Prologo de El Libertino

jueves, 12 de enero de 2017




Cada hombre tiene su pasión, lo mismo que cada fruta su gusano.


Alejandro Dumas


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10 comentarios:

Ame dijo...

Amplíe por favor, que ya lo entiendo pero muero por leerle :)
Un besito, Sayiid

María Perlada dijo...

Todos tenemos la nuestra, mi querido Sayiid, cada uno a su manera.

Un beso.

Sayiid Albeitar dijo...

Por leerme a mi, o, lo cual sería mucho más lógico, leer al gran Alejandro Dumas?
Como imagino que será la segunda opción, permitidme deciros que esta frase esta sacado de su obra "El Conde de Montecristo", la cual os aconsejo encarecidamente que leáis, si es que aún no lo habéis hecho.
No obstante, para quitaros el "gusanillo" (va hoy la cosa de gusanillos, jejejeje), os dejo aquí el fragmento donde sale esa frase. Os lo pondré en varias partes, ya que en una sola no me deja.

Sayiid Albeitar dijo...

-¡Hola!, estáis recogiendo fresas, ¿eh? -dijo Montecristo sonriendo.
-Perdonad, caballero -respondió el buen hombre quitándose su gorra-, no estoy
allá arriba, es verdad; pero ahora mismo acabo de bajar.
-Que no os incomode yo en nada, amigo mío -dijo el conde-, coged vuestras
fresas, si aún os queda alguna por coger.
-Todavía quedan diez -dijo el hombre-, porque aquí hay once, y yo conté ayer
veintiuna, cinco más que el año pasado. Pero no es extraño; la primavera ha sido
este año muy calurosa, y ya sabéis, que lo que las fresas necesitan es el calor.
Ahí tenéis por qué en lugar de dieciséis que cogí el año pasado tengo este año,
mirad, once cogidas, trece..., catorce..., quince..., dieciséis...,
diecisiete..., dieciocho... ¡Oh! ¡Dios mío!, me faltan tres, pues ayer estaban,
caballero, ayer estaban, no me cabe duda, las conté muy bien. Nadie sino el hijo
de la tía Simona puede habérmelas quitado; ¡esta mañana me pareció haberlo visto
andar por aquí! ¡Robar en un jardín, no sabe él bien a lo que esto puede
conducirle. .. !

Sayiid Albeitar dijo...

