Prologo de El Libertino

jueves, 23 de marzo de 2017




El milagro pequeño


Aquella pobre niña
que aún no tenía senos…
Y la niña lloraba:
Yo quiero tener senos.
Señor, haz un milagro:
un milagro pequeño.
Pero Dios no la oía,
allá arriba, tan lejos…
Y cogió dos palomas,
se las puso en el pecho…
Pero las dos palomas
levantaron el vuelo.
Y cogió dos estrellas,
se la puso en el pecho…
Las estrellas temblaron
y se apagaron luego.
Y cogió dos magnolias,
se las puso en el pecho…
Las dos magnolias blancas
deshojaron sus pétalos.
Y cogió dos panales,
se los puso en el pecho…
Y la miel y la cera
se helaron en el viento.
¡Un milagro, Señor,
un milagro pequeño!
Pero Dios no la oía,
allá arriba, tan lejos.
Y un día fue el amor;
se le entró pecho adentro
¡y se sintió florida!
Le nacieron dos senos
con pico de paloma,
con temblor de luceros,
como magnolias, blancos;
como panales, llenos.
¡Igual que dos milagros…
pequeños!


(Alejandro Casona)


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miércoles, 22 de marzo de 2017




“He conocido muchos hombres así: 
que roban unos zapatos a alguien, a una mujer 
atractiva, y después se masturban mirándolos”.

De la película “El beso del sueño”


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lunes, 20 de marzo de 2017




“A una inteligencia pervertida, cualquier cosa la corrompe.”

Ovidio


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domingo, 19 de marzo de 2017




PERVERSIFICACIONES

Cuando llegaste al ascensor se puso
color de tu cabello el aire todo.
Todo era rubio como tú y bellísimo.
Tus piernas paseaban en los ojos
de cuantos iban ascendiendo al cielo
y a la planta tercera. Y yo, que estaba
tras ti, tan indefenso, contemplando
la luz de tus caderas no usuales,
cuando apoyaste sobre mí tu cuerpo
y vino a regalarme un dios y a verme,
sentí que el pantalón se entusiasmaba
y que, dentro de él, nuevo el verano,
iba a buscarte el sol que le ofrecías,
muriéndose de pie, bajo el vestido. 
Lo demás un exceso hubiera sido. 

(Ángel García López)


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sábado, 18 de marzo de 2017




“Si los hombres son tan perversos teniendo religión,
 ¿cómo serían sin ella?”

Benjamin Franklin


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viernes, 17 de marzo de 2017




“No tenía nombre. Amor no era. El Magistral no creía en una pasión especial, en un sentimiento puro y noble que se pudiera llamar amor; esto era cosa de novelistas y poetas, y la hipocresía del pecado había recurrido a esa palabra santificante para disfrazar muchas de las mil formas de la lujuria.”

Leopoldo Alas Clarín


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jueves, 16 de marzo de 2017




Besarte no es amor, es irte oliendo
igual que huele el macho a su collera;
es saberte paloma mensajera
al gavilán las alas abatiendo.
Besarte no es amor, es ir pidiendo
besana donde hundir mi sementera;
es ser igual que el toro en la pradera
huyendo de la hembra y embistiendo.
Igual que el ciervo oculta el baluarte
donde el celo resiste y le reclama,
así mi boca llega hasta tu boca.
Porque besarte entonces, no es besarte.
Es dejar en los labios la proclama
donde la sangre asusta de tan loca.


(Ángel García López)

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martes, 14 de marzo de 2017




“Pero el amor suele ser ciego, claro, y en este caso, acompañado de un aliciente que en la vida de algunas mujeres se vuelve una obsesión: no hay nada que incremente más la lujuria que lo prohibido, y creo que era la motivación principal de la joven Carlota.”

