Prologo de El Libertino

martes, 31 de mayo de 2011

Estimados amig@s de la mansión.

Permitidme que hoy no os traiga excitantes historias o hermosas fotos, o incluso sensuales vídeos de hermosas y sumisas mujeres.

Disculpadme si hoy no excito vuestras mentes con lujuriosos relatos, u os obligo a meditar con fílmicas frases…

Hoy os traigo algo mucho más importante.

Una persona por la que siento un cariño muy especial, increíblemente especial, lo está pasando mal. Y yo, desde aquí, y valiéndome, una vez más, de las hermosas palabras de el poeta, quiero mandarle mis ánimos y decirle que, si quiere, puede contar con mi amistad.

Desde aquí te deseo la más rápida de las recuperaciones.

A lo largo de tu vida has demostrado ser fuerte, ojalá no te rindas ahora.

Un beso.

Sayiid

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Hagamos un trato


Compañera

usted sabe

puede contar

conmigo

no hasta dos

o hasta diez

sino contar

conmigo



Si alguna vez

advierte

que la miro a los ojos

y una veta de amor

reconoce en los míos

no alerte sus fusiles

ni piense qué delirio

a pesar de la veta

o tal vez porque existe

usted puede contar

conmigo



Si otras veces

me encuentra

huraño sin motivo

no piense qué flojera

igual puede contar

conmigo



Pero hagamos un trato

yo quisiera contar

con usted



Es tan lindo

saber que usted existe

uno se siente vivo

y cuando digo esto

quiero decir contar

aunque sea hasta dos

aunque sea hasta cinco

no ya para que acuda

presurosa en mi auxilio

sino para saber

a ciencia cierta

que usted sabe que puede

contar conmigo.

(Mario Benedetti)

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lunes, 30 de mayo de 2011

domingo, 29 de mayo de 2011




“El odio es un lastre, la vida es

demasiado corta para estar

siempre cabreado”

American History X

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sábado, 28 de mayo de 2011



Por la noche cuando contemplo la perilla de Boris reposando sobre la almohada, me pongo histérico. ¡Oh, Tania! ¿Dónde estarán ahora aquel cálido coño tuyo, aquellas gruesas y pesadas ligas, aquellos muslos suaves y turgentes? Tengo un hueso en la picha de quince centímetros. Voy a alisarte todas las arrugas del coño, Tania, hinchado de semen. Te voy a enviar a casa con tu Sylvester con dolor en el vientre y una matriz vuelta del revés. ¡Tu Sylvester! Sí, él sabe encender un fuego, pero yo sé inflamar un coño. Disparo dardos ardientes a tus entrañas, Tania, te pongo los ovarios incandescentes. ¿Está un poco celoso tu Sylvester ahora? Siente algo, ¿verdad? Siente los rastros de mi enorme picha. He dejado un poco más ancha las orillas. He alisado las arrugas. Después de mí, puedes recibir garañones, toros, carneros, ánades, san bernardos. Puedes embutirte el recto con sapos, murciélagos, lagartos. Puedes cagar arpegios, si te apetece, o templar una cítara a través de tu ombligo. Te estoy jodiendo, Tania, para que permanezcas jodida. Y si tienes miedo a que te jodan en público, te joderé en privado. Te arrancaré algunos pelos del coño y los pegaré a la barbilla de Boris. Te morderé el clítoris y escupiré dos monedas de un franco...


Henry Miller - Trópico de Cáncer

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viernes, 27 de mayo de 2011

Humillación pública.

Dícese de la técnica de BDSM consistente en someter al sumiso o sumisa a una situación en la que ha de sentirse sometido, rebajado, vejado o ultrajado por otro, con la intención de someter su orgullo y sentirse, así, dominado por el humillante.

