Prologo de El Libertino

miércoles, 21 de octubre de 2015




El largo pene engruesó y se enardeció todavía más. También la bola que lo remataba se hinchó, y todo el tremendo aparato parecía que iba a estallar de lujuria. La joven Bella susurraba frases incoherentes, de las que sólo se entendía la palabra joder
Ambrosio, también completamente enardecido, y sintiendo su enorme yerga atrapada en las juveniles carnes de la muchacha, no pudo aguantar más, y agarrando las nalgas de Bella con ambas manos, empujó hacia el interior toda la tremenda longitud de su miembro y descargó, arrojando los espesos chorros de su fluido, uno tras otro, muy adentro de su compañera de juego. 
Un bramido como de bestia salvaje escapó de su pecho a medida que arrojaba su cálida leche.
 
—¡Oh, ya viene! ¡Me está inundando! ¡La siento! ¡Ah, qué delicia!

 Mientras tanto el carajo del sacerdote, bien hundido en el cuerpo de Bella, seguía emitiendo por su henchida cabeza el semen perlino que inundaba la juvenil matriz de ella. 

—¡Ah, qué cantidad me estáis dando!— comentó Bella, mientras se bamboleaba sobre sus pies, y sentía correr en todas direcciones, piernas abajo, el cálido fluido—. ¡Cuán blanco y viscoso es! 

Esta era exactamente la situación que más ansiosamente esperaba el tío, y por lo tanto procedió sosegadamente a aprovecharla. Miró sus lindas medias de seda empapadas, metió sus dedos entre los rojos labios de su coño, embarró el semen exudado sobre su lampiño sexo. Seguidamente, colocando a su sobrina adecuadamente frente a él, Verbouc exhibió una vez más su tieso y peludo campeón, y excitado por las excepcionales escenas que tanto le habían deleitado, contempló con ansioso celo las tiernas partes de la joven Bella, completamente cubiertas como estaban por las descargas del sacerdote, y exudando todavía espesas y copiosas gotas de su prolífico fluido. 
Bella, obedeciendo a sus deseos, abrió lo más posible sus piernas. Su tío colocó ansiosamente su desnuda persona entre los rollizos muslos de la joven. 

—Estate quieta, mi querida sobrina. Mí carajo no es tan gordo ni tan largo como el del padre Ambrosio, pero sé muy bien cómo joder, y podrás comprobar sí la leche de tu tío no es tan espesa y pungente como la de cualquier eclesiástico. Ve cómo estoy de envarado.

—¡Y cómo me haces esperar! —dijo Bella—. Veo tu querida verga aguardando turno. ¡Cuán roja se ve! ¡Empújame, querido tío! Ya estoy lista de nuevo, y el buen padre Ambrosio te ha aceitado bien el camino. 

El duro miembro tocó con su enrojecida cabeza los abiertos labios, todavía completamente resbalosos, y su punta se afianzó con firmeza. Luego comenzó a penetrar el miembro propiamente dicho, y tras unas cuantas embestidas firmes aquel ejemplar pariente se había adentrado hasta los testículos en el vientre de su sobrina, solazándose lujuriosamente entre el tufo que evidenciaba sus anteriores e impías venidas con el padre. 

—Querido tío —exclamó la muchacha—. Acuérdate de quién estás jodiendo. No se trata de una extraña, es la hija de tu hermano, tu propia sobrina. Jódeme bien, entonces, tío. Entrégame todo el poder de tu vigoroso carajo. ¡Jódeme! ¡Jódeme hasta que tu incestuosa leche se derrame en mi interior! ¡Ah! ¡Oh! ¡Oh! 

