Prologo de El Libertino

domingo, 12 de julio de 2015

Es domingo por la noche, y eso supone, mis queridos y queridas amigas, que mañana es de nuevo lunes, y hace calor, y el fin de semana ha sido intenso y agotador, y seguro que estamos todos un poco pesarosos y deprimidos…
Y precisamente por eso, para levantaros el ánimo y demostraros que no hay día malo, que todos los días pueden ser viernes de lujuria si nosotros así lo queremos…, precisamente por eso, esta noche mágica y especial, os traigo un relato, que espero, tenga continuación, de mi muy querida Lady PI, también conocida como “Puramente Infiel”. Seguro que con su saber hacer, con su arte para introducirnos en situación con alto contenido erótico, con su capacidad para convertirnos en espectadores privilegiados de sus lúbricas historias, consigue hacer que esta noche sea mucho mejor, mucho más excitante y mucho más caliente…, aún.
Y si os sabe a poco, siempre podréis visitar su blog, “eltactodelpecado.blogspot.com.es”, donde encontrareis mil y una excitantes historias con las que estimular vuestra indecencia, vuestra lujuria, y hasta vuestro espíritu puramente infiel  ;- )
Yo, por mi parte, solo me permito darle las gracias por permitirme este pequeño “atraco” y que una más de sus historias, adornen la pared de mi modesta mansión. Y por supuesto que, si hay continuación, volveré a colarme en su habitación para robarle con alevosía y nocturnidad su…, su historia, porque robarle su virtud ya lo tengo mucho más difícil : -)
Un abrazo y feliz lunes para todos, amig@s

Sayiid


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Observaba desde aquel ángulo a los invitados a la fiesta.
Mi mirada se detuvo durante largos minutos en aquella mujer. Sé muy bien cuando una mujer es bella. No me importa reconocerlo.
Y ella lo era.
Tenía muy buen tipo y una larga cabellera dorada. Todo lo contrario a mí, es cierto, pero no sentí que tuviera nada que envidiarle.
Estaba ensimismada en pensamientos tontos. Nada del otro mundo, cuando Él llegó por detrás de mí y me susurró algo al oído. Es como un gato muchas veces y cuando me abstraigo de todo, siempre me pone en alerta.

- ¿Qué ven los ojos de Mi putita?
- ¿Eh? –pregunté, girándome.- ¿Qué dices?
- ¿Te gusta? –me preguntó mientras me rodeaba la cintura con sus brazos y  me hablaba al oído.
- ¡Déjate de tonterías! Hay que atender a los invitados…

Su mano, nada disimulada, se perdió en mis nalgas, apretando una de ellas.

- Todavía no te he dado mi regalo de cumpleaños pero espero que te guste…

Le vi hablar con esa mujer durante mucho rato, pero no le dí mayor importancia. Yo seguí atendiendo a mis invitados hasta que al cabo de unas cuatro interminables horas, se retiraron los últimos invitados.

Cuando ya iba a retirarme, vi a mi Dueño que estaba hablando con la empresa encargada del catering, por lo que yo decidí subir a la habitación a darme una ducha. Estaba realmente agotada.

Dejé que el agua cayera sobre ni cuerpo. Apoyé las manos en la pared y el agua golpeó mi espalda… No quise pensar en nada, pero sentía curiosidad por saber cuál sería Su regalo de cumpleaños. Es muy suyo, muy a su manera y, aunque ya  poco debiera sorprenderme sobre El, siempre, siempre consigue hacerlo.

Estaba ensimismada en esos pensamientos cuando, de pronto, se abrió la puerta de la ducha… ¡Me asusté!

- ¡Me has asustado!

- Lo siento…, no te inquietes. Ya está todo solucionado. Ven…- me pidió, tendiéndome una toalla.
- Pero… ¡Si estoy duchándome!
- No repliques tanto…Te pasas media vida protestando… Ven…

Me lo ordenó con tanta suavidad como autoridad. Me envolví en aquella toalla y Él me ayudó a secarme un poco el pelo…

-¡Cálzate!  -me dijo.

Me tomó de la mano y cruzamos el vestidor hasta llegar a mi amplia habitación. Me quedé helada. A los pies de la cama, desnuda, se hallaba la mujer rubia del jardín.

- ¿Qué significa esto? -pregunté a mi Amo.
- Es tu cumpleaños y si me apetece regalarte una puta, te la regalo… Y la vas a disfrutar. Pide que haga todo lo que tú desees. Hoy mandas tú. Su cuerpo y su mente se someten a tu voluntad… Haz disfrutar a Tu Señor… con el regalo que te ha dado.

Hizo una leve pausa y continuó:

- Ahí tienes todo cuanto puedes emplear… para ti o para ella… Como dispongas… Tú pones el límite…

Vi sobre el banco, a los pies de la cama, toda esa serie de artilugios con los que mi Amo solía jugar conmigo…, y algunos más que nunca había visto hasta ese instante.