Normalmente suele llevarse a cabo en ambientes donde todos están al tanto del tema, pero por lo visto, el príncipe Guillermo de Inglaterra decidió que era mejor dejarle claro a su conyugue, la ahora princesa Kate Middleton, quien mandaba en su casa, y de paso que se enterara el resto del mundo.

Mira que a mí no me suelen caer muy bien los habitantes de la pérfida Albión, dados nuestros enfrentamientos históricos, pero este chico en concreto, se ha ganado ya mi respeto, y es más, abogaría por que le dieran, ipso facto, la nacionalidad española, si así fuese preciso.

Lo único que me parece un poco mal es que decidiera hacerlo delante de esa pobre infante, a la que, visto la cara que pone, le auguro una larga temporada visitando a psicólogos, psicólogas y similares…

Aunque me pregunto yo… ¿Por qué se tapa la niña los oídos en vez de los ojos? ¿Es que acaso le molestaban más los placenteros gemidos de la pareja que la vista de la hombría del príncipe? Una vez más me rindo en mi intento de entender a estos isleños.

Como siempre, con cariño y cierto grado de respeto…

Sayiid.



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miércoles, 25 de mayo de 2011

Danza…

Danza para mí…

Enrédame en los sensuales movimientos de tu cuerpo…

Estimula cada uno de mis sentidos con tu baile…

Danza…

Danza para mí, hermosa odalisca…

Exprésame lo que sientes, no con tus palabras, sino con tu cuerpo…

Hazme saber que deseas con el sensual movimiento de tus caderas…

Dime que anhelas con el hipnótico movimiento de tus manos…

Haz que pierda el sentido de la realidad abducido por tu mágico baile…

Arrástrame a mágicos mundos navegando en la música que te acompaña…

Danza…

Danza para mí…

Sólo para mí…

Haz que me sienta único y especial…

Danza…

Danza para mí…

Danza una vez más…

Sayiid

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 Dedicado a una nueva amiga, aunque antigua y fiel visitante de la mansión, que ha hecho del baile,
 vida y arte. Con todo el cariño del mundo.
Sayiid
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martes, 24 de mayo de 2011

Esclavas…

Mujeres entregadas, sometidas, complacientes…

Siervas….

Mujeres únicas y especiales, capaces de renunciar a sí mismas sin exigir nada a cambio…

Sumisas…

Mujeres de fuerte corazón y condición que no temen ser vilipendiadas por aquellos y aquellas que son incapaces de sentir lo que ellas sienten…

Esclavas… siervas… sumisas… MUJERES

Siempre habéis existido, y siempre existiréis, mientras haya almas capaces de anteponer su amor a todo lo demás.

Un día más, mi reconocimiento desde esta, mi arabizada mansión.

Sayiid.

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lunes, 23 de mayo de 2011



-  ¿Lloras?

- Si Amo

- ¿Por el dolor?

- No Amo… lloro de felicidad

- ¿Cómo puedes lloras de felicidad después del castigo que has recibido?

- No lo sé Amo… simplemente me siento así.

- Eres increíble, ¿lo sabías?

Ven… ven a mi lado… permíteme que afloje las ligaduras que te aprisionan… déjame masajear tus doloridas muñecas. Quiero beberme tus lágrimas… participar de tu dolor…

Ven, acércate a mi… reposa tu cabeza en mi pecho y siente el latir de mi corazón. ¿Lo escuchas?. Late acelerado por ti…. por tu amor y tu entrega. Deja que tu corazón se acompase al mío y seamos uno sólo...

Ven, aproxímate, apóyate en mí y nada te faltará. Yo te haré feliz.

Ese será el pago a tu entrega, a tu dolor, al amor que me regalas cada día.

- Amo…

- ¿Sí?

- ¿Y aún te preguntas por qué lloro de felicidad?

- No mi sierva… ya no me lo pregunto… porque ahora serán mis lágrimas las que se mezclen con las tuyas…

Sayiid


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domingo, 22 de mayo de 2011



DESENGAÑO

 

No duele tu amor en mí,

no planea tu sombra oscura,

ya por verte no hay premura,

ya no dañas mi existir,

ni desatas mi locura,

ni provocas mi morir.


