Prologo de El Libertino

martes, 30 de noviembre de 2010

Hablemos de BDSM.



Una de las reglas fundamentales en toda sesión BDSM es la llamada “palabra de seguridad”, es decir, una palabra que le permite al sumiso/a parar la sesión en un momento determinado.
Es de vital importancia no olvidar nunca el establecer esta palabra de seguridad… pero ojo… no me seáis ceporr@s... Si vais a tener la boca amordazada… además de la palabra de seguridad no os olvidéis de establecer un “signo o seña de seguridad”…
¿Qué por qué?
Pues muy sencillo… porque por muy listos que seáis… ¡¡ NUNCA PODREIS TENER TODO BAJO CONTROL !! (y menos aún si vuestra mujer se presenta sin avisar en el trabajo)
¿Qué no os lo creéis?. Pues aquí os dejo un ejemplo…
Ya sabéis eso de… “Cuando las barbas de tu sumis@ veas quemar…”
Feliz noche

Sayiid

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lunes, 29 de noviembre de 2010



"Ofrecer amistad al que pide amor,

 es como dar pan al que muere de sed."

Ovidio

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domingo, 28 de noviembre de 2010



¿Por qué?



¿Por qué me entregas la cuerda,

que tu cuerpo a mi te ata?

¿Por qué deseas ser mía,

si mi sola presencia te mata?

¿Por qué buscas mi consuelo,

mi castigo y mi crueldad?

¿Acaso no tienes orgullo?

¿O crees que yo tendré piedad?



¿Por qué te empeñas, mi esclava,

en entregarte así a mí?

¿Es que acaso tú me amas,

tanto como yo te amo a ti?



¿Acaso deseas mi cuerpo,

mi furia y mi vil pasión?

¿O es que deseas poseerme,

a través de tu condición?



¿Qué deseas obtener,

mi amada sierva de mí?

¿Mi entrega? ¿Mi alma? ¿Mi vida?

¿Mi ser?... ¿Qué quieres de mí?



Con tu entrega a ti me ligas…

con tu sumisión me dominas…

con tu fe me contaminas…

y tu cuerpo mi deseo desata.



Más no pienses, diva mulata,

que serás mi heroína dulce y viva,

pues mi ser a ti ya te domina

y a mis pies yo tendré tu alma.



Y así tu cuerpo ya te delata,

y es tu amor la agria medicina

que usaré, perra sumisa mía,

para someterte en esta vida

y obtener, o diosa entregada,

tu cuerpo, tu mente… y tu alma.



(Sayiid)
 
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sábado, 27 de noviembre de 2010

Como decía el célebre escritor francés Víctor Hugo…” A las mujeres les gusta sobre todo salvar a quien las pierde”.
Y si ha habido en la historia de la humanidad alguien capaz de vanagloriarse de tal desacato y salir indemne, e incluso admirado por ello, no es otro que el ibérico Don Juan Tenorio, maestro de la seducción.
Desde la mansión, ilustre Don Juan, te admiramos y glorificamos… Amén.

Sayiid

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- Por dondequiera que fui,

la razón atropellé,

la virtud escarnecí,

a la justicia burlé

y a las mujeres vendí.



Yo a las cabañas bajé,

yo a los palacios subí,

yo los claustros escalé,

y en todas partes dejé

memoria amarga de mí.



Ni reconocí sagrado,

ni hubo razón ni lugar

por mi audacia respetado;

ni en distinguir me he parado

al clérigo del seglar.



A quien quise provoqué,

con quien quiso me batí,

y nunca consideré

que pudo matarme a mí

aquel a quien yo maté.



- Por Dios, que sois hombre extraño!

¿Cuántos días empleáis

en cada mujer que amáis?



- Partid los días del año

entre las que ahí encontráis.

Uno para enamorarlas,

otro para conseguirlas,

otro para abandonarlas,

dos para sustituirlas,

y una hora para olvidarlas.


 
( Don Juan Tenorio )
 ( José Zorrilla )

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jueves, 25 de noviembre de 2010



Buenas y santas noches, mansioneros.

Un año más, el 25 de Noviembre, conmemoramos el “Día Internacional Contra la Violencia de Género”.

Y lo conmemoramos porque aquí siempre se estará en contra de todos los maltratadores, sean del género que sean.

En la mansión siempre seremos tolerantes con todas las opciones, sean las que sean, pero siempre que se trate de relaciones consensuadas.

No hay individuo más cobarde que aquel que maltrata a una mujer simplemente para poder reafirmarse el mismo, para sentirse más importante simplemente por el hecho de ser capaz de maltratar física o psicológicamente a una mujer.

