Prologo de El Libertino

miércoles, 31 de agosto de 2011


Oda al femenino sexo

Las columnas de cristal
al templo de Amor sustentan,
donde adora el alma mía
la imagen de su belleza.

 
Hecho otro Sansón mi gusto,
y nuevo Alcides en las fuerzas,
probando las de mis brazos,
vine a dar con todo en tierra.

 
Corrió el Amor las cortinas
que tuvo siempre cubiertas
descubriendo maravillas
y otro Nuevo Mundo en ellas.

 
Hechos Colones mis ojos,
tendió la vista sus velas,
llenas de estrellas de gloria
las luces de sus bellezas.

 
Vi dos montañas de plata
hechas de sutiles hebras,
el bello vellón de Colcos
matizado de turquesas.

 
En medio, un profundo valle,
cuyas hermosas laderas
traen siempre nieve helada,
donde enciende Amor sus piedras.

 
Aquí el estrecho famoso
de Magallanes comienza,
donde todos los navíos
que quieren pasar, se anegan.

 
Aquí el mar del Sur se encoge
entre dos hondas riberas,
con anzuelos de diamante
las blancas perlas se pescan.



Al pie de un monte,
que hace de alastro negra esfera,
de dos deleites de Amor
está la encantada cueva.

 
Tiene agradable la entrada,
hermosa boca pequeña,
por tener en sus orillas
dos collados que la cercan.

 
Ella está cercada en torno
de menuda y fresca yerba,
con tal virtud que al caído
le levanta la cabeza.

 
Dentro de ella está un gran lago,
Tal que nadie lo vadea,
Porque para hallarle fondo
son cortas todas las cuerdas.

 
Aquí está la fuente oculta
que tiene tal preeminencia,
que cuantos vienen al mundo
dicen que pasan por ella.

 
Todos cuantos fuertes Cides
aquesta aventura prueban,
entrando de acero armados
salen más blandos que cera.

 
Quise atrevido pasarlo
y alegre llegué a la puerta,
armado y lanza en puño,
para entrar en la pelea; 
y aunque en tierra las rodillas
y humillando la cabeza
por ser a tales reliquias
debida tal reverencia,
el deseo artificioso,
con una llave maestra
que a todas las cerraduras
abre con gran sutileza,
pasé el estrecho, dejando
solos dos amigos fuera,
que en la batalla aguardaron
para salir con la empresa.

 
Temblaron todos los montes,
y estremeciese la tierra,
convirtiéndose las formas
en su primera materia.


(Francisco de Quevedo y Villegas)

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martes, 30 de agosto de 2011



Blancanieves.

Sabio se acuesta a mi lado despertándome con suaves caricias y tiernos besos. Mocoso despierta al resto y se une lamiendo goloso mis caderas. Tímido prefiere la luz apagada. Protegidas por la oscuridad, sus manos recorren sin pudor mi desnudez. A intervalos, siento el cálido roce de la palma abierta de su mano recorriendo en círculos la cumbre de mis pezones. Mudito las mata callando, sin duda es el que más me hace gozar cuando me invade una y otra vez su firme y permanente erección. Dormilón disfruta sus sueños eróticos abrazando mi muslo a rítmicos golpes de pelvis. Escucho a Gruñón protestar por falta de sitio, deseosa de probar su enfado, le ofrezco otra vía colocándome de rodillas, mis hirientes gemidos parecen aumentar la furia de sus acometidas. Bonachón parecía conformarse admirando el placer de sus hermanos, pero plantándose frente a mi boca me invita a saborearle…

Mientras fumamos satisfechos pienso una vez más: “¿Quién necesita un príncipe azul?”

Gotzon 
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lunes, 29 de agosto de 2011



“Te amo demasiado para condenarte”

(Gary Oldman en Drácula)


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sábado, 27 de agosto de 2011



“El largo pene engruesó y se enardeció todavía más. También la bola que lo remataba se hinchó, y todo el tremendo aparato parecía que iba a estallar de lujuria. La joven Bella susurraba frases incoherentes, de las que sólo se entendía la palabra joder. Ambrosio, también completamente enardecido, y sintiendo su enorme verga atrapada en las juveniles carnes de la muchacha, no pudo aguantar más, y agarrando las nalgas de Bella con ambas manos, empujó hacia el interior toda la tremenda longitud de su miembro y descargó, arrojando los espesos chorros de su fluido, uno tras otro, muy adentro de su compañera de juego. Un bramido como de bestia salvaje escapó de su pecho a medida que arrojaba su cálida leche.

