Prologo de El Libertino

martes, 1 de septiembre de 2015


  


Apenas se había separado el padre Ambrosio cuando se abrió la puerta que conducía a la iglesia, y aparecieron en el portal otros dos sacerdotes. El disimulo resultaba imposible. 

    —Ambrosio —exclamó el de más edad de los dos, un hombre que andaría entre los treinta y los cuarenta años—. Esto va en contra de las normas y privilegios de nuestra orden, que disponen que toda clase de juegos han de practicarse en común. 

    —Tomadla entonces —refunfuñó el aludido—. Todavía no es demasiado tarde. Iba a comunicaros lo que había conseguido cuando... 

—…cuando la deliciosa tentación de esta rosa fue demasiado fuerte para ti, amigo nuestro —interrumpió el otro, apoderándose de la atónita Bella al tiempo que hablaba, e introduciendo su enorme mano debajo de sus vestimentas para tentar los suaves muslos de ella.   

   —Lo he visto todo al través del ojo de la cerradura —susurró el bruto a su oído—. No tienes nada qué temer; únicamente queremos hacer lo mismo contigo.  

  Bella recordó las condiciones en que se le había ofrecido consuelo en la iglesia, y supuso que ello formaba parte de sus nuevas obligaciones. Por lo tanto permaneció en los brazos del recién llegado sin oponer resistencia.  
    En el ínterin su compañero había pasado su fuerte brazo en torno a la cintura de Bella, y cubría de besos las mejillas de ésta. 
    Ambrosio lo contemplaba todo estupefacto y confundido. 
    Así fue como la jovencita se encontró entre dos fuegos, por no decir nada de la desbordante pasión de su posesor original. En vano miraba a uno y después a otro en demanda de respiro, o de algún medio de escapar del predicamento en que se encontraba. 
    A pesar de que estaba completamente resignada al papel al que la había reducido el astuto padre Ambrosio, se sentía en aquellos momentos invadida por un poderoso sentimiento de debilidad y de miedo hacia los nuevos asaltantes. 
    Bella no leía en la mirada de los nuevos intrusos más que deseo rabioso, en tanto que la impasibilidad de Ambrosio la hacía perder cualquier esperanza de que el mismo fuera a ofrecer la menor resistencia. 
Entre los dos hombres la tenían emparedada, y en tanto que el que habló primero deslizaba su mano hasta su rosada vulva, el otro no perdió tiempo en posesionarse de los redondeados cachetes de sus nalgas. 
    Entrambos, a Bella le era imposible resistir. 

    —Aguardad   un momento —dijo      al   cabo Ambrosio—. Sí tenéis prisa por poseerla cuando menos desnudadla sin estropear su vestimenta, como al parecer pretendéis hacerlo. 

    —Desnúdate, Bella —siguió diciendo—. Según parece, todos tenemos que compartirte, de manera que disponte a ser instrumento voluntario de nuestros deseos comunes. En nuestro convento se encuentran otros cofrades no menos exigentes que yo, y tu tarea no será en modo alguno una sinecura, así que será mejor que recuerdes en todo momento los privilegios que estás destinada a cumplir, y te dispongas a aliviar a estos santos varones de los apremiantes deseos que ahora ya sabes cómo suavizar. 

    Así planteado el asunto, no quedaba alternativa. Bella quedó de píe, desnuda ante los tres vigorosos sacerdotes, y levantó un murmullo general de admiración cuando en aquel estado se adelantó hacía ellos. 
    Tan pronto como el que había llevado la voz cantante de los recién llegados —el cual, evidentemente, parecía ser el Superior de los tres— advirtió la hermosa desnudez que estaba ante su ardiente mirada, sin dudarlo un instante abrió su sotana para poner en libertad un largo y anchuroso miembro, tomó en sus brazos a la muchacha, la puso de espaldas sobre el gran cofre acojinado, brincó sobre ella, se colocó entre sus lindos muslos, y apuntando rápidamente la cabeza de su rabioso campeón hacia el suave orificio de ella, empujó hacia adelante para hundirlo por completo hasta los testículos. 

Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)

(Continuará…)
  

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4 comentarios:

* dijo...

La imagen muy ad hoc al momento que nos narra la pulguita. Y la joven "incauta" va a espiar todos sus pecados de la mejor forma posible. Eso de "carne de mi carne" va a ir literalmente.
Bueno, el envite delantero ahí anda... Supongo que luego vendrá la vigilia de retaguardia y, por último, la hostia consagrada en forma de cáliz de carne :-)

Espero con verdadera ansiedad cómo se prometen los acontecimientos. En tanto, le dejo, mi querido Sayiid, mis Besos de Pecado, que usted se deleite con ellos :-) :-)

María Perlada dijo...

Sabes que me está pareciendo morboso el traje con sotana mmmm solo de pensarlo se me eriza la piel y los sentidos se me destornillan jajaja y hasta brinco y todo jajaja me parece súper excitante todo lo relacionado con la religión, me está gustando ya hasta orar solo de pensar en este Sacerdote :-).

Súper excitantes todas las entregas.

Un beso.

Sayiid Albeitar dijo...

No se si la "joven incauta" va a espiar todos sus pecados o no..., lo que si estoy seguro es de que va a gozar como una posesa con semejante compañía de lujuriosos monjes, pues, estoy seguro, la cosa no acaba aquí sino que va mucho más allá..., por delante y por detrás, como bien sospecha vuesa merced...
En ocasiones..., no me importaría calzarme la sotana :-)

Me deleito con sus pecaminosos besos, mi querida lady PI, y le mando unos cuantos más, arrebatadores y sentidos...

Feliz velada, mi querida amiga

Sayiid Albeitar dijo...

Veo, lady María, que estáis empezando a sentir el éxtasis de la religiosidad, al igual que lo sintieron otras muchas mujeres "santas y puras", cuya primera y principal representante es nuestra siempre admirada "Santa Teresa de Jesús"...
Orad, pues, de rodillas, y seguro que antes o después, recibiréis del lujurioso cáliz de vuestro amante, sino el cuerpo de cristo, si la leche santificada, y no de los pechos de la Santa madre María, precisamente...
Orad, orad, hermana,por vos y por nos, pues ni me arrepiento de mis pecados, ni pienso dejar de hacerlo..., y si eso me lleva directo al infierno, bienvenido sea el calorcito del inframundo, y que me quiten lo..., lo bailao...

Feliz y lujuriosa velada en la mansión, que si no es iglesia, si puede llegar a ser templo donde nos adoramos los unos a las otras de vez en cuando...

Besos, mi querida y perlada amiga :-)

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