Prologo de El Libertino

miércoles, 17 de junio de 2015




Cuando saltó el mensaje de whassap en mi móvil, sabía que eras tú. Llevaba un rato esperando tu llegada y, como siempre, me avisaste al llegar a la puerta de mi casa.
Eres una putita bien educada y sabes que jamás has de presentarte ante mí sin haberme pedido permiso antes.
Te lo di, por supuesto, con un escueto mensaje: “Adelante”.
Menos de un minuto después, sonaba el timbre de mi puerta y, parsimoniosamente, pues me gusta mantenerte inquieta y a la espera, delante de la entrada, a la vista de posibles vecinos mirones, me acerqué a abrirte.
Como siempre, estabas allí, sumisa, entregada, con la mirada baja y las manos a la espalda, con tu minifalda negra, tu camisa blanca, tus medias de seda y tus zapatos de tacón.
La imagen de la perfecta sumisa que yo había ido construyendo con el paso de los meses.
“Adelante, pasa”, te dije, y tú pasaste al interior de mi casa sin decir palabra.
Yo cerré la puerta, seguro, una vez más, de que nuestra pequeña escena había tenido más de un espectador a través de las mirillas de las otras puertas de mi edificio. No me importaba, que pensaran lo que quisieran, seguro que, fuera lo que fuera lo que imaginaran, se quedarían cortos.
Entré detrás de ti, observando desde atrás tu hermoso cuerpo, tus voluptuosas y deseables curvas, y el nerviosismo de tus manos, aún entrelazadas en tu espalda, y que no podía parar quietas.
Lentamente, tomándome mi tiempo, me coloqué delante de ti, y acariciando con mi mano derecha tu mentón, elevé tu cara para darte un suave beso en los labios.
Y fue ahí, al coincidir por primera vez nuestras miradas, cuando descubrí el brillo febril en tus ojos, la mirada de deseo, de avidez, de pasión…
Cierto que en nuestros mensajes me habías dicho que estabas famélica, que sentías un deseo exacerbado, que no veías el momento de complacerme, de satisfacerme, de saborearme…
Pero pensaba que era como otras veces: palabras del juego de la pasión, prolegómenos de un nuevo encuentro sexual, exageraciones propias de whassaps en la distancia.
Pero aquella mirada tuya, aquella manera de devorarme con los ojos…
No, aquello no era un juego, aquello era algo completamente real.
Te besé en la boca. Un beso largo, profundo, intenso, incluso algo salvaje. Mi lengua recorría tu boca y mis dientes mordían tus labios mientras mis brazos abarcaban tu cuerpo y mis manos acariciaban tu piel, ya por debajo de la camisa.
Pensaba que habría sido solo una sensación mía, un equívoco, un efecto óptico propio de la excitación del momento…
Pero justo en ese momento, sin decir nada, empezaste a empujarme hacia mi habitación, y los dos enlazados, como en un extraño baile sin música, avanzamos hacia atrás hasta llegar a la alcoba.
Nuestras bocas seguían unidas en un largo y profundo beso; nuestras manos recorrían nuestros cuerpos de manera compulsiva, y el tiempo parecía haberse detenido.
Yo te comía la boca y tú me la comías a mí en un excitante juego de presiones, lenguas y saliva.
Y sin decir la más mínima palabra, te desprendiste de mi trampa bucal y te arrodillaste ante mí.
No tuve que decirte nada, no tuve siquiera que insinuártelo, no fue cosa mía, eras tú la que decidías en aquel momento el curso de los acontecimientos.
Tus dedos desabrocharon los botones de mi bragueta y tus manos se pelearon con mi bóxer para sacar mi miembro, ya levemente endurecido, de su cueva.
Apenas puede verlo, pues como un animal hambriento, te abalanzaste sobre él y lo hiciste desaparecer dentro de tu boca, iniciando una mamada que nada tenía de suave o sensual. Era el tuyo un acto animal, intenso, salvaje.
