su energía...deseosa de darle placer, mientras mi sexo le deseaba, y mostraba su deseo mojando mis piernas, y resbalando mis jugos mojando el suelo que me mantenía.


A punto de correrse ese dueño, que pretendía ser mi dueño, me ordenó lamer el suelo donde yo había dejado mi pasión, mientras Noa continuaba lamiendo su tiesa polla por encima de mi...

Sal Noa, le ordenó...y noté, como una ráfaga caliente, como su leche regaba mi espalda, mientras yo seguía limpiando el suelo que mis jugos habían manchado.




Noa por fin quitó la venda de mis ojos, y pude ver a su dueño, quien tan duramente me había castigado, era un hombre fuerte, terriblemente atractivo, y con una mirada penetrante que imponía respeto y a la vez compasión.


No me produjo miedo al verlo, sino que pude entender, porque Noa lo admiraba así, porque ella solo deseaba complacerlo...Y de nuevo, la imagen de mi amo vino a mi mente, y me hizo pronunciar las palabras: Señor, y...¿mi amo? ¿Cuándo iré con él?


Su respuesta fié contundente: me abofeteó, estando aún de rodillas delante de él. Sus únicas palabras fueron: "cuando me demuestres que te lo mereces". Se dio media vuelta y se marchó.


Noa me ayudó a levantarme, y con su delicadeza, consoló mis lágrimas que resbalaban fácilmente por mis mejillas mientras le repetía: Noa, no lo entiendo, yo quiero a mi amo, ¿porque me hace esto?


No me habló hasta llegar a mi habitación, donde tumbándome en la cama, mientras me curaba las heridas, me hablaba diciendo:


Pequeña, si mi amo me oye, mañana recibiré un fuerte castigo, pero necesito explicarte porque estás aquí, que se espera de ti...

Pequeña, tu amo es amigo del mío, se conocieron hace muchos años, y durante tiempo, se encontraban en varias sesiones BDSM hasta que mi amo decidió que su sumisa ya satisfacía todas sus necesidades y dejó de asistir a esas sesiones colectivas.


Continuó explicando...No hace mucho se encontraron de casualidad en un bar, y tu amo, muy preocupado, le explicó que tenía una sumisa, a la que amaba con todas sus fuerzas, tanto que ese amor le hacía ser débil y no mostrar su dominación como era debido, y ella, no conseguía, a la vez por su rebeldía, mostrar la sumisión que debía.

Ese amo, tu amo, tenía miedo de perder su sumisa por su debilidad y su rebeldía, porque él creía que era su sumisa, su musa, que completaba lo que él era...


En un gran sacrificio para él, tu amo decidió cederte a mi dueño, que ajeno a los sentimientos, se ofreció a educarte en el arte de la sumisión, para que al retornar con tu amo, fueras capaz de entregarte a él como la sierva y esclava que él se merecía....


Mucho tiempo ha pasado desde esa propuesta hasta el día de hoy, puesto que tu amo se resistía, por ese mismo amor que siente por ti, pero según he oído, tu rebeldía cada día le suponía un mayor dolor y una mayor debilidad que no se podía permitir.


Por eso pequeña, continuó diciendo, hoy te encuentras aquí, para ser educada por mi amo, quien adquirió un compromiso para con tu amo.


Mientras hablaba, mis lágrimas seguían brotando de mis ojos.


Noa, le dije, yo le amo, como nunca he amado, y quiero servirle, lo deseo, pero...no puedo, aunque ahora comprendo que es a él a quien quiero servir, es a él a quien deseo complacer.


Tranquila, pequeña, sigue así y tu amo volverá a por ti.


Me dormí en sus brazos soñando estar en los brazos de mi amo.


Los días que siguieron, no sabría decir cuantos, porque ni tan solo sabría decir si era de noche o de día, seguí en mi educación, con la única idea en mi mente de pasar esta prueba a la que mi amo me sometía, y que yo para demostrarle mi amor, pasaría por él.


Hoy hace prácticamente un mes que salí de esa casa, el dueño de Noa, me dejó en casa, y me dijo, que esperara a que mi amo me viniera a buscar....