—¡Oh, ya viene! ¡Me está inundando! ¡La siento! ¡Ah, qué delicia!

Mientras tanto el carajo del sacerdote, bien hundido en el cuerpo de Bella, seguía emitiendo por su henchida cabeza el semen perlino que inundaba la juvenil matriz de ella”.


Autobiografía de una pulga (Anónimo, 1881)
 
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jueves, 25 de agosto de 2011



Posesión


Largas piernas y negra cabellera.

Labios carnosos y dulces pechos.

Ojos profundos y húmedos recovecos.

Besos profundos y placeres eternos.



Tenerte, someterte,

usarte, gozarte,

lamerte, poseerte,

castigarte, acariciarte…



Besarte, azotarte…

Adorarte, humillarte,

disfrutarte, otorgarte…

vivirte… retenerte…

recordarte, suspirarte…



Así es mi vida y mi deseo…

Así es destino y mi camino,

Y el tuyo, mi dulce sierva…

Es compartirlo, siempre, conmigo…

 
(Sayiid)
 
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martes, 23 de agosto de 2011

Como lo prometido es deuda, y uno, aunque pobre, es fiel cumplidor de su palabras, he aquí la continuación del relato de mi buena amiga Rosaida, que tuvo la amabilidad de invitarme a dar mi punto de vista desde su florido jardín.

Ya sabéis de que va el tema… dos personajes (Eva y Pablo), cinco capítulos, cada uno escrito por una persona, y múltiples variaciones de dos personajes sin repetición, tomados de dos en dos, de tres en tres o… allá cada cual con sus orgias.

En este caso yo he decidido intentar ponerme en el lugar de Eva y tratar de discenir que sentía ella en ese momento. Dudo mucho de haberlo conseguido, pero la experiencia ha sido positiva en cuanto a intentar entender a la otra parte, la parte sumisa, y sus sentimientos y motivaciones.

Quizás no es lo que esperabais de mí, pero… esto es lo que hay.

Y como aún queda un capítulo que escribir, les cedo el testigo a otras dos buenas amigas de la mansión: a Fantasía {} (http://viviendoenfantasia2.blogspot.com) y a SorBad (http://fuentedevida.over-blog.es), que a buen seguro serán capaces de terminar esta estupenda historia con un final digno de ser leído.

Y ya no me enrollo más; aquí os dejo mi versión de los hechos. Que la disfrutéis :- )

Sayiid.

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Cuarta parte: Poniéndose en el lugar de una sumisa.

¿Cómo había llegado a esa situación?

¿Cómo era posible que ella, una mujer normal y corriente, se encontrara ahora allí… con los ojos vendados, medio ahogada por un cinturón que la rodeaba su cuello y que estaba atado a aquel sucio toallero, con su culo enrojecido por los azotes de Pablo, y con su ano dolorido y escocido después de haber sido abierto, penetrado, usado por la dura polla de Pablo…?

¿Cómo era posible que aun siguiera allí, pese a saber que en cualquier momento alguien podría entrar en aquel baño y verla allí, sucia, desnuda, vejada y usada como una vulgar ramera…?

Y lo que era peor… ¿Cómo era posible que, por encima del dolor y del miedo primara un deseo irracional y una excitación que jamás antes había experimentado?

¿Acaso se estaba volviendo loca?. ¿Es que se había convertido en una perturbada?. ¿En una enferma del sexo?. ¿Acaso su mente se había rendido ya a la perversión y había perdido todo atisbo de dignidad? ¿de decencia? ¿de decoro? ¿de simple humanidad?

¿Seguía siendo una mujer o ya tan sólo era un animal al que todo le daba igual con tal de tener a su macho, a su dueño, al lado?

¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar con tal de que Pablo no la abandonara?

¿Dejaría que otros la usaran? ¿Qué utilizaran su cuerpo para cumplir sus más perversas fantasías? ¿Qué la trataran como un simple “objeto” sin sentimientos, sin deseos, sin personalidad propia?

¿Qué había hecho Pablo con ella?. ¿En que la había convertido?.

¿Y dónde estaba Pablo? ¿Por qué no volvía? ¿Qué esperaba de ella?