Blanca Miosi


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lunes, 13 de marzo de 2017




CANCIÓN A ALTAÍR

Cuando abre sus piernas Altair
en la mitad del cielo,
fulge en su centro la más bella noche
concentrada de estrellas
que palpitan lloviéndose en mis labios,
mientras aquí en la tierra,
una lejana, ardiente
pupila sola, anuncia la llegada
de una nueva, dichosa,
ciega constelación desconocida.
Altair:
Oh, soñar con tus siempre apetecidas
altas colinas dulces y apretadas,
y con tus manos juntas resbaladas,
en el monte de Venus escondidas.....

(Rafael Alberti)


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domingo, 12 de marzo de 2017




“Se dice que la lujuria hace envejecer al hombre, 
pero mantiene joven a la mujer.”

Raymond Chandler


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viernes, 10 de marzo de 2017




CLÍTORIS

Ventana de la mar para la tempestad y sus olas
Sol de la almendra para el dardo y sus trompetas
Luna del crepúsculo para lo lascivo y sus caprichos
Carne del impudor para el deseo y sus tumultos
Concubina del pubis para el macho y sus males
Pimentero de la fusión para la alcoba y sus tigresas
Armonía de la verticalidad para el carnívoro y sus chupetones
Estampilla de lefa para el creador y sus alucinaciones
Joya del orgasmo para flauta y sus dedos
Pleno de existencia para la intimidad y sus ritos
Taller del amor para el martirio y sus brasas
Corazón del espasmo para la eyaculación y la lamida
Flor del furor para el sádico y sus mordiscos
Molino de delicias para la pistola y sus tiros
Margarita de Eros para el libidinoso y sus fervores
Nicho de enigma para la penetración y sus rayos
Ciprina de adoración para el tallo y sus carnavales
Botón de ligue para el priapo y sus caprichos
Rosa de besos para el adorador y sus puros
Calibistri de locura para el bullicio y sus dilecciones
Concha de seducción para lo precioso y sus himeneos
Escudo de delirio para el ruiseñor y sus caprichos.
Copete de ardor para la fantasía y sus nudos
Mandolina de calor para la flecha y sus intrigas
Fresa de diluvio para el delirium y sus tremens
Nido de culto para el marqués y sus ataduras
Cajón de erección para el clavicordio y sus pasiones
Mechón de embrujo para la daga y sus toques.
Tesoro de fiebre para el falo y sus quemaduras
Cetro de la llama para la ceremonia y sus frenesíes.


(Fernando Arrabal)

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jueves, 9 de marzo de 2017




“La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando
 se ejerce para aprender a amar.”

Dante


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miércoles, 8 de marzo de 2017




Vaya por delante mi felicitación y mis mejores deseos para todas las mujeres del mundo.
Y sobre todo para aquellas que se sienten orgullosas de ser lo que quieren ser.
Vaya mi felicitación para todas aquellas que lo han logrado, con mucho esfuerzo.
Pero para mí, este no debería ser un día de felicidad, sino de reflexión.
Porque si existe un día internacional de la mujer, es porque aún es necesario “recordarnos” un día al año, que el problema de la desigualdad sigue ahí, presente, cada día de ese mismo año.
No, no debería ser un día de felicitaciones, sino de ánimos para todas esas mujeres que luchan cada día por abrirse camino en la vida, algunas veces en condiciones tan sumamente difíciles, que no sorprende que se dejen llevar cansadas de tanto luchar sin obtener ningún resultado a cambio.
A todas esas mujeres, a todas las mujeres del mundo, me gustaría, no felicitarlas en su día, sino recordarlas que no están solas, y que hay muchos hombres que defienden el derecho de cada mujer a ser  lo que quiera ser y a competir en igualdad de condiciones con el resto de la humanidad, sin que tengan que verse menospreciadas o rebajadas, por el simple hecho de haber nacido con uno u otro género.
Desde aquí siempre he defendido y defenderé la igualdad de todas las personas, independientemente de su sexo, pensamientos o actitudes frente a la vida.
Por eso este día, permitidme que sí, que os felicite por ser como sois…, pero al mismo tiempo os anime a no conformaros y a seguir luchando cada día para que, en un futuro no muy lejano, no necesitemos un “Día internacional de la mujer”, lo mismo que no existe un día internacional del hombre.
Besos para todas y ánimo, pues sois vosotras las que tenéis que cambiar el mundo.