Nunca dejéis que un maltratador se excuse en su condición de Dominante para poder hacer lo que quiera.

La D/s tiene una regla clara: SANO, SEGURO Y CONSENSUADO.

Todo, absolutamente todo lo que se salga de ahí, es maltrato.

Tolerancia cero con los maltratadores

Y desde aquí ánimos a todas aquellas mujeres que sean víctimas del maltrato, a que lo denuncien.

Sayiid

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SI ESTÁ SUFRIENDO VIOLENCIA DE GÉNERO O CONOCE ALGÚN CASO:

1) 016 (número gratuito del Gobierno que no queda reflejado en la factura telefónica)
2) 900 100 009 de malostratos.org (También es gratuito)


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miércoles, 24 de noviembre de 2010

A veces, demasiadas veces… nos sentimos menospreciados, infravalorados, desprestigiados…

A veces, demasiadas veces… desconocemos nuestro propio valor…

Y a veces, demasiadas veces, buscamos a alguien que nos regale el oído… que nos diga lo buenos que somos… que nos haga sentirnos mejor… sin darnos cuenta de que en realidad, es la persona que tenemos al lado… la persona que nos dice nuestros defectos… que nos mira a los ojos... que nos habla con sinceridad… la única que conoce nuestro verdadero valor…

A veces, demasiadas veces... nos equivocamos...

Noche para meditar…

Felices pensamientos.

Sayiid

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El valor de las cosas. Una historia zen



- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?"

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...

El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.


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martes, 23 de noviembre de 2010



"Cuanto más grande es un hombre,

tanto mayores son sus pasiones."

Talmud

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lunes, 22 de noviembre de 2010



CASTIGADA


Castigada como una niña…

de frente a una pared…

Las manos detrás cruzadas…

desnuda y sin saber por qué.



La vergüenza a ti te acompaña…

el sinsabor de la sinrazón.

No entiendes porque lo haces…

porque permites tu humillación.



Será acaso porque le amas…

porque te entregas sin condición,

porque confunde tu alma y tu mente…

porque posee tu cuerpo y tu corazón



Porque te tiene donde el desea,

porque eres su más preciada posesión,

porque disfrutas con tu castigo,

con tu sometimiento y con su pasión…



Castigada como una niña…

de frente a una pared…

No te preguntas cual es la causa…

simplemente…

obedeces porque lo ordena Él

(Sayiid)

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domingo, 21 de noviembre de 2010



HOMBRE ENCERRADO

(CUENTO CON UN PRINCIPIO

Y CUARENTA FINALES)


EL PRINCIPIO

En impenetrable obscuridad: encerrado en una habitación minúscula que nunca ha podido ver.



FINAL 1

Convencido de que no hay escapatoria, ni siquiera toca las paredes en busca de una puerta u otra salida. Muere.



FINAL 2

El hombre duda: quizá exista alguna puerta u otra abertura, quizá no. Esto mantiene viva su esperanza por liberarse. Sabe que si palpa las paredes descubrirá la verdad. Si halla la puerta, o si logra derribar alguno de los muros, podrá evadirse. Pero si comprueba que no hay salida, morirá su esperanza, y eso es el infierno. Por lo tanto, se sienta en una esquina y, para conservar intacta su esperanza, se queda inmóvil. Muere.



FINAL 36

El hombre no ha amado jamás a una mujer. No ha podido consentírselo porque teme que si da un dedo, le tomarán la mano, le agarrarán el brazo, le arrancarán el corazón y le masticarán el cerebro.

También le amedrenta, si amara a una mujer, la posibilidad de perderla algún día, y quiere eludir ese dolor: es mejor no amar que perder un amor.

Le aterroriza la sospecha de que su deseo de amor es quizá tan intenso, que si le abriera un resquicio devendría tornado arrasador e ingobernable.

Cree que si amara a una mujer dependería de ella hasta el extremo de donarle su libertad. Entonces se convertiría en su marioneta, y sin querer vivir así, ya no sabría vivir de otro modo.

¿Y si se permite enamorarse de una mujer, y ésta no se enamora de él? Mejor estar solo sin haber intentado no estarlo, que solo y rechazado.

Si amara a una mujer, tendría por primera vez relaciones sexuales, y eso, aunque lo desea, le espanta. Se conforma con la vibrátil vagina portátil de plástico que se ha traído aquí. Prefiere manejar él mismo un coño sin mujer, a que una mujer lo maneje con su coño.