Cada noche, en el silencio de mi cama, como si pudiera oírme le digo: Amo sigo esperando, soy tuya, y seguiré esperando para demostrarte que quiero ser tuya.


No sabéis como deseo todo aquello que antes no valoraba, y como me arrepiento de haber cuestionado las órdenes de mi amo que me han llevado a desear todo aquello que me daba, cuando tenía la oportunidad de estar a su lado.


Sé que me perdonará, sé que estaré a su lado, pero mientras, sigo a la espera de sus órdenes.

Dánae

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jueves, 28 de octubre de 2010

Hoy se presenta ante nosotros una buena amiga de la mansión, Hasta ahora nos había regalado su presencia y sus comentarios… pero ahora da un paso más allá y nos regala un estupendo relato que os traeré en dos partes para dejaros con la incertidumbre del “qué pasará”.
Nuestra amiga no es otra sino Dánae, una sumisa con nombre de diosa, lo que quizás explica su dualidad sumisa/rebelde de la que le gusta presumir.
Después de leer su relato ya me diréis que pensáis vosotros que prima más, si su rebeldía o su sumisión.
Querida amiga Dánae, muchas gracias por permitirme traer aquí tu relato para goce y disfrute de todos.
Bienvenida de manera oficial a la mansión.

Sayiid

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CEDIDA (1ª Parte)

No creía que fuese real, siempre me amenazaba, cuando desobedecía sus órdenes, o cuando cuestionaba sus decisiones, me amenazaba con dejar de ser mi Amo, decía que si no era capaz de ser sumisa, no me quería como tal.

Yo insistía en que podía aprender, en que si tenía paciencia conmigo aprendería a serlo.

La verdad es que tenía muchísima paciencia conmigo, una vez tras otra me avisaba, y aun así yo seguía desobedeciendo.

Creo que se dio por vencido, creo que abandonó y prefirió buscarse una sumisa de verdad.

Bueno para que podáis entenderlo voy a contar toda la historia.

Él es una gran persona, un gran compañero, un gran amo, un gran amante, todo lo que cualquier chica podría desear. Yo, una chica, con carácter fuerte, de mal genio, pero cariñosa y dulce a la vez.

Una relación muy especial nos unía, de total confianza, pero...como siempre había un pero...yo...yo era el pero...le pedía ser su sumisa, le pedía que me enseñara, pero en realidad, no me esforzaba en serlo, me gustaba ponerlo a prueba, me gustaban sus reacciones rápidas de furia contra mi comportamiento, me gustaban sus castigos, me gustaba todo aquello que ahora encuentro a faltar...

Un día, hace unos tres meses, a primera hora del día, vendó mis ojos.

Ese gesto no me pareció raro, porque en muchas ocasiones vendaba mis ojos para alguna sesión de las nuestras, ya fuese para tener sexo o para aplicarme un castigo de los que tanto buscaba.

Me desvistió y me volvió a vestir, me puso un tanga, medias, un top y una falda corta. No me puso sujetador. Yo seguía pensando que era parte de uno de nuestros juegos, y me disponía a disfrutar de él. Sabía que me gustaría, siempre me gustaba todo aquello que él hacia realidad conmigo.

No podía dejar de sonreír, mi imaginación ya planeaba el placer que iba a sentir, y tan solo con ese pensamiento ya sentía placer...

Ató mis manos, y con un leve empujón me hizo caminar, hacia la puerta. Una vez fuera de casa, me desató, pero sin quitarme la venda de los ojos me subió al coche y una vez allí dio la vuelta y subió al volante.

Aquí mis dudas empezaron a asaltarme. ¿donde me lleva?¿a un sitio nuevo?¿querrá cumplir otra nueva fantasía?

Quise preguntarle, pero antes de que pudiera abrir la boca me dijo: ni una palabra, no me lo hagas más difícil.