Sayiid


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lunes, 6 de marzo de 2017




Habían dado las doce. Germán abrió la puerta de la estancia contigua y, a la luz de la pequeña lámpara, observó a Carolina, que dormía profundamente. La muchacha, completamente desnuda, llevaba en el cuello un collar, al cual una cadena se enganchaba, atándola a un barrote del camastro. También él se encontraba desnudo, aunque calzaba unas botas de cuero negro y aspecto militar. Sobre el pecho, a modo de medalla, una pequeña llave, sin duda destinada al único mueble que en aquel cuarto parecía cerrado. ¡Eh, puta!, gritó, mientras la polla se le iba endureciendo hasta ponerse erecta, como un mástil. ¡Eh, puta, abre los ojos!, volvió gritar, ahora asiéndola por el pelo y zarandeándola bruscamente. ¡Despierta, esclava!, aulló, redoblando su rudeza.
Al fin, abrió los ojos y, como manejada por un raro resorte, saltó del lecho y se arrodilló. Pasó de esta manera unos minutos, viendo cómo del pene de Germán un blanco filamento de flujo pegajoso le caía en el rostro y, rodando por la nariz, goteaba sobre sus pechos. Se sentía feliz, llevó hasta aquel líquido sus dedos y, con breve masaje, lo extendió alrededor de los pezones. Luego bajó una mano y, visiblemente excitada, se acarició la vulva.
Y se hubiese corrido, desde luego, si su amo, Germán, no llega a evitarlo, decidido a esperar, sin duda alguna, mayores deleites. Cuando los jadeos de Carolina presagiaban un rápido final, él la atrajo hacia sí, con un fuerte tirón de la cadena y, agarrándole los pezones con fuerza, la levantó. Entonces, sin liberar su presa, antes bien intensificando el pellizco, le dijo:
-Debería azotarte, grandísima puta, pero eso te encanta, lo sé. En fin, te daré gusto o eso crees, pero antes tendrás que convencerme con una buena mamada. ¡Tírate al suelo, perra!
Obediente, se puso de rodillas y él, de una leve patada, la obligó a tumbarse, a la vez que, invirtiendo su propia posición, hacía coincidir su verga con la boca de la mujer, que comenzó a chupársela codiciosamente.
-Sigue, sigue –ordenaba Germán-.
E introducía los dedos en su coño, comprobando el efecto de aquella acción, intensificándola con pellizcos, a los que Carolina respondía chupando con más y más ansia. Él, ya fuera de sí, mordía con crueldad, le subía las piernas y golpeaba con delectación los glúteos, hasta hacerlos enrojecer.
Y ella, bien abierta la boca, resistía las feroces acometidas de Germán, cuyo falo se hundía hasta la base, cada vez más hinchado por efecto del enorme placer. Carolina era hermosa, con un cuerpo macizo e incitante. Joven, morena, el cabello le descendía en cascada hasta los grandes pechos que, firmes y erguidos, coronaban dos grandes areolas y sendos pezones, sonrosados y puntiagudos. Las caderas, amplias, a medida de un culo prominente y un vientre suave y ancho, bajo el cual se extendía una negrísima mata de pelo, cubriéndole todo el pubis.
-Basta, puta –conminó secamente-, voy a calentarte las nalgas.
Ella, soltando el pene, que salió de su boca impregnado de jugos, se incorporó.
-¡De rodillas! – dijo Germán-.
Tomó entonces la llave que le pendía del cuello y la arrojó al parqué, mientras gritaba:
-¡Vamos, perra, cógela con la boca.
Cuando ella, a cuatro patas, obedeció la orden, siguió:-Ahora, abre ese mueble que tú sabes y elige el instrumento que más te guste.
Poco tiempo tardó la mujer en presentar al hombre una fusta larga, flexible y delgada, con una empuñadura que se ajustaba a la muñeca como una pulsera, con lo que nunca podría caer al suelo, garantizando así un castigo sin interrupciones, a gusto del amo más implacable.
-Ah, zorra –dijo éste-, ya veo que te gusta lo bueno. Yo te la haré sentir en cada milímetro de cuerpo.
Y, cogiéndole la cadena, la llevó hasta un extremo de la estancia, donde un extraño artilugio, que terminaba en un par de argollas, permitía amarrarla en cualquier posición. Eso hizo Germán, de manera que Carolina tuviese levantados ambos brazos, levemente inclinada, con las piernas abiertas. Una vez que la tuvo preparada, blandió la fusta, haciéndola silbar.