Sigues en mi pensamiento,

mas no eres un desespero.

Ya creo que no te quiero,

ya no eres mi tormento,

ni dueña de mi lamento,

ni motivo de un desvelo.


Hoy eres mi desengaño,

y advierto que no te siento,

no te vibro y no me miento,

ni el mirarte me hace daño,

y el soñarte… ni lo intento.


Ya se pasaron los años,

y el tiempo ha sido implacable.

Por la vida nos veremos,

eso será inevitable,

y el día que nos crucemos,

yo sé que nos miraremos

y todo será invariable.

Pero ni ahora yo soy el mismo,

ni tu eres insuperable.


(Mari Carmen Espinosa)

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viernes, 20 de mayo de 2011



TIEMPO DE DECISIÓN



Miedo y desolación,

acojonante tormento,

ya está aquí,

llegó el momento,

es tiempo de decisión.



Es tiempo de tomar medidas,

de meditar , libres de pasión,

de ver y comparar,

pues mi querida amiga…,

es tiempo de decisión.



Y lo que hoy decidamos

nos influirá un montón.

O subimos…

o bajamos…

Es tiempo de decisión



¿Y por quien decidirse?

He aquí la cruel cuestión:

¿Por Rajoy?. ¿ Por zapatero?

¿O por la madre que los parió?.



Pues desde mi punto de vista,

igual de perros los dos son.

Mismo perro, distintos collares…

ya no engañáis a la población.



Se os ha visto el plumero,

el culo y hasta el rejón.

No son políticos,

son embusteros.

Piratas sin barco es lo que son.



Y lo escribo aquí y ahora,

y lo grito desde la mansión,

que hoy todavía es viernes…

y aun no es jornada de reflexión.



Y reflexionando he decidido

que no merecéis mi perdón,

pues sólo sois dos chorizos

buscando vuestra mejor ocasión.



A mí no me representáis,

ni tampoco me engañáis,

y de mí ya no esperéis

ni ayuda ni colaboración.

Pues es tiempo de decisión,

y yo ya sólo decido

entre el blanco y la abstención.



(El Satiricón)

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Por más graciosa que mi tronga sea,

otra en ser otra tronga es más graciosa;

el mayor apetito es otra cosa,

aunque la más hermosa se posea.



La que no se ha gozado, nunca es fea;

lo diferente me la vuelve hermosa;

mi voluntad de todas es golosa:

cuantas mujeres hay, son mi tarea.



Tú, que con una estás amancebado,

yo, que lo estoy con muchas cada hora,

somos dos archidiablos, bien mirado.



Mas diferente mal nos enamora:

pues amo yo, glotón, todo el pecado;

tú, hambrón de vicios, una pecadora.



(Francisco de Quevedo)

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miércoles, 18 de mayo de 2011



“Hay tres maneras de hacer las cosas:

la correcta, la incorrecta y la mía”

 Robert de Niro en "Casino"

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martes, 17 de mayo de 2011



CUANDO, DESPUÉS DE AMARNOS


Cuando, después de amarnos, te coges el cabello

desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!

cual en un libro abierto, surge la letra negra

de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento, se te abren los pechos,

y los pezones, tantas veces acariciados,

parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes…

el sexo se te esconde, más pequeño y más blando…

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!

Luego, el traje lo torna todo al paisaje cotidiano,

como una madriguera en donde se ocultaran,

lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.

