Prologo de El Libertino

lunes, 5 de octubre de 2015




Dolor, excitación y anhelo vehemente recorrían todo el sistema nervioso de la víctima de su lujuria a cada nuevo empujón. 
Aunque no era esta la primera vez que el padre Ambrosio había tocado entradas como aquélla, cubierta de musgo, el hecho de que estuviera presente su tío, lo indecoroso de toda la escena, el profundo convencimiento —que por vez primera se le hacía presente— del engaño de que habla sido víctima por parte del padre y de su egoísmo, fueron elementos que se combinaron para sofocar en su interior aquellas extremas sensaciones de placer que tan poderosamente se habían manifestado otrora. 
Pero la actuación de Ambrosio no le dio tiempo a Bella para reflexionar, ya que al sentir la suave presión, como la de un guante, de su delicada vaina, se apresuró a completar la conjunción lanzándose con unas pocas vigorosas y diestras embestidas a hundir su miembro en el cuerpo de ella hasta los testículos. 
Siguió un intervalo de refocilamiento bárbaro, de rápidas acometidas y presiones, firmes y continuas, hasta que un murmullo sordo en la garganta de Bella anunció que la naturaleza reclamaba en ella sus derechos, y que el combate amoroso había llegado a la crisis exquisita, en la que espasmos de indescriptible placer recorren rápida y voluptuosamente el sistema nervioso; con la cabeza echada hacia atrás, los labios partidos y los dedos crispados, su cuerpo adquirió la rigidez inherente a estos absorbentes efectos, en el curso de los cuales la ninfa derrama su juvenil esencia para mezclarla con los chorros eyaculados por su amante. 
El contorsionado cuerpo de Bella, sus ojos vidriosos y sus manos temblorosas, revelaban a las claras su estado, sin necesidad de que lo delatara también el susurro de éxtasis que se escapaba trabajosamente de sus labios temblorosos. 
La masa entera de aquella potente arma, ahora bien lubricada, trabajaba deliciosamente en sus juveniles partes. La excitación de Ambrosio iba en aumento por momentos, y su miembro, rígido como el hierro, amenazaba a cada empujón con descargar su viscosa esencia. 

—¡Oh, no puedo aguantar más! ¡Siento que me viene la leche, Verbouc! Tiene usted que joderla. Es deliciosa. Su vaina me ajusta como un guante. ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! 

Más vigorosas y más frecuentes embestidas —un brinco poderoso— una verdadera sumersión del robusto hombre dentro de la débil figurita de ella, un abrazo apretado, y Bella, con inefable placer, sintió la cálida inyección que su violador derramaba en chorros espesos y viscosos muy adentro de sus tiernas entrañas. 
Ambrosio retiro su vaporizante pene con evidente desgano, dejando expuestas las relucientes partes de la jovencita, de las cuales manaba una espesa masa de secreciones.

 —Bien —exclamó Verbouc, sobre quien la escena había producido efectos sumamente excitantes—. Ahora me llegó el turno, buen padre Ambrosio. Ha gozado usted a mi sobrina bajo mis ojos conforme lo deseaba, y a fe mía que ha sido bien violada. Ella ha compartido los placeres con usted; mis previsiones se han visto confirmadas; puede recibir y puede disfrutar, y uno puede saciarse en su cuerpo. Bien. Voy a empezar. Al fin llegó mi oportunidad; ahora no puede escapárseme. Daré satisfacción a un deseo largamente acariciado. Apaciguaré esa insaciable sed de lujuria que despierta en mí la hija de mí hermano. Observad este miembro; ahora levanta su roja cabeza. Expresa mi deseo por ti, Bella. Siente, mi querida sobrina, cuánto se han endurecido los testículos de tu tío. Se han llenado para ti. Eres tú quien ha logrado que esta cosa se haya agrandado y enderezado tanto: eres tú la destinada a proporcionarle alivio. ¡Descubre su cabeza, Bella! Tranquila, mi chiquilla; permitidme llevar tu mano. ¡Oh, déjate de tonterías! Sin rubores ni recato. Sin resistencia. ¿Puedes advertir su longitud? Tienes que recibirlo todo en esa caliente rendija que el padre Ambrosio acaba de rellenar tan bien. ¿Puedes ver los grandes globos que penden por debajo, Bella? Están llenos del semen que voy a descargar para goce tuyo y mío. Sí, Bella, en el vientre de la hija de mí hermano. 