-En efecto -dijo Montecristo-, eso es muy grave, pero vos os vengaréis del niño
ese, no ofreciéndole ninguna fresa ni a él ni a su madre.
-Desde luego -dijo el jardinero-; sin embargo, no es por eso menos
desagradable... Pero os pido perdón, de nuevo, caballero: ¿es tal vez a algún
jefe a quien hago esperar?
E interrogaba con una mirada respetuosa y tímida al conde y a su frac azul.
-Tranquilizaos, amigo mío -dijo el conde con aquella sonrisa que tan terrible y
tan bondadosa podía ser, según su voluntad, y que esta vez no expresaba más que
bondad-, no soy un jefe que vengo a inspeccionar vuestras acciones, sino un
simple viajero conducido por la curiosidad, y que empieza a echarse en cara su
visita al ver que os hace perder vuestro tiempo.
-¡Oh!, tengo tiempo de sobra -repuso el buen hombre con una sonrisa melancólica-
. Sin embargo, es el tiempo del gobierno, y yo no debiera perderlo; pero había
recibido la señal que me anunciaba que podía descansar una hora -y miró hacia un
cuadrante solar, porque de todo había en la torre de Monthery-, y ya veis, aún
tenía diez minutos de qué disponer; además, mis fresas estaban maduras y un día
más... Por otra parte, ¿creeríais, caballero, que los lirones me las comen?
-¡Toma.. . ! , pues no lo hubiera creído -respondió gravemente Montecristo-, es
una vecindad muy mala la de los lirones, particularmente para nosotros que no
los comemos empapados en miel como hacían los romanos.
-¡Ah!, ¿los romanos los comían...? -preguntó asombrado el jardinero-, ¿se comían
los lirones?
-Yo lo he leído en Petronio -dijo el conde.
-¿De veras...?, pues no deben estar buenos, aunque se diga: gordo como un lirón.
Y no es extraño, caballero, que los lirones estén gordos, puesto que no hacen
más que dormir todo el santo día, y no se despiertan sino para roer y hacer daño
durante la noche. Mirad, el año pasado tenía yo cuatro albaricoques, me comieron
uno. Yo tenía también un abridero, uno solo, es verdad que ésta es fruta rara;
pues me lo devoraron..., es decir, la mitad; un abridero soberbio y que estaba
excelente. ¡Nunca he comido otro igual!
-¿Pues cómo lo comisteis...? -preguntó Montecristo.
-Es decir, la mitad que quedaba, ya comprenderéis. Estaba exquisito, caballero.
¡Ah!, ¡diantre!, esos señores no escogen los peores bocados. Lo mismo que el
hijo de la tía Simona, no ha escogido las peores fresas. Pero este año -continuó
el jardinero- no sucederá eso, aunque tenga que pasar la noche de centinela
cuando yo vea que estén prontas a madurar.
El conde había visto ya bastante para poder juzgar. Cada hombre tiene su pasión,
lo mismo que cada fruta su gusano; la del hombre del telégrafo era, como se ha
visto, una extremada afición al cultivo de las flores y de las frutas.
Entonces Montecristo empezó a quitar las hojas que ocultaban a las uvas los
rayos del sol, conquistando así la voluntad del jardinero, que dijo:
-¿El señor habrá venido tal vez para ver el telégrafo?

Sayiid Albeitar dijo...


Besos, mi querida Ame, y cuidad de vuestra pasión, no permitáis que se la coman los gusanos, pues es y será siempre vuestro mayor tesoro.
Sed siempre feliz.

Sayiid Albeitar dijo...

Ciertamente la tenemos, mi querida María, y pobres de nosotros si no fuera así, pues cuan aburrida sería nuestra existencia sin el dulce y picante sabor de la pasión prohibida...
Si esa pasión que nos diferencia y nos identifica, seríamos todos iguales, meros calcos unos de otros, meras sombras proyectadas en la gris y fría pared.
La pasión, nuestra pasión, nos hace únicos y diferentes, nos permite surcar nuestros propios caminos y no aquellos que nos habían marcado, bien fuera por nacimiento, por clase o por conveniencia...
La pasión, nuestra pasión, mi querida María, nos hace libres...
Libres de experimentar, libres de aprender, libres de equivocarnos, libres de rectificar o insistir en nuestro error, porque, precisamente, es nuestro, de nadie más, y sólo nosotros decidimos sobre él.
Que la pasión jamás la abandone, mi querida amiga, pues un ser sin pasión es sólo una simple marioneta para los demás.
Besos, mi querida amiga y feliz viernes.

* dijo...

Lo bueno es que también hay gusanos entre los humanos... Quiero decir, que lo que te puede parecer un rico manjar y te relames los morros, luego resulta que también te dan arcadas cuando descubres que iba picada...

Besos de Pecado, mi querido D.Sayiid.

Sayiid Albeitar dijo...

De todo hay en la viña del Señor, mi querida lady PI.
Y como bien sabe vuesa merced, en todo lo bueno siempre hay algo malo, y en todo lo malo, siempre hay algo bueno :-)
Y el que esté libre de pecado, que tire la primera manzana (agusanada o no, jejejeje)
La vida nos da sorpresas a veces, es cierto, más..., no es ciertamente lo más interesante de esa misma vida el seguir probando hasta encontrar la manzana que más nos pueda apetecer?

Besos desde la mansión, mi querida amiga.
Ya sabéis que para vos siempre guardo la mejor fruta :-)

* dijo...

La reclamaré llegado el caso de no serme ofrecida :-)

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