Estuve en silencio, pero quise provocarlo como solía hacerlo en otras ocasiones. Abrí mis piernas, muy lentamente, bajé mi mano deseando llegar a mi sexo para darme placer. Antes de que pudiera llegar a él, con un fuerte azote en mi muslo, cerró mis piernas, y ante mi sorpresa dijo: se acabó el juego.

Completamente desconcertada, sentí que tenia que esperar a que él iniciara el juego, que no deseaba mi rebeldía, que quizás estaba siendo mas riguroso conmigo y no iba a permitir que me saliera de nuevo con la mía.

Tenía las de perder, así que pensé en seguirle el juego, estando calladita y esperando acontecimientos.

No se cuánto tiempo estuvimos en el coche, me cuesta mucho orientarme en el tiempo, pero quizás fuera una hora y media o dos, hasta que un giro brusco a la derecha y un frenazo hicieron que el coche se detuviera.

Mi puerta se abrió. Cogiéndome del brazo me hizo salir del coche. Quise abalanzarme hacia él para sentir su cuerpo, necesitaba su contacto, empezaba a tener miedo...

Volvió a atarme las manos, y oí su voz decir: aquí la tienes, que tengas suerte.

Otra voz masculina dijo: te la devolveré, te lo prometo, y ni siquiera la reconocerás.

Pero...¿qué coño hace?¿que representa todo esto?

Su voz sonaba agónica, tensa, mientras la otra voz sonaba fuerte, segura.

Yo tenía miedo, todo mi cuerpo temblaba y mis lágrimas resbalan por mis mejillas...Deseaba su contacto, deseaba entender que estaba pasando pero no recibí nada de lo que yo deseaba.

Unas manos frías me empujaron a los asientos posteriores de otro coche, con olores y sensaciones distintas a los que yo estaba acostumbrada.

Mi cuerpo estaba completamente perdido y mi mente solo buscaba entender lo que estaba pasando, pero incapaz, me hice un ovilló mientras el coche arrancaba y lloré amargamente hasta que una mano femenina, con una calidez que jamás habría esperado, cogió mi mano, como para darme a entender que no pasaba nada.

Pensé que estaba sola en el coche con ese desconocido, pero estaba ella, pensé que sería mi salvación, y me acerqué a ella acurrucándome en su regazo y llorando como una pequeña niña, mientras me consolaba acariciándome el pelo...

Con su susurro intentaba calmarme: “pequeña, se buena, haz lo que te él te mande y todo irá bien"...Justo cuando acabaron de salir estas palabras de su boca, oí de nuevo esa voz escalofriante decir: "perra, ¿te le he dicho que le hables? pagaras tu también por ella"...y ella con su dulce voz, aniñada le contestó: "perdona mi amo, estaba tan asustada que pensé que...."

- SSSSSHHHHHHHHHH...le dijo, y de nuevo silencio.

Me invadió un miedo aterrador que ni siquiera me dejaba llorar, cuando ella me empujó suavemente para que recuperara mi posición en el coche, diciéndome con un pequeño toque de complicidad que seguía allí, pero que era mejor así...

Se detuvo el coche, oí dos puertas y seguidamente unas manos bruscas que abrían la mía y me ordenaban salir: "SAL, empieza ahora tu aprendizaje".

Mientras me hacía caminar, aun con los ojos vendados, me iba diciendo:

- Conmigo vas a aprender, aunque no quieras, serás sumisa. Te voy a dar ahora unas órdenes básicas que tendrás que cumplir durante los días que pases conmigo. Si lo haces no tendrás ningún problema. Escucha atentamente y grábate estas instrucciones en tu mente, para que nunca más deba recordártelas.

1- Siempre me obedecerás. Te mande lo que te mande, lo harás, con gusto, diligente y con una sonrisa en tus labios.

2- Agradecerás cualquier enseñanza o corrección que se te aplique, diciendo: Gracias mi amo.

3- No hablaras si no se te pregunta.

4- La única ropa que llevaras será un pequeño corsé de color negro, que dejaran a la vista tus pechos, y todos tus agujeros, para ser usados por mí cuando disponga.

5- Jamás cerraras las piernas cuando estés sentada.

