Prologo de El Libertino

jueves, 31 de marzo de 2011

¿Me esperabais?
¿Me añorabais quizás?
¿Queréis saber que nuevas desdichas le ocurrieron a la pobre Sonsoles?
¿Quizás la salvó la providencia?
¿O quizás siguió recibiendo nuevas lecciones del pérfido párroco?
No os hago esperar ya más…
Aquí tenéis a continuación de esta historia jamás antes contada…


Asíam

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No fue necesario que se quitara las braguitas, puesto que no las llevaba puestas (otra imposición de su Reverentísima, imagino), por lo que pronto quedo a la vista su hermoso sexo, sonrosado, húmedo y totalmente depilado excepto por un estrecho hilillo de pelos que subían por su delicioso monte de venus formando una cristiana cruz.

Ante la vista de tan sublime espectáculo, el párroco no pudo evitar tener una enorme erección que destacaba por debajo de su sotana, lo cual no pasó desapercibido para Sonsoles.

- Padre, ¿Qué os pasa ahí debajo?

- Nada, nada, no te preocupes… ¿Te han lavado bien ese coñito? ¿por dentro y por fuera?

- Si padre, la hermana Sulpicio se ha esmerado en su limpieza…

- No lo dudo, menuda zorrón es esa Sulpicio… pero déjame comprobarlo a mí, no quiero problemas cuando lleguemos al palacio…

Y agachándose, abrió ambas piernas de la novicia, acercando primero su nariz para oler su sexo, y una vez comprobado que olía a dulce excitación, lo abrió con los dedos de su mano izquierda y comenzó a recorrerlo, suavemente, con su rasposa y sucia lengua, mientras su mano derecha desaparecía por debajo de su sotana para menearse su ya henchida polla.

La lengua del párroco recorría la abierta y mojada raja de la novicia despacio, deleitándose en sus aromas, en sus dulces sabores, metiéndola y sacándola acompasadamente, mordisqueando su hinchado botón del placer, lo que provocaba dulces gemidos y grititos histéricos por parte de la caliente novicia.

Así estuvo un buen rato hasta tener a la joven monja al borde del éxtasis. Entonces se levantó, y sentándose en el asiento, la atrajo hacía él, levantándola en vilo y colocándola a horcajadas frente a su cara y sobre sus piernas, penetrándola de un solo empellón, y dejándola llena de la dura carne del ladino cura.

Presa del desenfreno, la ardiente monja comenzó a moverse encima del padre, levantando y bajando su pelvis, clavándose la mojada polla del cura para después volver a levantarse y dejarla, gorda, dura y brillante, al aire, y así, una vez más, engullirla en su mojado coño.

Mientras tanto el padre no dejaba de sobarle las duras tetas, pellizcando sus pezones y arrancándole grititos de placer, retorciéndolos y apretándolos, chupándolos y mordiéndolos, mientras su otra mano la aprisionaba por sus nalgas y penetraba entre sus calientes muslos hasta alcanzar su negro agujero donde, primero uno, después dos, y al final tres enormes dedos, dilataban su oscuro esfínter, preparando su duro culo para ser penetrado una vez más.

Cuando ya la pobre Sonsoles no podía más y explotó sobre las piernas del padre, mojándole completamente los muslos, las perniles y hasta la sucia sotana, este sacó su tremenda polla, y colocando a la novicia a cuatro patas, la enculó salvajemente, metiéndole, de un solo empujón, toda la longitud y el grosor de su miembro de una sola vez.

La novicia gritaba y se resistía, pero el cura sujetaba sus caderas firmemente y comenzó a montarla, a empujar dentro de ella hasta dilatar, de una manera increíble, su delicado esfínter, entrando y saliendo de su ser de una manera dura y salvaje.

El dolor, pues, dio paso al placer, y mientras el cura sodomizaba a la pobre monja, esta, pobrecita ella, para paliar el sufrimiento, se acariciaba el coño con una mano, frotando fuertemente su clítoris, hasta reventar de nuevo en una explosión de placer y calientes fluidos.