Que sencillo sería soltarse el dogal del cinturón, ponerse su arrugado vestido, lavarse la cara e irse a su casa, a tomarse una ducha caliente, y a olvidarse de todo aquello. Que sencillo sería volver a su vida normal, anodina, tranquila y relajada… a sus amantes de una noche que eran incapaces de satisfacerla, de hacerla sentir el placer de saberse sucia, usada, mancillada… dominada…

Que sencillo sería acabar con todo aquello, huir y pensar que sólo había sido un error, una pesadilla, una equivocación…

¿Pero era eso lo que deseaba? ¿Era eso lo que de verdad quería?

Le aterraba la idea de que Pablo hubiera ido a buscar a alguien para volver a usarla entre los dos. Pero en realidad no tenía miedo de Pablo. Su instinto le decía que Él siempre cuidaría de ella, que no permitiría que le hicieran más daño del que pudiera soportar… Aun así, no se sentía preparada para ser usada por otro hombre que no fuera Él. Porque ella estaba dispuesta a soportarlo todo, lo que fuera, pero por Pablo. Por nadie más.

Su satisfacción, su placer, no era físico, sino que su gozo provenía del hecho de saber que Pablo disfrutaba con ella.

Jamás había sentido algo así con anterioridad.

Y era por Pablo, por no fallarle, por no decepcionarle, por lo que seguía allí, desconocedora del tiempo que había pasado, ignorante de lo que le iba a pasar, muerta de miedo por la incertidumbre, humillada y dolorida, rendida a su Dueño….

Si, entonces lo comprendió… en ese momento encajaron todas las piezas del rompecabezas y una nueva Eva renació de sus cenizas. Fue justo en ese instante cuando alcanzó el conocimiento de que ya daba igual lo que pasara; ya daba igual que Pablo la usara, la humillara, la castigara, la compartiera, la cediera o la repudiara.

Porque en ese mismo instante comprendió que lo que ella sentía era algo puro y personal, independiente de lo que los demás sintieran por ella. En ese momento de lucidez comprendió que ni siquiera necesitaba que Pablo la amara, porque el amor que ella sentía por Él, la devoción que sentía por Él, era independiente de todo lo demás que no fuera su corazón.

En ese momento, Eva se supo sumisa, y la aceptación de ese hecho, lejos de perturbarla o incomodarla, la colmó de una paz dulce y serena.

Por eso no le importó que justo en ese instante se abriera la puerta, a pesar de saberse desnuda y accesible a quien entrara allí. No le importaba que la vieran en esa situación tan humillante para una mujer normal, porque ella ya no era una mujer normal, no… ella ahora era la sumisa de Pablo, y ya sólo le importaban los deseos de su Dueño y hacerle feliz.

- ¿Qué tal perra…? veo que no has intentado huir… eso me complace.

- No mi Señor, no huiré. Te pertenezco y puedes hacer conmigo lo que desees.

- Y eso haré, no lo dudes.

Eva se preparó para ser usada de nuevo. Su culo le ardía aún bajo el efecto de los azotes de Pablo, y su ano le escocía horriblemente, con una extraña sensación de vacío que hacía que su esfínter se contrajera regularmente.

Estaba preparada para recibir nuevos azotes, o para ser sodomizada de nuevo, si ese era el deseo de su Amo, y lo soportaría por mucho que le doliera.

Y entonces sintió la mano de su amo sobre su enrojecido culo, y sintió como un dedo penetraba en su dolorido ano, pero no fue la sensación desagradable que ella esperaba, sino más bien una sensación de frescor que le calmaba el prurito que sentía en su piel.

Lejos de sentir dolor, sintió placer cuando esa mano masajeaba sus doloridos glúteos…

- De veras que siento haberte hecho esperar aquí, mi amada perrita… pero es que se me había olvidado la pomada en el coche. Espero que este masaje te alivie el dolor, mi vida.

- Si mi Señor, sí que me alivia… muchas gracias mi Dueño.

- Pues entonces, si ya estás… vístete; nos vamos... tú y yo.

- Si mi Dueño. Mi Señor…

- ¿Sí?

- Que os amo como jamás os han amado ni os amaran en toda vuestra vida… Os pertenezco… en cuerpo y alma…

- Pues que así sea, mi dulce esclava.