6- Cuando te llame, vendrás hasta mí gateando, te levantaras con la mirada baja, y te colocaras en posición de revisión, hasta que yo te lo indique.

7- Cualquier necesidad que tengas la pedirás con humildad, y la harás siempre que se te sea concedida.

Escuché atentamente estas órdenes, algunas de ellas me eran familiares, puesto que mi amo me las había dicho, pero jamás con tanta rigurosidad como este hombre me las narraba.

Una vez asentí que lo había entendido, destapó mis ojos, y le dijo a Noa, así la llamó, que me acompañara a mis aposentos.

Evidentemente no pude dormir, todo y que Noa se quedó toda la noche conmigo, consolándome, en silencio, porque ni ella ni yo pronunciamos una sola palabra....me acariciaba intentando que me quedara dormida, en una bella estancia, adornada con estilo clásico, con una gran cama con sabanas de seda. Me hubiera podido sentir reina cuando me sentía esclava....y eso que aún no sabía cuan esclava era.

Dánae
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miércoles, 27 de octubre de 2010



A UN LADO Y AL OTRO

A un lado tú: desnuda, asustada, indefensa, temerosa… Se lo que piensas, se lo que temes, se lo que deseas. Sientes el impulso de cubrir tu desnudez, pero no lo haces. Sabes que no puedes hacerlo. Controlas tu impulso y permaneces completamente desnuda en el centro de la habitación, con la mirada baja y la cara seria. No estás disfrutando. No es como en los relatos donde las mujeres gozan siendo humilladas, expuestas, azotadas. Tú sabes que vas a ser castigada y el miedo al castigo se refleja en tu mirada…

Al otro lado yo: observándote desde la distancia, disfrutando de tu desnudez, sintiendo tu miedo, tu vergüenza, tu humillación. Sé que crees que no has hecho nada para merecer este castigo… pero sí que lo has hecho, y yo haré que lo entiendas.

Con parsimonia me acerco a ti y cubro tus labios con un pañuelo al que, previamente, le he hecho un nudo doble en el centro para que se adapte a tu boca. Lo ato fuertemente a tu nuca, dejándote amordazada. No dices nada, no protestas, no te resistes; te mantienes quieta, con los brazos a tus costados, sabiéndome a tu lado pero sin atreverte a mirarme. Quizás se te pase por la cabeza pedirme perdón, pedir clemencia… pero no lo haces, porque sabes que ya no serviría de nada.

Te observo en silencio mientras dejo pasar unos minutos que sé que a ti se te hacen eternos, gozando una vez más, sádicamente, de tu miedo.

Con una leve presión sobre tus hombros, te indico que te agaches sobre el alto taburete que tienes delante de ti, apoyando tus pechos sobre él. Ya sabes lo que va a pasar, pero no sabes cuándo ni de qué manera.

Me sitúo detrás de ti y con una leve palmada te indico que abras las piernas, dejando tu sexo a la vista.



Ha llegado el momento; tú aun no lo sabes, pero ya ha llegado. Y echando mi brazo hacía atrás, descargo el primer fustazo sobre tu nalga derecha. En la habitación vacía suena como un disparo, un trallazo seco, duro… y una mancha carmesí adorna tu piel. Instintivamente te encojes, pero inmediatamente recuperas la compostura y vuelves a ponerte en la posición inicial. No estás atada, podrías darte la vuelta, decirme que parara, que no mereces el dolor, la humillación… pero no lo haces.

Un nuevo trallazo resuena en el silencio cuando la fusta muerde tu nalga izquierda y una roja rosa surge de la nada en ella. Ahora si… ahora si brota un gemido de dolor de tu garganta. Ahora sabes que el castigo va en serio y que no es como otras veces. Pero pasado ese instante de debilidad, vuelves a tu posición esperando de nuevo.

Dos fustazos más en cada nalga hacen que ya no se distinga una roja marca de la otra y que todo tu culo se vea caliente y rojo, mientras tú te encojes sobre ti misma y tus gemidos se vuelven ya continuos, ininterrumpidos, y ni la mordaza que cubre tu boca es capaz de sofocarlos.