El cura, presa ya del frenesí, continuaba jalando a la monja, clavándose en ella y sintiendo como los espasmos del placer recorrían su columna vertebral, por lo que, sabiéndose ya próximo a descargar su espesa y caliente leche, y consciente, aun en esa situación, que para el Señor Arzobispo no sería plato de buen gusto encontrarse el coño de la monja lleno de parroquial esperma, saco su enorme polla del culo de la hermana, y dándola la vuelta, se la metió, hasta el fondo, en su sorprendida boca.

Lo inesperado de la acción, sumado al grosor y longitud de tan espectacular cipote, añadido a las arremetidas con las que el cura clavaba la polla en la boca de la monjita, hasta llegar al fondo de su garganta, hicieron que esta sufriera unas enormes arcadas de manera incontrolada, lo cual no fue óbice para que el malvado párroco siguiera follándose esa dulce boca hasta descargar sobre ella una enorme cantidad de denso y caliente esperma que, aunque la novicia intento tragar, no pudo evitar que desbordase de sus labios, mojando, una vez más, la oscura piel de los asientos del arzobispal auto.

Una vez que ya había liberado toda su enorme carga de esperma sobre la boca y la cara de la novicia, le indicó a esta que le limpiara bien limpio su instrumento, a lo cual ella se puso con gran devoción, lamiéndolo, chupándolo, libando las gotas de semen y hasta de sus propios excrementos que en él se hallaban.

- Muy bien, novicia, muy bien… realmente eres un pequeño y delicioso diablo. Espero que no seas del gusto del Arzobispo o me quedare sin ti visto y no visto… y ahora… mira cómo has dejado el asiento, lleno de leche y de tus sucios flujos… límpialo inmediatamente.

- No tengo con que limpiarlo, padre, no veo ningún paño con el que poder hacerlo…

- ¿Paño?. ¿Y para que te dio el Señor esa estupenda lengua, eh?

No necesitó más instrucciones la bella Sonsoles. Poniéndose a cuatro patas como la más servicial de las perritas, comenzó a recorrer con su húmeda lengua el frio y negro cuero de los asientos del coche, mientras miraba de reojo al corruptor cura y una lasciva sonrisa se dibujaba en su tierna y angelical cara…

Ciertamente jamás había visto yo a una gatita lamer con tanto estilo y tanto deseo….

(Continuará... proximamente)
 
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miércoles, 30 de marzo de 2011

Mis muy humanos amig@s, heme aquí de nuevo, tras lograr escapar de las mazmorras de esta lóbrega mansión, donde el Señor Sayiid me ha tenido encerrado a pan y agua, durante varios días por mi inexcusable manera de comportarme con sus ilustres invitadas.

Pero nada es eterno, y a todo gato le llega el perdón, así que, una vez repuesto de mis desventuras, que algún día os contaré (no os podéis imaginar las cosas que pasan en las mazmorras de esta tétrica mansión), paso a seguir con el desarrollo, siempre cierto, de la historia que os estaba contando…

¿Por dónde íbamos…?

A si… habíamos dejado a la virginal, aunque desflorada Sonsoles, al cuidado de la Madre superiora de su convento, mientras el pérfido párroco se hacía sus cuentas sobre cómo sacar el máximo provecho de aquella pobre desdichada.

Y hete aquí, que el Señor Arzobispo de la zona, habiendo sabido de las virtudes de tan hermosa novicia, quiso conocerla, en cara y cuerpo, y dado que al párroco no veía con malos ojos hacerle tal favor a su superior… concertó con él una cita en el palacio episcopal.

Todo esto lo sé yo porque, intrigado, y no menos excitado por la historia de la dulce monjita, me quedé una temporada por allí cotilleando, y se lo oí comentar a la madre superiora y al cura párroco, un día que paseaban por el atrio del convento…

- ¿Entonces padre, vais a entregársela a ese gordo baboso del Arzobispo?

- Por supuesto que sí, ¿qué otra cosa puedo hacer?

