Prologo de El Libertino

sábado, 5 de marzo de 2016




Una extraña pastilla

Sintió que alguien se apretaba a su cuerpo y le metía el miembro. Era como una estaca templada, húmeda, nerviosa en su jadeo. Estaba situado a sus espaldas y reculó hasta notar aquello inmerso totalmente en su vagina. Al despertar, no había nadie. Solamente en la sombra de los sueños le sucedían estas cosas. Hacía unos meses que el galeno le había recetado un somnífero que, más que relajarla, violaba constantemente la intimidad de su noche.

© Ruth Cañizares (2009)

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2 comentarios:

* dijo...

¡Qué malas artes las de este galeno!
Quizá si en vez de una pastilla para el sueño, le diera una para la libido, tal vez el resultado fuera más satisfactorio para ambos, a no ser que el señor en cuestión tenga una parafilia con lo cual ya sabemos el por qué...

Pero claro, igual ella disfruta y no lo sabemos...

Prefiero el desvelo en este caso, mi querido D. Sayiid.
Besos de Pecado, BPP.

Sayiid Albeitar dijo...

Quien sabe, mi querida lady PI, a lo mejor se trata sólo de un sueño erótico...
A veces es difícil diferenciar los sueños de la realidad; es justo en esos momentos en los que por nada del mundo querríamos despertar :-)

Besos, mi querida amiga, de los que no causan desvelos..., o quizás si...

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