Dejando la fusta sobre la mesa, me coloco detrás de ti y acerco mi sexo a tu coño. Intento penetrarte pero me cuesta. Lo tienes completamente cerrado, contraído por el dolor. Donde están ahora aquellas historias de mujeres mojadas y excitadas por el dolor hasta correrse ellas solas de gusto. Dónde está la excitación, la humedad y el deseo.

Tú no sientes nada de eso ahora, sólo sientes dolor. Pero aun así, acomodas tus piernas para favorecer mi penetración y, forzando la entrada, consigo penetrarte encontrando, ahora sí, dentro de tu sexo, la humedad y el calor que siempre he esperado encontrar en él.

Tu culo está caliente y cada vez que lo rozo con mis manos o al presionar mi pelvis sobre la tuya, un espasmo de dolor escapa de tu garganta.

Te poseo despacio, sin prisa, saboreando cada instante, disfrutando de cada lenta embestida. Quiero que creas que ya todo ha acabado. Te susurro al oído lo puta que eres, el daño que me has causado con tu comportamiento, y te pregunto que si ahora ya sabes la causa de tu castigo.

Con lágrimas en los ojos me dices que sí, que ahora lo has entendido, y que te arrepientes de haberme hecho tanto daño.

Un ramalazo de compasión surca mi cuerpo, por eso me retiro de ti, dejándote vacía, abierta, mojada… y cogiendo de nuevo la fusta, descargo seis fustazos más, tres en cada nalga, marcándote de nuevo la piel ya marcada, haciendo que lágrimas de dolor surjan de tus ojos, provocando que tu cuerpo se retuerza y se convulsione.

Pero ni una sola queja surge de tus labios…

Acercándome a ti, te quito la mordaza, te miro a los ojos, te beso en los labios y me bebo tus lágrimas; te digo que ya todo ha pasado, que el castigo ya se ha cumplido, que estoy muy orgulloso de ti y de tu comportamiento.

Te tiendo en el suelo y tumbándome a tu lado, te hago el amor hasta acabar los dos derrotados, agotados, exhaustos y satisfechos.

A un lado tú… al otro lado yo… pero siempre los dos juntos.

Y a partir de hoy… tu mejor sumisa y yo mejor Amo

Sayiid

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martes, 26 de octubre de 2010

Hoy me vais a permitir que vista la mansión de romanticismo, de hermosas palabras y de bellos deseos...
Sé que no es lo que muchos y muchas esperaríais encontrar aquí, pero como ya dije en su momento, el romanticismo no está reñido con la pasión ni con el deseo, y en la mansión hay muchos salones donde todo cabe y todo es posible.
Por eso, permitidme que ponga hoy este vídeo que va dedicado a mi sumisa magdala en un día muy especial para ella.
Espero que a los demás también os complazca.
Feliz día a todos, y en especial a ti, mí amada esclava.
Sayiid

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lunes, 25 de octubre de 2010



Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, se despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, se asesinan,

resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehúyen, se evaden… y se entregan.

(Oliverio Girondo)
 
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domingo, 24 de octubre de 2010



Las mujeres juegan con su belleza como los niños con un cuchillo,... y muchas veces  se lastiman.