- Pero entonces nos quedaremos sin ella, padre.

- No lo creo, el Señor Arzobispo es hombre de gusto variable… pronto se cansará de ella y nos la devolverá para que la mantengamos aquí, a buen recaudo.

- ¿Y que obtendremos a cambio?

- ¿Obtendremos?. Tu nada obtendrás de todo esto, vieja furcia. Pero yo si obtendré el favor del Arzobispo, y quien sabe… lo mismo dentro de poco dejaré este cochambroso pueblucho y podré retirarme al mismísimo palacio episcopal.

- ¿Y qué será de mi, padrecito?

- Tranquila, no te preocupes… seguro que cuando yo me vaya mandan aquí a algún pobre curilla recién salido del seminario… del que podrás aprovecharte y sacarle bien el jugo, como a ti te gusta, barragana del diablo…

- Padre, que cosas decís de mi…

- Sólo digo verdades, puta. Y ahora ve y cumple mis órdenes. Quiero que este perfectamente preparada para mañana a las dos; a las tres llegará el coche del Reverendísimo Señor Arzobispo para llevarnos a su palacio. Así que espabila puta, que la bañen, la peinen y la depilen hasta dejarla hermosa y virginal. A Su Reverendísima Persona le gustan las mujeres completamente depiladas, como si fueran niñas.

- Pero si dicen que ya ni se le levanta…

- ¿Y eso a ti que te importa?. Haz lo que te he ordenado o no volverás a tener carne fresca dentro de tu pulgoso coño.

Y así quedó la cosa. Por supuesto, sabiendo la hora y el lugar, no me fue complicado colarme en la limusina que su reverendísimo padre envió para recoger a la dulce Sonsoles y al pérfido párroco.

Lo cierto es que era un auto impresionante, con su chofer con gorra de plato y brillantes botas hasta la rodilla, perfectamente uniformado… asientos de piel, música ambiental y hasta un minibar en el que había varias de esas botellitas de líquidos de variados colores que tanto os gustan a los humanos… Jamás entenderé algo así… con lo rico que esta un platito de leche templadita….

Pero no nos vayamos por las ramas… Lo cierto es que me colé en la parte trasera del automóvil, detrás de uno de los asientos, y desde allí pude observar y escuchar todo lo que se dijo y se hizo en el interior de aquel vehículo.

¿Queréis saber qué es lo que pasó? Pues permaneced atentos…

Al poco rato de estar yo allí, cómodamente instalado, llegó la madre superiora acompañando a Sonsoles. La criatura iba muy hermosa, con un hábito blanco con ribetes de color púrpura, unos zapatitos blancos con un leve tacón, y una toca que cubría y enmarcaba su virginal carita, la cual, a mi parecer, había sido suavemente maquillada.

No tuvieron que esperar mucho, pues instantes después apareció el párroco. Aparentemente a él le daba igual ir a visitar a su Reverencia el Arzobispo o al mismísimo Papa de Roma, pues iba con su sotana de siempre, sucia, gastada y llena de lamparones, y ni siquiera había tenido la deferencia de asearse un poco, o cuanto menos afeitar su rala barba. Sólo imaginar que iba a tener que estar en un lugar cerrado con tan maloliente personaje, hizo que se me revolvieran las tripas… aunque no sé si algo tendría también que ver los dos ratoncillos que me había merendado aquella misma mañana.

Pero el sucio párroco, sin preocuparse mínimamente por los efectos que sus efluvios pudieran tener sobre mi salud, ya estaba dirigiéndose a la madre superiora después de haberse presentado al chofer de su Reverentísima.

- ¿Está preparada tal y como os indiqué?

- Por supuesto, padre

- ¿La habéis vestido con las prendas que le mando el Señor Arzobispo?

- ¿Es que acaso no lo veis?

- Todo en orden, entonces. Adelante Sonsoles, sube al auto.

- ¿A dónde vamos, padre?

- Sube, ya te lo explicaré por el camino.