Anhela un amor absoluto con una mujer, ser aceptado totalmente por ella, y sentirse completamente satisfecho con su amor. Ante la imposibilidad de tal aspiración, mejor una soledad perfecta que un amor imperfecto.

Por todo ello y mucho más, se encapsula aquí para no necesitar nada, para no necesitar a nadie. Y en cuatro días, muerto está.



(El relato completo con sus cuarenta finales: en el libro.)

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sábado, 20 de noviembre de 2010



El desengaño camina sonriendo

detrás del entusiasmo.
Germaine de Staël

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viernes, 19 de noviembre de 2010



Entrega

 

Tu cuerpo desnudo…

por la luz de la luna bañado.

Tu piel erizada y caliente…

que mi fusta ha dorado.

Tus lágrimas frías

que por tu cara descienden.

Tú mirada límpida…

Que todo lo entiende.

Tu organismo cansado…

en mi regazo descansa.

Tu pelo enredado…

entre mis dedos se engarfia.

Tus labios benditos…

para mí se te abren.

Y tu boca reclama…

mi boca y mi carne.

Mi cuerpo desea…

enredarse en el tuyo.

Cumplir el poema…

de ser dos en uno.

Y mi alma me dice…

que tú ya eres mía.

Que ya te he domado…

que me entregas la vida.

Y yo ya lo siento,

ese inmenso placer,

de saberte mía…

una y otra vez.

Y te miro a los ojos…

y allí veo tu alma,

el alma sumisa,

de la mujer entregada

(Para mi sierva magdala)

(Sayiid)
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miércoles, 17 de noviembre de 2010




LAMARCA


Carbones al rojo…

fuego candente…

hierro que muerde la nívea piel…



Dolor y entrega…

cuerpo de sumisa…

mi sello, mi firma…

mi marca y mi ley…



El hierro al rojo sisea en la hoguera…

tu piel brilla de miedo y sudor…

No tienes que hacerlo…

nadie te obliga…

sólo tu entrega y tu sumisión.



Esta noche, amada mía…

no habrá ni gozo, ni risa

ni excitación, ni placer…



Esta noche, mi amada sumisa,

sólo carne quemada y una marca…

una marca a fuego sobre tu piel…



Una marca que lucirás orgullosa,

una marca que indicara tu condición,

una marca que TÚ te has ganado…

a base de amor y de entrega…

de pasión…

y de dolor



(Sayiid)

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martes, 16 de noviembre de 2010



No hay visión más exquisita y voluptuosamente incitante que la de una mujer bien formada, sentada o tumbada, desnuda con las piernas cerradas, oculto su coño por los muslos y sólo indicado por la sombra proveniente de los rizos de su toisón, que se espesa al acercarse a la parte superior del Templo de Venus, como si quisiera ocultarlo. Entonces, a medida que sus muslos se abren suavemente y la raja en el fondo de su vientre se abre ligeramente con ellos, aparece el crecimiento de los labios, surgen el delicado clítoris y las ninfas, se ve el incitante tinte rojo de toda la superficie y el conjunto queda enmarcado por cabello rizado, suave y brillante mientras que por los alrededores no hay sino la carne suave y marfileña del vientre y de los muslos, que le proporcionan el aspecto de una joya en su estuche. Los ojos del hombre nunca podrán descansar en un cuadro más dulce. [...] ¿Hay alguna otra cosa en este ancho mundo comparable con un coño? ¿Cómo puede un hombre dejar de sentir curiosidad, deseo y encanto en él?
En esos momentos mi cerebro gira con visiones de belleza y placer, pasadas, presentes y futuras. Mis ojos cubren todo el espectáculo desde el culo hasta el ombligo, el coño parece investido de una belleza seráfica y ser un ángel su poseedora. Por eso incluso ahora puedo contemplar los coños con todo el júbilo de mi juventud, y aunque haya visto mil cuatrocientos desearía ver mil cuatrocientos más.

My Secret Life

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lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Qué porque soy dominante?
Pues porque no siempre es fácil ser el dominante, y muchas veces se corren riesgos que, una sumisa, nunca correría.
Porque el Dominante, en principio, siempre está en desventaja.
Porque aunque es más fácil obedecer que tomar decisiones, también es más excitante el hacerlo…
Y porque… porque siendo Dominante, puedo escribir sucias historias como esta…
Espero que la disfrutéis… Dominantes… y sumisas…

Sayiid

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EL CUARTO DE LA FOTOCOPIADORA

- Voy a la cafetería, ¿quieres que te traiga algo?