Me besó en la mejilla y se separó. Fue a sentarse al butacón que había en un lado de la cama y allí se acomodó. Le observé. Tan digno, tan Señor, tan... Él.

Miré a la chica y ella me sonrió. Obviamente sabía para lo que estaba allí y me estaba esperando. Observé su cuerpo desnudo, la redondez exuberante de sus pechos operados…, el vicio en su cara…, las ganas de todo…, de no sé qué…

Y en ese instante me sentí perdida.

Una sola vez antes había estado con una mujer, y me costó muchísimo soltarme… Y ahora, sin previo aviso, mi Amo me volvía a poner en bandeja un nuevo juego, al que no sabía si sabría jugar o si sería capaz de estar a la altura de las circunstancias. Mil y un pensamientos se amontonaron de forma inconexa en mi excitada mente.

Dejé caer la toalla al suelo y me mostré desnuda, con el pelo mojando cubriéndome la espalda, y aun escurriendo brillantes gotas hasta el suelo.

Le indiqué a la puta con la mano que se acercará hasta a mí.

No sé por qué, de pronto, me entraron unas terribles ganas de abofetear a aquella mujer. No tenía ningún sentido, pero ella obedeció, y mansamente se acercó hasta mí. La miré, pero ella dirigía su mirada hacia el suelo. Le obligué a subir la cara, colocando mis dedos en su mentón. Su mirada se cruzó con la mía…, y le estampé una sonora bofetada en su mejilla. El chasquido resonó en toda la habitación. Le miré a Él, y mi Dueño permaneció impasible, con una pierna sobre de la otra, el brazo apoyado en el reposabrazos de la butaca y la mano contraria sujetándose el mentón. Mi Amo sabe que yo no tolero los golpes en la cara, y sin embargo, sin ningún motivo, yo le había propinado uno bien sonoro con la palma de la mano abierta a aquella mujer a la que no conocía de nada y contra la que nada tenía.

Ella me escupió.
La verdad, no me lo esperaba. Así que volví a cruzarle la cara.
A mí no me escupe nadie y menos a la cara.
Esta vez la bofetada fue más fuerte.

La cogí del pelo con toda mi fuerza y la obligué a arrodillarse ante mí, pero no le hablé, no le dije nada. Ni una palabra, ni un reproche.
El silencio, como me dice mi Amo a mí, es lo mejor para alguien que no entiende.

Ya en el suelo, y de rodillas ante mí, la solté de mala manera, con rabia, y caminé hasta donde estaban los artilugios.
No sabía qué hacer, no sabía cuál coger…
No  estoy acostumbrad a ser yo la que los use, y por eso no sé usarlos adecuadamente. Tenía cierto temor y que se me fuera la mano, que le pudiera causar algún mal a aquella putilla que estaba allí mismo, desnuda, a mis pies…

¿Qué debía hacer? ¿Humillarla? ¿Provocarle dolor? ¿Placer?

Tal vez debería usarla como un saco en el que vaciar todas mis rabias y tensiones de las últimas semanas. Sé que no es justo, pero… ella era mi puta y podía hacer con ella lo que quisiera. Eso me había dicho mi Amo.
Así que, sin pensarlo mucho…
Cogí la fusta…

Como estaba de rodillas aún, hice que  abriera sus  piernas y que colocara sus manos en la espalda.

Le acaricié con la palma de la fusta la comisura de su boca, sus labios entreabiertos y sus sonrosadas mejillas, haciendo que la besara…
Llegué a continuación hasta uno de sus pechos, de erectos pezones, a los que rocé con la fusta, antes de darle pequeños y suaves toques con ella.
Por la cara que ponía, parecía gustarle,  pero yo ya pensaba en el siguiente movimiento, porque ella estaba allí para que yo disfrutara, no para su propio disfrute.

Si, algo había que cambiar.

De pronto, y sin previo aviso, azoté su coño rítmicamente. Ella daba pequeños grititos de dolor, y yo, de vez en cuando, le miraba a Él, y si veía que era ella la que lo hacía, yo se lo impedía cogiéndola del pelo y girándole la cabeza.
Como la muy puta seguía insistiendo en mirar a mi Amo, la volví a agarrar del pelo y la arrastré por el suelo, delante de Él,  hasta llevarla a la cama.
Al llegar al tálamo, me tumbé y le ordené que me acariciara entera, pero advirtiéndola de que no me tocara la cara por nada del mundo.

La muy perra no dijo nada, pero pronto sentí sus labios recorrerme entera, centrándose  en mis tetas, golpeando  mis pezones con la punta de su húmeda lengua y mordisqueando luego cada uno de ellos.
Mientras una de sus manos abarcaba mi pecho, la otra…, la otra seguía camino abajo, hacia mi sexo…, el cual ya se encontraba ardiente y húmedo.