(Juan Ramón Jimenez)

 

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lunes, 16 de mayo de 2011

¿Existe el amor eterno?
¿O es sólo una fantasía?
¿El amor todo lo puede?
¿O nos mentimos a nosotros mismos?
¿Cruzarías océanos de tiempo para encontrarme?
Verdad, mentira, realidad o fantasía… ¿qué más da?.
Sólo importa aquello que se siente dentro de uno mismo.
Because de love never dies.
Sayiid

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domingo, 15 de mayo de 2011

LA BODA (2ª parte)


Cinco minutos después paseaba inquieto por el jardín de aquel restaurante. Lejos de la algarabía y el desenfreno provocado por la música, y de manera extraña e inexplicable, la situación parecía aún más irreal que cuando estaba dentro, en ese estado tan parecido al éxtasis en el cual me encontraba en la pista de baile.

Mis ojos no se apartaban de la puerta, y desde la distancia veía entrar y salir a los invitados.

La espera me atormentaba.

Me imaginaba que excusas podría poner ella para escaparse sola al jardín. ¿Acaso no querrían acompañarla sus amigas, sus primas? ¿No tendría un hermano que viendo lo que había pasado la prohibiera salir sola?

Mil y una fueron las excusas que argüí para explicar su tardanza cuando, de repente, apareció allí, en la puerta, hermosa y resplandeciente, buscándome con mirada ansiosa.

Me adelanté unos pasos para que pudiera verme entre la penumbra de los setos y nuestras miradas se cruzaron de nuevo.

Se acercó a mí con aquel caminar el caminar pausado y elegante de toda una princesa, con la mirada altiva y la frente alta, haciéndome esperar, provocando que pensara que venía tan sólo a decirme que la dejará en paz, que no la molestara más.

Yo permanecía allí de pie, sin moverme, esperando, dolido por su frialdad, por su falta de ansiedad, por su aparente indolencia.

Pero cuando llego a mi lado, cuando me tomó de las manos y pude hundirme de nuevo en el negro azabache de sus ojos… supe que allí dentro habitaba el fuego de la pasión, y que un edén de deseo y lujuria pugnaba por salir de aquel cuerpo cerrado por el protocolo y las buenas maneras.

No la dije nada, tan sólo la arrastre tras de mi hasta la oscuridad de los árboles.

La miré a los ojos, y musitando suavemente su nombre, Soraya…, la bese en los labios, acariciándolos con los míos, sintiendo el calor de su boca, su respiración agitada y el dulce sabor de su piel.

Miles de aromas invadieron mi cerebro; olor a hierba fresca, a flores, a tierra húmeda y lluvia fresca.

Besarla fue como entrar en comunión con la madre tierra. Me sentía vivo, lleno, pletórico de fuerza, deseo y poder.

Su boca se entreabrió para recibirme en ella, y un beso, largo, húmedo y apasionado, no fundió en un solo ser.

Yo ya no escuchaba las voces de los invitados, ni la música del salón, ni los vehículos que entraban y salía de aquél restaurante.

Yo ya solo vivía y moría para aquél instante, para aquel eterno momento en el que nuestras bocas se fundían en una sola, nuestras lenguas saboreaban el dulce sabor del deseo.

Mis manos acariciaban sus mejillas, mis labios besaban su cuello, mi respiración se agitaba como el viento en una tormenta de verano.

La miré de nuevo a los ojos y vi en ellos mi perdición, pero en vez de apartarme, me zambullí en su negrura.

Nuevos besos, nuevos gemidos mientras mis torpes manos buscaban como acariciar su piel bajo aquel elaborado vestido. Sus piernas, fuertes, duras, piernas de bailarina, se me ofrecieron bajo aquel engalanado traje, y mis manos las acariciaron lentamente, sin ninguna prisa, deleitándome en cada poro, en cada repliegue de su piel, pero avanzando sin pausa hacia el centro de toda su pasión, hacia ese volcán de fuego que se abría para recibirme.

Tumbado en la hierba, mis dedos ya acariciaban su húmedo sexo, mientras su lengua recorría mi boca, mis labios, mi cuello. Sus dientes me mordían cada vez que uno de mis dedos penetraba en su húmedo sexo, mojándose en el caliente y espeso néctar de su lujuria.