Victor Hugo

viernes, 22 de octubre de 2010



DEBERÍA

Debería azotarte.
Es más… desearía azotarte.
Tu osadía, tu orgullo, tu insolencia me enaltece, me provoca, me incita a castigarte.
Con solo imaginar tu cuerpo desnudo, tus ropas arrancadas de cuajo, tus manos atadas a las férreas argollas de la pared mientras mi mano sujeta la fusta que va a castigar tu pálido cuerpo, mi sexo reacciona y crece la excitación dentro de mí sin yo poder evitarlo.
Debería azotarte, pequeña ramera.
Es más... desearía azotarte
Eres una pequeña puta insolente que se cree que puede tratarme como si yo fuera un pobre y débil estúpido incapaz de dominarte.
Te crees muy dura, muy rebelde, muy segura de ti misma… pero cuando mires mis ojos, cuando veas esa mirada que tengo ahora mismo, ya no pensarás igual.
Quizás entonces pienses que has cometido un error, que te has equivocado, que no deberías haber despertado mi ira, mi genio, mi ansiedad… pero ya será tarde. La decisión ya estará tomada.
Debería azotarte, pequeña zorra.
Es más… desearía azotarte.
Desearía marcar tu inmaculada piel con mi fusta; dejar en ella las marcas que te recordaran que no eres nada más que mi sumisa; dejar una huella indeleble que no te permitiera volver a creer que podrías controlar la situación.
Desearía ver como tu boca grita de dolor, como tu piel se torna purpura y como tus labios suplican clemencia.
Desearía ver el arrepentimiento en tu mirada, el dolor en tu cara, el sudor en tu cuerpo de perra derrotada.
Desearía forzar cada uno de tus sucios orificios, tomar posesión de ellos y demostrarte que tu cuerpo me pertenece y que puedo hacer con él lo que me de la real gana.
Desearía aplacar mi excitación en ti, usarte como a una puta barata, humillarte con palabras obscenas, regarte con mis fluidos para que quedaras marcada como la perra que eres.
Debería azotarte, pequeña puta.
Es más… desearía azotarte.
Es lo que me pide el cuerpo, es lo que tendría que hacer, es lo que se supone que debo hacer…
Pero en vez de eso… lo que voy a hacer es castigarte…
Castigarte con mi silencio… con mi pasividad… con mi ausencia…
Porque el castigo físico sería duro, intenso, demoledor… pero perenne.
Porque cuando se pasará el sufrimiento, cuando las marcas de tu piel desaparecieran, cuando tu cuerpo recuperara de nuevo al tersura y la lozanía propias de ti… estoy seguro de que olvidarías el daño que me has hecho.
Pero cuando veas mi cara de dolor, mi cara de decepción, mi cara de fracaso por no haber sabido hacer de ti la esclava que yo deseaba…, cuando veas la cara de tu Amo hundido y derrotado por tu comportamiento… eso jamás podrás ya olvidarlo…


(Dedicado con todo mi cariño a mi sumisa magdala, la que me amará eternamente)


Sayiid

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jueves, 21 de octubre de 2010

Que contento está el Satiricón,
dice que hasta un Nobel le copia,
y aunque yo no me crea ni jota,
él dice que tiene toda la razón,
y Que el Camilo que escribió
“La Familia de Pascual Duarte”,
le ha copiado todo su buen arte
y hasta la misma inspiración,
y una oda él le ha escrito
a la de los órganos donación.
Comprobemos, pues, amigos
quien de los dos es el mejor
Si Nobel Camilo José Cela
O el único y grandioso Satiricón

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Donación de órganos


Que se los den a cualquiera.

Si hay un paciente que espera

por lo que yo ofrezco aquí

espero que se haga así

para salvar una vida.

Si ya no puedo respirar,

que otro respire por mí.

Donaré mí corazón

para algún pecho cansado

que quiera ser restaurado

y entrar de nuevo en acción.

Hago firme donación

y que se cumpla confío

antes de sentirlo frío,

roto, podrido y maltrecho

que lata desde otro pecho

si ya no late en el mío.

La pinga la donaré

y que se la den a un caído

y levante poseído

el vigor que disfruté.

Pero pido que después

se la pongan a un jinete,

de esos que les gusta brete.

Eso sería gran cosa:

yo descansando en fosa

y mi pinga dando fuerte.

Entre otras donaciones

me niego a donar la boca.

Pues hay algo que me choca

por poderosas razones.

Sé de quién en ocasiones

habla mucha bobería;

mama lo que no debía

y prefiero que se pierda

antes que algún comemierda

mame con la boca mía.

El culo no lo donaré

pues siempre existe un confuso

que pueda darle mal uso

al culo que yo doné.

Muchos años lo cuidé

lavándomelo a menudo.

Para que un cirujano chulo

en dicha trasplantación

se lo ponga a un maricón

y muerto me den por el culo.



