Prologo de El Libertino

sábado, 22 de agosto de 2015




—¿Cómo se llama ese fluido? —preguntó Bella, alzando una vez más su lindo rostro. 
—Tiene varios nombres —replicó el santo varón— . Depende de la clase social a la que pertenezca la persona que lo menciona. Pero entre nosotros, hija mía, lo llamaremos leche. 
—¿Leche? —repitió Bella inocentemente, dejando escapar el erótico vocablo por entre sus dulces labios, con una unción que en aquellas circunstancias resultaba natural. 
—Sí, hija mía, la palabra es leche. Por lo menos así quisiera que lo llamaras tú. Y enseguida te inundaré con esta esencia tan preciosa. 
—¿Cómo tengo que recibirla? —preguntó Bella, pensando en Carlos, y en la tremenda diferencia relativa entre su instrumento y el gigantesco pene que en aquellos instantes tenía ante sí. 
—Hay varios modos para ello, todos los cuales tienes que aprender. Pero ahora no estamos bien acomodados para el principal de los actos del rito venéreo, la copulación permitida de la que ya hemos hablado. Por consiguiente debemos sustituirlo por otro medio más sencillo, así que en lugar de que descargue esta esencia llamada leche en el interior de tu cuerpo, teniendo en cuenta que la suma estrechez de tu hendidura provocaría que fluyera con extrema abundancia, empezaremos con la fricción por medio de tus obedientes dedos, hasta que llegue el momento en que se aproximen los espasmos que acompañan a la emisión. Llegado el instante, a una señal mía tomarás entre tus labios lo más que quepa en ellos de la cabeza de este objeto, hasta que, expelida la última gota, me retire satisfecho, por lo menos temporalmente. 
Bella, cuyo lujurioso instinto le había permitido disfrutar la descripción hecha por el confesor, y que estaba tan ansiosa como él mismo por llevar a cumplimiento el atrevido programa, manifestó rápidamente su voluntad de complacer.
 Ambrosio colocó una vez más su enorme pene en manos de Bella. Excitada tanto por la vista como por el contacto de tan notable objeto, que tenía asido entre ambas manos con verdadero deleite, la joven se dio a cosquillear, frotar y exprimir el enorme y tieso miembro, de manera que proporcionaba al licencioso cura el mayor de los goces.
 No contenta con friccionarlo con sus delicados dedos, Bella, dejando escapar palabras de devoción y satisfacción, llevó la espumeante cabeza a sus rosados labios, y la introdujo hasta donde le fue posible, con la esperanza de provocar con sus toques y con las suaves caricias de su lengua la deliciosa eyaculación que debía sobrevenir.
 Esto era más de lo que el santo varón había esperado, ya que nunca supuso que iba a encontrar una discípula tan bien dispuesta para el irregular ataque que había propuesto. Despertadas al máximo sus sensaciones por el delicioso cosquilleo de que era objeto, se disponía a inundar la boca y la garganta de la muchachita con el flujo de su poderosa descarga.
 Ambrosio comenzó a sentir que no tardaría en venirse, con lo que iba a terminar su placer.
 Era uno de esos seres excepcionales, cuya abundante eyaculación seminal es mucho mayor que la de los individuos normales. No sólo estaba dotado del singular don de poder repetir el acto venéreo con intervalos cortos, sino que la cantidad con que terminaba su placer era tan tremenda como desusada. La superabundancia parecía estar en relación con la proporción con que hubieran sido despertadas sus pasiones animales, y cuando sus deseos libidinosos habían sido prolongados e intensos, sus emisiones de semen lo eran igualmente.
 Fue en estas circunstancias que la dulce Bella había emprendido la tarea de dejar escapar los contenidos torrentes de lujuria de aquel hombre. Iba a ser su dulce boca la receptora de los espesos y viscosos torrentes que hasta el momento no había experimentado, e ignorante como se encontraba de los resultados del alivio que tan ansiosa estaba de administrar, la hermosa doncella deseaba la consumación de su labor, y el derrame de leche del que le había hablado el buen padre.
 El exuberante miembro engrosaba y se enardecía cada vez más, a medida que los excitantes labios de Bella apresaban su anchurosa cabeza y su lengua jugueteaba en torno al pequeño orificio. Sus blancas manos lo privaban de su dúctil piel, o cosquilleaban alternativamente su extremo inferior. 
Dos veces retiró Ambrosio la cabeza de su miembro de los rosados labios de la muchacha, incapaz ya de aguantar los deseos de venirse al delicioso contacto de los mismos. 
Al fin Bella, impaciente por el retraso, y habiendo al parecer alcanzado un máximo de perfección en su técnica, presionó con mayor energía que antes el tieso dardo. 
Instantáneamente se produjo un envaramiento en las extremidades del buen padre. Sus piernas se abrieron ampliamente a ambos lados de su penitente. Sus manos se agarraron convulsivamente del cojín. Su cuerpo se proyectó hacia delante y se enderezó. 
—¡Dios santo! ¡Me voy a venir! —exclamó al tiempo que con los labios entreabiertos y los ojos vidriosos lanzaba una última mirada a su inocente víctima. Después se estremeció profundamente, y entre lamentos y entrecortados gritos histéricos su pene, por efecto de la provocación de la jovencita, comenzó a expeler torrentes de espeso y viscoso fluido.

Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)

(Continuará…)
  

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6 comentarios:

* dijo...

Ave María Purísima…
Con todo el Pecado concebida…
El Señor está en tu corazón para que puedas arrepentirte humildemente de tus Pecados…
Señor, Tú que lo sabes todo, Tú sabes que te quiero… Dime qué he de hacer, dime si mi Pecado tiene absolución o, en contra, Mi Señor, he de sufrir más penitencia…
Dime, Mi Señor, si he de seguir bebiendo de tu cuerpo, de tu misericordiosa esencia… Dime, Mi Señor…
Esclava soy. Sierva de Vos, Mi Señor…
Hágase en mí tu Santa Voluntad.

Besos de Pecado Concebido, mi querido D. Sayiid.

María dijo...

El Santo Varón parece ser que mucho la está enseñando a Bella, que parece estar en la gloria bendita, a mi esta historia, no se por qué, mi querido amigo Sayiid, me ha atrapado, no sabes cuánto, será por lo de que El es Santo Padre :-).

Un beso y muy feliz dia festivo, aunque algo lluvioso, mi querido y buen amigo Sayiid.

Sayiid Albeitar dijo...

Quien fuera vuestro Dios, lady PI, para no absolveros nunca y teneros siempre a nuestro servicio, pues una esclava como vos, con esa entrega, no se encuentra muy a menudo...
Sin dudarlo castigaría vuestros pecados con las mas dulces torturas, con las más lascivas penitencias, con las más oscuros expiaciones...
Sin dudarlo me convertiría en activo miembro de la Santa Inquisición para poder llevaros de nuevo al buen camino..., al camino del goce, de la lujuria, del pecado, de la lubricidad y la concupiscencia...
Pero como bien podéis ver, de momento..., me quedo en Señor de la mansión..., que no es moco de pavo :-)

Besos..., y tres avemarías y dos padrenuestros de penitencia, mi querida amiga, para empezar a desarrollar en vos el sentimiento de culpabilidad que os hará ser una dúctil damisela en manos de un entregado inquisidor....

Sayiid Albeitar dijo...

Lo de varón lo tengo claro, dadas las proporciones de su miembro, según nos cuenta nuestra amiga la pulga..., lo de Santo..., ello ya tengo yo mis dudas :)
Y en cuanto a que nuestra querida Bella esta disfrutando de su penitencia..., eso no lo dudamos ni vos, ni yo, ni nadie que, al igual que nosotros, se haya enganchado a esta libidinosa historia...
Y seguro que aún nos enganchará mucho más..., pues, estoy seguro mi querida amiga, que no se va a quedar ahí la cosa :-)

Un beso, mi querida lady María, y disfrute de la mansión al igual que yo disfruto de su siempre deseada presencia...

* dijo...

Bueno es su trabajo en la Mansión...
Yo, esclava de nadie, ni de mis silencios. Bien sabe usted que yo soy rebelde por necesidad, por derecho y por naturaleza. Mi esencia es esa.
Soy sierpe que se enreda, que hipnotiza... Y ni un Dios se hizo con ella, salvo que la enseñó a tocar el suelo pero le dio muchas sabidurías.
No soy tan devota, mi querido amigo, D. Sayiid. Más Lilith que Eva.. aunque, también sepa mucho de Eva :-)
Ya lo sabe usted.

No obstante, tengo mis pecados como mis besos...

Sayiid Albeitar dijo...

Rebelde por vocación, mi querida lady PI
Y bien que os sienta, ese traje, más..., jamás digáis "de ese agua no beberé", ni "ese cura no es mi padre", pues al destino le gusta jugar a los dados y nunca sabemos lo que nos pueda tener reservado...
Tened cuidado no vayáis a ser la "Bruja" de la canción de Sabina :-)

Besos, mi buena amiga, y feliz velada...

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