Y dicho y hecho, la bella Sonsoles se subió al auto sentándose justo delante de donde este pobre gato estaba acurrucado y escondido.

Momentos después subió el párroco, y sentándose al lado de la hermosa novicia, dio un golpecito al cristal que separaba la parte trasera de la parte del conductor, y el coche arzobispal se puso en camino.

- ¿A dónde vamos, padre?

- Al palacio episcopal

- ¿Al palacio?

- Si hija mía, el Señor Arzobispo ha oído hablar de ti y de tus terribles pecados y quiere conocerte en persona.

- ¿Por eso me han vestido así, padre?

- Pues sí, precisamente por eso te han vestido así. En verdad estas preciosa, hija mía.

- Padre…

- ¿Qué?

- Padre, es que no es sólo que me hayan vestido, es que también me han…

- ¿Te han qué?

- Padre, me da vergüenza decírselo

- Adelante, no tienes de que tener miedo, ¿acaso no soy tu confesor?

- Padre, es que me han… me han afeitado ahí, padre

- ¿Ahí donde?

- En mí… en mi sexo, padre… apenas me han dejado una tira de pelo…

- A, si, cierto…. Instrucciones de su Reverentísima

- ¿Y por que han de afeitarme ahí, padre?

- Supongo que es porque su Reverencia no desea contagiarse de nada malo

- ¿Contagiarse?

- Pues claro… a veces, vosotras, las mujeres, tenéis ahí unos molestos bichitos que provocan una tremenda desazón si se le pasan a uno a su cirio pascual.

- Pero padre, yo no tengo nada de eso

- ¿Estás segura?

- Si padre.

- A ver, veámoslo, súbete el habito que yo pueda comprobarlo.

- ¿Subirme el hábito aquí, padre? ¿Y el chofer?

- Tranquila, no puede vernos… ese cristal no permite ver lo que ocurre aquí detrás…

- Aun así, padre…

- Que te subas el hábito, puta novicia deslenguada

- Si padre, lo que vos digáis…

Y así, efectivamente, la dulce Sonsoles, la virginal Sonsoles… se levantó su habito, dejando a la vista unas preciosas piernas enfundadas en unas blancas y finas medias de encaje, que las torneaban más aun, haciéndolas más firmes y deseables…

(Continuará...)
 
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martes, 29 de marzo de 2011

Dicen que el tiempo todo lo cura, hasta las heridas más profundas y dolorosas. Puede ser, no lo dudo.
El tiempo calma, adormece, anestesia… ¿pero cuánto tiempo se necesita?.
Supongo que cada uno necesita el suyo.
Hoy os traigo un fragmento de un libro que me regaló mi buena amiga, la sirena del sur; aquí se nos presenta un buen ejemplo… ¿Es mucho veinte años? ¿o no es suficiente?.
Maldito Einstein y su teoría de la relatividad.


Sayiid.


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En la cena de aquella noche con Ibn Zaydun, muy a su pesar, había sentido su corazón revolotear como un pájaro enjaulado, igual que en su primer encuentro, tantos años atrás. Cuando la familia había tenido la delicadeza de dejarlos solos a saborear el té con menta, ella se había sentido incapaz de comunicarse con él.

Incluso cuando él le había confesado, con su voz de siempre, que le había escrito una carta cada semana desde su separación, ella no había conseguido emocionarse.

¿Era aquél el hombre por quien había destrozado toda su vida?

Al ver disiparse la emoción en ella, él se había arrodillado para declarar que nunca había dejado de amarla, que jamás había mirado a otra mujer y que no había vivido un solo día sin dolor. Sin embargo, Zahra había permanecido imperturbable.

Entonces comprendió que nunca había superado la amargura, la ira que habíasentido años atrás hacia él, por su cobardía al resignarse a la condición de criado y por abandonarla a su propia clase. Era evidente que aquel resentimiento, reemplazado durante su largo confinamiento por imágenes más agradables de la relación turbulenta y clandestina, había seguido creciendo y creciendo, y ahora no sentía nada por él. Ese descubrimiento la complació. Volvía a ser libre, después de tantos años atrapada en las garras del amor. «Me pregunto qué habría pasado si nos hubiéramos encontrado hace veinte años. ¿Me habría deshecho de él con tanta facilidad?», pensó.

