Prologo de El Libertino

jueves, 13 de agosto de 2015




El horror heló la sangre de ambos.
Carlos, escabulléndose del que había sido su lúbrico y cálido refugio, y con un esfuerzo por mantenerse en pie, retrocedió ante la aparición, como quien huye de una espantosa serpiente.
Por su parte la gentil Bella, tan pronto como advirtió la presencia del intruso se cubrió el rostro con las manos, encogiéndose en el banco que había sido mudo testigo de su goce, e incapaz de emitir sonido alguno a causa del temor, se dispuso a esperar la tormenta que sin duda iba a desatarse, para enfrentarse, a ella con toda la presencia de ánimo de que era capaz.
No se prolongó mucho su incertidumbre.
Avanzando rápidamente hacia la pareja culpable, el recién llegado tomó al jovencito por el brazo, mientras con una dura mirada autoritaria le ordenaba que pusiera orden en su vestimenta.

—¡Muchacho imprudente! —murmuró entre dientes—. ¿Qué hiciste? ¿Hasta qué extremos te ha arrastrado tu pasión loca y salvaje? ¿Cómo podrás enfrentarte a la ira de tu ofendido padre? ¿Cómo apaciguarás su justo resentimiento cuando yo, en el ejercicio de mi deber moral, le haga saber el daño causado por la mano de su único hijo?

Cuando terminó de hablar, manteniendo a Carlos todavía sujeto por la muñeca, la luz de la luna descubrió la figura de un hombre de aproximadamente cuarenta y cinco años, bajo, gordo y más bien corpulento. Su rostro, francamente hermoso, resultaba todavía más atractivo por efecto de un par de ojos brillantes que, negros como el azabache, lanzaban en torno a él adustas miradas de apasionado resentimiento. Vestía hábitos clericales, cuyo sombrío aspecto y limpieza hacían resaltar todavía más sus notables proporciones musculares y su sorprendente fisonomía, Carlos estaba confundido por completo, y se sintió egoísta e infinitamente aliviado cuando el fiero intruso se volvió hacia su joven compañera de goces libidinosos.

—En cuanto a ti, infeliz muchacha, sólo puedo expresarte mi máximo horror y mí justa indignación. Olvidándote de los preceptos de nuestra santa madre iglesia, sin importarte el honor, has permitido a este perverso y presuntuoso muchacho que pruebe la fruta prohibida. ¿Qué te queda ahora? Escarnecida por tus amigos y arrojada del hogar de tu tío, tendrás que asociarte con las bestias del campo, y como Nabucodonosor, serás eludida por los tuyos para evitar la contaminación, y tendrás que implorar por los caminos del Señor un miserable sustento. ¡Ah, hija del pecado, criatura entregada a la lujuria y a Satán! Yo te digo que...

El extraño había ido tan lejos en su amonestación a la infortunada muchacha, que Bella, abandonando su actitud encogida y levantándose, unió lágrimas y súplicas en demanda de perdón para ella y para su joven amante.
—No digas más —siguió, al cabo, el fiero sacerdote—. No digas más. Las confesiones no son válidas, y las humillaciones sólo añaden lodo a tu ofensa. Mi mente no acierta a concretar cuál sea mi obligación en este sucio asunto, pero si obedeciera los dictados de mis actuales inclinaciones me encaminaría directamente hacia tus custodios naturales para hacerlas saber de inmediato las infamias que por azar he descubierto.

—¡Por piedad! ¡Compadeceos de mí! —suplicó Bella, cuyas lágrimas se deslizaban por unas mejillas que hacía poco habían resplandecido de placer.

—¡Perdonadnos, padre! ¡Perdonadnos a los dos! Haremos cuanto esté en nuestras manos como penitencia. Se dirán seis misas y muchos padrenuestros sufragados por nosotros, Se emprenderá sin duda la peregrinación al sepulcro de San Engulfo, del que me hablabais el otro día. Estoy dispuesto a cualquier sacrificio si perdonáis a mi querida Bella.