Sayiid

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lunes, 22 de agosto de 2011



“Lo que tienes que pensarte es

si de verdad el zumo compensa

  el tener que exprimir la fruta”

 ( Timothy Olyphant en "La vecina de al lado")

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domingo, 21 de agosto de 2011



-Quítate el cinturón -dice en voz baja; le obedezco, incapaz de separar mis ojos de los suyos en el espejo. Sin saber qué debo hacer ahora, lo enrosco como la apretada serpiente que era cuando estaba en la caja. Me lo quita y dice :

-Sube a la cama. No, a gatas.

Me pasa una mano por detrás para desabrocharme los pantalones y dice :

-Bájate los pantalones por el culo.

Algo cede en mí, y mis codos ya no pueden sostener mi peso. Estoy de rodillas, la cabeza entre los brazos, y de mi garganta surgen sonidos que no alcanzo a interpretar: ni temor ni deseo, sino la incapacidad de distinguir entre ambas cosas y como resultado... Me golpea, tras ponerme una almohada encima de la cabeza para amortiguar mis gritos; después, me posee como poseería a un hombre. Grito más fuerte que antes, con los ojos abiertos como platos en la oscuridad, la almohada cubriéndome el rostro. Muy dentro de mí, su golpeteo cesa abruptamente. Me empuja boca abajo, su mano derecha debajo de mí y entre mis piernas. Tumbado encima de mí cuan largo es, levanta la almohada y escucha cómo se apagan mis sollozos. Cuando me doy cuenta de que estamos respirando al unísono, serenos, sus dedos inician su infinitesimal movimiento. Mi respiración no tarda en agitarse. Me vuelve a tapar la cara con la almohada cuando me corro y no tarda en correrse también. Coge Kleenex reforzado de la mesilla y me lo mete por entre las nalgas. Cuando, más tarde, lo saca de allí. está empapado de semen y teñido de rosa. Acurrucado contra mí murmura :

-Tan prieto tan caliente, no puedes imaginarte...

Nueve semanas y media (Elizabeth McNeill, 1978)
 
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sábado, 20 de agosto de 2011

Nueva entrega de la serie “Fantasías eróticas animadas de ayer y hoy”.
La fantasía de esta noche podríamos denominarla… “La fuente del placer”
Y no, no me refiero al origen del placer, sino más bien a una autentica fuente de femeninos fluidos.
Cierto es que esta es una fantasía más ornamental que práctica, pero… no solo de placer carnal vive el Dominante.
Pues lo dicho… sentaros (no demasiado cerca por lo de las salpicaduras) y disfrutad del hermoso espectáculo sólo comparable con esa otra fuente que despierta en mi mis más lúbricas fantasías… y me refiero por supuesto a la fuente de la sin par Diosa Cibeles…

(Sayiid)

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video


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viernes, 19 de agosto de 2011


FRASE DE CABECERA DE LA MANSIÓN




“Todo gran poder conlleva

una gran responsabilidad”

(Cliff Robertson en "Spiderman")

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jueves, 18 de agosto de 2011



A magdala.



Ojos de gata,

piel de aceituna.

Lusitana belleza…

que embargas mi ser.



Regalo de dioses

que no me merezco.

Mi sierva, mi esclava,

mi amor… mi Mujer.



Al mundo viniste

para hacerme feliz.

La luz tú me diste,

me enseñaste a vivir.



Por ti es que yo existo,

sin ti yo nada sería,

tan solo una sombra,

un alma perdida.



Un ser anodino

sin fe ni ilusión.

Un pobre individuo

sin alma ni pasión.



Un hombre vestido

con un traje gris,

una vida oscura

sin final feliz.



Pero a mi te entregaste,

y me regalaste tu ser,

tu cuerpo, tu alma,

tu vida y tu fe.



Y en mi despertaste

al hombre que soy.

Ahora visto de colores

cuando a tu vera estoy.



Es tanto lo que te debo,

es tanto lo que te amo,

que a los cuatro vientos

quiero yo gritarlo.



Que todos lo sepan,

que todos se alegren,

magdala es mi sierva,

y Sayiid,

con toda su alma,

a su esclava quiere.
 