Y sin poderse contener ante el conjuro de sus propias ideas lujuriosas, Bella se entregó a la más desenfrenada sensualidad, con gran deleite de su tío. 
El vigoroso hombre, gozando la satisfacción de su lujuria preferida, se dedicó a efectuar una serie de rápidas y poderosas embestidas. No obstante lo anegada que se encontraba, la vulva de su linda oponente era de por sí pequeña, y lo bastante estrecha para pellizcarle deliciosamente en la abertura, y provocar así que su placer aumentara rápidamente.
 Verbouc se alzó para lanzarse con rabia dentro del cuerpo de ella, y la hermosa joven se asió con el apremio de una lujuria todavía no saciada. Su yerga engrosó y se endureció todavía más. 
El cosquilleo se hizo pronto casi insoportable. Bella se entregó por entero al placer del acto incestuoso, hasta que el señor Verbouc, dejando escapar un suspiro, se vino dentro de su sobrina, inundando de nuevo la matriz de ella con su cálido fluido. Bella llegó también al éxtasis, y al propio tiempo que recibía la poderosa inyección, placenteramente acogida, derramaba una no menos ardiente prueba de su goce.
 Habiéndose así completado el acto, se le dio tiempo a Bella para hacer sus abluciones, y después, tras de apurar un tonificante vaso lleno de vino hasta los bordes, se sentaron los tres para concertar un diabólico plan para la violación y el goce de la bella Julia Delmont. 

Memorias de una pulga (Anónimo, París 1876)


 (Continuará…)



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4 comentarios:

María Perlada dijo...

El Padre Ambrosio con su tremendo puñal le abrió el camino a su tío, y Bella disfruto de sus folladas, disfrutando lujuriosamente como una puta ardiente mmmmm esto si que ya esta al rojo vivo, mi querido amigo Sayiid.

Un beso dulce de seda.

* dijo...

¡Madre del Amor Hermoso!
Vine anoche y decidí dejar la lectura para hoy aunque un rápido vistazo ya me advirtió de lo que me esperaba hoy.
Y dicen que en la juventud está la inexperiencia. La ingenua Bella da al traste con ello, la verdad. Ahora comulga las hostias de dos en dos y a boca llena entre otras nobles entradas.

¡Dios coja confesada a la pobre Julia y digo pobre, porque si no me equivoco, va a dejar a Bella un poco atrás, pues dicen que segunda hermana sabe más que la primera pues ya viene medio enseñada!

Sea como sea, mi querido D. Sayiid, creo que la pulga va a tener que empezar a comer un poco más o perderá fuerza durante las narraciones.

Pero bueno, dicho y hecho, con la bendición del Señor todo está permitido. Y de bendiciones el santo Ambrosio va servido, de comuniones, el tío, está dispuesto aunque a mí modo de ver, le falta la soltura del cura pero todo es aprender.

Besos de Pecado, mi querido D. Sayiid, y en la gloria del mismo nos encontramos en uno de estos pasillos… aunque sepa usted que se dejó las luces de las mazmorras encendidas.

Sayiid Albeitar dijo...

Nos ha salido lista la niña, lady María, y ya no sabemos quien controla a quien, si el Padre y el tío a la sobrina..., o la sobrina a los dos...
Aunque conociendo como conozco a las mujeres, yo no tengo duda de quien dirige este delicioso trío :-)

Besos rojos también para vos, mi querida amiga.

Sayiid Albeitar dijo...

Mi querida lady PI, creo que nuestra querida y ya admirada bella, es de todo menos ingenua :-)
Y si, yo también estoy ansioso por saber con que nos sorprenderá la amiguita de nuestra lujuriosa protagonista.
A poco que le siga el juego, nos van a derretir la mansión con tan tórridas aventuras...

Besos también para vos, mi querida lady PI..., y si vio que había luces en las mazmorras es porque se asomó al hueco de la escalera...
Cada día se aventura un poco más, un paso más...
Quien sabe si, el día menos pensado, no nos encontramos en los pasillos, sino en alguna de las salas "para jugar" que engalanan los sótanos de esta, su mansión ;-)
Tenga por seguro que si se desliza a la zona oscura..., será muy bien tratada y agasajada ;-)

Besos y hasta pronto. Seguiré dejando las luces encendidas por si acaso (silbando)

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