El zumbido de la fusta era como el preludio de una sinfonía en la que gritos, súplicas, jadeos y el chasquido del cuero sobre la piel desnuda acababan en el allegro maestoso y sostenuto del clímax. Ella, al oírlo, mientras Germán, deliberadamente, demoraba la lluvia de azotes, se dejaba asaltar por un temor enorme. A veces, el sudor empapaba los vellos de sus axilas y, bajándole por el vientre, se mezclaba con los fluidos que liberaba la excitación. Era dichosa así, sintiéndose dominada, poseída, a merced de aquel hombre adorado que la había reducido a la esclavitud. Él, mientras la miraba, sentía en la entrepierna la dolorosa urgencia de un deseo que iba a estallar, sin duda, al iniciar el castigo, y ya saboreaba las posturas, los escorzos obscenos que el cuerpo de Carolina adoptaría al sentir la mordedura de los azotes. Sin pensárselo más, descargó el primer golpe y la fusta cruzó en diagonal la espalda de la mujer, dejando en ella una marca rojiza y en la pupila de él una torsión del torso deliciosa, rubricada con una débil exclamación:
-Oh...
Siguió otro golpe en dirección contraria y, seducido por la grupa que le mostraba, asestó los siguientes en el trasero de Carolina, que ahora acompasaba sus exclamaciones con un leve jadeo. Atraído por las dos medias lunas que, marcadas con varios trazos rojos, se le ofrecían, tiró al suelo la fusta y, agarrándolas, abrió el camino oscuro y la sodomizó.
Ella, al recibir la verga de su dueño, gimió y contrajo el cuerpo, mientras él, sin dejar de moverse, la cogió por los pechos y apretó los pezones, fuera de sí. El jadeo de ambos se volvió más intenso y, al fin, cuando todo auspiciaba el orgasmo, le dijo a la mujer, junto al oído:
-Aprieta más el ojete, que yo te apretaré los pezones hasta pulverizártelos, perra.
-Sí, mi dueño y señor –repuso Carolina-, quémame las entrañas con ese hierro candente que me está matando de gusto... así, oh, sí, mi Amo, pellízcame las tetas, rómpeme, gózame...
No resistió Germán el cataclismo. Moviéndose frenético, vació en el intestino de su esclava una oleada de esperma, que la condujo al éxtasis.
-Esto no ha terminado –farfulló-. Eres una puta: no puede uno darte por el culo, sin que disfrutes como una guarra. Voy a castigarte por ello. Prepárate.
Y, apenas acabó la perorata, desató a la mujer y prosiguió diciendo:
-Aún no he desollado a este conejo, pero será un placer, no lo dudes. Pero ahora vayamos a otra cosa: te he soltado porque habrá que poner a punto la maquinaria para volver a empezar. Esto dijo, señalándose el pene que, irritado y sanguinolento, comenzaba de nuevo a centellear.
-Arrodíllate, esclava, y métetela entera en la boca. Quiero que me la chupes despacio, trabajando esa lengua...
Carolina, sumisa y genuflexa, tomó en su boca el falo y comenzó a lamerlo. Primero, dando vueltas alrededor del glande con la lengua bien mojada; luego, de arriba a abajo, succionando de forma espasmódica, hasta que, finalmente, se la metió toda entera, sin parar de moverse. Y así hasta que su amo le ordenó detenerse y volvió a conducirla hasta los amarres, donde la encadenó, de frente esta vez.
-Quiero que abras las piernas y las mantengas así, hasta que yo disponga otra cosa.
Cogió entonces un látigo no muy grande, con siete colas largas y flexibles, que le fue restregando por todo el cuerpo, viendo cómo en ella hacía presa la excitación. Cuando la propia se hizo insoportable, empezó a azotarla. Primero en los pechos, después en el vientre, luego en la cara interna de los mulos...
Ahora no se trataba de un juego, o eso parecía, al menos. Pronto, los senos se llenaron de rojos verdugones y otro tanto las zonas restantes, expuestas al castigo. Germán se detuvo.-Voy a azotarte el coño.
Y pasó en un instante de la palabra al acto, descargando en aquel lugar una buena andanada de latigazos, que le arrancaron deliciosos gritos. Carolina temblaba, suplicaba, lloraba. Y él, consciente de su victoria, redoblaba la crueldad de la azotaina.
-Así, así me gustas, puta –le decía con voz trémula-; eres mía, eres mía, y ahora siento en tu carne mi posesión. Puedo romper ahora tus cadenas, destruir estos látigos y pedirte que salgas de mi vida... tú eliges...
-¡Azótame! Soy tuya. Y cuando siento el látigo en mis carnes sé que no tengo vida, placer ni voluntad, si no es arrodillada a tus pies.
Germán volvió a aplicar una tanda de azotes a los enrojecidos muslos de la mujer. Estaba sudoroso y la fuerte erección le dolía. Tiró el látigo y, poniendo su mano entre las piernas de ella, le apretó el coño. Se encontraba mojada. Germán bajó a la molla palpitante y la llevó a su boca, succionándola con ardor. Cuando advirtió que se acercaba el éxtasis, procedió a desatarla, la puso a cuatro patas sobre el suelo y la penetró…