Ibn Zaydun sabía que su ilusoria relación había concluido. Al despedirse de ella, notó la frialdad en sus ojos y se sintió vacio y desolado. «En esta casa, vuelvo a ser sólo el hijo de una criada que trabajó para ellos y murió por sus esfuerzos.»

Era la primera vez que tenía esa sensación en presencia de Zahra.

A la sombra de un granado – Tariq Ali

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lunes, 28 de marzo de 2011

La entrada de hoy es “culpa” de mi buena amiga Safira y de una entrada de ayer en su blog (http://ladragonaindomablesafira.blogspot.com/). Como mi opinión requería de más espacio del que allí podía disponer en un comentario, decidí pedirle ayuda al Señor de Gharnata (mi más encendido agradecimiento a la Sirena del Sur (http://www.unasirenamirandoalsur.com/) por haberme regalado el conocimiento de los antiguos nombres de Al Andalus) y que este nos diera su personal opinión.
Y aquí la traigo, sin afeites ni arreglos, cruda y sincera, como suelen ser todas sus opiniones.
Safira, amiga, espero que con este aporte puedas darte por satisfecha.

Sayiid

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Ha llegado la primavera a Gharnata… Se siente en la dulzura de la brisa, en la llegada de las golondrinas que realizan sus increíbles acrobacias en el cielo azul y despejado que se tiñe de oro en este plácido atardecer de nuestra ciudad.

Hoy ha sido un día inusitadamente intenso, duro en ocasiones… pero ya todo eso ha terminado. El templado baño de sales aromáticas, el suave masaje y la copa de vino condimentado con canela (sé que Alá me perdonará estos pequeños caprichos…), me han reactivado y relajado lo suficiente como para poder disfrutar ahora de la vista de mi ciudad desde esta elevada terraza que todo lo domina.

Ya la gente se recoge, ya cierran los comercios, ya la tarde da lugar a la noche y aquí, tumbado entre acogedores cojines, espero la llegada de mi sierva Fhadila a la que he reclamado a mi presencia.

Y aquí aparece, hermosa y deslumbrante como siempre, portando una bandeja en la que puedo apreciar dulces dátiles, sin duda provenientes del puerto de Malaka, y esos pastelillos de miel que se deshacen en mi boca y que según Ib Jasin, mi médico judío, serán mi perdición y la de mi pobre hígado…

Pero nada de eso me importaba ahora, a la vista de mi sierva, hermosa como siempre, cálida y acogedora, aunque hoy se apreciaba en su semblante un cierto atisbo de preocupación. Sin duda, nuevas ideas y preguntas anidaban en su inquieta mente.

- Buenas noches mi hermosa Fhadila

- Buenas noches mi Señor, que mi bendición recaiga sobre su ser

- Que así sea Fhadila. Dime, ¿Qué oscuros pensamientos pueblan tu cabecita?

- ¿Cómo sabéis que es así, mi Dueño? ¿Acaso tenéis poderes sobrenaturales además de los propiamente humanos?

- No necesito tener poderes para saber que algo te perturba. Me basta y me sobra con observar tu ceño fruncido. Anda ven, túmbate aquí a mi lado y cuéntame tus pesares…

- Mi Señor… en realidad no son míos… pero si es algo que me ha causado cierta inquietud…

- Adelante, mi atención es sólo tuya…

- Pues verás, mi Señor… esta mañana he ido al mercado, como cada día, para buscar para vos las mejores viandas que se puedan conseguir en la ciudad… y cuando estaba comprando estos dulces dátiles al mercader de Malaka, se ha acercado a mi Safira, la sierva de vuestro amigo Abdul, y me ha dicho algo a lo que no paro de darle vueltas…

- ¿Y qué es eso tan perturbador que te ha dicho?