Sus pechos, duros y altivos, me mostraban sus erectos pezones que mi boca se lanzó a chupar, a lamer y a morder sin descanso. Sabían cómo la más dulce de las miles, y cuanto más los mordía, más duros y apetecibles se volvían.

Sabíamos que nos podrían descubrir en cualquier momento, pero eso ya no nos importaba lo más mínimo. Ya todo daba igual, sólo pensábamos en gozar el uno del otro.

Gemidos, susurros, mordiscos, caricias, lenguas húmedas y lascivas, una mano que hurgó en mi bragueta extrayendo mí endurecido miembro, que lo acarició suavemente, lubrificándolo, masajeándolo, hasta que, un momento después, una húmeda y caliente boca lo engulló enteró, hasta la misma base, dejando que terminara de crecer en su interior, mientras una lengua glotona y lasciva, lo recorría de arriba abajo con su cálida humedad.

Mientras su boca disfrutaba de mi pene, mis dedos húmedos y lujuriosos, lejos de conformarse con acariciar y penetras su mojado sexo, presionando su excitado botón del placer, y arrancando gemidos de su garganta… lejos digo de conformarse con eso, pasaron también a masajear su estrecho y oscuro orificio del placer.

Impregnando por sus propios fluidos, uno de mis dedos abrió el camino de su estrecho ano, penetrando suavemente, despaciosamente, sin prisas, dejando que su esfínter se adaptara a él, para después, seguir acariciándolo suavemente, notando como se contrae a su alrededor, mojándolo de nuevo hasta conseguir que fueran ya dos los dedos que le daban placer por detrás.

El masaje combinado en su sexo y en su ano, presionando suavemente la pared que los separara a ambos, hizo que mi dulce Soraya estallara en el primero de sus orgasmos, gimiendo y gozando con unos deliciosos espasmos que no hacía sino clavarse más aún en mí, provocándose nuevas oleadas de suave placer.

Después de dejarla descansar un poco, aunque ella en ningún momento dejó de darme placer con su sabia boca, la cogí y la senté de frente sobre mí, clavando mi polla en su mojado sexo al tiempo que me hundía de nuevo en la febril negrura de sus ojos.

Permití que me cabalgara en esta posición un buen rato mientras yo me dedicaba a besar lujuriosamente su boca y a morder con deleite sus duros pechos, mientras mis dedos seguían masajeando y abriendo su ya dilatado ano.

Pero era tan su calentura que poco después, nuevas oleadas de placer acudieron a su sexo, corriéndose de nuevo, esta vez sobre mí, convulsionándose espasmódicamente mientras una cálida y espesa húmedas empapaba mis muslos y mis pantalones. Tuve que taparle su boca con la mía para que sus gemidos de placer no atrajeran a los demás invitados, y poco a poco se fue calmando a medida que sus movimientos se fueron haciendo más leves y su respiración se calmaba.

Por aquel entonces yo ya estaba completamente excitado, así que, mirándola de nuevo a los ojos, la besé en los labios, y levantándome la coloqué, como una preciosa y sudada yegua, a cuatro patas, mirando hacia la puerta del restaurante, para así poder ver si venía alguien, y levantándole la falda de su vestido, acometí con mi dura polla su ya preparado culo, penetrándolo con tan sólo un par de intentos, mientras Soraya, mirando al suelo, se dejaba hacer.

La estreches de aquel oscuro templo me proporcionó tal placer, que tras unos cuantos empellones, duros, fuerte e inmisericordes, me dejé llevar hasta alcanzar mi particular clímax, mientras espesos y calientes chorros de semen invadían su cuerpo.

La penetre una y otra vez hasta vaciarme por completo y sentirme exhausto y satisfecho, regalado y abandonado, feliz y colmado de intenso placer.