- Si, por favor, un café sólo

- ¿Algo más?

- Con dos de azúcar por favor

- Muy bien, ¿eso es todo?

- Y una palmera de chocolate, si no es mucho pedir..

- Para nada, “Amo”… para eso estamos… para servir, jejejejeje

Maldita sea, ha vuelto a hacerlo. ¿Por qué hace eso?. Si, ya sé que apenas llevo en esta empresa un par de semanas, pero… ¿será una novatada? ¿o me está provocando?. ¿Se estarán riendo todos de mí?. La verdad es que esta zorrita no está nada mal… no es muy alta, casi como yo, pero menudo cuerpo se gasta. Tiene un culito digno de ser bien usado. Y esas tetas… seguro que tiene unas enormes tetas con unos grandes pezones. Y encima hoy viene a trabajar con esa faldita de vuelo y esas “putibotas” hasta las rodillas. Joder, ¿pues no me ha excitado la muy cabrona?.

Mejor me concentro en mi trabajo… si es que puedo, claro…

Mírala, ya viene por el pasillo con el café… Como vuelva a provocarme no sé si podré controlarme…

- Aquí tiene su cafecito y su palmerita, “Señor”.

- Espera… (le sujeto la mano por la muñeca, con firmeza a través de la mesa y la miro a los ojos, pero ella me sostiene la mirada…)

- ¿Si? ¿Querías algo más?

- No, yo… no… nada, gracias por traerme el café

- Eso pensaba yo… Ya sabes… “a mandar”, jejejejeje

Se ríe de mí, la muy… Ahora mismo tendría que cogerla y darle unos buenos azotes, por descarada, pero… joder… ¿y si me denuncia por acoso?. Mierda, necesito este puto trabajo de mierda, no puedo permitirme que me echen de aquí.

Mírala, como se pavonea la muy descarada.

Espera, no irá a… si, si eso es, parece que va a el cuarto de la fotocopiadora…

(El cuarto de la fotocopiadora es un pequeño cuarto al final del pasillo; dentro solo hay unas estanterías y la fotocopiadora de la empresa; lo bueno es que el cuarto está insonorizado, para que el ruido de la maquina no moleste a los vecinos… lo malo es que esa puerta no tiene un maldito cerrojo… ¿qué hacer?)

Cojo unos papeles de mi mesa; ni siquiera miro que son… y me dirijo hacia la fotocopiadora. La puerta está entreabierta. Me acerco a ella y escucho por si no estuviera sola, pero no se oye hablar a nadie, sólo el ruido de la fotocopiadora y los fogonazos típicos de luz.

Sin pensarlo más, entro y cierro la puerta. Ella me mira sorprendida. Apago la luz y me dirijo a ella cogiéndola por detrás, retorciendo su brazo contra la espalda, pero sin presionar demasiado.

- ¿Qué coño te crees que estás haciendo?, me dice ella

- Cállate zorra; desde que he llegado no has dejado de provocarme. Eres una calientapollas

- Pero bueno, ¿serás mierda? ¿Quieres soltarme o tengo que gritar pidiendo ayuda?

- Grita, puta, nadie va a oírte desde aquí..

- Que me dejes, joder.

- ¿CALLATE DE UNA PUTA VEZ , ZORRA, Y TRATAMÉ CON RESPETO?

Increíblemente, dejó de forcejear y, relajando su cuerpo, descendió su mirada y dijo:

- Si Señor… disculpa mi comportamiento

¿Qué había pasado? ¿De verdad era tan sumisa o era sólo que pretendía engañarme?. Sin pararme a pensarlo mucho (la suerte ya estaba echada), le di la vuelta y sujetándola de la nuca le dije:

- ¿No es esto lo que querías, pequeña putita?. Ahora vas a arrodillarte delante de mi, y vas a hacerme una mamada para que me relaje un poco, que me tienes muy caliente, zorra.

- Si Amo, lo que tu desees

Y sin mediar más palabra, se arrodilló ante mí, y bajándome la cremallera, extrajo mí ya excitado miembro y se puso a lamerlo, primero suavemente, mojándolo con su lengua, lubrificándolo, para, instantes después, introducírselo completamente en la boca y succionarlo con lujuria, metiéndose mi enardecida polla hasta el fondo de su garganta. La fotocopiadora seguía funcionando y sus haces de luz iluminaban el cuarto cada pocos segundos, dando a todo una sensación de irrealidad, de sueño húmedo del que no quería despertarme.

