Prologo de El Libertino

miércoles, 16 de septiembre de 2015




Es curioso que se  denomine
 sexo oral a la práctica sexual en la que
 menos se puede hablar.

Woody Allen


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6 comentarios:

* dijo...

¿Y quién ha dicho, mi querido D. Sayiid, que sexo oral re refiera precisamente a boca y no a oración? :-) A fin de cuentas, o se está tumbado o se está de rodillas... ¿Y cómo se reza?
Amén, mi querido.

Besos de Pecado.

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida lady PI, siento disentir esta vez con vos, pero, como de todo el mundo es sabido, y es norma básica de comportamiento, esta muy mal visto y es de mala educación "hablar con la boca llena"..., ya sea en la mesa, en la cama o en el mismísimo suelo...

Y no digo más..., pues a buen entendedor, pocas palabras le bastan ;-)

Feliz día, milady, y que usted goce (de la oración) de rodillas...

* dijo...

A parte de hablar, también se puede morder... y con las manos en oración, arañar...
Siento disentir de nuevo pero sí, a buen entendedor...

Besos de Pecado (en oración)...

María Perlada dijo...

Con la boca llena se puede gemir, y ese sonido también es un lenguaje corporal, porque no hay lenguaje más expresivo que el de los cuerpos gozando, mi querido amigo Sayiid.


Un beso.

Sayiid Albeitar dijo...

No esta nada mal que disintamos de vez en cuando, mi buena amiga... de lo contrario, acabaríamos por aburrirnos de pensar siempre lo mismo, no le parece? :-)
A veces es bueno confrontar opiniones...
Besos desde la mansión, mi queridísima lady PI

Sayiid Albeitar dijo...

Cierto, lady María... se puede gemir, y hasta gruñir, cuando uno deja salir a su lado más primitivo y salvaje y deja de lado convencionalismos y reglas sociales...
Cuando uno abandona todo lo que ha aprendido y se deja guiar sólo por su instinto, todo es posible y todo es verdadero, pues no existen normas ni tabúes que nos digan que es lo que podemos hacer y que es lo que no...

Por eso, mi querida amiga, gimamos, gruñamos y hasta gritemos de placer sin preocuparnos si nuestros gritos molestan o no a los demás. Seamos nosotros mismos y así podremos decir que conocemos el secreto de la más pura felicidad.

Besos, mi querida María, desde la mansión.

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