- Pues verás Señor… según ella hay Amos que se convierten en sumisos en sus casas, que se comportan con sus mujeres con una complacencia que luego no muestran con sus sumisas, las cuales, estén casadas o no, sólo piensan en satisfacer a su Dueño, incluso llegando a comportarse como Amas con sus maridos…

- ¿Y eso le parece extraño a tu amiga Safira?

- Por lo visto le parece injusto que la sumisa viva sólo pendiente de su Dueño, incluso dejando de lado a su propio marido, y que el Amo no haga lo mismo con su mujer, es decir, que no sea Amo siempre, sino sólo con su sumisa…

- Bien, analicemos pues a que pueda deberse eso… Creo recordar que ya habíamos tratado el tema de la entrega por parte de la sumisa a su Amo, ¿no es así?

- Así fue, mi Señor

- ¿Y a que conclusión habíamos llegado?

- Pues a que la entrega es un regalo que la sumisa hace al su Dueño.

- Así es, y por tanto, como es un regalo no es algo que pueda exigirse, ¿no es así?

- Así es mi Dueño.

- Entonces cuando la sumisa se entrega a su Dueño, lo hace libremente, no obligada, y es feliz entregándose, incluso entregándose totalmente, poniendo a su Dueño en primer lugar, por delante de todo, incluso de su propio marido

- Así debería ser, si Amo.

- ¿Y qué pensaría esa misma sumisa si su Amo le exigiese su entrega? ¿Y si en vez de ser ella la que se sintiera libre de entregarse, fuera algo impuesto, algo que iba en contra de su ser? ¿Crees que esa sumisa sería feliz?

- Pienso que no Señor, ya que si algo así es obligado, no debe ser agradable.

- ¿Y que podría pensar esa sumisa de ese Dominante que la obligaría a comportarse como una esclava en contra de su deseo? ¿Le respetaría? ¿Querría convivir con él?

- Probablemente no, Señor, no desearía vivir a su lado.

- Entonces, si ella es feliz porque entrega su vida libremente a su Dueño y desea hacerle feliz y complacerle, pero sólo lo hace porque es su deseo y se entrega libremente… si esa misma sumisa dejaría de amar y respetar a su dueño si su entrega no fuera libre sino obligada… ¿Por qué desea que la mujer de su Dueño, que probablemente no sea sumisa, deba vivir con el castigo de ser la esclava de alguien a quien no desea entregarse así? ¿Acaso el Amo debería obligar a su mujer a la fuerza a ser su sumisa? ¿Es que acaso la sumisa desea para la mujer de su Amo lo que nunca desearía para ella?

- ¿Podría ser así, Señor?

- Pero si así fuera, sierva mía… ¿No sería acaso que la sumisa lo que en realidad desea es ocupar el lugar de la esposa? O al menos… ¿No será que la sumisa desea que su Amo la trate como trata a su esposa? Y si así fuera… ¿No sería entonces que la sumisa lo que en realidad desea es que su Amo sea su sumiso, como dice que es de su esposa?

- Demasiadas preguntas, mi Señor. Me creáis dudas en vez de solventármelas.

- No sufras, mi buena Fhadila… es todo mucho más sencillo… En realidad cada relación es diferente, y un Amo o Dominante, se comportará de diferente manera en cada una de esas relaciones. A su sumisa la tratará como sumisa, y con toda seguridad la amará más que a su mujer, puesto que es la sumisa la que le permite ser él mismo, mientras que con su mujer ha de comportarse de manera diferente a como su naturaleza le pide que sea, pero aún así, con su mujer ha de cumplir ciertos compromisos sociales y ciertos compromisos de convivencia a los cuales no puede renunciar, a no ser, claro, que renuncie a su mujer, que es quizás lo que espera la sumisa que haga su dueño.

Esto, por supuesto, es sólo así, si el Dominante ya estuviera casado cuando conoció a su sumisa, puesto que quizás cuando se casó, ni siquiera sabía de su naturaleza dominante, como probablemente la sumisa conocía el placer que le causaría la sumisión cuando se casó con su marido, dado que si así fuera, habría elegido como marido a un Dominante.