Caí derrotado a su lado, y mi dulce Soraya se dio la vuelta y me beso suavemente en los labios.

- Muchas gracias por regalarme vuestro placer, Señor Sayiid

- ¿señor Sayiid? ¿Y tú como sabes que yo…?

- Shhhhhhh… no diga nada, es mejor así.

- Pero yo quiero saber por qué tú…

- Shhhhhhhh, por favor… así será mejor.

Y levantándose rápidamente, se arregló como puedo el vestido y volvió de nuevo al interior del salón, con su andar señorial y pausado.

Yo estaba completamente anonadado. ¿Cómo podía saber ella quién era yo? ¿Cómo se había enterado?

Rápidamente me vestí para buscarla y pedirle una explicación, pero al subirme los pantalones, puede comprobar que una extensa y húmeda mancha se había aposentado en ellos; ciertamente Soraya era una mujer con una gran capacidad de excitación.

Rápidamente fui al baño, intentando que nadie se fijara en mí y en mi mancha, y con paciencia y unas cuantas toallas de papel, pude adecentarme un poco, pero cuando volví al salón del restaurante, Soraya ya no estaba allí, y yo no sabía a quién preguntar por ella.

Desde entonces he indagado, he buscado, he preguntado… pero nadie ha sabido darme razón de la adorable Soraya. A veces pienso que haya podido ser todo un sueño, una fantasía, un efecto de mi imaginación, pero… aún recuerdo el sabor de su boca, la textura de su piel, el calor de su cuerpo…

Por eso, si alguien la ha visto alguna vez o sabe dónde pudiera encontrarla, no dejéis de decídmelo. Los sueños existen para ser perseguido, y si Troya fue conquistada para recuperar a una tal Elena… Sayiid estaría dispuesto, por qué no, a reconquistar el Magreb…

Sayiid
 
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sábado, 14 de mayo de 2011

LA BODA

Era una boda de esas a las que nadie desea ir. Un compromiso.

Una de esas bodas en que conoces a uno de los novios tan sólo de vista, o como mucho de haberle saludado un par de veces, y a la que te invitan por el simple hecho de ser pariente de un pariente.

Con ese ánimo partí de casa a la hora convenida:

- Hay que estar en el restaurante a las siete en punto

- Tan pronto

- Si, a las siete en punto.

- ¿Pero no se han casado en el juzgado esta mañana?, ¿A qué tanta prisa?

- Y yo que sé. A las siete en punto, no te olvides.

Y a las siete y cinco estaba yo en el restaurante, con ganas de acabar cuanto antes y largare de allí en cuanto no resultara “políticamente incorrecto”

Y por supuesto, cuando llegué allí no había aun nadie. Yo y mi manía de ser puntual. Creo que nunca aprenderé.

Ciertamente, la cosa iba de mal en peor.

Pero aprovechando que el tiempo acompañaba y que el restaurante tenía una aceptable terraza, me senté en una mesa, me pedí una cerveza bien fría y me dediqué a observar a los convidados que, poco a poco, fueron acercándose al lugar de la celebración.

Puede así ver a viejas señoronas perfectamente ataviadas, enjoyadas y peripuestas; pude ver a sus serios y circunspectos maridos contestándolas de manera aburrida mientras sus ojos se desviaban, sin poder evitarlo, hacia los jóvenes y tersos cuerpos de las jovencitas que, con sus cortas faldas y ajustados vestidos, nos iban alegrando la tarde. Vi también a jóvenes de pelo rapado con trajes de chaqueta tan brillantes que para poder mirarlos de frente era necesario ponerse las gafas de sol.

Vi a mujeres maduras que aprovechando el carácter festivo de la fiesta, mostraban sus atributos en forma de escotados vestidos que dejaban ver la blanca carne de sus enormes pechos.

