Prologo de El Libertino

jueves, 21 de mayo de 2015




Entonces fue cuando Adéle se marchó a Maizy—le—Thou, lo cual nos permitió actuar con mayor tranquilidad, puesto que yo era la única que me alojaba en el piso alto del edificio de la casa.
Sin embargo, nuestros encuentros seguían estando Henos de dificultades. En primer lugar, porque yo disponía de poco tiempo libre y, cuando llegaba la noche, me caía de sueño; y, en segundo lugar, porque durante el día cualquiera podía pillar a Léon subiendo la escalera sin ninguna razón confesable. En consecuencia, nos encontrábamos por la mañana, muy temprano, inmediatamente después de desayunar juntos, mientras su madre estaba en el cuarto de baño y su padre enfrascado en sus papeles.
No era lo ideal, pero podíamos contar con media hora larga de seguridad, e incluso más, pues ni a su madre ni. todavía menos, a su padre se les hubiera ocurrido nunca buscarlo en mi habitación.
Fue allí donde le enseñé a comerme el conejo y a lamerme el clítoris hasta que logré gozar en su boca. ¡No fue una tarea fácil! Mi primo era todavía muy pudibundo. En ese aspecto, lo son casi todos. Entre los hombres, los amantes de chochitos distinguidos constituyen una excepción, mientras que entre las mujeres eso es algo habitual; me refiero a las aficionadas a la bollería, por supuesto, que son muchas más de las que por lo general la gente se imagina. Comprendo perfectamente que a todo el mundo no le gusta el bacalao, pero una mujer limpia destila un delicioso aroma natural, un perfume único, según dicen los que saben apreciarlo. Un día, en la calle Moulins, mientras esperaba precisamente a un apasionado del café Deux— Colonnes, se me ocurrió verter medio frasco de colonia en el agua para lavarme. Para lavarme eso, evidentemente. Pues bien, a mi cliente no le gustó en absoluto, y poco faltó para que me echara de la habitación y me cambiara por Mimi la Gamba.
— Por esta vez, pase —me dijo—. Pero que no se vuelva a repetir, pequeña. Un coño debe oler a coño, y no a agua de colonia.
Me di por enterada. Aquel hombre tenía toda la razón

(Continuará)

Confesiones de una desvergonzada (Anónimo)




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7 comentarios:

DonJuncal dijo...

He de confesarle algo mi buen amigo, es para mi una delicia una delicatessen el poder saborear un buen chochito y recrearme con la lengua tanto en su clitoris como absorber y dar pequeños mordisquitos en sus labios, oh pasar la lengua por toda su vagina mientras que con la nariz toca su botoncito mágico del clitoris, bueno bueno seguiría pero no es plan jajaja ya se lo figurará mi buen amigo,...
PD..: y sin que sirva de presedente una vez al terminar la señorita en cuestión grito a los cuatro vientos vivaaaa la madre que te parió jajaja

* dijo...

La verdad, es que me he quedado embobada en la imagen y he pasado del texto.
Mi máxima sinceridad siempre, D. Sayiid.
Besos de Pecado.

Sayiid Albeitar dijo...

Pero mi buen amigo... es usted un artista del cunilingulis...
Pues que sepa que es una técnica extremadamente apreciada por el genero femenino.
Eso, y saber besar, son dos de los requisitos indispensables para poder ser considerados como buenos amantes.
Y visto lo visto, usted, mi buen amigo, pertenece, por derecho propio, a ese selecto club.
Para que luego digan que en España no hay talento jejejeje

Un abrazo, mi buen amigo, y siga usted así..., que ya verá como se lo agradecen :-)

Sayiid Albeitar dijo...

jajajaja, sincera si que ha sido, milady, jejejeje
Y yo que se lo agradezco.
Cuando dicen que una imagen vale mas que mil palabras..., seguro que se están refiriendo a esta imagen, a que si?

Un beso, mi querida amiga, y siga, por favor, disfrutando de esta, su casa...

María dijo...

Lo siento pero la imagen tan sumamente excitante me impide leer el texto, para otra vez será mmmm jajaja.

Un beso.

Sayiid Albeitar dijo...

Vaya, voy a tener que cuidar más que imágenes acompañan a los textos y dará igual lo que ponga, porque nadie lo leerá jejejejeje

Me alegra haber acertado con la imagen.
La próxima vez pondré un campo de amapolas :-)

Besos desde la mansión, milady

María dijo...

Jjajajajaajajaj amigo Sayiid, pero qué gracioso eres :-) y... aunque los campos de amapolas me encantan, prefiero para su mansión, estas imágenes tan excitantes, aunque me nublen la vista.

Un beso.

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