 
(Sayiid)

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martes, 16 de agosto de 2011

 
 
"Se puso de rodillas sobre la cama, con la cabeza bajada, como lo haría un fiel que se arrodillara para rezar en dirección a la Meca. Sus nalgas llenaban toda mi visión, dos enormes bolas que revelaban la flor violeta de su ano. Rápidamente, extendí mi mano sobre ellas, cubriendo tanta superficie como me era posible. A cada golpe, la doncella animaba con una sonrisa, mezcla de placer y gemido. La golpeé sin misericordia, seguro de que podría soportar muchas más cosas. Además, estaba tan excitado que no podría haberle hecho daño. Sólo los sádicos con sangre fría hacen daño a sus víctimas. Esas prácticas no tienen nada que ver con el arte gentil y divertido del azote... Continué azotando el relleno y tembloroso culo de la doncella. La vi meter la mano entre sus muslos y comenzar a acariciarse, rogándome: “Sí, monsieur, más fuerte, ¡más fuerte!”.

El arte del azote (Jean Pierre-Enard, 1988)

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domingo, 14 de agosto de 2011



"Hay un rostro bajo esta máscara pero no soy yo.

 Ese rostro no me representa más que los

 músculos y los huesos que hay debajo"

(V de Vendetta)

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viernes, 12 de agosto de 2011

Hoy vamos a jugar a un juego.
¿Y en que consiste ese juego?. Pues es… un reto… un reto al que me han invitado los amigos de BDSMWorld (http://directorio-blogs-bdsm.blogspot.com/)
¿Y en que consiste este juego/reto os preguntareis?
Pues es muy sencillo. Partiendo de unas premisas dadas, es decir, dos personajes (Eva y Pablo) y una localización (una cafetería), yo voy a escribir el primer episodio de un relato, y después invitare a dos amig@s de la mansión para que escriban cada un@ su versión en un segundo episodio. Cada un@ de ellos invitara a otr@s dos amigos y así hasta tener cinco episodios completos, que después serán conjuntamente publicados en el Directorio de Blogs BDSM.
Las reglas del reto/juego están en http://directorio-blogs-bdsm.blogspot.com/
Pues bien… aquí está mi primer capitulo.
Yo he “bautizado” a mi relato con el nombre de “EVA O EL NACIMIENTO DE UNA SUMISA”.
Y para escribir el segundo capítulo de este relato, reto a dos buenas amigas de la mansión: a la dulce Sweet, de allende el atlántico, y a la celtica Princesa de las calzas de colorines.
Estoy seguro de que las dos mejorareis mi pobre introducción, y ya estoy deseando leer la continuación.
Por cierto, tenéis que mandar vuestros episodios al correo del directorio de blogs de BDSM, que creo que es: directorio.blogs.bdsm@gmail.com
Un saludo y confío me perdonéis el atraco :- )


Sayiid.
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EVA o EL NACIMIENTO DE UNA SUMISA


Pablo esperaba, pacientemente, en la terraza de la cafetería, apurando su cerveza, una helada “Estrella de Galicia”, mientras veía deambular a la gente por el paseo marítimo de A Coruña.
Lo cierto es que no estaba muy seguro de porque estaba allí. Evidentemente no era por su gusto. Apenas llevaba una semana de nuevo en A Coruña, después de más de diez años de vivir en el extranjero, y lo que menos le apetecía era una cita a ciegas.
Pero su santa madre había insistido tanto en que viera a Eva, su vecinita de la infancia, que por no contrariarla había accedido a quedar con ella.
En realidad apenas recordaba a aquella chiquilla pecosa, delgaducha y desgarbada, que lo seguía a todas partes como si de un perrillo faldero se tratara. Si recordaba que se comportaba más como un chico que como una chiquilla, y que no se arrendaba ante nada.
¿Qué aspecto tendría ahora?. Debería tener unos veintitantos, y seguro que seguía tan delgaducha como entonces. ¿Aun llevaría el pero cortado casi a cepillo, o se lo habría dejado largo?
- Hola Pablo, perdona que te haya hecho esperar.
La voz lo sobresaltó durante un instante, perdido como estaba en sus pensamientos. Ahora ya no tenía que imaginarse a Eva, porque, se supone, la tenía allí mismo, delante suya, aunque maldita fuera su estampa si se la había imaginado así.
- ¿Eva?. Dios, como has cambiado.
- Bueno, claro… ¿y que esperabas?. Han pasado once años desde la última vez que nos vimos… tiempo de sobra para cambiar.
- Pues a fe mía que tú has aprovechado el tiempo… ¿Dónde está aquella chiquilla delgaducha y pecosa que se metía entre las rocas conmigo a coger cangrejos?
- Ya hace mucho que no me meto entre las rocas a coger cangrejos. Si acaso lo hago es por otros motivos más… placenteros