La idea del terrible incesto que se proponía consumar añadía combustible al fuego de su excitación, y le provocaba una superabundante sensación de lasciva impaciencia, revelada tanto por su enrojecida apariencia, como por la erección del dardo con el que amenazaba las húmedas partes de Bella. 
El señor Verbouc tomó medidas de seguridad. No había, en realidad, y tal como lo había dicho, escapatoria para Bella. Se subió sobre su cuerpo y le abrió las piernas, mientras Ambrosio la mantenía firmemente sujeta. El violador vio llegada la oportunidad. El camino estaba abierto, los blancos muslos bien separados, los rojos y húmedos labios del coño de la linda jovencita frente a él. No podía esperar más. Abriendo los labios del sexo de su sobrina, y apuntando la roja cabeza de su arma hacia la prominente vulva, se movió hacia adelante, y de un empujón y con un alarido de placer sensual la hundió en toda su longitud en el vientre de Bella. 

—¡Oh, Dios! ¡Por fin estoy dentro de ella! — chillaba Verbouc—. ¡Oh! ¡Ah! ¡Qué placer! ¡Cuán hermosa es! ¡Cuán estrecho! ¡Oh! 


Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)


(Continuará…)


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6 comentarios:

sayuri dijo...

"Dolor, excitación y anhelo vehemente recorrían todo el sistema nervioso de la víctima de su lujuria a cada nuevo empujón."

Ese dolor..esa excitación y ese anhelo...los conozco perfectamente...una vez que los experimentas con la persona indicada..destinada a ello...se vuelve una experiencia adictiva y la echo de menos...

Besos Sayidd

* dijo...

Ella compartirá ahora el gozo de su tío. Doblemente usada, doblemente satisfecha en esa penitencia que le ha tocado vivir, disfrutar, consentir…
Una linda corderita con lazo poco santo en las cercanías de las fauces de dos lobos sin escrúpulo alguno que descargan sus ansías en la ya carente virginal muchacha, una dulce y blanca paloma a la que acechan dos halcones o, mejor aún, dos aves de rapiña que gozan en ese juego (y no dudo que ella también).

Bien creo que de nuevo, los dos van a disfrutar de las carnes y jugos de la jovenzuela de cualquier otra manera. Ataques por retaguardia de uno, lisonja de otro que, como beato de rodillas ante la virgen no virgen, beberá los frutos del placer…

No sé… Me temo que esto solo es un empezar de orgía y lujuria… Y no hay mayor gusto que cierto consentimiento renegado que lleva al clímax total… Hasta la pulga estará deseosa en algún momento de formar parte de esas viandas… carnales…

Yo me opongo a poner las cosas fáciles :-)

Besos de Pecado, mi querido D. Sayiid.

María Perlada dijo...

Verbouc entró con furia al alma de Bella abriendo la sonrisa de sus labios y danzando con violencia dentro de ella, para follarla, violarla, usarla, ultrajarla...

Esto cada vez se está poniendo más al rojo vivo, mi querido amigo Sayiid, está que arde ya tu blog ¿no te quemas?

Un beso dulce de seda entre rojo.

Sayiid Albeitar dijo...

Adicción, lady sayuri... esa es la palabra...
Adicción...
Porque, digo yo, ¿no todas las adicciones han de ser malas, no?
Y dado que es una adicción o una tentación..., ya sabe lo que decía el insigne Oscar Wilde...., aquello de que "la mejor manera de superar una tentación/adicción... es caer en ella..."

¿caerá vuesa merced?

Besos tentadores y adictivos desde la mansión.

Sayiid Albeitar dijo...

"No hay mayor gusto que cierto consentimiento renegado..."
Efectivamente, lady PI, vos no sois de poner las cosas fáciles, pero eso, lejos de desanimar a ciertos hombres, hace que os vean como un reto a superar, una cima a dominar, una yegua a domesticar...

Y es que hay lobos y halcones donde una menos se lo espero, ¿no lo cree vuesa merced?
Lobos vestidos de corderos y halcones disfrazados de palomas...

¿De quién fiarse pues?

De nuestro instinto, sin duda.

Besos con consentimiento renegado para vos, milady :-)

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida María, yo ya nací ardiendo...
Es lo que tiene ser un poco demonio, que en las situaciones calientes, ardientes, incendiarias..., me siento en mi medio natural...
Y es natural que así sea, por culpa de vuesas mercedes, que estimulan mi instinto mas... diabólico :-)

Besos mi querida maría, y recemos para que esto se ponga más al rojo vivo aún...

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