Mi polla desaparecía dentro de tu boca y aparecía de nuevo a los pocos segundos, para volver a desaparecer de nuevo en esa dulce cueva de placer en la que se había convertido tú cavidad oral. Entrabas y salías y yo me dejaba hacer, presa de la sorpresa y del placer que estaba sintiendo. Me estaba gustando esa actitud tuya de tomar la iniciativa, de comerme a bocados, de darme placer como si cada segundo fuera el último de nuestras vidas…
Me estaba gustando, si…, pero todo tiene un principio y un final, y si tu instinto te pedía devorarme, a mí el mío me pedía someterte. Por eso mi mano izquierda se apoyó sobre tu nuca y empezó a empujar tu cabeza sobre mi vientre, acelerando el ritmo, mientras mi pelvis se clavaba contra tu boca en embestidas cada vez más rápidas y profundas, que provocaban que tu respiración fuese cada vez más entrecortadas y que hasta intermitentes arcadas acudieran a tu boca cuando mi polla, ya completamente dura, te penetraba hasta la campanilla.
Al mismo tiempo mi mano derecha masajeaba tu pecho izquierdo y se entretenía en retorcer y pellizcar su duro pezón, lo que provocaba que leves gritos surgieran, ahogados por mi pene, de tu garganta llena de dura y caliente carne.
Así estuvimos unos minutos, tu sofocada como una máquina de vapor a pleno rendimiento, y yo haciendo verdaderos y titánicos esfuerzos por no correrme en tu boca.
Mi polla, dura hasta el dolor, entraba y salía de manera frenética de tu boca, mientras tu saliva resbalaba por ella, por la comisura de tus labios y caía por tu cuello y hasta tus pechos, que ya habían sido liberados de la opresión de tu blanca camisa y de tu sostén, por mí.
Cuando entendí que si seguía así, la fiesta acabaría pocos segundos después, pues notaba los espasmos previos a una inmensa corrida, agarrándote de la coleta te levante, de manera más bien brusca, y apoyando tus brazos sobre el mueble de la cómoda, te obligué a abrir bien las piernas para darme completa accesibilidad a tu cuerpo.
Levantando tu pequeña minifalda deje a la vista tu hermoso culo, aun cubierto por unas finas braguitas blancas, por debajo de las cuales destacaba, como no podía ser de otra manera, pues así te lo había ordenado, tu reluciente plug negro insertado hasta el fondo en tu delicioso culo.
Sin miramientos destroce tus braguitas y comencé a acariciar tu coño, ya bastante mojado, pero aun cerrado, con la punta de mi polla.
Tu gemías cada vez que sentías mi glande rozar sobre la abertura de tu vagina, implorando en voz baja que dejara de torturarte y que te la clavara una vez más…, pero yo quería alargar el momento, disfrutar de él, y me conformaba con dejarte con las ganas mientras, de vez en cuando, te propinaba un fuerte azote a mano abierta sobre tus nalgas, que ya empezaban a coger un delicioso color carmesí.
Por supuesto que todo esto no duró demasiado, pues si tu tenías ganas de que te follara, yo tenía muchas más ganas que tú de follarte, así que, en uno de los paseos por tu mojada raja, mi polla presionó sobre los labios de tu coño, y de una sola embestida te clave mi polla hasta la base, hasta los mismos huevos, arrancándote un grito que no supe identificar si era de placer o de dolor.
Una vez abierto el camino me  dediqué a bombear fuertemente dentro de ti una y otra vez, mientras te acariciaba las tetas y pellizcaba tus pezones o azotaba tu culo.
Tan fuertes fueron las embestidas que tu plug salió disparado de tu culo, lo que, para mí, fue, o quise que fuera, una señal divina que me decía que había llegado el momento de cambiar de agujero.