El sacerdote impuso silencio con un ademán. Después tomó la palabra, a veces en un tono piadoso que contrastaba con sus maneras resueltas y su natural duro.

—¡Basta! —dijo—. Necesito tiempo. Necesito invocar la ayuda de la Virgen bendita, que no conoce e] pecado, pero que, sin experimentar el placer carnal de la copulación de los mortales, trajo al mundo al niño Jesús en el establo de Belén. Pasa a verme mañana a la sacristía, Bella. Allí, en el recinto adecuado, te revelaré cuál es la voluntad divina con respecto a tu pecado. En cuanto a ti, joven impetuoso, me reservo todo juicio y toda acción hasta el día siguiente, en el que te espero a la misma hora.

Miles de gracias surgieron de las gargantas de ambos penitentes cuando el padre les advirtió que debían marcharse ya.
La noche hacía mucho que había caído, y se levantaba el relente.

—Entretanto, buenas noches, y que la paz sea con vosotros. Vuestro secreto está a salvo conmigo hasta que nos volvamos a ver —dijo el padre antes de desaparecer.

Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)

(Continuará…)



===========================================================================================================================


6 comentarios:

Misthyka Elemental dijo...

Tengo la impresión que este miembro del clero no se quedará tan tranquilo ...¿o será que soy demasiado mal pensada?

Tentadores besos Sir.

Sayiid Albeitar dijo...

Me da que soy de su misma opinión, lady Misthyka...
No se por qué, pero creo que "con la iglesia hemos topado"...
Y me da que vamos a tener cura(s) para rato :-)
Tengamos paciencia, mi buena amiga, y esperemos nuevas y sabrosas confidencias de nuestra amiga "la pulga"

Besos desde la mansión, milady

* dijo...

¿Ahora lo llaman voluntad divina? Estamos apañados... Santos, vírgenes, mártires... y Santa Copula de las Carnes nos bendiga con su gracia, nos perdone los pecados menores con el cáliz de su vino blanco o con las ostias consagradas en las esencias más placenteras...

En fin, mi querido, D. Sayiid... Esperaremos detrás de la puerta para ver que se confiesa en la sacristía que me imagino yo que más que sermones habrá...
Oremus...

Besos de Pecado Concebido.

Sayiid Albeitar dijo...

Que desconfiada es usted, lady PI :-)
Aunque me da que en este caso ha de tener razón y habrá de cumplirse aquello de: "Piensa mal y acertarás"...
Y es que, en cuestiones de lujuria y libertinaje, los próceres de la Santa Madre Iglesia, siempre han sido alumnos duchos y aventajados, y cumplen aquello de que hay que conocer el pecado en todas sus formas para poder combatirlo...
Vamos, que no lo hacen por vicio, sino por ansias de servir a sus Superiores, los cuales también lo hacen, y mucho más, para dar buen ejemplo a sus subordinados.
Observemos pues, mi querida amiga, que seguro que lo que nos narre nuestra amiga la pulga, no tiene desperdicio :-)

Besos, ave MARÍA purísima...

María dijo...

Qué intriga...! Qué voluntad divina le impondrá el padre con respecto al pecado de Bella? Creo que para averiguarlo tendré que esperar al siguiente capitulo, verdad mi querido amigo Sayiid?

Un beso.

Sayiid Albeitar dijo...

Paciencia, paciencia, mi querida lady María...
Todos ardemos en deseos de saber que le va a pasar a la pobre Bella, inclusom yo, que aunque ya me leí este delicioso libro hace años, ahora lo estoy redescubriendo con vuesas mercedes...

No osbtante, yo comparto la opinión generalizada, de que el castigo de bella no va a consistir en rezas Padrenuestros y Avemarías :-)

Pronto saldremos de dudas, sin duda :-)

Besos, mi querida amiga, y feliz velada....

______________________________________________________________________________________________________________________________________________