La putilla se recreó con mi otro pecho, mientras sus dedos mojados en mis calientes flujos, empezaban a separar los labios de mi coño y buscaban ansiosamente mi clítoris.
Ante tal calentura, la cogí de nuevo por el pelo, y empujé su cabeza hacia mi entrepierna.
Ella entendió perfectamente lo que yo ansiaba y no tardó nada en alcanzar mi abierto sexo  con su boca.
Yo, por mi parte, le facilité la tarea, abriéndome completamente de piernas, y mostrándole  mi encharcado sexo en todo su esplendor…

- Cómemelo… -le ordené.

Ella se  acomodó mejor entre mis piernas y lamió mi sexo con su húmeda lengua.

- Despacio, zorra -le dije, mientras notaba sus dos manos aplicadas en mis tetas, pellizcando mis endurecidos pezones, tirando de ellos, de tal manera que yo apretaba los dientes de gusto y arqueaba mi espalda para lograr una mayor penetración de su lengua en mi enardecido coño.

Notaba el suave tacto de su lengua subiendo y bajando por mi depilado coño, enmarcado tan solo por unos escasos vellos en  el centro del pubis.
Ella empezó a lamerlo de un lado a otro. Luego haciendo círculos. Después de arriba abajo y vuelta a empezar, mientras mis caderas se movían al ritmo que ella marcaba…

Un instante después sentí la penetración de un dedo, pero no me incomodó dada la suavidad con la que entró…

- Más, sigue, no pares… -le decreté.

Y mi coño se fue abriendo también a sus dedos. Había observado que sus manos eran pequeñas, así que creo, aunque no podría asegurarlo,  que en un momento dado debió meter la mano entera en mi coño,  por cómo me tiraba allí abajo, pero el placer que sentía era tan supremo, que me abstuve de decirle nada…

Mi clítoris parecía querer reventar de gozo. Lo notaba henchido y tirante, y aquellos lengüetazos no eran para menos. Hundí su cara en mi coño con fuerza, presionándole la cabeza, para que me oliera, para que se ahogara en  mis jugos...

Pero yo no quería correrme aún, así que ella tenía que esforzarse en darme el máximo placer, pero de modo que llegara al umbral del éxtasis sin cruzarlo.

Presa de la pasión, me senté de rodillas, dejando que viera mi sexo en toda su grandeza. Ella respondió a mi oferta estimulándome el ano, con suaves caricias circulares empapadas de su saliva, mientras seguía acariciando mi sexo y dándole suaves golpecitos…

La muy puta sabía lo que se hacía.
Sabía mejor que yo lo que yo quería, que era, simplemente, disfrutar…
Y demostrar a Él que podía hacerlo y que podía cumplir su voluntad…, fuera la que fuese.
Aunque no sabía si era eso lo que Mi Señor esperaba de mí…

Tenía a mano varios vibradores, de diferentes tamaños y diferentes velocidades. La rubia se introdujo uno de buen tamaño en la boca para humedecerlo y templarlo, y después empezó a pasarlo por encima de mi empapada raja, terminando de lubricarlo con mis calientes y espesos fluidos, hasta que lo introdujo en mi coño y empezó a moverlo dentro y fuera, acelerando más y más,  mientras notaba su dedo entrando y saliendo de mí ya dilatado ano.
Yo me rompía de placer cuando notaba como como ambos, dedo y vibrador, se acomodaban dentro de mí  al mismo vaivén.

Mi respiración era cada vez más fuerte y los gemidos retumbaban en la habitación,  aun cuando yo intentaba ahogarlos sobre la almohada…

Dos dedos torturando mi ano…, entrando y saliendo de él sin compasión, mientras el vibrador traqueteaba en mi coño mojado y, al mismo tiempo,  gozaba con  aquellas palmadas en mis glúteos.

Como pude, le indiqué a la puta que sacara sus dedos de mi extendido culo y que usara su lengua, que me penetrara con ella, que me lamiera y que me mojara tanto que pareciera que me hubiera corrido. Ella obedeció sin rechistar. Le miré a Él y me guiñó un ojo.
Lo estaba haciendo bien, según parecía.

Como aún quería algo más, tumbé a la perra de espalda sobre la cama. Cogí aquellas esposas y la aprehendí de las muñecas para atarla al cabecero del mueble. Después me senté sobre su cara, con las piernas bien abiertas, y dejé que me lamiera de nuevo mi encharcado sexo, mientras yo me movía de adelante hacia atrás, o bajaba y subía….