- Pero entonces Señor, ¿un dominante que no se comporta como Dominante siempre, no es menos Dominante que el que siempre lo hace?

- ¿Es que acaso alguien se comporta siempre como dominante o sumiso? ¿Acaso no dice tu amiga que la misma sumisa se comporta como Ama con su marido?. Por tanto si en la sumisa es licito no ser sumisa con todo el mundo, ¿Por qué habría de serlo su Señor?. ¿Acaso debe comportarse como Dominante y no transigir nunca con su familia, en su trabajo, con otros Dominantes, con sus amigos...? Ser Dominante es una manera de sentirse, de vivir la vida, pero no se puede pretender de nadie que sea tan estúpido como para pensar que en todo momento y lugar ha de prevalecer su opinión, por muy dominante que sea. Y no se es menos Dominante o menos sumisa por adaptarse a la vida que toca vivir.

- Según eso la sumisa no debería sentir celos de la esposa, sino todo lo contrario.

- Así es, mí bien, puesto que la sumisa obtiene de su Dueño lo que jamás obtendrá la esposa, a saber, una relación autentica, verdadera, basada en la realidad y no en formalismos sociales. Una relación de amor y pasión, de entrega y felicidad. Si es Amo está con su sumisa es porque ella le da lo que necesita, porque si no, no estaría con ella, sino con su mujer.

- Creo que ahora lo he comprendido, mi Señor. Gracias por darme vuestro punto de vista…

- No me des las gracias y dame uno de esos deliciosos pastelillos de miel… pero ni set e ocurra decírselo al viejo Ib Jasín .

- Por supuesto que no lo haré, mi Señor… yo estoy aquí para serviros…

Sayiid

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domingo, 27 de marzo de 2011


 
Poema del Fracaso



Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema,

que aún hoy lo embriaga cual lo embriagara ayer;

Quería aprisionar un alma en un poema,

y que viviera siempre... Pero no pudo ser.



Mi corazón, un día, silenció su latido,

y en plena lozanía se sintió envejecer;

Quiso amar un recuerdo más fuerte que el olvido

y morir recordando... Pero no pudo ser.



Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,

en un fugaz anhelo de gloria y de poder;

Subió la escalinata de un palacio de oro

y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser.



Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,

por vivir plenamente la fiebre del placer;

Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,

un goce para él solo... Pero no pudo ser.



Y hoy llegas tú a mi vida, con tu sonrisa clara,

con tu sonrisa clara, que es un amanecer;

y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,

quiero vivir mi sueño... Pero no puede ser.



Y he de decirte adiós para siempre, querida,

sabiendo que te alejas para nunca volver,

Quisiera retenerte para toda la vida...

¡Pero no puede ser! ¡Pero no puede ser!



(José Ángel Buesa)

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viernes, 25 de marzo de 2011

POR FIN LO HE CONSEGUIDO…

Han sido años de trabajo, de frustraciones, de desesperación…
Años de investigación, de estudio, de indagación…
Años amargos, crueles, desmoralizantes en ocasiones, pero….


POR FIN LO HE CONSEGUIDO…

Tened por seguro que, a partir de ahora, con este mando a distancia que me he inventado…


NO SE ME RESISTIRÁ NINGUNA SUMISA  :-)

PD: De ser verdad que este mando funcionara… que aburrido sería…


Sayiid

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jueves, 24 de marzo de 2011

Está noche no hay relato, ni poesía, ni música… esta noche tengo que cumplir un encargo de la dragona, mi buena amiga safira… y aunque los que me conocen saben de sobra que no me gusta mucho hablar de mi… bueno, por ser Safira, haré una excepción y contestaré a estas capciosas preguntillas. Espero no mentir más de la cuenta…
Sayiid
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¿Cuantas preguntas puedes responder inteligentemente?

