Prologo de El Libertino

miércoles, 7 de octubre de 2015




El buen padre Ambrosio sujetó a Bella más firmemente. 
Esta hizo un esfuerzo violento, y dejó escapar un grito de dolor y de espanto cuando sintió entrar el turgente miembro de su tío que, firmemente encajado en la cálida persona de su víctima, comenzó una rápida y briosa carrera hacia un placer egoísta. Era el cordero en las fauces del lobo, la paloma en las garras del águila. Sin piedad ni atención siquiera por los sentimientos de ella, atacó por encima de todo hasta que, demasiado pronto para su propio afán lascivo, dando un grito de placentero arrobo, descargó en el interior de su sobrina un abundante torrente de su incestuoso fluido. 
Una y otra vez los dos infelices disfrutaron de su víctima. Su fogosa lujuria, estimulada por la contemplación del placer experimentado por el otro, los arrastró a la insania. 
Bien pronto trató Ambrosio de atacar a Bella por las nalgas, pero Verbouc, que sin duda tenía sus motivos para prohibírselos, se opuso a ello. El sacerdote, empero, sin cohibirse, bajó la cabeza de su enorme instrumento para introducirlo por detrás en el sexo de ella. Verbouc se arrodilló por delante para contemplar el acto, al concluir el cual —con verdadero deleite— dióse a succionar los labios del bien relleno coño de su sobrina.
 Aquella noche acompañé a Bella a la cama, pues a pesar de que mis nervios habían sufrido el impacto de un espantoso choque, no por ello había disminuido mi apetito, y fue una fortuna que mi joven protegida no poseyera una piel tan irritable como para escocerse demasiado por mis afanes para satisfacer mi natural apetito. 
El descanso siguió a la cena con que repuse mis energías, y hubiera encontrado un retiro seguro y deliciosamente cálido en el tierno musgo que cubría el túmulo de la linda Bella, de no haber sido porque, a medianoche, un violento alboroto vino a trastornar mi digno reposo. 
La jovencita había sido sujetada por un abrazo rudo y poderoso, y una pesada humanidad apisonaba fuertemente su delicado cuerpo. Un grito ahogado acudió a los atemorizados labios de ella, y en medio de sus vanos esfuerzos por escapar, y de sus no más afortunadas medidas para impedir la consumación de los propósitos de su asaltante, reconocí la voz y la persona del señor Verbouc. 
La sorpresa había sido completa, y al cabo tenía que resultar inútil la débil resistencia que ella podía ofrecer. Su tío, con prisa febril y terrible excitación provocada por el contacto con sus aterciopeladas extremidades, tomó posesión de sus más secretos encantos y presa de su odiosa lujuria adentró su pene rampante en su joven sobrina. 
Siguió a continuación una furiosa lucha, en la que cada uno desempeñaba un papel distinto. 
El violador, igualmente enardecido por las dificultades de su conquista, y por las exquisitas sensaciones que estaba experimentando, enterró su tieso miembro en la lasciva funda, y trató por medio de ansiosas acometidas de facilitar una copiosa descarga, mientras que Bella, cuyo temperamento no era lo suficientemente prudente como para resistir la prueba de aquel violento y lascivo ataque, se esforzaba en vano por contener los violentos imperativos de la naturaleza despertados por la excitante fricción, que amenazaban con traicionaría, hasta que al cabo, con grandes estremecimientos en sus miembros y la respiración entrecortada, se rindió y descargó su derrame sobre el henchido dardo que tan deliciosamente palpitaba en su interior.
El señor Verbouc tenía plena conciencia de lo ventajoso de su situación, y cambiando de táctica como general prudente, tuvo buen cuidado de no expeler todas sus reservas, y provoco un nuevo avance de parte de su gentil adversaria. 
Verbouc no tuvo gran dificultad en lograr su propósito, si bien la pugna pareció excitarlo hasta el frenesí. La cama se mecía y se cimbraba: la habitación entera vibraba con la trémula energía de su lascivo ataque; ambos cuerpos se encabritaban y rodaban, convirtiéndose en una sola masa. 
La injuria, fogosa e impaciente, los llevaba hasta el paroxismo en ambos lados. El daba estocadas, empujaba, embestía, se retiraba hasta dejar ver la ancha cabeza enrojecida de su hinchado pene junto a los rojos labios de las cálidas partes de Bella, para hundirlo luego hasta los negros pelos que le nacían en el vientre, y se enredaban con el suave y húmedo musgo que cubría el monte de Venus de su sobrina, hasta que un suspiro entrecortado delató el dolor y el placer de ella. 
De nuevo el triunfo le había correspondido a él, y mientras su vigoroso miembro se envainaba hasta las raíces en el suave cuerpo de ella, un tierno, apagado y doloroso grito habló de su éxtasis cuando, una vez más, el espasmo de placer recorrió todo su sistema nervioso. Finalmente, con un brutal gruñido de triunfo, descargó una tórrida corriente de líquido viscoso en lo más recóndito de la matriz de ella. 

Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)

 (Continuará…)

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7 comentarios:

* dijo...

Esta pulga va a tener tanto que contar que no sé si va a tener todas las palabras para expresarlo... pero, bien me temo, que le sobran habilidades para ello. En cambio, estos dos depredadores que disfrutan tanto de lo activo como de lo pasivo, de lo que practican y de lo que miran, van a dejar corta la lista de los pecados capitales en cuanto a sexo se refiere.

Van a tener que proclamar el "mea culpa" de rodillas... pero no sé si de rodillas para beber los jugos de la "dulce" Bella y disfrutar de la visión que eso ofrece a sus ojos y a su perversión (sí, ya sé que me va a replicar el concepto en este caso) o para sucumbir ante nuevas prácticas que les harán compartir más momentos de ese Pecado.
Bien pudieran ser acólitos de San Francisco de Asís: "Bienaventurado el siervo que siempre permanece bajo la vara de la corrección."
Ahora, sea entendido esto desde nuestra particular visión, mi querido D. Sayiid :-)
Amén.

Aich, mi querido D. Sayiid, esta pulga me va a matar a mí con sus historias. Cada día que vengo pienso con que lujuria me va a "sorprender". Y yo martirizarle a usted con estas letanías que escribo.

Buen día tenga, querido mío.
Besos de Pecado.

María Perlada dijo...

¡Esto sí que es tremmmmendo! que hasta la habitación entera vibraba de tanta energía y vitalidad de Verbouc, y es seguro que los gritos de placer que daba Bella traspasaban hasta los muros.

Esperaremos, pues, la continuación, a ver hasta dónde nos lleva pulga.

Un beso pecaminoso entre perlas de seda.

María Perlada dijo...

Alaaaa peeero ¿y ésta noche no hay entrada nueva? entonces volveré a leerme de nuevo la que hay.

Otro beso más, mi querido amigo Sayiid.

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida lady PI, su presencia siempre me reconforta, me alegra y me estimula. Jamás me martiriza, pues bien se yo que vuesa merced no hace sino mirar por mi bien y mi felicidad, aunque lo niegue en publico y en privado :-)

Además, que estoy de acuerdo con vos: nuestros dos queridos amigos, abate y tío, son unos depravados absolutos que, aunque nos escandalicen minimamente..., y he de decir que a unos más que a otros, en el fondo sacan a la luz, nuestros instintos más básicos y animales.
Otra cosa es la discusión de si deberíamos estar a favor o en contra de dejar libres esos instintos. Partiendo del punto de que en la literatura erótica prima la imaginación y todo es posible, mi respuesta al respecto es clara: para mi todo está permitido, siempre que sea sano, seguro y consensuado. Esa es, pues, la única limitación, y luego ya, cada cual, que decida que quiere o no quiere hacer y cuales son sus límites :-)

Para lo que yo jamás tendré límites es para agradecerle, cada día, su siempre anhelada visita, mi querida amiga.

Besos desde la mansión, mi querida lady PI, y por favor, no deje de regalarme eas maravillosas letanías que tan estimulantes me parecen...

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida y perlada lady María... ¿releer otra vez el relato?
Uy, uy, uy..., mire usted que está a punto de convertir su afición en costumbre y su costumbre en adicción, eh? jejejeje
Aunque bien mirado, ¿que tiene de malo una adicción en al que se disfruta, se goza, no se hace mal a nadie ni a uno mismo, y encima es gratis?

De adicto a adicto, mi querida amiga...: sigamos con lo nuestro y al que no le guste, que no mire, o que se dedique a otras cosas..., ¿no el parece?

Besos, mi perlada amiga, y gracias por vuestra doble visita a mi humilde mansión.

* dijo...

Mi querido D. Sayiid, vengo desde el final hasta aquí... Y, no sé, yo... ¿No cree usted que estamos coincidiendo ya demasiado y que me ha dado la razón más de lo que es habitual? Creo que debería empezar a preocuparse (o no)...

Sí, sí... Yo solo procuro su felicidad y su bienestar... :-)

Besos de Pecado, mi querido D. Sayiid... Me quedo pensando en la siguiente letanía...

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida amiga..., yo le doy, y le daré a usted la razón, siempre que la tenga.
¿Y como se que la tiene vuesa merced
Muy fácil: la tiene cuando su razón..., coincide con la mía :-)
Así que yo no me preocupo, mi querida lady PI, pues no tengo ningún motivo de preocupación..., y vos? lo tenéis?


PD: Se que siempre miráis por mi.

Besos desde la mansión, mi querida amiga; que vuestras letanías sigan iluminando el camino de la concupiscencia...

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