Apretaba tanto que sentía como la ahogaba con el peso de mi cuerpo, y notaba como su rostro se clavaba en mi coño.
Quería correrme sobre su cara y que se bebiera toda mi corrida…

Le tapé la boca, dejándole sólo un pequeño resquicio para poder respirar por la nariz.
Percibía esa sensación de agonía en sus ojos, pero ni aun así me detuve.
Sabía que podía respirar.
Le pellizcaba sus pezones y tiraba de ellos con fuerza, retorciéndolos…
Me excitaba oyendo sus gritos y usaba  la fusta sobre su cuerpo para que  se retorciera de dolor…
No me importaba su sufrimiento.
Sólo me importaba el placer que pudiera proporcionarla a Él, a mi Dueño, mi Amo, mi Señor,  y el mío propio.

Tuve que agarrarme fuerte a los barrotes del cabecero cuando empecé a sentir aquellas acometidas eléctricas recorriendo todo mi cuerpo.
Estaba a punto de estallar.

- ¡¡¡Abre la boca, puta!!!

¡Cuántas veces me había dicho eso Mi Señor a mí! Y ahora comprobaba por mí misma el placer que decirlo implicaba.

Se lo dije mientras metía mis dedos en su boca y abría la mano para abrírsela  al máximo.
Le di varias bofetadas hasta que consideré que ya no la podía abrir más…

Y en aquel espasmo en el que mis piernas perdían fuerza, en el que se me iba el alma en cada gemido y en cada grito, me desbordé encima de su rostro.
La corrida fue tremenda.
Ella luchaba por bebérsela toda.
Se le salía de la boca y se ahogaba con ella.

Escurría por mis muslos y me mojaba el pubis, así que cuando dejé de correrme le obligué a lamer todo lo que quedaba, toda mi corrida extendida sobre mi piel…

Mientras, de tanto  en tanto, estrellaba mi mano contra su cara, insultándola…, porque no era como cuando Él me dice a mi “puta”, “zorra” o “putita”…

Él lo dice cariñosamente, pues yo soy Su Puta, Su Zorra, Su Perra…

Yo le decía “puta”, “cerda”, “guarra”, con rabia, con sentido despectivo, como si sus sensaciones y sentimientos me importaran muy poco;  con el pleno convencimiento de que la estaba usando, en el peor de los sentidos…

Cuando acabé, cuando la laxitud se apoderó de todo mi cuerpo y el placer ya me iba abandonando, me dejé caer en la cama, agotada y exhausta, al lado de la puta.

Desde allí alcé la vista hacía Mi Señor y pude ver ese brillo animal que a veces aparece en sus ojos. El brillo del cazador que ya sabe suya a la presa. Y supe que la noche no había acabado, porque ahora le tocada disfrutar a Él…

Puramente Infiel

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8 comentarios:

María dijo...

Ya dejé un comentario en su blog, me pareció este texto mmmmmuy excitante, demasiado, está escrito con una gran maestría erótica, y la felicito desde aquí también. Y ahora a esperar lo que le toca a EL...

Un beso.

jordim dijo...

qué calentura....

* dijo...

Muchas gracias, D. Sayiid, por participar de mis letras. Para mí es un auténtico placer poder ser vuestra amiga y compartir tantas cosas.
Permitid que esta vez mis besos no sea solo de Pecado, sino también de gratitud.

Sayiid Albeitar dijo...

Demasiado excitante, lady María?
No concibo un texto tal como ese que vuesa merced dice...
Nada es nunca demasiado excitante, mi querida amiga, aunque hay que reconocer que nuestra querida lady Pi, si sabe acercarse al límite de la excitación :-)
Y por eso, sus palabras adornan mi humilde mansión...
Un beso, lady María. Yo también estoy ansioso por conocer el siguiente movimiento de nuestro amigo...

Sayiid Albeitar dijo...

Cierto, cierto, maese jordim...
Yo no lo habría definido mejor con tan pocas palabras :-)

Bienvenido a esta, mi humilde mansión.
Siéntase como en su propia casa.
Feliz velada...

Sayiid Albeitar dijo...

las gracias he de dároslas yo a vos, mi querida amiga, por consentir con este atraco a mano armada, de robaros vuestras deliciosas y sensuales letras y traérmelas a mi mansión.
Pero entenderéis que la tentación era demasiado intensa como para, siquiera, pensarme en resistirme a ella...
Ya sabéis que soy un pobre ladrón ávido de excitantes y lujuriosas historias, un pobre hombre que se alimenta de vuestra sublime imaginación...
Pero pese a ello, no soy un hombre egoísta, y por eso comparto el fruto de mi pecado con todos nuestros amigos y amigas..., para goce y deleite de todos.
Besos también para vos, mi querida lady PI, de todas las formas y colores...
hasta pronto, mi querida amiga.

* dijo...

Un auténtico placer, mi querido D. Sayiid.

Sayiid Albeitar dijo...

El placer es siempre mio, mi querida lady PI :-)

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