Depende del día y de la hora… y de las ganas que tenga de responder

Una duda

Como conseguir la cuadratura del círculo

Una certeza

Siempre sale el sol

Un color

Purpura

Un deseo

Ser feliz

Una virtud

Constancia

Una frase

No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita

Un sueño

Que se cumplan mis sueños

Un defecto

Mi falta de paciencia

Como este cuestionario va dirigido a personas que escriben ¿qué significado tiene para ti una hoja en blanco?

Infinidad de situaciones, de posibilidades, de oportunidades. La pluma tiene más poder que la espada.

¿Escribes por necesidad o por afición?

Por gusto

¿Pones música en el blog?

No, que cada uno se ponga la suya

¿Eres una persona sentimental?

A veces

¿Si quisieras tener un único sentimiento cual elegirías?

Sentido común, que es el menos común de los sentidos, como bien se sabe.

Una frase

Sígueme… si te atreves.

Una pregunta

¿Por qué no lo hiciste?

¿Si desearas algo que pedirías?

Desearía ser querido por las personas que me rodean

¿Cuando escribes que sientes?

Depende: amor, pasión, deseo, ira… cachondeo.

¿Creyente?

Si. Creo en las personas, como individuos, no en las instituciones

¿De no ser creyente en que crees?

Creo en mí mismo.
¿Qué esperas de la vida?

Que no sea demasiado dura conmigo.

¿Qué significado tiene para ti el amor?

Es algo que se persigue, que se desea… y que se empeña en huir

¿Cómo te consideras como persona?

Centrado

¿Tienes un blog ¿por qué?

Porque quería hacer algo diferente a lo que se ve por ahí, un blog variado en el que cupiera de todo: humor, pasión, poesía, sexo, critica…

¿Crees que eres una persona a la que se le reconoce su valía?

Si

¿Qué esperas del amor?

Nada

Y una última pregunta ¿qué le pedirías a la vida?

Que me dejara seguir conociéndome a mí mismo, y ser capaz de aceptarme tal y como soy

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Y ahora... tengo que elegir cinco blogs, y como soy muy curioso, me gustaría que respondieran a estas preguntas los siguientes invitados de la mansión (espero que no me odien por ello :-) )

1) haydée

2) mey{MDP}

3) Aylin

4) attella{C2}

5) aldrey

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Ha muerto una diosa, una diva… La Diva.
Ha muerto Elizabeth Taylor.
Ha muerto la mujer de los ojos violetas.
Ha muerto Cleopatra... ha muerto Maggie, la gata sobre el tejado de zinc.
Mujer pasional, mujer fuerte, mujer comprometida…
Has vivido una vida plena llena de felicidad, de dolor, de pasión...
Seguro que ahora, por fin, estarás con Richard Burton, el amor de tu vida. Tu amor tormentoso... tu amor verdadero.
Porque si que hay amores inmortales y eternos.
Y desde la mansión te rindo homenaje porque eres una mujer que a todos nos hizo sentir, nos hizo imaginar y nos hizo desear…
Nunca morirás para los que siempre te hemos admirado, Liz.


Sayiid

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martes, 22 de marzo de 2011

Un día más, recurro a los clásicos.
Un día más, les robo hermosas palabras…
Palabras de amor, de deseo, de añoranza…
Un día más sus cálidas frases me estimulan, me encienden…
Un día más… compruebo como el tiempo y los sentimientos son inmortales.
Felices sueños.

Sayiid

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Cuando mi blanda Níse

lasciva me rodea con sus nevados brazos,

y mil veces me besa;

cuando a mi ardiente boca

su dulce labio aprieta

tan del placer rendida

que casi a hablar no acierta;

y yo por alentarla

corro con mano inquieta

de su nevado vientre

las partes más secretas;

y ella entre dulces ayes

se mueve más, y alterna

ternuras y suspiros

con balbuciente lengua;

ora hijito me llama,

ya que cese me ruega,

ya al besarme me muerde,

y moviéndose anhela.

Entonces, ¡ay!, si alguno

contó del mar la arena,

cuente, cuente, las glorias

en que el amor me anega.

(Juan Meléndez Valdés, 1754-1817)

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