(Camilo José Cela)

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miércoles, 20 de octubre de 2010

Es otoño y por las noches ya se nota el frio.
Se caen las hojas de los arboles... la gente saca su ropa de abrigo...
Pero hoy es miércoles, luce el sol y da gusto estar en la calle.
Y como me haces tan feliz, he pensado que como premio podríamos dar un paseo por el parque.
¿Qué te parece? ¿Te gustaría darte una vuelta conmigo?
Pues espera que cojo la correa y nos vamos ahora mismo de paseo...
tú y yo...


Sayiid

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martes, 19 de octubre de 2010

Poseerte de manera salvaje, instintiva, poderosa, inconsciente…
Poseerte sin medida y sin control…
Poseerte sin pensar en el después…
Poseerte con lujúria y con pasión...
Poseerte...
Simplemente… poseerte…
Ese es mi más estricto y básico deseo.

Sayiid

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El tigre macho roza su lujuria


sobre la hembra que la espalda arquea,


su vientre sobre el lomo se recrea,


muerde la nuca en controlada furia.


Así quiero asaltarte yo en el suelo,


adosando a tu espalda mi figura,


estrujando tus senos con ternura,


y entrando a ti, mordiéndote en el pelo.



(Francisco Alvarez Hidalgo.)

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lunes, 18 de octubre de 2010



Hermosa como una diosa griega, arrastrándose por el sucio suelo…

Bella cual prostituta romana sentada en su dorado trono de oro…

Lasciva como la mujer deseosa prisionera de su educación…

Humillada como una virginal doncella rechazada por su amado…

Desvergonzada como damisela acostumbrada a visitar alcobas ajenas…

Puta como la dama que esconde sus deseos en el confesionario…

Admirada como la pobre fregona que le es fiel a su hombre…

Impúdica como monja que pervierte a sus compañeras de convento…

Fuerte como la cortesana que decide por si misma a quien se entrega…

Una Señora… una esclava… una puta…

Una mujer…

TÚ.


Sayiid
 
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domingo, 17 de octubre de 2010

El collar…

Símbolo de entrega por parte de la sumisa y de aceptación por parte de su Señor, que pasa a convertirse en Amo y Dueño de su, a partir de ese momento, esclava.

Collar físico. Unas veces hermoso, otras simple, a veces lujoso y a veces áspero y duro como la misma vida; collar físico, si, pero a la vez collar espiritual.

Como las cadenas que unen a la sumisa a su Amo, estas no tienen por qué ser materiales, no han de ser de acero, ni siquiera han de estar presentes. Así no es necesario llevar un collar para pertenecer a alguien.

Mas nunca olvidéis que el collar no es un regalo, es una responsabilidad.

Cuando un Amo le entrega a una sumisa su collar, no sólo la está aceptando como sierva, sino que al mismo tiempo y sobre todo, se está haciendo responsable de ella.

Y no siempre es sencillo ese trabajo.

Huid de aquellos Amos que sólo esperen entrega de sus sumisas sin dar nada a cambio.

Un Amo verdadero sufre por su esclava, mira por ella y, muchas veces, siente el agobio de no saber cómo ayudarla, como socorrerla, como hacerla feliz…

No es fácil entregarse a alguien, es evidente; pero tampoco es sencillo tomar bajo una absoluta tutela a otra persona y sentirse responsable de su felicidad, de su salud, de su ánimo…

La dominación es un camino gozoso, arduo, difícil, placentero y a veces desesperante… pero eso es lo que hace que sea deseable.

Nadie está obligado a entregarse y nadie está obligado a comprometerse.

Esa es una libre elección.

No ofrezcáis, pues, un collar a la ligera, y no lo aceptéis como algo sin valor.

Un collar es un compromiso, un pacto, un contrato… valorarlo pues bien antes de firmarlo, pues no es algo que se pueda poner y quitar tan sólo desabrochando un broche o una hebilla… y si así lo hacéis… es que ese collar no tenía ni siquiera el valor del material con el cual estaba hecho.

Sayiid

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