Sabía que no aguantaría mucho más sin correrme en aquella deliciosa, húmeda y caliente boca… Así que la levanté del suelo y, sin oposición por su parte, desabroché los botones de su camisa hasta dejar a la luz, por así decirlo, sus grandes pechos. Lo acaricié, los sopesé, los besé y los pellizqué hasta conseguir que leves gemido de placer escaparan de su garganta.

- Date la vuelta, le dije

Ella obedeció, mansamente, quedando de muevo mirando hacia la fotocopiador. Empujé su torso hacia delante hasta que sus desnudos pechos quedaron apoyados sobre el frio cristal de la fotocopiadora. Me frote sobre su empinado culo y, metiendo mi mano bajo su falda, acaricie sus glúteos, sus muslos, y al cara interna de sus piernas, hasta que mis manos llegaron a sus minúsculas braguitas. Como ya había imaginado, estaban completamente mojadas…

- Eres una zorra, ¿lo sabías?

- Sí, mi Señor, soy una zorra, lo sé

- No puedes evitar estar siempre ¿mojada verdad?

- No Señor, no si le veo cada día aquí.

- Pequeña puta…

Mis manos agarraron un lateral de sus bragas y con un brusco tirón, se las desgarré a cuajo, dejando que quedaran colgando de su otra pierna. Una vez liberado de cualquier impedimento físico, cogí mi dura polla y la introduje, de un solo golpe, en su mojado coño, entrando hasta el fondo, follándomela intensamente mientras con mi mano derecha le daba fuertes azotes en su apretado culo.

La fotocopiadora seguía funcionando, yo me estaba follando a esa deliciosa zorrita, y ni tan siquiera pensaba que en cualquier momento podría entrar alguien y pillarnos allí. Me la follé una y otra vez hasta que un grito de gusto escapo de su garganta, indicándome que ya había alcanzado su merecido orgasmo, así que, abandonado ya todo control, me lancé a cabalgarla desenfrenadamente hasta que espesos y caliente chorros de leche brotaron de mi polla inundando su ya encharcado coño y proporcionándome breves e intensos espasmos de placer. Seguí follándome ese acogedor coño hasta que la última gota de mi seminal licor abandono mi cuerpo, y entonces caí exhausto sobre su sudada espalda.

- Muy bien, pequeña… te has portado muy bien…

- Gracias Señor, y discúlpeme por no haberle pedido permiso para correrme, pero es que… no pude controlarlo…

- No pasa nada, zorrita… no pasa nada…. Ahora vístete y sal de aquí… No quiero volver a verte hasta mañana; di que te encuentras mal y que tienes que irte al medico

- Sí Señor, así lo haré…

Y acomodándose la ropa y recogiendo sus desgarradas bragas, salió de aquel cuarto, dejándome sólo y desorientado.

Había sido lo más excitante que me había ocurrido en la vida, pero… ¿Qué pasaría ahora? ¿Me denunciaría? ¿Me despedirían?. No quería pensar en ello.

Lentamente, me vestí yo también y recogí todas las fotocopias tiradas por el suelo. Había muchas de sus tetas, en varias posiciones, unas veces más pequeñas y otras completamente aplastadas contra el cristal…

Así que había sido real, no un sueño….

Volví a mi despacho, deseando que se acabara la tarde, esperando que me llamaran de dirección, pero nada de eso ocurrió…

La noche también fue complicada. No podía dormir, no sabía si de la excitación o de la preocupación de lo que pudiera pasar al día siguiente.. ¿Y si había ido al médico tal y como le dije que dijera, y me había denunciado por violación? ¿Acaso alguien me creería si les decía que ella me había provocado?... La noche fue larga, si… muy larga…

Al día siguiente acudí a mi puesto de trabajo. Nadie me dijo nada, no había ninguna nota en mi mesa pero… ella no estaba. La incertidumbre me acosaba, el miedo hacía mella en mí cuando…

Cuando…

Cuando la vi avanzar por el pasillo. Estaba preciosa con su negro pelo recogido en una coleta, una blusa blanca que dejaba ver una buena porción de escote, una falda negra por encima de las rodillas, medias negras y botas también negras de media caña y con tacón. Se acercó a mi mesa sin mirarme a la cara y sin que me diera tiempo a decir nada, me dijo…

- Buenos días, mi Señor. Aquí tiene usted su café solo con dos de azúcar y su palmera de chocolate…

Y dejándolas sobre la mesa, se puso delante de mí, con la cara mirando al suelo, las manos a la espalda y me dijo…

- Mi Señor… ¿desea usted algo más de esta, su sumisa esclava?

Sayyid

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