-Germán. Germán, por favor, se hace tarde, ¿a qué esperas para levantarte?
-Anda, mujer, ¿no podemos quedarnos en la cama cinco minutos más?
-Claro que no. Recuerda que a las 10 vendrán a recogernos.
-Joder, con lo a gusto que estaba durmiendo.
-Sí, ya lo noté; estabas empalmado y por poco me ensartas... ¡A saber qué estarías soñando!
-Unos minutos más, mientras pones el desayuno.
-De eso nada, lo poner tu…
-Ya voy, ya voy, negrera.
-¡Este hombre! A propósito, ¿quién es Carolina? Me pareció escuchar que la llamabas.


© Clarisa Meer, 2008.


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domingo, 5 de marzo de 2017




“El hombre de la cuna a la sepultura es una bestia de lujuria.”

Fernando Vallejo Rendón


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viernes, 3 de marzo de 2017

Esta noche, mis queridos amigos y amigas, aprovecho para traeros un presente que me han hecho, un maravilloso y exclusivo regalo que, no voy a negároslo, me ha llegado a lo más profundo del alma.
En un principio pensé, egoístamente, guardármelo sólo para mí, pero luego he pensado que algo tan hermoso, que palabras tan bellas y sentimientos tan intensos, no se pueden esconder, no se deben esconder, pues eso sería como guardar en una habitación cerrada un Velázquez, un Goya, un Picasso, o no sacar de su caja a Don Quijote de la mancha y su inseparable Sancho…
Las creaciones hermosas, el arte, la belleza, han de ser patrimonio de todos, y todos han de poder gozar de ello.
Es por eso que aquí os traigo el maravilloso regalo que me ha hecho mi muy querida y siempre admirada e idolatrada, lady PI
Sólo deseo que disfrutéis de sus palabras tanto como yo lo he hecho
Atentamente…

Sayiid

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Eres Carne que ensalza esta pureza femínea.
Muros abiertos ante las pupilas de Tus Ojos
y la ebriedad de Tu Boca.