Y así lo hice; sacando mi empapada polla de tu coño, comencé a presionar sobre la boca de tu culo, que aún estaba deliciosamente cerrada. Fui presionando poco a  poco, atento a las posibles señales de tu dolor, pero tu culo parecía estar anhelando que yo lo abriera, porque, casi sin tener que presionar, mi polla se coló en ese delicioso agujero negro de placer.
Tras unos pequeños instantes en que permanecí quieto para que tu esfínter se adaptara a la circunferencia de mi polla, comencé a sodomizarte con ganas, con ansia, con fuerza, atrayendo tus caderas hacia mí, a la vez que mi pelvis chocaba con tus muslos, gozando de tan estrecho regalo a la vez que dulces gemidos, para mis oídos, escapaban de tu garganta.
“Acaríciate”, te dije, y, obedientemente, empezaste a acariciar tu coño mientras sentías como mi polla taladraba tus entrañas. Estabas muy caliente, es verdad, en eso no me habías mentido, porque en poco tiempo tuviste dos deliciosos orgasmos que hacían que empinaras tu delicioso culo, clavándote en mí hasta no dejar ni el más mínimo espacio entre los dos.
Yo seguía gozando de tus entrañas, pero también quería mi parte de placer, por lo que, sacando mi miembro de tu dilatado ano, te tumbé en la cama, ahora bocarriba, y colocando tus piernas sobre mis hombros, apunté de nuevo, directo a tu agujero sagrado, clavándome, sin ninguna dificultad, en él.
De esta manera, mientras me follaba tu culo, podía ver la cara de viciosa que ponías, a la vez que podía, guinda del pastel, torturar tus deliciosos pezones, o meter mis dedos en tu boca para que los mojaras hasta sentirlos entumecidos.
Reconozco que no hice mucho por retenerme, pues, si la cosa se daba bien, tendríamos tiempo para mucho más, así que, empujando con ansia, con ritmo, con fuerza e intensidad, pronto sentí que me venía dentro de tus intestinos, pero, antes de eso, saqué mi polla de tu culo, y meneándomela un poco, comencé a soltar densos y delicioso chorros de leche caliente y espesa sobre tu vientre, tus tetas, y hasta tu cara.
Fueron unos instantes de placer supremos, al unirse el clímax del orgasmo con la visión de tu cara de niña sucia y viciosa, anhelante de la leche de su Dueño.
Y yo te lo di todo, no me guardé absolutamente nada. Entre gruñidos de placer me vacié sobre tu cuerpo para, después, caer agotado, pero satisfecho, sobre ti.
Tu soportabas complaciente mi peso, y yo te susurraba al oído lo feliz que me habías hecho y el placer que me habías dado, y tu cara se iluminaba de felicidad, pues sabías que habías conseguido lo que querías…, provocar a mi lado más salvaje y animal, a ese que no tiene compasión de ti y que te deja, dolorida pero satisfecha, durante días…

Sayiid

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2 comentarios:

sayuri de S dijo...

Has conseguido que vuelva a ese dia......y que me sienta más FAMELICA si es posible....reconozco que cuando iba pensando en lanzarme sobre ti no sabia si tu respuesta sería buena o no ejejeje me arriesgué y...me salió bien... :) ya sé, ya sé..no debo dar por sentado nada...contigo eso es imposible

un besito Amo de tu famélica sierva

Pd: La próxima vez iré vestida de pin up... ;)

Pd2: de verdad como me gusta leerte..y más si son cosas asi ejeje

Sayiid Albeitar dijo...

En una cosa tienes razón, mi sierva: jamás debes dar nada por sentado, ni siquiera por de pie ;-).
Pero he de reconocer que me gustó tu actitud.
Y si, a mi también me gustó recordar ese día.
¿Como no iba a gustarme?
Son momentos vividos con intensidad y emoción.
Y confío en que vivamos muchos más así.
Besos, mi sierva, y feliz velada :-)

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