Desarrollando, pues, el siempre delicioso vicio del vouyerismo, acompañados por algún que otro saludo a hombres y besos en la mejilla a mujeres de las que no me sabía ni el nombre, fui apurando mi tercera cerveza hasta que, ya próximas las nueve de la noche, apareció por la puerta el novio, elegantemente vestido de negro y con un capullo de rosa roja en la solapa.

Yo, esta vez, venia de parte del novio, o eso creo, por lo que me levante para felicitarle por su enlace y augurarle una larga vida llena de bienaventuranzas y felicidades.

Si, lo sé, reconozco que mi capacidad para mentir a la cara a aquel pobre muchacho sin sentir el más mínimo remordimiento, fue algo antológico. Pero uno, con la edad, aprende a hacer esas cosas.

De la novia poco sabía, ni siquiera la había visto una sola vez; eso sí, caritativas almas llenas de buena fe me había advertido de que no me sorprendiera cuando la viera por primera vez, puesto que esta iba a ser una boda “mixta”, o mejor dicho, “intercultural”. ¿Qué que quiero decir con eso?. Pues es evidente… que la novia no era cristiana vieja… es más, ni siquiera era cristiana, sino que era una, y eso lo supe cuando la vi por primera vez, una preciosa muchacha musulmana.

He de reconocer que se detalle ya le dio mayor interés al bodorrio, y más aún cuando, acompañando a la novia llegaron sus padres, sus dos hermanas, y sobre todo, su preciosa, deliciosa, encantadora, hermosísima y angelical prima Soraya.

Desde el mismo instante en que la vi, morena, esbelta, no demasiado alta, enfundada en un precioso vestido de color purpura con adornos de oro, con sus rojos y sensuales labios, sus ojos negros, profundos y rasgados, como la más bella de las princesas de las mil y una noches… como os digo, desde aquel mismo instante consideré que merecía la pena estar allí y que tenía que esforzarme por estrechar los lazos familiares y no ser un extraño en tan multirracial familia.

Evidentemente ya no pude apartar la vista de aquella angelical criatura, y mis ojos la buscaban donde quisiera que estuviese, vagando por aquella terraza con un alma en pena en busca de su salvación.

Cuando el maître no indicó que ya podíamos pasar al salón y que nuestros lugares estaban indicados en unas hojitas mecanografiadas que encontraríamos en la puerta, una enorme desazón acudió a mi ser… ¿y si por mor del destino me alejaban de ella y me sentaban entre dos de esas señoronas que no paran de hablar ni un instante, preocupándose por la vida privada de uno y buscándole, si necesario fuese, algún partido apetecible entre sus nietas?

Afortunadamente no fue ese el caso, y ya me ocupé yo de entrar lo suficientemente tarde como para ver donde se sentaba mi dulce Soraya, pero lo suficientemente pronto como para poder elegir silla y quedarme así de frente a ella. Dicho y hecho, conseguí un lugar especialmente apropiado para poder verla durante toda la velada sin tener que sufrir, por ello, una dolorosa torticolis como consecuencia de forzar en demasía mi pobre cuello.

En cuanto a lo de mis acompañantes, ahí no tuve tanta suerte, porque si bien no me tocaron dos de mis temidas cotorras, sí que me tocó una a la derecha, mientras a mi izquierda se sentaba una jovencita que por no tener, no tenía ni brillo en los ojos. Y encima no dijo ni “mu” en toda la cena, no sé si por miedo a pecar, o porque era muda. Aunque tampoco quise indagar demasiado al respecto.

El problema de verborrea de la derecha lo solucioné gracias a un más que aceptable rioja que a bien tuvieron de ponerme delante de mi copa, con lo cual, entre el vinillo y la deliciosa vista que tenía justo enfrente de mí, eso sí, cada vez que conseguía verla a través de un serio señor con enorme bigote que se sentó justo enfrente mía, puede ir sorteando la noche.