Centro venusto y henchido a fuerza de batidas
arrebatado por mil lujurias y deseos de perversión
a gusto de Su Señor.

Mieles derramadas en nombre de quien jura mil maldiciones
para yermos Pecados.

Loado seas, Señor,
en estos lamentos que hacen nacer
Hembra en Vos.

Entregada y dócil,
con humildad y respeto,
procura
Lujuria y  Pensamiento,
Obra y Gracia.

Honrada sea en Vuestra Voluntad.

(Lady Pi)

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jueves, 2 de marzo de 2017





MI FELATRIZ IDOLATRADA


Sí, es una depravación que te lama tu falo.
Sí, es un horror que mis principios quebrante.
Sí, es una guarrería que te chupe el meato.
Sí, es una incongruencia que por amor lo haga.
Sí, es una insalubridad que me trague tu esperma.
Sí, es una aberración que a tu sexo me incline.
Sí, es una debilidad que libre me someta.
Sí, es un sacrificio de saliva y de alma.
Sí, es una contradicción sofocarme de amor.
Sí, es un desatino que a tu vientre me pliegue.
Sí, es una inmoralidad que me coma tu sable.
Sí, es un disparate que mi boca sea coño.
Sí, es un gran pecado que incluso Dios condena
…por los siglos de los siglos.

Me gusta ser eterna para tu tiempo y tu celo.
Me gusta ser estrecha en mi nicho de senos.
Me gusta irrumpir con un dedo en tu ano.
Me gusta preceder tus ganas más perversas.
Me gusta babearte mientras tus bolos sobo.
Me gusta succionar inmóvil “à pleine bouche”.
Me gusta ser tu droga del mundo más inmundo.
Me gusta que mi culo sea cacho de tu cielo.
Me gusta que a mi cuerpo le dictes tu capricho.
Me gusta que mi lengua se cubra de pimienta.
Me gusta que en mi boca te cune muy adentro.
Me gusta que me plantes tu cuchillo en mi velo.
Me gusta provocar la explosión de tu zumo
… por los siglos de los siglos.

Me siento realzada cuando a tu sexo bajo.
Me veo deseada cuando tu daga enardezco.
Me juzgo disoluta por mi ritmo lascivo.
Me place que dirijas mi nuca con tus manos.
Me hago mariposa con tu músculo en fiebre.
Me encanta la impudicia de besarlo sin fin.
Me llena corromperme para atizar tu vicio.
Me priva encanallarme con tu flor en mi glotis.
Me chifla rebañar lo negro de tu pozo.
Me excita regularme por regla de tu éxtasis.
Me enloquece fumar con tu filtro de amor
…por los siglos de los siglos.

Tu mazo rezumando… ya tocas campanilla.
Mis labios le menean… ya vives en la gloria.
Envuelto por mi frote… ya visionas edenes.
Trenzado de caricias… ya sueñas imposibles.
Palpitando animal… ya vuelas al nirvana.
Por el cielo de boca… ya corres al misterio.
A mi cara penetras… ya cautivas la imagen.
En espera del éxtasis…ya lo pospones siempre.
Tu cola es lo primero… ya tiembla el universo.
Las lágrimas de gozo… ya llegan gota a gota.
Tu rocío de néctar… ya riega mi garganta.
Comulgamos unidos… a dos y para siempre
… por los siglos de los siglos.


(Fernando Arrabal)


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