Una mirada mitad pícara, mitad provocadora, iluminó los ojos de aquella mujer, porque ya era toda una mujer, de redondas formas, y larga cabellera negra. Vestía un ceñido top que marcaba sus generosos pechos, una falda blanca de vuelo por debajo de las rodillas, y unas sandalias de negras tiras que dejaban a la vista sus bien cuidados pies.
Mentalmente, Pablo decidió que no se le debería olvidar darle las gracias a su madre por haber insistido tanto en que quedara con su ex-vecina.
- Bueno, ¿y te vas a sentar o te vas a quedar ahí de pie todo el rato?
- Pensaba que no ibas a pedírmelo.
- Por favor, se tu misma.
- ¿Estás seguro?
- ¿Tan peligrosa resultas?
- No lo sé… ya no soy aquella cría asustada que te seguía como un corderito. La verdad es que eras para mi… no se… un hermano mayor, o más bien, una especie de ídolo.
- ¿No me dirás que estabas enamorada de mí?
- Pues claro, como casi todas las chicas del barrio.
- Pues nunca me dijiste nada.
- ¿Y qué iba a decirte, si me tratabas como si fuera un chico?
- Cosa que, evidentemente no eres…
Ahora fue Pablo el que la miró con descaro, regalándose la vista con sus torneadas piernas, con sus turgentes pechos y sus carnosos y rellenos labios…
Pidió de beber al camarero, cerveza para los dos, y arrellanándose en su silla, continuó sondeando a la hermosa Eva…
- Bueno, pues cuéntame… ¿Qué ha sido de tu vida en estos años?
- Pues lo normal. Acabé el instituto y me queda un curso para acabar la carrera de periodismo.
- Vaya, una periodista en ciernes… Tendré cuidado con lo que digo, no sea que te de por publicarlo…
- ¿Es que tienes muchos secretos que ocultar?
- Alguno… pero aún es pronto para que te enteres de ello.
- ¿Quieres provocar mi curiosidad?
- No se… quizás preferiría provocarte otras cosas.
- ¿No vas muy rápido?
- Quizás… todo depende de si eres capaz de seguirme el ritmo…
- Probemos a ver…
- Y dime, curiosa periodista… ¿tienes novio?
- Más o menos…
- ¿Más o menos? ¿Tienes o no tienes?
- Bueno, salgo con alguien, pero no es nada serio. Es un amigo de la facultad, aunque a mí siempre me han atraído los hombres con más experiencia.
- ¿Te gusta experimentar?
- Claro, ya te he dicho que soy muy curiosa.
- Pues ya sabes que la curiosidad mató al gato…
- Yo no tengo nada de gato, en todo caso, sería una tigresa.
- Bueno, bueno… no es necesario que saques las uña… gata.
- ¿Me tienes miedo?
- Mucho… ¿no ves cómo me tiemblan las manos?
- Vaya… mi héroe de la infancia es un blandito… que desilusión.
- Así es la vida, Evita… un cúmulo de desilusiones.
- ¿Y yo te he desilusionado?
- Ya te lo diré cuando nos separemos…
- Pues será pronto, porque he quedado con mi chico y no me gusta hacerle esperar.
- ¿Ese chico inexperto del que me hablabas?
- Ese, sí.
- Bueno, no le hagamos esperar entonces. ¿Dónde has aparcado?
- Ahí mismo, en el parking subterráneo.
- Pues espera que pague y te acompaño hasta el coche
- No es necesario.
- Por favor… insisto en hacerlo…
- Muy bien, como gustes… mi “blandito” amigo.
De camino al parking siguieron charlando sobre su infancia, sus recuerdos y experiencias, sus deseos y temores, y así, charlando animadamente, llegaron a la segunda planta del parking subterráneo donde Eva tenía aparcado su coche, un viejo Ford Fiesta de segunda mano.
- Pues ya hemos llegado.
- Ya lo veo.
- Es hora de despedirse.
- ¿Y no me vas a dar un beso de despedida?
- Pues claro. Por qué no.
Eva se acercó a Pablo para besarle en la mejilla, pero este, sin previo aviso, la tomo por la nuca y acercó sus labios a los carnosos labios de la mujer. En un principio Eva se sobresaltó, pero un instante después su lengua recorría el interior de la cálida boca de Pablo, mientras las manos de este la rodeaban por la cintura y la atraían hacia él, para que sintiera el calor de su erección entre sus torneados muslos.