Entre los entrantes, las cigalas, el solomillo y la botella y cuarto de vino que me trasegué, fui pasando pacientemente la velada, terriblemente desanimado porque todos mis intentos de establecer contacto visual con aquella reina mora, resultaron infructuosos.

Por qué claro, abordarla así sin más, estando rodeada de hermanas, hermanos, primas, primos y similares, podría haber resultado políticamente incorrecto, y no era plan el estropear la fiesta con simples probaturas.

Así que después de tomarme el café, ya casi había desistido de mis loables intenciones de establecer “lazos interculturales” por el bien de la humanidad.

Pero he aquí que entonces surgió el milagro. Después del consabido corte de la tarta nupcial, del vals de los enamorados, y de improvisar una especie de discoteca en el centro del salón con música bailonguera y facilona, la cual mantenía a mi ángel de negros ojos sentada en su mesa sin atreverse a levantar levantarse de ella… después digo de soportar ese castigo durante unos diez minutos… he aquí que de los altavoces del salón comienza a surgir un ritmo mucho más básico y tribal, más sencillo y a la vez más embriagador… y al compás de ese ritmo, mi princesa y sus primas se levantan de la mesa y comienzan a mover sensualmente sus hermosos cuerpos dejándonos a todos extasiados con la voluptuosidad de sus movimientos.

Poco a poco, nuevas mujeres, estás ya vestidas a la europea, se aproximaron a el mágico circulo, siendo admitidas sin ningún problema, por lo que pronto, una excitante grupo de mujeres, árabes algunas, españolas las otras, ondulaban sus cuerpos al ritmo de una música arrebatadoramente sensual, mientras tribales gritos surgían de sus gargantas.

Nunca sabré si fue el vino, el champan o la visión de todas aquellas mujeres danzando y contorneándose alrededor unas de otras, pero en un momento dado, cual aquelarre de meigas en medio del monte, una especie de delicioso aturdimientos nos embargó todos, transportándonos a antiguos mundos de odaliscas y señores, de danzarinas y guerreros, de tapices y música de exóticos instrumentos.

Y fue en ese instante donde ya todo dejó de importar, y acercándome a mi dulce reina mora, la tomé de las manos y me zambullí en la profundidad de sus oscuros ojos, dejándome llevar por ella, por su ritmo, por las ondulaciones de su cuerpo que me llevaban a un nirvana nunca conocido antes por mí.

Desconozco el tiempo que duró aquello; no sé si fueron minutos u horas; sólo sé que a su lado el tiempo dejo de importarme, y que nada de lo que ocurría alrededor tenía la más mínima importancia para mí.

Sólo podía ver sus cara, sus ojos… sólo me mantenía en contacto con el mundo real a través de sus manos, enlazadas con las mías; yo no bailaba, simplemente sentía la música dentro de mí; era un ritmo sensual, cadencioso, malévolo, incitante, extenuante…

No deseaba que acabara nunca, no quería que se rompiera aquel lazo mágico que se había establecido entre los dos… y sin embargo se rompió, se disolvió, se difuminó cuando la maldita Shakira y si WakaWaka rompió la magia sensual que aquel árabe chillout mágico había establecido entre nosotros…

Sus manos se desprendieron de las mías, y yo sentí como me abandonaba la respiración. Sólo vivía porque sus ojos seguían prendidos de los míos, sólo vivía porque su mirada me daba el aire que necesitaba para poder vivir, como una bombona de oxígeno le da la vida a un enfermo que se asfixia por falta de aire.

Y entonces, una de sus primas, tiró de ella y arrancó su mirada de la mía. En ese instante creí desfallecer. En ese instante, las fuerzas me abandonaron, y la vida huía ya de mi ser.

En ese instante, ella se volvió hacia mí, y mirándome de nuevo a los ojos, me dijo las más hermosas palabras que jamás había escuchado de una boca de mujer…

- Me llamo Soraya… y dentro de cinco minutos saldré a tomar el aire al jardín….


Sayiid (continuará)

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