Tampoco puso ninguna objeción cuando las manos de Pablo descendieron hasta sus bien formados glúteos, atrapándolos y comprimiéndolos, empujándolos contra su cuerpo para incrementar el roce de los dos cuerpos.
- Para, no va a ver alguien.
- ¿No decías que te gustaba experimentar?
- Sí, pero….
No le dio tiempo a decir nada más, pues Pablo la giró bruscamente, apoyándola sobre el coche, sujetándola por la cintura con su mano izquierda, mientras la derecha buscaba su sexo por debajo de la blanca falda. Y lo que encontró fue una explosión de jugos y de calor que empapaban completamente la minúscula braguita que tapaba el húmedo sexo de Eva.
Mientras la mordía con fuerza en el cuello, haciendo presa de ella, su mano arrancó sin consideración el minitanga, y comenzó a acariciar ese empapado coño que se abría como una flor para que sus dedos entraran sin la más mínima dificultad.
- Para, por favor… nos van a ver…
- ¡ Cállate!. Ya es tarde para eso.
Lo siguiente que sintió Eva fue el inhiesto falo de Pablo penetrando en su sexo, empujándola contra el coche, al tiempo que su mano izquierda pellizcaba los duros pezones de la hembra, mientras su boca golosa la mordía en el cuello, en el hombre, en la espalda…
- ¿Qué haces cabrón?
- Follarte, puta. No he deseado otra cosa desde que te vi delante de mí.
- Nos van a pillar, aquí hay cámaras de seguridad…
- Y a mí que cojones me importa… calla y mueve ese culito de ramera hasta que me corra de gusto.
- Eres un cabrón
- Soy mucho más que eso, puta.
Y estrujándola contra el coche, continuó metiendo y sacando su polla de aquel encharcado coño hasta que sintió como la pelvis de Eva empezaba a contraerse y dilatarse a la vez que su respiración se agitaba y un grito de placer escapaba de su boca, dando salida aun explosivo orgasmo que le empapó completamente su bóxer y su pantalón, dejando allí impresa la marca del placer de la chica.
Pero no por eso detuvo se cabalgada, sino que aumentó aún más el ritmo, al tiempo que apretaba con fuerza las duras tetas de Eva, hasta sentir un escalofrió que le recorría la columna vertebral, avisándole de la inminente llegada de su orgasmo.
Y en ese momento, agarrando a Eva por su hermosa mata de negro pelo, sacó su lubrificado falo del coño de la hermosa joven, y obligándola a arrodillarse delante de él, comenzó a correrse abundantemente sobre su cara, su cuello, sus pechos, impregnando de cálida y espesa leche toda su ropa, hasta vaciarse completamente sobre la chica.
- ¿Y bien? ¿Te ha gustado la experiencia?
- Eres un gilipollas… ahora tendré que irme a cambiar a casa y llegaré tarde a mi cita.
- ¿Qué me has llamado?
- He dicho que eres un…
- Silencio. Ni una palabra más. A partir de este mismo instante te dirigirás a mí con respeto, tratándome de Señor… ¿está claro?
- ¿Y por qué iba a hacer eso?
- Porque te he cogido cariño, porque tienes un coño delicioso… y porque a mí también me gusta experimentar…
- ¿Experimentar?
- Cállate. Ahora iras a ver a tu novio, pero sin cambiarte de ropa. Quiero que te huela y que sepa lo zorra que eres. Y por muy caliente que se ponga, no le dejarás que te folle ni tú le darás placer a él. No obstante, como premio a tu comportamiento de hace un momento, te permito que él si te de placer a ti con su boca, pero nada más.
- Pero…
- Cállate te he dicho. Mañana iras a recogerme a mi Hotel a las diez de la mañana. Es el Hotel “Anduriñas”, habitación 69. Llevarás una blusa blanca, una minifalda negra y botas altas… y nada más. No quiero impedimentos de ropa interior si me apetece usarte. ¿está todo claro?
- Si
- ¿Si qué?
- Si… Señor.
- Muy bien, ahora ve con tu novio… no es plan que se impaciente…
Y sin decir palabra, Eva se colocó la ropa, se subió a su coche y se alejó, dejando allí a Pablo, satisfecho y aún excitado, preguntándose si Eva se presentaría en su Hotel la mañana siguiente. 
Sayiid

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